Contra los ingenieros. Disección del tecnoautoritarismo y el fin de una época

por | Jun 16, 2026 | Mundo, Tecnología

Los ingenieros se han convertido en la vanguardia política del capitalismo tardío. Entre la crisis de legitimidad del orden neoliberal y el auge de la tecnorreacción, Silicon Valley ensaya una nueva razón de Estado basada en eficiencia, vigilancia y producción y gestión de poblaciones excedentes.

En los últimos meses hemos oído constantemente nombres como los de Anduril, Palantir, Peter Thiel, Alexander C. Karp, la mafia de PayPal, etc. El mes de abril de 2026 terminó con la publicación del texto de veintidós puntos propuesto por la empresa de Karp, que no son más que citas literales de su propio libro y muchas personas se escandalizaron ante la posibilidad de que el mal sueño del capitalismo nos estuviera conduciendo a la pesadilla tecnoautoritaria de Silicon Valley. Este texto analiza las bases políticas de la nueva reacción que trasciende a los CEO y filósofos de la neorreacción (NRx), pero desde luego los contiene.

A la vez, nos vemos marcados por un contexto de crisis no solo económica, sino de legitimidad: el aparato universalista que permitía al capitalismo prometer igualdad mientras practicaba la exclusión se ha agotado. La Ilustración Oscura surge, precisamente, cuando ciertas élites deciden abandonar el Zigzag –la oscilación constante de la política capitalista entre universalismo/igualitarismo y jerarquización– para abrazar la nuda jerarquía.

Como veremos, esto ha producido un paradigma de inmiseración rentable donde podemos observar una polarización de la acumulación1. Las firmas tecnológicas aumentan su productividad y los grandes capitales mantienen una relativa estabilidad. Mientras tanto, este escenario se desarrolla paralelamente al deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora y a la formación de amplias capas de población excedente, configurando un régimen en el que la brecha entre la acumulación de capital y la acumulación de miseria adquiere una intensidad creciente.

La idea de este texto es indagar en las convulsiones generadas por la decadencia del sistema-mundo, observando las entrañas de la reacción a la luz del proyecto de transición que esta articula. Un proyecto que aspira a clausurar la época histórica vigente y a gobernar el paso hacia un escenario definido por el agotamiento del capitalismo histórico y el desenlace de su crisis estructural.

No nos valen las viejas herramientas. No estamos ante formas de fascismo histórico, mucho menos de reacción conservadora. Su aceleracionismo nos deja claro que no cabe lugar para el temor o la esperanza, hay que buscar nuevas armas. Por ello, debemos salir de los debates escolásticos sobre la naturaleza de la fascistización y analizar el presente desde su especificidad. Para cambiar la historia primero necesitamos comprometernos con aceptarla.

¿Quiénes son los ingenieros?

Tomo el concepto de ingenieros2 del libro escrito por Alexander C. Karp, The Technological Republic, donde este sujeto tiene un rol primordial en su manifiesto político. El ingeniero ocupa en este un lugar privilegiado y hace un esfuerzo encomiable para trascenderlo al nivel de categoría política. Karp estudia su subjetividad, su rol y su deber ser como sujeto político en la visión de la sociedad que defiende Palantir.

Para ver que subyace tras esta etiqueta, tenemos que comprender que no es un obrero al uso, no es un simple trabajador de cuello blanco en una empresa tecnológica, y tampoco es un individuo soberano tradicional burgués que crea a través de la tecnología. Si buscáramos sus raíces, el pariente más cercano sería el Trabajador descrito por Ernst Jünger. Un operador del poder que no persigue la felicidad, tampoco una seguridad ontológica, sino la subordinación de la sociedad y sus afectos a la eficacia y la operatividad, un sujeto de disciplina prusiana.

El ingeniero es un tipo funcional cuya virtud está en encajar en una maquinaria que le trasciende

El ingeniero es un tipo funcional cuya virtud está en encajar en una maquinaria que le trasciende. La técnica, la tecnología y el manejo de datos es solo la forma a través de la cual se hace accesible el mundo a este Trabajador. Parafraseando al propio Ernst Jünger, los datos son el modo en que él mismo organiza el mundo, no son instrumentos de progreso, sino de dominio. Esta idea forma parte de su concepción del Estado, una que desdibuja las fronteras entre ese mismo Estado y la sociedad, también entre la paz y la guerra.

No obstante, las diferencias con Jünger se dejan ver en cuanto se entra a la concepción de la interacción entre ingeniero y sociedad. Ambos se refieren a un tipo que no trabaja para algo, sino que es su misma función. Al Trabajador jungeriano se le sustrae su individualidad, se le condena a una visión mecanicista donde no cumple mayor función que la de ser un engranaje. En el discurso de Silicon Valley el ingeniero fomenta un modelo organizativo parecido al Enjambre de Eck3: una organización descentralizada donde estos constituyen la punta de lanza del desarrollo tecnológico. Es una figura perfilada, fragmentada e individualizada que actúa en una colmena buscando soluciones para sus problemas históricos.

Podemos reconocer algunos ecos en el sansimonismo asociada al socialista utópico Saint-Simon, ya que defienden una gobernanza realizada por gestores eficaces donde la población ceda su soberanía y se adapte a sus formas de control, para centrarse en su felicidad y emancipar a la humanidad. Pero sobre todo, porque el viejo socialista francés fue el primero en ver en “la red” la estructura moral del mundo –en aquel entonces conformada por ferrocarriles y canales–, que hoy se desarrollaría en el capitalismo computacional.

