Cuando descubrí, hace solo unos meses, al Partido Capibara en las redes sociales, estaba leyendo un extraño libro sobre uno de mis temas favoritos: las herejías medievales. Concretamente, se trataba de El movimiento del libre espíritu (Traficantes de Sueños) de Raoul Vaneigem, escritor libertario y uno de los principales exponentes de la Internacional Situacionista. Aunque no llegamos a hablar de ello, el Partido Capibara, y lo que sus miembros llaman «movimiento gratutista, se sitúan en esa venerable tradición herética de profetas que vislumbran un mundo nuevo y radicalmente distinto del que les ha tocado vivir, como los situacionistas en el Mayo del 68. En el siglo XXI, los aceleracionistas de diverso signo político llaman a estas profecías hipersticiones: ideas o ficciones que, al ser creídas, difundidas y asumidas por la sociedad, provocan su propia realidad y terminan por materializarse.
Tumbados sobre la hierba de una de las plazas más bonitas de Italia, el Prato della Valle de la ciudad de Padua, tres de los capibaras desplegaron generosamente su imaginario sobre el buen vivir del mundo que vendrá: Davide de Padua –@XenoDibi en redes–, Andrea de Milán, que forma parte de la redacción de Telebulbo (movimiento gratuitista), y Alba Chiara del Piamonte –Minette–.
Para empezar, el propio nombre ya llama muchísimo la atención: ¿Partido Capibara? ¿Cómo habéis llegado hasta aquí?
Davide: El movimiento gratuitista es una plataforma cultural y política mucho más amplia que engloba distintas iniciativas. El Partido Capibara es uno de sus proyectos. También Telebulbo, que es una televisión de propaganda hipersticional. Y también están las Reti di Progettazione Aperte (Redes de Diseño Abiertas), las REPA, que son básicamente laboratorios de ideas desde abajo; think tanks populares que se encargan de diseñar técnicamente las reformas, los sueños y todas las reivindicaciones del movimiento gratuitista. Por lo tanto, el Partido Capibara lo que hace es tomar los diseños de las REPA y proyectarlos al ámbito público. Ambos son piezas de un sujeto cultural que está antes que la política misma.
Los capibaras son animales que recuperan lo que les pertenece para simplemente disfrutar de la vida
Y sobre el nombre, tiene que ver con la historia memética de los capibaras (o carpinchos, en el Cono Sur latinoamericano), con un papel completamente central en toda esta corriente de pensamiento. En el año 2021, en Nordelta, que es una zona al norte de Buenos Aires, unos cuatro mil capibaras se reapropiaron del espacio urbano. Inundaron una urbanización de lujo que los humanos habían construido destruyendo su hábitat natural. De repente, las imágenes de estas villas de ricos arrolladas por capibaras nadando y relajándose en las piscinas privadas se hicieron virales en todo el mundo. Los capibaras se convirtieron en un meme poderosísimo dentro de esa izquierda aceleracionista que, desde 2015 en adelante, empezaba a difundir en internet un nuevo imaginario basado en el deseo, en el comunismo de lujo y en la reapropiación del goce. Los capibaras encarnaban a la perfección esa noción de animales que recuperan lo que les pertenece, arrebatándoselo a la élite para simplemente disfrutar de la vida. Así que cuando nació esta iniciativa política no podía llamarse de otra manera, asumiendo desde el principio esa estrategia memética que estaba en su origen.
El aceleracionismo de izquierda nació en el Reino Unido como una corriente filosófica y académica bastante formal. Pero cuando desembarca en Italia no lo hace a través de traducciones de grandes tratados teóricos –apenas se tradujeron cuatro libros contados como Inventar el futuro, Realismo capitalista, Xenofeminismo y el Manifiesto por una política aceleracionista–, sino que llega puramente a través de los memes. Fueron los memers los que trajeron esa sensibilidad imaginativa. La única teoría propiamente dicha que se leyó masivamente fue la de Mark Fisher. Por eso el aceleracionismo italiano es tan distinto del británico. El inglés está fascinado por la tecnología, es marcadamente tecnófilo y apuesta por la automatización completa del trabajo. El italiano, al ser marcadamente fisheriano, no pone tanto el foco en la tecnología en sí, sino en la imaginación, en despertar esa utopía movilizadora que el capitalismo ha intentado adormecer.
Un aceleracionismo barroco, se podría decir.
Davide: ¿Barroco?
¡Claro! El Barroco es el gran movimiento de la imaginación, de la exuberancia, y es profundamente italiano. Nace aquí y se desborda hacia el resto del mundo. Es esa capacidad de coger ideas de diferentes sitios y hacerlas proliferar de una forma creativa y totalmente impredecible. A mí me parece que América Latina e Italia comparten esa matriz barroca y imaginativa.
