<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Pablo Carmona, autor en Zona de estrategia</title>
	<atom:link href="https://zonaestrategia.net/author/pablo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://zonaestrategia.net/author/pablo/</link>
	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
	<lastBuildDate>Thu, 11 Jun 2026 10:16:05 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0.3</generator>

<image>
	<url>https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2024/01/cropped-ZE_3-32x32.png</url>
	<title>Pablo Carmona, autor en Zona de estrategia</title>
	<link>https://zonaestrategia.net/author/pablo/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Bad Bunny en el Madrid global</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/bad-bunny-en-el-madrid-global/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/bad-bunny-en-el-madrid-global/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 09:44:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=5282</guid>

					<description><![CDATA[<p>El éxito de Bad Bunny, Karol G o Shakira en la capital revela la inserción de la ciudad en los circuitos globales de la música latina pero también la emergencia de una nueva realidad política donde la población de origen latinoamericano es ya una parte fundamental de la mayoría social madrileña.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/bad-bunny-en-el-madrid-global/">Bad Bunny en el Madrid global</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Madrid City. Así se titula <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sh2lLZBnrfA">el tema que hace dos años publicó la esteponera Ana Mena</a> y que cuenta ya con 58 millones de visualizaciones. La fiesta, la insinuación, el ligoteo y los destellos llenaron este videoclip, que recuerda a piezas similares grabadas en Miami, Los Ángeles o Nueva York.</p>
<p>La música latina ha situado por primera vez a Madrid en el centro de un fenómeno global de la cultura de masas. A su vez, este hecho no puede explicarse sin recordar que la región supera el millón de residentes nacidos en América Latina. La cifra es mucho mayor si se incluyen también a sus hijos y nietos nacidos aquí. Tampoco puede entenderse sin el proceso de internacionalización de la economía madrileña como región global, iniciado a finales de los años noventa y analizado con detalle, en <a href="https://zonaestrategia.net/cuaderno5-madrid-no-es-espana/">Madrid no es España</a>, el último número de <a href="https://zonaestrategia.net/secciones/cuadernos/">Cuadernos de Estrategia</a>.</p>
<p>Las cifras del último año son espectaculares: los cuatro conciertos de Karol G en el Bernabéu con más de 240.000 espectadores; los diez de Bad Bunny en el Estadio Metropolitano con más de medio millón y los once conciertos y 450.000 entradas vendidas por Shakira entre el 18 de septiembre y el 11 de octubre de 2026 dan la medida.</p>
<blockquote><p>Cuatro conciertos de Karol G en el Bernabéu, diez de Bad Bunny en el Estadio Metropolitano y once de Shakira</p></blockquote>
<p>Pero los números son solo el reflejo de una ciudad que crece como polo de atracción a escala nacional e internacional para la música en vivo. El Movistar Arena (ex Wizink) ocupa el segundo lugar en el mundo como sala de conciertos por número de eventos. La Gran Vía, el nuevo «Broadway» madrileño, es el tercer espacio para musicales del mundo con más de 2,6 millones de espectadores anuales en más de once musicales simultáneos. Por último, salas como La Cubierta de Leganés, el Palacio de Vistalegre o el entorno de La Caja Mágica, completan la descomunal infraestructura de salas, espacios de conciertos y festivales con los que cuenta la ciudad.</p>
<h3>El final del poblachón manchego</h3>
<p>A pesar de lo anterior, la idea de que Madrid sigue siendo un poblachón manchego, tal y como la caracterizó su cronista Mesonero Romanos, parece haberse alargado hasta el presente. Su capitalidad durante la dictadura y su vinculación simbólica a las bases culturales del franquismo han hecho que la “cultura madrileña” se pudiera dar siempre por supuesta sin demasiadas indagaciones. Todo podía resumirse en una cultura oficialista, nacionalista, carca y hasta folclórica propia de una ciudad encerrada en sí misma y poco cosmopolita. Quizás atravesada por breves paréntesis que ofrecerían alguna alternativa como La Movida Madrileña, activa durante poco más de una década, o los distintos momentos de la cultura obrera de barrio, especialmente la saga rockera que va desde Burning hasta Rosendo,</p>
<blockquote><p>La tercera región metropolitana en población de Europa no podía superar su esencia de “gris sede funcionarial”</p></blockquote>