No obstante, estoy lejos de sugerir que los ingenieros forman parte de una tradición socialista utópica. Su problema es que no pueden entenderse a la luz de una sola tradición política, sino de una constelación con un proyecto propio. En este sentido, las pulsiones sansimonianas son el correlato de una concepción cameralista4 del Estado. Esta idea, proveniente de la Alemania de los siglos XVII y XVIII, promueve un Estado absoluto entendido como una cámara (Kammer) enfocada en la gestión práctica, las finanzas, la economía y la administración.

Lo llaman Estado-empresa gobernado por un CEO que busca maximizar el rendimiento del capital

Ellos mismos lo llaman un Estado-empresa gobernado por un CEO que busca maximizar el rendimiento del capital, proteger la propiedad privada y reducir los gastos innecesarios. Aquí encontramos la intersección entre los tres elementos que hemos nombrado que dan a luz a un Estado eficiente y optimizado gobernado por ingenieros a través de herramientas de control y el cruce de datos, la red de nuestro tiempo. Lo que su intelectual de referencia, Curtis Yarvin, llama una dictadura corporativa5.

Se promueve la búsqueda de figuras fuertes, cuyo pariente más directo no es el líder fascista, sino el director empresarial. El Estado-empresa es un productor más, un productor de orden. Las dinámicas ordoliberales6 fortalecen su forma policial y aseguran el business as usual. El Estado ha de centrarse en asegurar los ciclos de acumulación, asentar las bases para nuevos mercados o realizar rescates cuando sea necesario. De esta manera se apuesta por el fortalecimiento punitivo en defensa de los intereses del capital privado a través de un Estado fuerte y optimizado que repartirá dividendos y recortará gastos a quienes poseen los medios de producción. Pero que también vigilará, controlará y/o debilitará a los que producen con esos medios.

Es decir, el ingeniero es quien habita Palantir, Anduril y llegó a ocupar brevemente el Departamento de eficiencia gubernamental (DOGE), el ministerio de Elon Musk7. En él se han estado desarrollando conceptos fundamentales para la cosmovisión política de una fracción de la burguesía, configurándose como vehículo ontológico y político que integra su escatología del movimiento del capital. Esta burguesía ha conseguido articularse como bloque histórico, con un proyecto que busca profundizar un Estado tecnoautoritario, posicionado como alternativa transportista frente a la crisis de legitimidad del capital. Buscan una administración intensiva de la supervivencia que se nos trasladan en forma de realpolitik.

En el siglo XX, fue ampliamente discutida la revolución tecnoburocrática que se producía a través del capitalismo gerencial. En aquellos mismos debates, si bien el nudo central era el surgimiento de una serie de mediaciones técnicas que acumulaban poder, se mencionó que los países con tecnologías más desarrolladas eran menos susceptibles al surgimiento de esta burocracia.

Es más, hoy podríamos decir que lo que no pudieron ver durante estas discusiones es el impacto que tendría el uso de capital fijo a través de este desarrollo tecnológico, lo que permitiría aumentar el poder directo de la burguesía o atar estrechamente a estas capas técnicas al mismo. Además, hay que cuidarse de qué formas se define el par entre propiedad y control. El control es siempre un elemento subordinado a la propiedad, y esta capa de técnicos no implica una desposesión de la burguesía por la clase media o gerencial, sino la imposición de mediaciones en el control de los trabajadores por parte de la burguesía.

De aquí la defensa de Karp del modelo organizativo de Silicon Valley como paradigma para reestructurar el poder capitalista. Una combinación entre iteración constante y velocidad, en las que se aplanan las jerarquías pero se naturaliza el poder de los que están arriba de las mismas, donde se produce el reclutamiento del 1% del talento global al desarrollo de la Deep Tech que será clave en el (Deep) State. Así como el empoderamiento de los sujetos más valiosos, la unión mediante una sólida misión colectiva y una gestión centrada en los resultados. Todo ello constituye el núcleo de un laboratorio de capital humano, donde el ingeniero, este sujeto intermedio, constituye la pieza fundamental para ensayar la constitución de un poder futuro.

Los ingenieros son, ni más ni menos, que la vanguardia política del capitalismo tardío

Los ingenieros son, ni más ni menos, que la vanguardia política del capitalismo tardío. Quizá nos acercamos a la resolución de ese Fin de la modernidad que tanto se ha pronosticado y tan apresuradamente se ha invocado en otras ocasiones, en el que la Modernidad de la Tecnología ha conseguido ofrecer un programa de transición política, que desde luego augura un destino sombrío. Todo ello frente a la Modernidad de la Emancipación8, la cual no solo no ha conseguido presentar un proyecto contrahegemónico, sino más bien parece haber quedado obsoleta, desgastándose en los saltos de la historia reciente.

El Auge del Complejo Autoritario-Financiero

Cuando los líderes de la Extrema derecha claman por la abolición del Estado o exigen reducirlo y se quejan de sus excesos, no están pidiendo el fin del Estado capitalista, sino que están invocando lo explicado anteriormente. Este Estado no tiene por qué reducir su presencia en nuestra vida, sino economizarla. El Estado mínimo es una trampa retórica que se torna confusa con respecto al Estado de excepción, remitiendo a una visión conservadora que guarda todo lo necesario en el mismo para la continuidad del capital. Esto desemboca en la superación del ordoliberalismo por el monetarismo descendiente del Consenso de Washington, dando lugar a un tiempo marcado por las privatizaciones agresivas y la intensificación represiva.