Davide: Pues me gusta mucho, la verdad. Nos lo quedamos. Y encaja perfectamente, porque el contexto italiano está completamente cruzado por esa capacidad de imaginar que nos legó Fisher. Por eso mismo, en Italia el aceleracionismo no choca de frente con el decrecimiento feliz, algo que sí ocurre en otros países. Aquí se entiende que la tecnología debe ser reinventada y reapropiada, no aceptada ciegamente.
A nivel personal, cuando yo me topé con esto en 2019 me quedé completamente deslumbrado. Yo venía de empezar a trabajar en Milán en 2018 y la verdad es que caí en una depresión tremenda. Te encuentras atrapado en esa rutina en la que la vida se reduce exclusivamente a trabajar todos los días. Si haces un trabajo que te gusta, le dedicas un número de horas insostenible; y si haces uno que no te gusta para tener algo más de tiempo, acabas frustrado. La vida parece detenerse ahí.
En Italia el aceleracionismo no pone el foco en la tecnología, sino en la imaginación
Sin embargo, cuando descubres este pensamiento y lees términos como comunismo de lujo, renta básica universal, jornada laboral reducida o gratuidad de las necesidades básicas, sientes que algo hace clic dentro de ti. Te emociona y te das cuenta de que no estás loco, de que hay muchísima gente que llevaba tiempo pensando exactamente lo mismo y que ya está organizada para llevarlo a la práctica. En ese momento es cuando decides saltar al barco.
¿Y en tu caso, Andrea? ¿Cómo terminas metido en toda esta dinámica?
Andrea: Pues mira, en mi caso yo crecí sintiendo constantemente una doble presión social. Por un lado, la exigencia de rendir y cumplir con las expectativas que tanto mi familia como la sociedad depositaban en mí, primero en la escuela y luego en el ámbito profesional. Y por otro lado, un deseo enorme de autonomía personal. Pero al llegar al mundo laboral, incluso dentro de la propia universidad, me topé de bruces con la realidad. Tenía un profesor con una mentalidad completamente empresarial e hipercompetitiva. Mi deseo de investigar con libertad chocaba frontalmente con las métricas de rendimiento que me exigían. Empecé a cuestionármelo todo y acabé entrando en la asamblea de Potere al Popolo en Fráncfort.
¿Puedes explicar qué es Potere al Popolo?
Andrea: Es básicamente la principal fuerza de la izquierda extraparlamentaria en Italia, la que suele obtener ese 1% en las elecciones. Estuve militando con ellos allí en Alemania, pero la experiencia acabó de mala manera. Nuestra asamblea fue expulsada por la dirección central porque reclamábamos mayor autonomía interna. Aquella dinámica me quitó totalmente las ganas de seguir haciendo política tradicional. Sin embargo, por esa misma época, entre 2018 y 2019, empecé a ver los memes de los que hablaba Davide. Cuando regresé a Italia decidí buscar a la gente que estaba detrás de esas publicaciones.
En septiembre de 2025 hubo unas movilizaciones muy importantes en Milán por la situación en Palestina, coincidiendo con la travesía de la flotilla humanitaria hacia Gaza. Toda la prensa y el debate público se centraron de forma casi obsesiva en los desperfectos que habían sufrido los escaparates de la Estación Central. Se nos ocurrió hacer una acción humorística: convocar un «funeral» para llorar solemnemente por los cristales rotos.
¡La víctima! En este mundo ya no eres nadie si no te sientes víctima.
Andrea: Jajaja… Así es, editamos ese vídeo, lo subimos a las redes y funcionó genial. Pocos días después, durante otra grabación en Milán a la que se sumó Davide, inventamos la palabra «gratuitismo».
O sea, que el término «gratuitismo» tiene apenas un año de vida.
Andrea: Sí, desde octubre de 2025. Nació literalmente entre risas en un parque, como casi todo en este proyecto.
Alba: Yo nací en el seno de una familia que ha vivido siempre por debajo del umbral de la pobreza. Esa ha sido, sin duda, la motivación más profunda que me ha llevado a involucrarme en la política. A los diecinueve años me crucé con el activismo a raíz de las protestas contra el TAV, el tren de alta velocidad. Ahí empecé a militar y me fascinó la política. Tuve una especie de revelación.
Sin embargo, con el tiempo también me acabé estrellando contra la realidad de los movimientos sociales. Notaba que la cultura militante en Italia estaba hipertrofiada por la noción del sacrificio. Había que sacrificarlo todo, las asambleas resultaban bastante exclusivistas, se terminaban creando jerarquías informales y los ambientes en los centros sociales no siempre eran los más sanos ni los más transparentes. Después me mudé a Génova y monté un colectivo queer con mis amigos, pero al cabo del tiempo me fui a vivir a Roma y me alejé por completo de la política por la frustración de ver cómo esos espacios se volvían autorreferenciales.