<p>Lejos de las grandes culturas urbanas europeas donde tendrían plaza de honor Berlín, Londres o Barcelona, el área metropolitana madrileña parecía condenada hasta al mantra de ser el mismo poblacho manchego de siempre. La tercera región metropolitana en población de Europa nunca habría logrado superar, según este dictado, su esencia de “gris sede funcionarial”. Sea como fuere, es cierto que los distintos undergrounds madrileños han sido difíciles de interpretar desde el canon contracultural que sí aplicaron, por ejemplo, en los años setenta barceloneses. También que esto ha hecho que los ochenta madrileños apenas hayan tenido un puñado de estudios sobre el rock suburbano, los quinquis o La Movida Madrileña. Sin embargo, lo que vive hoy Madrid con eventos como el de Bad Bunny pertenece a otra escala.</p>
<h3>La Movida de Tierno, el Reguetón de Ayuso</h3>
<p>Nadie escapa del gran despunte del reguetón en sus distintas variantes. Es la música que suena de manera transversal y masiva en la mayoría de casetas de las fiestas de barrio, en salas de baile y garitos de toda índole, hasta en muchos centros sociales. Solo así se explica el éxito rotundo y masivo que están teniendo los directos de esta constelación de estrellas latinas donde se incluyen no pocas españolas.</p>
<blockquote><p>El reguetón es a Isabel Díaz Ayuso lo que La Movida Madrileña fue a Enrique Tierno Galván</p></blockquote>
<p>Pero lo más importante es que esta transformación cultural y el nuevo protagonismo madrileño que la acompaña no está teniendo ningún tipo de interpretación desde el campo del análisis crítico. Los progres oscilan entre bailar hasta las tantas esos éxitos o ignorar la masividad que despiertan, mientras critican algunos aspectos del reguetón por su machismo. El denominador común en ambos casos es el mismo: no existe un análisis convincente sobre lo que está pasando. En términos provocativos podríamos afirmar que el reguetón es a Isabel Díaz Ayuso lo que La Movida Madrileña fue a Enrique Tierno Galván. Evidentemente, Ayuso no ha creado ese fenómeno, del mismo modo que Tierno no creó La Movida, pero ha sabido leer políticamente la energía social que tiene detrás.</p>
<p>Todo a pesar de las contradicciones evidentes. Ayuso llegó a rechazar la concesión de la Medalla de Madrid a Bad Bunny apelando al machismo de algunas de sus letras. Del mismo modo que Tierno promovió La Movida pese a haber sostenido en escritos anteriores que la homosexualidad era una «desviación» del instinto. En ambos casos, lo decisivo no fueron sus gustos personales ni sus convicciones morales, sino su capacidad para reconocer la potencia social de un fenómeno cultural emergente.</p>
<blockquote><p>Jóvenes obreros migrantes, pijos de distintas tribus, punkis, contraculturales y quinquis se cruzaban e incluso se disputaban una urbe en pleno proceso de segregación urbana y social</p></blockquote>
<p>Incluso podemos ir un poco más allá. La Movida madrileña, salvando algunas distancias con el presente, cumplió una función clara en la ciudad: la de suturar simbólicamente la brecha social abierta por la crisis y el paro juvenil en los barrios y el Madrid moderno de la nueva clase media que empezaba a despuntar. Jóvenes obreros migrantes, pijos de distintas tribus, punkis, contraculturales y quinquis se cruzaban e incluso se disputaban una urbe en pleno proceso de segregación urbana y social. Por momentos, aquello que se llamó La Movida madrileña parecía ser un movimiento que todo lo cubría.</p>
<p>El Madrid de hoy es muy distinto al de entonces. En medio de dinámicas financieras y migratorias globales, especialmente de América Latina, solo movimientos culturales más globales pueden cumplir la función que asumió la movida. A medio camino entre la marca de “capital latina” y el discurso integrador, Madrid está encontrando una nueva identidad en su apertura a “lo latino”.</p>
<p>Aquí es donde los discursos de Ayuso que definen a la región como el lugar donde “se hablan todos los acentos del español” o que desprecian la cuestión colonial por divisiva, aterrizan y ganan posiciones. La cultura de masas que atraviesa la ciudad, que une a los barrios altos y los bajos, que pone a bailar juntos a los migrantes latinos y a los jóvenes gatos, debería ser objeto de interpretación.</p>
<blockquote><p>Es una ciudad donde la población de origen latinoamericano constituye una parte fundamental de la mayoría social madrileña</p></blockquote>