En este punto nos topamos con un momento histórico marcado por la derrota de las organizaciones de clase trabajadora que se arrastra desde 1989. Tras casi tres décadas, economistas liberales como Daron Acemoglu han expresado sus lamentaciones ante la debilidad de la oposición a las fuerzas del capital, asegurando que este hecho ha roto el Wage-Productivity Bargain. Con esto, el autor de Power and Progress, sostiene que el equilibrio que aseguraba el progreso compartido en el capitalismo, es decir, el crecimiento del mismo a la par que la mejora en las condiciones de vida de la clase trabajadora, se mantenía mediante el juego de poder entre la clase dominante y sus sepultureros. Pero desde finales de la década del 70, los salarios de la clase trabajadora siempre han crecido por debajo del coste de la vida, lo que en los últimos tiempos se ha intensificado. Esto es lo que, según él, ha producido el auge de la tecnorreacción. El desarrollo tecnológico del capital no tiene por qué beneficiar a nadie más que a los capitalistas.

El desarrollo tecnológico del capital no tiene por qué beneficiar a nadie más que a los capitalistas

Este escenario nos sitúa en un momento donde, si bien aseguramos habitar Estados en crisis, los datos macroeconómicos no reflejan lo mismo. La productividad de las industrias tecnológicas ha crecido mientras otros sectores se estancaban, lo que no nos permite ver el tan anunciado declive del capital, sino más bien su reestructuración. No obstante, es justo señalar que la crisis que invocamos tiene un sentido, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia puede resolverse mediante la destrucción creativa de fuerzas productivas, pero en una época de debilidad de las fuerzas que se le podrían oponer también puede cargarse sobre la calidad de vida de los desposeídos.

Esto ha intensificado la dinámica de (súper)explotación9, generando ingentes cantidades de población excedente y los llamados trabajadores pobres, todos esos sujetos cuyo salario no cubre la reproducción de su vida al completo. Desde esta aproximación no parecemos acercarnos a la debacle de la financiarización, sino a una polarización de la inmiseración capitalista, donde nos encontramos una creciente acumulación de capital por una parte y de miseria por el otro, sin la necesidad de que estas sigan una tendencia compartida.

Es en este punto donde nos encontramos el auge del Complejo Autoritario-Financiero (CAF),10 es decir, la fusión entre Finanzas, Complejo industrial militar y el reciente Complejo industrial securitario, centrado en la producción de herramientas para el control y vigilancia de poblaciones desechables. Vemos al viejo águila imperial afilar unas nuevas y flamantes garras. Estos sectores gestionan y desarrollan programas para conflictos bélicos en colaboración con los ejércitos, aumentando su cotización bursátil mediante la venta de productos testados en combate. Estas manufacturas entrenadas en el terreno de batalla, consiguen luego contratos con otros Estados aliados, gracias a estos galones.

Los elementos de control de nuestra sociedad securitizada guardan poderosos lazos con un contexto internacional convulso e inestable, volviendo a nosotros con la forma de instrumentos de cruce de datos, reconocimiento facial, ciberespionaje, etc. La Pila Autoritaria (Authoritarian Stack) se recarga mediante la energía cinética producida por la nueva dinámica imperial, aprovechando este combustible para privatizar elementos clave en la soberanía de los clásicos Estados-nación.

Los elementos de control de nuestra sociedad securitizada guardan poderosos lazos con un contexto internacional convulso

Generan infraestructuras que expanden el tecnocolonialismo a través de la captura de diferentes infraestructuras estatales. Así, el CAF es un nuevo Ciclo de acumulación por desposesión, capitalizando la producción de poblaciones empobrecidas y excedentes mediante su vigilancia y la participación de estas mismas herramientas en las agresiones imperialistas. Un escenario que también aleja la tesis de la crisis estructural del capital, pues en otros momentos históricos la forma política que ha adoptado esta es la de la autonomía relativa del Estado, como en el caso de Luis Bonaparte, el fascismo clásico o Donoso Cortés.

Hoy la tendencia parece ser la contraria, la integración en la forma-estado de los sectores en auge en nuestro tiempo, un modo de dominio donde el poder de mando no está sujeto a la debilidad de la burguesía, sino a su fuerza y desarrollo, y a la deslegitimación del capitalismo por las condiciones de miseria que impone a sus habitantes. Aprovechando esta situación, la reestructuración política no se producirá por un elemento externo que quiebre un empate hegemónico entre distintas clases o fracciones de clase; sino que se hará en la intersección del poder del capital tecnológico y la debilidad de las alternativas a nuestra sociedad, produciendo un poder sin mediaciones de la burguesía reaccionaria de Silicon Valley.

Es esta polarización de la vivencia del capitalismo tardío entre miseria obrera y desarrollo del capital, la que hará que se desplieguen contradicciones cada vez más obvias que quiebran el mito del interés general en el neoliberalismo. Un contexto del que se han alimentado las nuevas derechas, nutriendo sus programas y sus discursos de la retórica contra las élites globalistas y aparentemente anti-establishment, aprovechando el clima afectivo que nos lega nuestro presente.