Me puse a trabajar, pero cuando entré al mercado laboral me di cuenta de que el sueldo que cobraba no me alcanzaba ni para mantenerme dignamente. Fue un segundo desengaño tremendo.
El desencanto con la política y luego el desencanto con el mundo laboral.
Se puede hacer política desde el placer, desde la alegría, y no desde la obligación o el martirio
Alba: ¡Tal cual! Un sistema que no te responde por ningún lado. Y entonces, navegando por internet, descubrí los vídeos del movimiento gratuitista. Lo que me atrapó fue descubrir que se podía hacer política desde el placer, desde la alegría y no desde la obligación o el martirio. En la izquierda tradicional parece que para ser buen militante tienes que madrugar, no dormir, responder mensajes a todas horas y tener una vida abnegada. Eso termina volviendo al activismo algo elitista, porque solo se lo pueden permitir las personas que tienen la vida resuelta y disponen de muchísimo tiempo libre. Para mí, el gratuitismo recupera el cuidado de las relaciones humanas dentro de la política. Si no te importa cómo están tus compañeros o si lo están pasando mal, no estás haciendo política real; estás haciendo una performance para lucirte.
Así es, en la izquierda radical se ha instalado muchas veces un moralismo puritano y bastante punitivo. El capitalismo te hace sentir culpable constantemente, pero parte de la militancia cae en lo mismo: en vigilar si estás sacrificándote lo suficiente, con quién te relacionas o qué consumes. Genera un clima de fiscalización muy angustioso.
Andrea: Es que Italia arrastra más de un milenio de tradición católica y la moral de la culpa se ha filtrado en todos los poros de la sociedad. El capitalismo se ha acoplado perfectamente a esa estructura mental. Y la militancia no se ha librado de ello. Fíjate en cómo se enfoca a veces la crisis climática: se intenta hacer sentir culpable al ciudadano individual por sus hábitos, cuando la responsabilidad real es de los grandes poderes económicos. Nosotros queremos movilizar a la gente desde el entusiasmo y la alegría de construir un mundo mejor y más habitable.
Davide: Hace un par de años, un antiguo profesor universitario y yo hicimos una pequeña investigación cualitativa entre las personas que formaban parte del movimiento. Queríamos entender de dónde venían y qué buscaban. Había perfiles hiperdiversos, tanto en edad como en trayectoria previa, pero identificamos tres elementos comunes en casi todos los testimonios:
El primero era una profunda decepción previa, tanto con las organizaciones políticas tradicionales como con el entorno laboral. Encontramos una coincidencia casi exacta con lo que Mark Fisher denunciaba en su ensayo «Salir del castillo del vampiro«: esa izquierda que se dedica a devorarse a sí misma mediante el juicio moral mientras el capitalismo sigue avanzando sin oposición.
El segundo pilar era la búsqueda de comunidad. La palabra «comunidad» aparecía de manera sistemática en todas las conversaciones. Mucha gente sentía una soledad tremenda en su vida cotidiana y necesitaba tejer redes de apoyo sinceras.
Saber que la angustia no es la única respuesta posible ante el presente ya supone un bálsamo
Y el tercer elemento era la necesidad antropológica de esperanza. La gente nos decía que el simple hecho de juntarse con personas que creían genuinamente en la posibilidad de un futuro distinto les cambiaba el ánimo. Más allá de si se consiguen todos los objetivos a corto plazo, el solo hecho de saber que la angustia y la desesperanza no son las únicas respuestas posibles ante el presente ya supone un bálsamo tremendo.
Hemos nombrado ya varias veces al gratuitismo como la filosofía que sostiene al Partido Capibara, ¿en qué consiste esta propuesta?
Davide: Teóricamente, el gratuitismo debe situarse dentro de la matriz del aceleracionismo de izquierda de cuño fisheriano, alimentado también por las aportaciones del cute accelerationism, que es una corriente aparecida hacia 2024 que pone el afecto, la ternura y los cuidados en el centro de la transformación social. Surge directamente del trabajo desarrollado por colectivos teóricos como el Circolo Nomade Accelerazionista en Bolonia y el grupo Inventare il Futuro en Roma.
El gratuitismo recupera el impulso de la modernidad para rediseñar el mundo en su totalidad
Lo que diferencia al gratuitismo de otros aceleracionismos puramente tecnófilos es que da un salto imaginativo completo sobre el conjunto de la sociedad. Frente al posmodernismo, que certificó la muerte de las grandes narrativas y fragmentó la realidad, el gratuitismo recupera el impulso de la modernidad para rediseñar el mundo en su totalidad. Es una gran metanarrativa, a la altura de lo que en su día fueron el socialismo, el anarquismo o la propia Ilustración.
Esta propuesta sitúa como ejes centrales la articulación del deseo y los cuidados. El deseo nos viene del aceleracionismo clásico, y los cuidados nacen de la experiencia práctica de la militancia de estos últimos años. Cuando juntas ambos elementos, la consecuencia lógica es el diseño de una sociedad que garantiza de forma incondicional las necesidades fundamentales de todas las personas, superando por completo la lógica del mérito y del precio.