<p>La latinidad de Ayuso o la Iberoesfera de Abascal son expresiones ideológicas de esta transformación. En una ciudad donde la población de origen latinoamericano constituye una parte fundamental de la mayoría social, resulta mucho más difícil relegarla simbólicamente a una posición subalterna, como sí ocurre con las personas de origen musulmán o africano. La capital construye más esferas de unión cultural y social entre América Latina y España de lo que se presupone. Aunque, como también sucedió con La Movida, esta fórmula pretenda ocultar los sistemas de segmentación de clase o racistas que también la acompañan.</p>
<p>A falta de una mejor interpretación e intervención, la tesis de Ayuso parece remar a favor de la alianza real que se está dando en la región entre lo latino y lo castizo. Por eso, aquello a lo que llamamos izquierda no puede permitirse ignorar estas transformaciones. Sobre todo porque muchas de las claves de la política madrileña de los próximos años pasarán por este cruce que es ya el principal motor de formación de la futura sociedad madrileña.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/bad-bunny-en-el-madrid-global/">Bad Bunny en el Madrid global</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/bad-bunny-en-el-madrid-global/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Si cae Zapatero ¿es el final de la era progresista?</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/si-cae-zapatero-el-final-de-la-era-progresista/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/si-cae-zapatero-el-final-de-la-era-progresista/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 May 2026 14:03:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=5237</guid>

					<description><![CDATA[<p>Pedro Sánchez parecía recuperar la iniciativa gracias a su posición sobre Palestina y su enfrentamiento con Trump. Sin embargo, los resultados de las elecciones andaluzas y la imputación de Zapatero lo han puesto contra las cuerdas. Pero esta imputación no amenaza solo al Gobierno de Sánchez, sino a todo el ciclo político progresista inaugurado en 2004.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/si-cae-zapatero-el-final-de-la-era-progresista/">Si cae Zapatero ¿es el final de la era progresista?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Pedro Sánchez parecía recuperar la iniciativa gracias a su posición sobre Palestina y su enfrentamiento con Trump. Sin embargo, los resultados de las elecciones andaluzas y la imputación de Zapatero lo han puesto contra las cuerdas. La imputación de Zapatero no amenaza solo al Gobierno de Sánchez. Amenaza a todo el ciclo político progresista inaugurado en 2004.</p>
<p>El conjunto de la izquierda parlamentaria está en <em>shock</em>. Aquel al que Pablo Iglesias calificó como «el mejor presidente de la democracia» acaba de ser imputado. Tráfico de influencias, contratos y comisiones componían una trama que iba desde China hasta Venezuela. Incluso Alba y Laura, las conocidas hijas del expresidente, habrían sacado tajada de los negocios de su padre.</p>
<blockquote><p>La investigación también tiene un componente de venganza política por parte de Trump</p></blockquote>
<p>Para comenzar, se pueden dar algunos datos de la conjura. El primero es que parte de la información sobre la trama en Venezuela fue aportada por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Eso sugiere que la investigación también tiene un componente de venganza política por parte de Trump –y quizás incluso el Mossad–. El segundo, que el grupo Prisa está presentando al juez encargado del caso, José Luis Zalama, como una persona seria y responsable. No está apostando, por tanto, por el discurso del <em>lawfare</em> que maneja parte de la izquierda.</p>
<p>Por su parte, la derecha prepara una posible moción de censura. Todo depende ahora de que Junts y PNV decidan apoyarla tras las declaraciones del expresidente. Al otro lado, Rufián se propone como candidato para huir de la quema y recoger el voto que escape del PSOE hacia su izquierda en las próximas elecciones.</p>
<p>Aún con muchas incertidumbres, algo parece claro. Salvo que se produjese <a href="https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/">nuevo golpe de mano sanchista</a> o se pruebe una fabulosa conspiración contra Zapatero, <a href="https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/">es probable que el gobierno progresista caiga durante el próximo año</a>.</p>
<h3>Las dos eras del progresismo español</h3>
<p>Hay quienes opinan que si Zapatero no hubiese reaparecido con tanta fuerza, esta crisis no habría afectado tanto al gobierno Sánchez. Pero la operación de recuperación del «No a la guerra» para defender la posición de España contra los ataques a Irán se vio claramente reforzada con la participación del expresidente.</p>