Crisis perenne y contrarrevolución preventiva

La reorganización del Estado mediante el CAF conforma una apariencia contrarrevolucionaria, pudiendo detectar elementos de fascistización que ni siquiera dependen de gobiernos fascistas. El control se vuelve asfixiante y la inteligencia artificial (IA) no ha hecho más que profundizar en ello, dejándonos claro que cuando Alexander C. Karp sostiene que la IA es una carrera armamentística11, también lo es contra la población interna. El autor de The Technological Republic llega a instar a los otros fundadores de Silicon Valley a involucrarse en la lucha contra el crimen. Volvemos al endocolonialismo y el boomerang imperial que había marcado el auge del fascismo histórico.

Ofertan control y tranquilidad siempre y cuando se esté dispuesto a aceptar la escasez

Con base en sus tesis políticas, las tecnologías represivas de nuestras sociedades de control son elementos de emergencia dictados por la necesidad tecnológica. En el epicentro del pánico securitario, nos encontramos ante una crisis de inseguridad ontológica que ofrece un clima afectivo perfecto para la acogida de sus productos. La letra del contrato está clara: ofertan control y tranquilidad siempre y cuando se esté dispuesto a aceptar la escasez y a prescindir de la libertad. Operando en un régimen donde se insta a la población a la administración intensiva, la aceptación de la jerarquía y la desigualdad, y la cesión de derechos políticos de forma permanente. El método no se basa en el consenso, sino en la coacción que obliga a aceptar las condiciones que se nos imponen, mientras tanto se nos dibuja como alternativa un profundo abismo.

A ello responde también la construcción de un peligro constante donde la criminalidad siempre parece a punto de aparecer, generando la sensación de una oleada de pequeños crímenes que pueden cristalizarse en cualquier momento y amenazar nuestra vida.

Sin embargo, la definición reaccionaria del crimen ha tendido a ser laxa y porosa. Para Carl Schmitt el criminal es el enemigo (Hostis), aquel que representa la negación del propio modo de vida, el otro. En este sentido, el autor de El concepto de lo político no define al enemigo en términos morales (como algo malo) ni en términos estéticos (como algo feo), sino que lo identifica simplemente como el ‘otro’; el extranjero con el que existe la posibilidad de un conflicto real. La definición que aporta no es nueva, sigue una larga tradición de teóricos del derecho de la rama positivista: el criminal es el enemigo del interés general –un interés construido sobre la imagen mistificada de la burguesía–.

En correspondencia, el intelectual de la neorreacción, Curtis Yarvin, asegura que es difícil trazar una frontera clara entre la insurrección y el crimen organizado, si el capitalismo quiere acabar con uno, para él, tendrá que erradicar al otro. Aquel que comete un daño contra la mancomunidad humana. Es desde este punto de vista que cualquier ataque al orden realmente existente te convierte en criminal, sea político o no, pues ambas se equiparan como ataque contra el estado actual de cosas. Es reducir la comprensión de los delitos a su forma más inmediata, generando un formalismo que hace la definición de los mismos mucho más expansiva.

A la par que crecen las poblaciones excedentarias aumenta un punitivismo desbocado. En tanto que ni se puede ni se pretende acabar con la miseria en el horizonte cercano, el Estado debe prepararse ante la posibilidad de que una gran parte de la población se vuelva enemiga del interés general. El CAF se inserta en esta dirección como un laboratorio con la intención de generar la contrainsurrección del futuro. Preparando los materiales que asienten una contrarrevolución preventiva que aplaste la revolución antes de que sea siquiera posible.

A la par que crecen las poblaciones excedentarias aumenta un punitivismo desbocado

Ello se basará en la idea de una paz reaccionaria sostenida en el uso de la fuerza, la era de la disuasión a través del software que sustituye a la era atómica, en la que el posible enemigo interno cobra una importancia aún más relevante ante la ausencia de oposición. Curtis Yarvin, quien lo resume con su teoría de la ortiga, merece ser citado por su claridad expositiva en la definición de lo que este tipo específico de contrarrevolución significa:

«Si tomas la ortiga temblando te quema, si la agarras con mano firme se vuelve sedosa e inofensiva. (Se supone que las partes de la ortiga que inyectan las toxinas de la planta solo se activan con un ligero roce, pero se desactivan con una presión firme. Personalmente, nunca lo he probado). Según la teoría de la ortiga, las insurrecciones se producen porque —y solo porque— los insurrectos perciben que tienen posibilidades de ganar. Como todos los hombres, luchan por la gloria, el poder y el saqueo. Cualquier gobierno puede prevenir y/o poner fin a la violencia interna dejando claro a sus oponentes que la victoria es imposible y que el único resultado de cualquier lucha será, en el mejor de los casos, la ignominia y el encarcelamiento y, en el peor, la mutilación y la muerte.”

De esta guisa, nos topamos con la organización de un punitivismo hiperbólico que los científicos sociales miran con desconcierto. El crimen realmente no crece pero los medios para terminar con él se vuelven más presentes en nuestra vida, aumentan significativamente y se intensifican cualitativamente. Este clima es una inversión en materia de seguridad nacional ante un futuro incierto. La deriva penalista sirve de registro semiótico que opera sobre la concepción del enemigo, lo construye, y sirve de cobertura bajo la que generar los medios para combatirlo, advirtiendo del peligro latente que crepita tras la inmiseración.

El crimen realmente no crece pero los medios para terminar con él se vuelven más presentes en nuestra vida

Esto traduce la deuda moral que, según Palantir, tiene Silicon Valley con la nación que posibilitó su crecimiento, enmarcando su devolución al Estado en materia de Seguridad nacional. En este sentido, estas políticas de la enemistad y esta adhesión nacionalista, reflejan que lo que se encuentra tras estos ingenieros no es una vuelta al feudalismo, ni aún en una fase tecnológica, sino la vuelta de lógicas coloniales, repliegues nacionalistas, dinámicas de exclusión de lo extranjero e intentos de homogeneización cultural, magnificando la aceleración del capitalismo en su fase terminal y participando del “devenir negro del mundo”12 que extiende la condición de desechable.