Si tienes tus necesidades cubiertas, ya no trabajas por la amenaza de quedarte en la calle
Por eso el gratuitismo abarca una visión económica, antropológica, urbanística, ecológica y antiespecista. Recupera mitos como la abolición del salario y del dinero, pero no mediante una prohibición burocrática, sino dejando de hacer necesario el dinero para sobrevivir. Si tienes tus necesidades cubiertas, ya no trabajas por la amenaza de quedarte en la calle, sino por vocación, por pasión o por aportar a la comunidad. Es, en definitiva, la reactivación de una utopía que propone un nuevo marco para el siglo XXI.
Andrea: El día que surgió la palabra en aquel parque de Milán, nosotros no teníamos todavía estructurada toda esta teoría en la cabeza. Habíamos estado leyendo sobre el cute accelerationism y queríamos ver cómo conectar el manifiesto de Srnicek y Williams con las dinámicas de los cuidados. Nos pusimos a hacer entrevistas callejeras con Telebulbo preguntando a la gente qué haría con su vida si siempre fuera domingo.
A partir de ahí empezamos a debatir sobre el lenguaje. Veíamos que la palabra «comunismo», que era la que históricamente se había utilizado para definir una sociedad emancipada, llevaba consigo un estigma muy pesado para la mayor parte de la población. Concebimos el término «gratuitismo» como un sinónimo libre de esa carga histórica. Sin embargo, a medida que fuimos profundizando, nos dimos cuenta de que estábamos yendo más allá del marco marxista tradicional en dos aspectos fundamentales.
El primero es el materialismo. El gratuitismo no es puramente materialista porque le otorga un papel de primer orden a la imaginación, al deseo y al trabajo interior que cada individuo debe realizar sobre sí mismo para deconstruir las lógicas de dominación que ha interiorizado.
Y el segundo pilar es la superación de la dialéctica rígida. El marxismo ha aplicado históricamente el método dialéctico no solo contra el adversario de clase, sino dentro de sus propias filas, generando constantes purgas, escisiones y enfrentamientos por la hegemonía. Nosotros preferimos la noción deleuziana de rizoma. Entendemos las divergencias como procesos naturales e interesantes. Si una persona no está de acuerdo conmigo en un punto concreto, pero está trabajando a su manera por una sociedad del cuidado y por la gratuidad, lo que tenemos que hacer es celebrar su autonomía. No hace falta estar de acuerdo en absolutamente todo para construir movimiento juntos.
Hay una especie de hilo rojo que conecta las propuestas capibaras con la tradición italiana del «rechazo del trabajo». Me refiero obviamente a todo ese movimiento de la izquierda extraparlamentaria italiana de los años 60 y 70, a la autonomía obrera, a pensadores radicales como Negri, Virno o Bifo. ¿Hay una conexión consciente con esa tradición del comunismo autónomo?
Alba: Así es, rechazamos el chantaje del trabajo, es decir, el tener que hacer un trabajo para sobrevivir. Pero el trabajo puede ser hermoso como forma de cuidado. Por ejemplo, yo no puedo trabajar en lo que he estudiado como educadora, simplemente no me permite vivir en esta sociedad en la que no te dan una casa… Mira a tu alrededor: nadie quiere hacer el trabajo que está haciendo, casi nadie; todos tendrían otra cosa mejor que hacer, la gran mayoría de las personas.
A quien limpia no le arruina la vida el trabajo, sino hacerlo 45 horas a la semana
Tampoco creo que, si la sociedad cambia radicalmente, en un momento dado, ya no vayan a existir trabajos molestos o pesados, pero el poder hacerlos pocas horas al día te cambia la vida. Porque yo puedo estar satisfecha con mi vida sin tener que esperar a que el trabajo sea la pasión que dé sentido a mi vida. Hay muchas personas que hacen tareas de limpieza y no es el trabajo en sí lo que les arruina la vida, sino que tienen que hacerlo 45 horas a la semana y en condiciones lamentables. Si hiciesen 20 horas a la semana y tuviesen un sueldo decente, una vivienda garantizada y las necesidades fundamentales cubiertas de forma gratuita… ¡Madre mía, es que sería un lujo! Luego pueden hacer el resto de su vida y pasarla como quieran, incluso en el sofá. Esto es el postrabajo para mí: sencillamente tener la posibilidad de una vida sencilla y agradable.
Davide: Esto está conectado con los 70, pero también es una cosa nueva. Al final la reducción de la semana laboral y del tiempo de trabajo en general es una reivindicación: «queremos una vida bonita, queremos disfrutar». Te diría más, puede que haya gente que no odie su trabajo, pero sea plenamente gratuitista porque dice: «Sí, yo amo mi trabajo, pero no quiero hacerlo todas estas horas, con ese chantaje de que si no me pagan termino durmiendo en la calle».