<p>El retorno de Zapatero a la escena pública en realidad tenía muchos significados. Por una parte, fue el presidente que llegó al poder tras las movilizaciones del 11M. También quien derrotó políticamente a Aznar. A partir de aquí, el matrimonio homosexual, la ley de memoria histórica o la educación para la ciudadanía fueron hitos de un gobierno que <a href="https://zonaestrategia.net/el-sanchismo-y-el-voto-rosa/">delimitó el campo de la izquierda y la derecha parlamentaria tal y como los conocemos a día de hoy</a> y dio lugar a las batallas culturales más importantes de la primera década de los 2000 que relatábamos en <em><a href="https://traficantes.net/libros/spanish-neocon">Spanish neocon</a></em> (Traficantes de Sueños).</p>
<blockquote><p>La etapa de Felipe representaba al progresismo casposo y echado a perder por sus pactos con las élites</p></blockquote>
<p>Con él se inauguró una segunda era del progresismo español que dejaba atrás la primera etapa socialista, la de Felipe González, Rodríguez Ibarra, Chávez o Bono. Aquella generación representaba al progresismo casposo y echado a perder por sus pactos con las élites y las políticas de despacho. Pero sobre todo, representaba al PSOE de las huelgas generales, los GAL, la precariedad juvenil y, para su izquierda, la del Referéndum de la OTAN.</p>
<p>Zapatero era otra cosa. Le quitó al PSOE parte del desgaste simbólico del felipismo y logró durante años tener buena prensa entre los representantes de la nueva política. Algunos incluso le perdonaron el cambio constitucional exprés del artículo 135 que sometía a España a los dictados de la Troika; los recortes sociales de 15.000 millones de euros de 2010 o la elevación de la edad de jubilación a los 67 años. Para la nueva política, Zapatero era una figura de referencia para buena parte de la nueva izquierda. Es más, confiaron en su mediación durante las negociaciones que llevaron al gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos en 2019.</p>
<h3>Últimos coletazos del ciclo</h3>
<p>Esta simpatía que Zapatero despierta más allá de las filas del PSOE extiende un manto que cubre a la mayoría de la izquierda. Nadie denunció al PSOE por su aprovechamiento de un eslogan que no era suyo, como el «No a la guerra» o incluso el “Otro mundo es posible”. Como tampoco supieron escapar de la <em>psoeización</em> provocada por las posiciones del presidente sobre Palestina o Irán, <a href="https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/">como explicamos aquí</a>.</p>
<p>Si la izquierda del PSOE ya tenía el problema de cómo librarse de la influencia de Sánchez, ahora se enfrenta a un reto mayor: cómo reaccionar a la caída de Zapatero. Hasta ahora se podía pensar que <a href="https://zonaestrategia.net/el-sanchismo-o-la-ultima-estacion-de-la-nueva-izquierda/">una caída de Sánchez cerraría el ciclo político del 15M</a>. Pero una crisis en torno a Zapatero iría más lejos, ya que arrastraría consigo todo el ciclo progresista, desde el movimiento de las plazas hasta la nueva política, pasando por el movimiento contra la guerra de 2004.</p>
<p>Independientemente de lo que pensemos de ellos, Zapatero, pero sobre todo Sánchez, son los dos figuras que han hecho que en España exista un fenómeno llamado socialdemocracia que en buena parte de Europa lleva años en retroceso o prácticamente desaparecida. Esta singularidad española se explica, en parte, por la capacidad del PSOE para apropiarse políticamente de grandes movilizaciones sociales, como el movimiento contra la guerra o el 15M.</p>
<blockquote><p>La pregunta es qué hacer con esta nueva crisis</p></blockquote>
<p>Ante semejante panorama, muchos se apresurarán a recordar que se viene un gobierno de derechas, y no les faltará razón. También se gestarán nuevas candidaturas que traten de amortigüar el batacazo del PSOE o que piensen en cómo ocupar ese espacio político y recoger parte de su electorado. Sin embargo, parece que las labores de contención no van a ser suficientes esta vez. Ni para frenar la caída del gobierno progresista ni para sustituirlo. La pregunta es qué hacer con esta nueva crisis, si ayudar a sortearla o dedicarse a construir al margen del marco dominante en las izquierdas estos años.</p>
<p>El pueblo progresista buscará nuevas opciones electorales y pedirá unidad. Pero debemos tratar de mirar hacia otros lugares. Ahora el reto es construir una política que no se centre exclusivamente en las clases medias, sino que se articule también con los que acaban de llegar y quienes no pueden acceder a una vivienda digna. Si se abre una fase de movilización no debería construirse en torno a la nostalgia del gobierno progresista, sino desde la defensa de derechos concretos y la identificación de sus responsables políticos y económicos.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/si-cae-zapatero-el-final-de-la-era-progresista/">Si cae Zapatero ¿es el final de la era progresista?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/si-cae-zapatero-el-final-de-la-era-progresista/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ayuso o el proyecto político de los liberales madrileños</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/ayuso-o-el-proyecto-politico-de-los-liberales-madrilenos/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/ayuso-o-el-proyecto-politico-de-los-liberales-madrilenos/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 May 2026 17:28:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuadernos de estrategia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=5096</guid>