Esto estriba en la constitución de una renovada razón de Estado que podríamos denominar hipermodernidad, pues constituye la recuperación de algunos de los elementos de la modernidad en descomposición que ofrecen una sensación virtual de continuidad, mientras que en realidad habitamos una transición política a un mundo dominado por la economía de la exclusión.

Esta economía se da en el epicentro de la unión entre el CAF y una nueva fase de gobernanza que presenta un giro hacia la eficiencia y la técnica. En este escenario se da la defensa derechista del Estado esencial, donde el aparato estatal toma un sentido de existencia aún más necesario. En última instancia, esta concepción es una respuesta a un giro marcado por un contexto de reproducción social antagónica. Hoy la reproducción de la sociedad capitalista no implica el mantenimiento de la armonía, sino la gestión de la guerra civil larvada, donde la ley y la logística sirven para contener un antagonismo que, de otro modo, desmembraría el orden social cada día. La reproducción de nuestro modo de vida supone también reproducir los conflictos que amenazan acabar con él. El Estado se reduce a su esencia porque nos encontramos ante su función desnuda: el arbitraje en una sociedad capitalista bajo la constante amenaza de una colisión.

La reproducción de nuestro modo de vida supone también reproducir los conflictos que amenazan acabar con él

En este sentido, la ingeniería constitutiva de la razón de Estado Hipermoderna da un giro hacia la técnica siguiendo la estela de un viejo conocido de la misma, en este caso un arquitecto, exponente de la arquitectura moderna: Le Corbusier. Él mismo representa a la perfección el polo tecnológico de la modernidad, siendo una de las raíces que ha hecho florecer el bloque de los ingenieros, en sus obras nos advertía: «La sociedad está llena de un violento deseo de algo que quizás obtenga o quizás no. Todo radica en eso; todo depende del esfuerzo realizado y de la atención prestada a estos síntomas alarmantes. […] La revolución puede evitarse». Como diría De Gaulle: «La política es algo muy serio para dejársela a los políticos». ¡Confiemos en los ingenieros!

Darwinismo social y la mano invisible de la represión

La propuesta de la Hipermodernidad no deja de ser un proyecto de orden, eso sí. La esclerótica modernidad debe ser reemplazada por la vitalidad de otra formación histórica, lo que no implica que sea conservadora sino que propone un progreso, una aceleración en clave reaccionaria.

Nos encontramos a la espera entre el tiempo medio y el tiempo corto de la crisis estructural del sistema-mundo. Siguiendo la distinción braudeliana de la longue durée, podemos situar el origen profundo de esta coyuntura en 1989, con la derrota histórica de los proyectos emancipadores y las alternativas al capitalismo; el tiempo medio en la reestructuración capitalista posterior a 2008, con los diversos proyectos anti-neoliberales y la pacificación de la sociedad; y el tiempo corto como el momento de bifurcación que se anuncia. En este interregno, la nueva derecha tecnoaceleracionista no se limita a reaccionar: está generando las infraestructuras materiales, ideológicas y tecnológicas para cuando la coyuntura haga saltar por los aires el presente.13

Se trata de naturalizar a quién está por encima y quién por debajo, una sociedad enraizada en la ley del más fuerte.

En el interregno, poner a cada uno en su lugar es más necesario que nunca. Esta es la base más clara de la razón de Estado hipermoderna, una reconstrucción nacional centrada en las jerarquías y la desigualdad. Se trata de naturalizar a quién está por encima y quién por debajo, una sociedad enraizada en la ley del más fuerte. No obstante, ello confluye con una sociedad administrada, centrada en los resultados y en la técnica, con lo que no se trata del anárquico Estado de naturaleza precontractual, sino de un Estado de naturaleza controlado poscontractual.

Este es el verdadero sentido de existencia de Palantir, Anduril, Lavender, Gospel, Thales Group, etc. Su software es una intervención de ingeniería social que produce y reproduce el orden, llegando a prefigurarlo antes virtualmente. Utilizan el targeting para producir jerarquía y señalar objetivos. Son herramientas que anuncian el mundo desigualitario que buscan imponer.

Los ingenieros llevan a su hipóstasis las bases de la Teoría de juegos. Mientras los viejos liberales creen en la mano invisible capaz de administrar la sociedad por sí misma, desde la subjetividad ingenieril lo importante es gobernar la mano invisible científicamente, dominarla y ser capaces de dirigirla, los buenos resultados no brotan, sino que se manufacturan y estudian.

El Contrato Social deja de ser un mito fundacional de nuestras sociedades, pasando a ser un proceso que debe revalidarse mediante la intervención sobre la paz social. Esta dinámica ha dejado de operar en el plano simbólico para materializarse en los sistemas digitales que hoy estructuran la gobernanza. El dashboard de estas empresas opera como un demiurgo regulador que, según ellos basándose en criterios exclusivamente científicos, distribuye de forma justa la violencia y la represión. Es el metabolismo interno de una sociedad de jerarquía desnuda.