Alba: Recordemos que la trampa de la vivienda está ahí: tú no tienes la posibilidad de dormir en la calle porque es ilegal. Te arrestan, te ponen multas, te persiguen… Esta es la distopía, esa es la trampa en la que estamos metidos.
Planteáis que queréis llegar a una sociedad del cuidado, ¿pero cómo definiríais esta sociedad actual, esta sociedad que padecemos?
Andrea: Yo creo que es, remitiéndome un poco a la Escuela de Fráncfort, la sociedad de la opresión. En el sentido de que incluso los tiempos prósperos del liberalismo –si pensamos en el Estado italiano desde su fundación– se han basado siempre en la opresión colonial: primero del Sur, luego de las colonias en África y después, por delegación, de las colonias de Estados Unidos en nombre de todo Occidente. Y en nuestra vida cotidiana esta opresión es, en primer lugar, la obligación del trabajo de la que hemos hablado, el chantaje del precio que obliga a nuestros cuerpos a desplazarse a determinados lugares por un cierto periodo de tiempo; dedicar nuestras facultades cognitivas durante demasiadas horas y a diario a determinadas actividades en lugar de a otras. Esta es una profunda forma de opresión si lo pensamos, porque la vida es una y nosotros la estamos dedicando en todas sus formas al beneficio de otros.
La vida es una y la estamos dedicando en todas sus formas al beneficio de otros
Para mí, el poslaborismo significa no dedicar el tiempo de mi vida, que no volverá nunca más, a hacer de peón en una disputa entre los accionistas de la empresa para la que trabajo y los de la empresa cliente o proveedora, para acabar, en fin, enfrentándome a un igual que defiende los intereses de la otra parte… ¡No! Es decir, si yo pienso que puedo prosperar interesándome por cien mil cosas distintas, trabajando unos meses en una cosa y otros meses en otra, y se me deja libre para hacerlo, puedo contribuir igualmente a la sociedad y tal vez hacerlo mucho mejor que dentro de un sistema que solo me reconoce el derecho a una buena vida en la medida en que pueda demostrar haber acumulado años de experiencia haciendo siempre lo mismo –que es lo que ocurre cuando se busca trabajo–.
Pasemos a hablar del programa político concreto. Hay un elemento en el Partido Capibara que me parece muy potente: la existencia de las Redes de Diseño Abiertas (las REPA). Todas estas propuestas que en el sentido común dominante se tachan de imposibles o utópicas vosotros las estáis aterrizando sobre el papel con un grado de detalle técnico impresionante. ¿Podéis explicarme cuáles son las medidas clave de vuestro programa y cómo funcionan estas redes de diseño?
Davide: Te resumo las tres puntas de lanza de nuestro programa económico y social.
La primera es la propuesta de «trabajar menos para disfrutar más». Planteamos una reducción generalizada de la jornada laboral a 24 horas semanales, distribuidas en cuatro días a la semana y seis horas diarias, de lunes a jueves. El viernes pasa a ser parte del fin de semana. Esto se combina con la implantación de un salario mínimo neto de quince euros la hora. Multiplicado por las 24 horas semanales y la media de semanas al mes, resulta en un salario mínimo de 1.560 euros netos mensuales por trabajar cuatro días a la semana, seis horas al día.
La segunda medida es la gratuidad incondicional de las seis necesidades fundamentales: vivienda, suministros básicos (agua, luz, gas e internet), alimentación, transporte público, sanidad y educación.
Y la tercera medida es la implantación de una renta universal incondicional de 500 euros mensuales, ajustada periódicamente a la inflación, concebida como un mecanismo directo de redistribución de los frutos de la automatización y la tecnología.
Junto a estos tres pilares hay un programa integral que aborda la reconversión ecológica profunda: la eliminación de los envases de un solo uso mediante un sistema universal de retorno, la reforestación masiva de los entornos urbanos, el fin de la ganadería intensiva, la eliminación total de barreras arquitectónicas y cognitivas para personas con discapacidad, la abolición paulatina de las cárceles y la reestructuración completa de las fuerzas de seguridad.
El acto más radical de la imaginación es la planificación técnica
Y aquí es donde entran las REPA. Mark Fisher decía que el acto más radical de la imaginación es la planificación técnica. No basta con gritar que queremos una sanidad pública y gratuita; hay que ser los arquitectos del nuevo futuro, como señalaba el Manifiesto aceleracionista. En 2021 tuvimos la suerte de incorporar al proyecto a Giuseppe Graziano, que había sido director sanitario del Policlínico Umberto I de Roma, el hospital más grande de Europa. Con él nos pusimos a diseñar minuciosamente cómo debía ser el Servicio Universal de Salud (SUSE). Calculamos plantillas de personal, equipamientos médicos, distribución territorial y presupuesto detallado, sintetizando las mejores experiencias históricas como el modelo cubano, la ley de sanidad italiana de 1978 y la gestión democrática del confederalismo democrático kurdo. Redactamos decretos literales para su aplicación. Ese trabajo se convirtió en la metodología de las REPA para todas las áreas del programa.
