Mientras el Gobierno presume de avances en vivienda, la escalada de los precios y los desahucios no paran. Entre declaraciones triunfalistas y reformas de corto alcance, el foco se desplaza ahora hacia Pablo Bustinduy, nuevo rostro de una estrategia política que combina guiños hacia los movimientos sociales con concesiones de fondo al mercado inmobiliario. Lo que está en juego es quién marca realmente el ritmo.