Los ingenieros llevan a su hipóstasis las bases de la Teoría de juegos

Esto le otorga la capacidad de decidir quién es un peligro o quién es susceptible de ser eliminado por los más variados motivos. Esta es una de las traducciones más nítidas del Hard Power, el Contrato Social no se ha roto, sino que se ha liquidado, pasando a ser un elemento en constante mutación que puede volvernos potencialmente eliminables. Como lo defiende Karp, no es un cambio de discurso o una retórica incendiaria, sino una transición hacia una infraestructura de dominio para administrar la escasez.

La estructura moralizante del capitalismo computacional usa los datos mediante el software como estructura de ontologización, su objetivo es sustanciar los enemigos que antes mencionamos. El targeting de objetivos es ante todo una forma de construcción de la enemistad. No solo observan, sino que, en buena medida, construyen y señalan chivos expiatorios, cristalizan el peligro en sujetos concretos que pasan a ser señalados sin conocer muy bien los motivos o los procesos implicados.

En este sentido, el positivismo ha perdido su relación exclusiva con lo jurídico y ha adquirido una nueva forma ante estos desarrollos tecnológicos. La era de la IA se ha topado con el positivismo de código. Los planes de policía inteligente y el procesamiento de criminales ahora colaboran estrechamente con el CAF. Utilizando sus productos se produce un efecto por el cual el criminal es fabricado por la oposición al orden, pero hoy está condicionado por la datificación de sus potencias virtuales, que acaban siendo tratadas como un hecho consumado, pues si algo puede pasar, deberá tratarse como si ya hubiera ocurrido a fin de que no suceda.

Pero va más allá. Estas tecnologías son todo un estudio del enemigo, marcan al enemigo interno, también definen las acciones que es más propenso a cometer o su hábitat. Por ejemplo los hot spots –zonas donde la policiación se identifica por la presencia de una gran cantidad de datos previos sobre crímenes– denunciados por AlgoRace. El control se torna en una operación semiótica que deslinda los cuerpos susceptibles de represión y violencia. El perfilamiento racial es un ejemplo de cómo viejos métodos pueden ser renovados en este clima de la tecnorreacción: las viejas teorías raciales de los criminólogos son sustituidas por un positivismo que se sostiene en la empiria computacional.

Este positivismo de código implica la conquista histórica del universalismo científico: un modelo en el que priman la ciencia y la ratificación de reglas objetivas que gobiernan a todos los fenómenos todo el tiempo. Este modelo se produce en un momento marcado por una tendencia cultural y política a la confianza en el progreso de la tecnología, el conocimiento científico y sus aplicaciones. Así, se inscriben en lo que Wallerstein llama la cientifización social de todo el saber. Estamos ante un reordenamiento centrípeto del conocimiento que pronosticaba el autor de Universalismo europeo, articulado en esta razón de Estado hipermoderna que se produce en el ojo del huracán del auge reaccionario.

Las disciplinas científicas se vuelven cada vez más necesarias para el modo de dominio ingenieril

Las disciplinas científicas se vuelven cada vez más necesarias para el modo de dominio ingenieril. La ciencia se había unido frecuentemente al progreso, incluso en tiempos recientes era reivindicada como un valor progresista. Los ingenieros proponen una enmienda a la totalidad y encuentran en ella un elemento indispensable para la dictadura de la burguesía. El CAF viene a demostrar que el progreso científico puede convertirse fácilmente en regresión social, el dominio de la naturaleza, trastocarse en dominio del ser humano.

Este positivismo ha conseguido ultimar la tendencia secular del capitalismo que vio en la ciencia el código fraternal de los acumuladores de capital, encontrando en los ingenieros a su nueva vanguardia. Si anteriormente el capital basaba su legitimación en la dinámica de Zigzag, por la cual la promesa de igualdad universal se combinaba con formas de jerarquización, hoy esta forma de positivismo constituye el núcleo duro del Poder-Saber de la razón de Estado hipermoderna, sosteniendo un horizonte que ha expulsado la igualdad del mundo de posibles que nos aguarda, uno donde gobiernan la necesidad y los resultados. La virtud de los ingenieros está en haber conseguido forzar y someter las disciplinas de las ciencias a una reorganización en clave fascistizante.

Modernización reaccionaria vs. Hipermodernidad

Sin embargo, conviene hacer una importante distinción, los ingenieros no son ni nativistas, ni fascistas –ni nacionalistas al uso–. Las posibles definiciones han oscilado entre esos dos primeros conceptos para calificar su proyecto político. Ahora bien, no podemos hacer nuestros deberes copiando a quien sí los hizo en el pasado. Nuestra tarea no es exportar teoría muerta de algún rincón de la historia, sino ver cuál es la forma específica que toma el autoritarismo en esta fase del capitalismo tardío. No importa tanto el nombre como que provenga de un estudio preciso e históricamente correcto.

Los ingenieros se reivindican como el último bastión en la defensa de Occidente

Para ello, debemos establecer una serie de distinciones entre nuestra propuesta de Hipermodernidad y el concepto de “modernización reaccionaria” de Jeffrey Herf, con el que este analiza el fascismo histórico. Contrariamente a lo que Herf observa en el fascismo, los ingenieros no rechazan la racionalidad liberal, tampoco el individualismo, sino que guardan tensiones con el cosmopolitismo. Tampoco poseen una teoría científica de la raza, sino más bien una definición cultural del enemigo. Esto elimina de pleno que nos encontremos ante los arcaísmos y los resortes de un retorno del nazi-fascismo, y nos obliga a mirar con lupa nuestro presente, sin guías ni recetas. Veamos como se materializan estas diferencias.