La sociedad nos educa sistemáticamente en la creencia de que vivimos en una escasez permanente y que, por tanto, la competencia feroz entre individuos y entre Estados es inevitable. Si tenemos que competir por recursos escasos, es imposible construir una sociedad del cuidado. ¿En qué os basáis para sostener que «vivimos en la era de la abundancia», como decís en vuestras intervenciones públicas?
Davide: La escasez es el dogma central de la religión del realismo capitalista. Pero cuando analizas los datos materiales de la sociedad contemporánea, te das cuenta de que la literatura científica y económica lleva décadas confirmando que vivimos en una era de postescasez. Es un hito único en los trescientos mil años de historia de la especie humana.
La escasez es el dogma central de la religión del realismo capitalista
A principios del siglo XVII, más del 90% de la población europea trabajaba en el campo. Hoy en Italia, solo el 1,7% de la población activa se dedica a la agricultura, y sin embargo producimos más alimentos que nunca. La revolución industrial y la automatización han ido liberando trabajo humano de forma masiva. Y sin embargo, la jornada laboral estándar lleva congelada en 40 horas semanales desde hace más de medio siglo. En los años setenta se consiguieron las 40 horas y ahí se detuvo el tiempo, a pesar de que desde entonces han llegado la informática, la robótica industrial, internet y ahora la inteligencia artificial. Se estima que la IA va a transformar o sustituir el 40% de los empleos actuales. Si no tenemos un modelo político capaz de socializar esa tecnología, el sistema colapsará. Hoy en día casi cualquier objeto que te rodea ha sido producido en más de un noventa por ciento por maquinaria automatizada; la cuota de trabajo humano directo es residual.
La única razón por la que hay gente sin casa es que una minoría acumula las cabañas
Veamos el tema de la vivienda, que es escandaloso. En Italia hay registrados 77 millones de inmuebles para una población de 59 millones de personas. De esos 77 millones, 17 millones están cerrados o abandonados. Y si contamos solo las viviendas plenamente habitables, hay 64 millones para 52 millones de adultos. Dado que la mayoría de la gente vive en pareja, en familia o con compañeros de piso, la proporción es de casi dos casas habitables por cada persona adulta que vive sola. Es el equivalente a una tribu de cien personas que dispone de ciento cincuenta cabañas. La única razón por la que hay gente sin casa o ahogada por hipotecas y alquileres es porque el sistema permite que una minoría acumule esas cabañas y cobre un peaje por acceder a ellas.
Con la comida ocurre exactamente lo mismo. El 70% de la superficie agrícola del planeta se destina a cultivar alimento para los 80.000 millones de animales de ganadería que se sacrifican al año. Además, un tercio de toda la comida que se produce en el mundo se acaba tirando. Si elimináramos el desperdicio estructural y redujéramos el consumo de carne, tendríamos abundancia de alimentos vegetales para alimentar a varias humanidades. Y en el terreno energético, la radiación solar que recibe la Tierra en una sola hora contiene más energía de la que consume toda la humanidad en un año entero.
Steven Shaviro lo explicó brillantemente en su paradoja aceleracionista: el capitalismo no soporta su propia abundancia. Necesita transformarla artificialmente en escasez para justificar la necesidad del mercado y mantener su dominio. Y lo hace mediante tres herramientas: la desigualdad en la distribución, la obsolescencia programada y la propiedad intelectual cerrada, y, en última instancia, la guerra, que es la destrucción deliberada de bienes acumulados.
El capitalismo no soporta su propia abundancia: necesita transformarla artificialmente en escasez para mantener su dominio
Alba: Te pongo un ejemplo súper gráfico de esto. Parte de mi familia vive en viviendas de protección oficial. Vengo de una familia vulnerable, con miembros con diversos grados de discapacidad reconocidos. En el bloque donde están ellos hay otras personas en la misma situación que reciben cartas de desahucio de la propia administración pública si no pueden pagar la mensualidad del alquiler. Las listas de espera para conseguir un piso social están colapsadas, te dicen que no hay sitio para nadie. Y sin embargo, en ese mismo edificio hay tres pisos vacíos, abandonados desde hace años, llenos de trastos, cucarachas y palomas. Hay familias en el barrio que estarían dispuestas a limpiarlos y entrar a vivir mañana mismo, pero el sistema prefiere mantener las viviendas cerradas antes que permitir que la gente satisfaga una necesidad básica de forma gratuita.
Andrea: Hay otro tema muy importante para el movimiento gratuitista. En las REPA hemos adoptado la metodología del software libre para desarrollar todas nuestras propuestas. Queremos que los diseños técnicos de las reformas no sean propiedad del Partido Capibara, sino que queden a disposición de toda la humanidad. Utilizamos licencias abiertas para que cualquier colectivo, en cualquier lugar del mundo, pueda coger nuestros proyectos, adaptarlos a su realidad local y mejorarlos. De la misma manera que miles de programadores colaboran en proyectos de código abierto de forma cooperativa, nos organizamos para planificar el futuro de manera libre y transparente. No solo queremos activar a personas que no están activas políticamente, sino que deseamos llevar estos ideales a colectivos que ya están activos pero que no ven un panorama general, no ven una utopía común. Y por eso, precisamente, hemos montado el sitio sinistraverso.org, desde el cual se puede acceder a todo este mundo de informática liberada.
Cuando uno presenta estas propuestas, la reacción inmediata del sentido común dominante siempre es la misma: «¿Y esto cómo se paga? ¿De dónde vais a sacar el dinero?».
Alba: ¡De cobrarles impuestos a los ricos! De ahí sale el dinero. Tax the rich. Es así de sencillo.
Davide: La financiación está perfectamente calculada. Hemos diseñado una propuesta de impuesto extraordinario sobre el patrimonio que funciona como un tope máximo a la riqueza individual: una Global Wealth Tax fijada en 6,66 millones de euros.
Elegimos esa cifra por varias razones. Por un lado, tiene un componente simbólico evidente para romper ese «hechizo» del realismo capitalista. Pero, por otro lado, es una cifra que representa una vida de auténtico lujo personal. Una familia de cuatro miembros podría acumular más de 26 millones de euros. No estamos hablando de gravar la facturación de las empresas o el tejido productivo, sino del patrimonio personal neto de los individuos. En Italia, solo el 0,5% más rico de la población supera esa cifra. Sin embargo, ese 0,5% posee casi 5 billones de euros, lo que representa cerca del 35% de todo el patrimonio nacional (que asciende a unos 14 billones de euros entre bienes públicos y privados).
Estableciendo ese límite de 6,66 millones y redistribuyendo todo el excedente situado por encima, se obtiene una masa de recursos colosal que permite financiar la transformación del modelo social y garantizar la gratuidad de las necesidades básicas. Y cuando se nos dice que «los ricos se marcharían del país», recordamos que la mayor parte de esos grandes patrimonios están vinculados a bienes inmuebles imposibles de mover o a activos financieros y empresariales que pueden ser regulados por ley si existe la voluntad política de hacerlo.
Alba: Si los grandes patrimonios huyen es porque la legislación se lo permite.
Davide: En China han exigido recientemente a sus ciudadanos los datos de todas sus cuentas en paraísos fiscales bajo amenaza de severas sanciones. Si hay determinación política, la evasión se frena. La cuestión no es si se van a ir; la cuestión es que la élite económica va a hacer todo lo posible por destruir un proyecto como este porque pone un límite a su acumulación. ¡Nos querrán matar!
¿Es realmente humano pensar que se puede poseer más de una cifra tan demoníaca?
La cifra misma es un sello mágico: ¿qué significa una riqueza que supera a nivel personal los 6,66 millones? En primer lugar, es una riqueza imaginable, porque mientras que mil millones o cien mil millones no los puedes imaginar, 6,66 millones sí. Así que puedo tener una villa de un millón de euros, otra villa de dos millones de euros… bueno, aún me quedan más de 3 millones y medio, ¿entiendes? Así que, de todos modos, estamos hablando de una minoría extremadamente rica. Por eso, 6,66 sirve precisamente para alterar las conciencias, para plantear reflexiones, es decir: ¿es realmente humano pensar que se puede poseer más de una cifra tan demoníaca?
Por otra parte, incluso el rico que tendrá un patrimonio global máximo de esa cifra disfrutará de un salario mínimo –que no le interesará–, de la gratuidad de las seis necesidades fundamentales y de la renta universal de la bonita sociedad del futuro. Es realmente un comunismo de lujo en ese sentido.
El tema migratorio no aparece de forma tan prominente en el centro de vuestros discursos públicos, a pesar de ser uno de los vectores principales que la extrema derecha está utilizando en toda Europa para propagar su odio racista. ¿Cómo abordáis esta cuestión?
Davide: El programa completo del Partido Capibara todavía no se ha publicado en su totalidad, pero la reflexión sobre la movilidad humana entra en nuestro proyecto.
Andrea: Si esa parte ha tardado más en visibilizarse es porque creemos que las propuestas relativas a la migración deben ser diseñadas directamente por las personas que sufren en su propia piel la violencia de las fronteras y la extranjería. Desde mi punto de vista personal, creo que el reemplazo étnico de Occidente es deseable. La llegada de población migrante es una realidad que enriquece a Europa. Lo que nos corresponde a las poblaciones occidentales es reparar el daño histórico causado por el colonialismo, dejar de expoliar el Sur global y acoger con garantías de igualdad a quienes llegan a nuestros territorios.