En este sentido, los ingenieros no buscan ser enemigos de la razón liberal, todo lo contrario, más bien se reivindican como el último bastión en la defensa de Occidente y su tradición cultural, incluyendo los valores ilustrados y el contrato social en un contexto de posible colapso moral. Sus descarnados métodos responden a un desesperado intento por salvar todo este conglomerado. Por ejemplo, su obsesión con la búsqueda de chivos expiatorios y la creación de infraestructuras capaces de producirlos no responde a una disolución de la democracia, sino a una actualización de las bases sobre las que la misma se asienta. La dictadura de la burguesía está mostrando toda su casquería.

En una conferencia de Peter Thiel, este defendió la creación de chivos expiatorios como instrumento racional frente al Estado de naturaleza hobbesiano, un acuerdo sostenido sobre el contrato social que abandona la guerra del todos contra todos en favor de la guerra de todos contra uno14. La sociedad no se habría asentado sobre conversaciones jurídicas, sino sobre la técnica. El contrato social se resuelve mediante un método: el cabeza de turco. A todas luces es un proceso de individuación agonístico que indica contra quien hacer la guerra.

El contrato social se resuelve mediante un método: el cabeza de turco

Por ello mismo, su individualismo es férreo, su visión es mecanicista: la comprensión del capital humano se da la mano con las teorías del control. La sociedad funciona si sus engranajes funcionan bien y para ello se necesitan altos niveles de predicción, formas de cuantificar y codificar la operatividad de sus piezas. De la lógica individualista depende buena parte de la flexibilización de nuestras economías.

Una masa informe es inútil en el capitalismo computacional. La uberización de la economía y los modelos de servicios como proyectos históricos necesitan de la individualización de sus componentes, de la fragmentación de los trabajadores en su puesto de trabajo y dan relevancia a los valores afectivos en la (re)producción social. La ingeniería de datos producirá perfiles que vigilar y realizará el control de calidad y ejercerá de piloto automático. Su programa se asienta sobre la reconciliación del autoritarismo con el individualismo, no solo a través del líder, sino de su propia base económica.

La cuestión racial se ha desplazado a la cuestión identitaria en materia nacional y cultural

Asimismo, la teoría de la raza está ausente en la neoreacción (NRx). De vez en cuando se invocan histriónicos comentarios sobre la genética, los cuales tienen más que ver con sus obsesiones por el transhumanismo que por la raza en sí. La varilla del metrónomo se ha movido de la raza a la identidad. Hemos hablado constantemente de las derivas identitarias de la izquierda, pero estas forman parte de un escenario más amplio de auge reaccionario del que forman parte las extremas derechas. Así, la cuestión racial se ha desplazado a la cuestión identitaria en materia nacional y cultural. El discurso oscila entre las críticas al multiculturalismo, la identidad nacional, el estrechamiento del filtro para obtener la ciudadanía o el conflicto entre culturas.

En esta deriva no nos podemos olvidar de su visión del «marxismo cultural» con el que la derecha lleva luchando desde finales del siglo XX. Como bien sostiene Richard Seymour: cuanto más ausente está el comunismo, más presente se encuentra en el discurso de la (extrema) derecha su variante cultural, moviéndose en la contrarrevolución preventiva como justificación para la represión de ciertas culturas o identidades culturales no-ciudadanas, a la vez que impide el surgimiento de cualquier alternativa anticapitalista mediante un aplastamiento constante de cualquier proyecto en el que el marxismo sea algo más que cultural.

En cuanto al cosmopolitismo, su relación es aparentemente contradictoria. El repliegue nacional de los ingenieros nos podría hacer pensar que no pueden ser considerados cosmopolitas. Sin embargo, el nacionalismo no tiene por qué implicar un rechazo al cosmopolitismo.

Pensemos que esta nueva reacción se produce en una potencia mundial, lo que se ha llamado comúnmente la policía internacional, a la vez que acreedor para otra parte del mundo.15 A la par, no paran de invocar una misión civilizadora que posee una extensión global. Su intención trata de crear una red internacional reaccionaria y extender y salvar una forma de vida mediante la expansión de sus infraestructuras.

Su cosmopolitismo es, ante todo, un cosmopolitismo desde arriba

Elon Musk reivindica con orgullo su biografía internacional, y la inscribe en una visión de colonización universal que va desde Starlink, como infraestructura planetaria, hasta la conquista de Marte, con sus elementos chovinistas y nativistas propios de la más clásica Europa colonial. Alexander C. Karp utiliza como distinción sus estudios en Frankfurt. Corren leyendas urbanas sobre una tesis dirigida por Habermas. PayPal fue fundada, según Thiel, como divisa global capaz de esquivar los resortes del Estado-nación.

Su intención es la de restaurar un orden mundial «natural», donde la reconstrucción del Estado-nación se vuelve la base para la constitución de relaciones internacionales darwinianas. De esta manera, su cosmopolitismo es, ante todo, un cosmopolitismo desde arriba, basado en una misión histórica de su potencia nacional y en una cosmovisión reaccionaria y nacionalista. Este es el sentido de la Hipermodernidad frente a la idea de Modernización reaccionaria. Como diría Derrida, los espectros nos imponen una misión histórica. En medio del agotamiento de las condiciones de existencia de la modernidad, la visión escatológica de la tecnología de los ingenieros, es la tarea que ordena el fantasma del fin de una era tal y como la conocemos.