Alba: Además, las herramientas del gratuitismo son universales. La idea de desmercantilizar la vida no es un privilegio para los nacidos en Italia; es una propuesta que pretende extenderse como una planta trepadora a cualquier país del mundo.
Davide: Exacto. Nadie debería verse obligado a emigrar por culpa de la miseria o de las guerras que causa el propio capitalismo. Y al mismo tiempo, todo el mundo debería tener la libertad absoluta de desplazarse y asentarse donde prefiera.
La paradoja de un país como Italia es sangrienta: históricamente, los italianos son un pueblo de emigrantes que se han dispersado por todo el planeta. Aún hoy, según datos oficiales del Estado italiano, hay más italianos viviendo en el extranjero que extranjeros residiendo en Italia y sin embargo ganan las elecciones partidos con discursos abiertamente xenófobos. Guarda una inquietante similitud con el sionismo: los hijos y los nietos de las víctimas de un genocidio están cometiendo otro genocidio menos de un siglo después.
El gratuitismo pretende resolver el malestar social garantizando una vida bella para todos
Davide: El capitalismo utiliza la inmigración ilegalizada como una herramienta para disponer de mano de obra ultraprecarizada, sin derechos y sometida a la amenaza constante de los Centros de Internamiento. Y luego utiliza la desesperación de esa gente para enfrentar al pobre nacional contra el pobre extranjero. Al garantizar la gratuidad de la vivienda, la comida, la salud y la renta universal a cualquier persona que viva en nuestro territorio, destruyes de golpe las condiciones materiales que generan la delincuencia de supervivencia o la marginalidad. El gratuitismo pretende resolver este malestar social garantizando una vida bella para todos.
Como partido, estabais inmersos en la recogida de firmas para presentaros a las próximas elecciones parlamentarias, pero en octubre seaprobó una reforma electoral bastante restrictiva. ¿Cómo os afecta este cambio?
Andrea: Nos habíamos marcado el objetivo de recoger 120.000 firmas presenciales en el territorio para poder presentar la candidatura del Partido Capibara en las elecciones de 2027. En solo un mes habíamos recogido ya 15.000 firmas a través de nuestra web. Y de repente, en octubre, el Parlamento aprobó una modificación electoral que eleva a 450.000 el número de firmas físicas necesarias para que los partidos sin representación parlamentaria podamos presentar listas. Es una medida descaradamente liberticida concebida para blindar a los partidos tradicionales.
Sin embargo, te confieso que para muchos de nosotros esta noticia ha supuesto un auténtico alivio. Nos ha liberado de la trampa institucional. Algunos sectores se estaban enfocando excesivamente en la cita electoral de 2027, cuando para nosotros la candidatura era simplemente un medio y no el fin. Nuestro verdadero objetivo es transformar las conciencias y construir las redes de cuidados en los barrios y en las ciudades a largo plazo. Esta traba nos permite concentrar toda nuestra energía en el movimiento social real y no en la política profesional.
Esa transformación mental es la verdadera revolución, y no se detiene ni con 450.000 firmas
Davide: El Partido Capibara nunca ha sido un partido tradicional. Nació con la concepción estratégica de un «partido flotilla», inspirándonos directamente en la Flotilla de la Libertad que intenta romper el bloqueo a Gaza. La flotilla sabe perfectamente que unos pocos barcos no van a derrotar militarmente a un ejército poderoso, pero su travesía tiene una función hipersticional devastadora: visibiliza la injusticia, despierta a la población y moviliza las conciencias a nivel global.
Nosotros no somos tan ingenuos como para pensar que nos iban a dejar llegar plácidamente al gobierno mediante las reglas de la democracia liberal para arrebatarle los grandes patrimonios a las élites. El viaje hacia las elecciones era la excusa para difundir el programa, poner a miles de personas a diseñar el futuro y hacer circular la idea del gratuitismo.
Mark Fisher dedicó sus últimos textos a investigar cómo se gestaron movimientos de masas como el Mayo del 68: momentos históricos donde de repente la gente cree colectivamente que es posible cambiar la realidad. Esa transformación mental es la verdadera revolución, y esa no se detiene ni con 120.000 ni con 450.000 firmas.
Como suele decir Andrea para explicarlo con una metáfora astronómica: un meteorito necesita adquirir suficiente masa y volumen mientras orbita para que la atmósfera no lo desintegre antes de tocar superficie. Quizás este revés burocrático sea la oportunidad que necesitábamos para seguir sumando gente, organizando colectivos y acumulando fuerza hasta que el impacto del gratuitismo sea verdaderamente definitivo en la historia de este siglo.