Ante la debilidad del enemigo y la fortaleza de un capital que lleva décadas sin encontrar una oposición, la salida a la crisis estructural inscrita en la longue durée va a ser gobernada por la clase dirigente. En este sentido, lo que los ingenieros deben hacer es preparar al capitalismo para una época de dominación sin hegemonía, asentando un ecosistema tecnológico que estreche la autonomía relativa del Estado y permita ejercer un poder basado en el control de la infraestructura.

Nos encontramos ante la negativa manifiesta a generar un nuevo consenso universal, el soft power ha quedado obsoleto. No nos encontramos ante el fin de un modo de producción. No podemos confundir la crisis de una formación histórica con el interregno entre la decadencia de una época y la transición a otra, el fin del modo de producción no es el fin de un modo histórico de producción. Nuestra nueva infraestructura post-democrática no busca convencer, sino administrar la fase terminal de una civilización.

  1. Lo que trata de advertir este término es la polémica tesis marxista de la depauperación absoluta que se refleja en las contratendencias a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. En un escenario de debilidad política de los proyectos emancipadores y de ausencia de alternativas, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia puede ser frenada cargando sobre las espaldas de los desposeídos los costes de la crisis. Estas contratendencias hacen política esta tesis de Marx y la desmarcan de las teorías del declive. Para saber más, Stephen Maher y Scott Aquanno han escrito el artículo Profitable inmiseration, además de Monopoly or competition: The Amazon Paradox. ↩︎
  2. La importancia de este concepto dentro de la obra de Karp es tan grande que tiene una sección completa en el índice dedicada a estudiar la mentalidad del ingeniero. ↩︎
  3. Llaman Enjambre de Eck a un estudio biológico realizado con una colmena de abejas. En búsqueda de una nueva localización para instalar su panal, dos de ellas se divorcian del grupo y el resto comienzan a seguirlas; estas últimas habrían encontrado el camino hacia su nuevo destino y mostraría la coordinación de estos insectos. Este experimento forma parte de la mitología Tecnoautoritaria en la defensa de modelos de gestión descentralizados e individualistas. ↩︎
  4. Nick Land menciona en repetidas ocasiones, dentro de sus Escritos sobre la ilustración oscura, su afinidad por este viejo modelo de Estado germánico. ↩︎
  5. Se pueden encontrar referencias a este término en la entrevista realizada por New York Times a Curtis Yarvin donde este lo propone: https://elpais.com/us/2025-08-19/curtis-yarvin-se-necesita-una-dictadura-corporativa-para-reemplazar-a-una-democracia-moribunda.html ↩︎
  6. Uso el término Ordoliberal de Werner Bonefeld, si se quiere profundizar: https://marxismocritico.com/2017/01/16/ordoliberalismo-y-muerte-de-la-democracia-liberal-una-entrevista-con-werner-bonefeld/ ↩︎
  7. Este nombre tiene curiosas reminiscencias fascistas ya que Doge o Dogo era la máxima autoridad de la República de Venecia, el término proviene de la palabra latina Dux. Será de esta misma figura histórica de la que Mussolini adopte el término Duce.  ↩︎
  8. Tomo estos conceptos del texto de Immanuel Wallerstein El Fin de la Modernidad, si bien el usa en otros textos el par Proyecto de Davos/Proyecto de Porto Alegre, en el contexto de Silicon Valley los anteriores reflejan mejor la dinámica del presente. ↩︎
  9. Cobro de un salario por debajo del umbral de reproducción de la vida. Herencia del régimen laboral colonial. ↩︎
  10. El uso de este concepto es bastante reciente, siendo mencionado por primera vez en la obra de Peter Bloom Capitalism Reloaded: The Rise of the Autoritarian-Financial complex. ↩︎
  11. Si bien la cita proviene de The Technological Republic también fue enunciada en el resumen de 22 puntos que Palantir hizo en su perfil de Twitter. ↩︎
  12. El término proviene de Achille Mbembe y trata de advertir sobre la extensión de destinos que antes se reservaban a las personas racializadas y que ahora se extienden a más segmentos de la población. ↩︎
  13. Sobre la teoría de los tres tiempos de Fernand Braudel, véase La historia y las ciencias sociales. ↩︎
  14. Peter Thiel basa sus ideas sobre los chivos expiatorios en la teoría de la violencia de su profesor, durante su grado universitario en filosofía, René Girard. Pueden encontrarse más ideas sobre su pensamiento en este texto del mismo Thiel: https://legrandcontinent.eu/es/2025/05/19/apocalipsis-zombi-la-leccion-de-tinieblas-de-peter-thiel/ o en el libro de Girard La violencia y lo sagrado. Para él la función de los chivos expiatorios es tanto política como geopolítica, lo cual se puede observa en esta otra traducción: https://legrandcontinent.eu/es/2025/12/24/las-cosas-ocultas-de-peter-thiel/ ↩︎
  15. Si bien Estados Unidos como superpotencia se encuentra en déficit presupuestario, su relación es contradictoria porque es es esa situación de déficit la que les permite proyectar capital y dinamizar su influencia (económica) en otros países. Por ejemplo, durante los años posteriores al Plan Marshall se inicia la primera época de gran déficit estadounidense, pero la inversión previa de Estados Unidos a través del Plan Marshall le valió para obligar a los países de su entorno de influencia a financiar esa deuda sobre todo tras las guerras de Corea y Vietnam. Ver Michael Hudson en el libro Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire, donde desarrolla la teoría del Imperio Supraimperialista. ↩︎

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