					<description><![CDATA[<p>De Aguirre a Ayuso, treinta años de rebajas fiscales, privatización y expansión urbana han forjado una hegemonía neoliberal que la izquierda madrileña no consigue quebrar. ¿Qué sostiene este modelo y dónde están sus grietas?</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/ayuso-o-el-proyecto-politico-de-los-liberales-madrilenos/">Ayuso o el proyecto político de los liberales madrileños</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En un tiempo publicaremos el contenido el Cuaderno en abierto. Mientras, si quieres recibirlo en casa <a href="https://zonaestrategia.net/suscribete/">suscríbete y te mandamos los dos últimos como regalo de bienvenida</a> –y después los sucesivos–.</p>
<p>Elaboramos estos materiales gracias a grupos de investigación autónomos y los discutimos en cursos y sesiones con colectivos. Gracias por hacerlo posible!</p>
<hr />
<p>Os dejamos con un resumen:</p>
<p>El PP gobierna la Comunidad de Madrid desde hace treinta años. Detrás de este dominio se encuentra un proyecto político con una genealogía precisa, cuyas raíces se hunden en los gobiernos de Aznar y Aguirre, y que Ayuso ha sabido renovar con una operación cultural propia. ¿Cómo está construida la arquitectura de esa hegemonía? ¿Qué la sostiene?</p>
<p>El análisis recorre las cuatro columnas del modelo liberal madrileño: la política fiscal regresiva —96 rebajas de impuestos desde 2003—, la privatización de los servicios públicos de salud y educación mediante el principio de «libertad de elección», la expansión territorial desregulada que ha alimentado ciclos inmobiliarios sucesivos y la construcción de una red clientelar tan vasta como la propia administración. También se explican aquí los mecanismos de integración diferencial que explican la adhesión de amplias capas sociales al modelo. En este sistema, cada estrato de renta accede a sus propios servicios —su educación, su sanidad, su barrio— y en el que la retórica meritocrática funciona como cemento ideológico transversal.</p>
<p>Lo más singular del fenómeno Ayuso es el «neocasticismo»: una renovación de la tradición liberal-conservadora que combina el programa económico heredado con una retórica popular, castiza e integradora —conectada con la onda cultural latina— capaz de desactivar tanto la amenaza identitaria de Vox como la crítica progresista. Frente al nativismo excluyente, Ayuso ha opuesto un discurso de Madrid como espacio de acogida y oportunidad; frente a la izquierda, ha expuesto que sus propuestas representan solo los intereses de una fracción de las clases medias, incapaz de movilizar a quienes más sufren las políticas de segregación. El artículo señala también las fisuras del modelo y plantea una pregunta incómoda: ¿sigue siendo centralismo o Madrid funciona ya como una ciudad-Estado global que impone su propio orden al resto del país?</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/ayuso-o-el-proyecto-politico-de-los-liberales-madrilenos/">Ayuso o el proyecto político de los liberales madrileños</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/ayuso-o-el-proyecto-politico-de-los-liberales-madrilenos/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Perro Sanxe. El nuevo Ayatolá de la izquierda</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 17:37:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=4853</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mientras la izquierda surgida del 15M trata de reorganizarse en medio de la debacle y mediante guerras de liderazgos, Pedro Sánchez no solo resiste sino que desplaza el eje del conflicto hacia la geopolítica con el “no a la guerra”. Con sus jugadas maestras reordena el campo progresista y reduce a la irrelevancia a quienes aspiraban a disputárselo. </p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/">Perro Sanxe. El nuevo Ayatolá de la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Al Presidente Sánchez se le ha dado por muerto en numerosas ocasiones, tanto dentro como fuera de su partido. Tras las derrotas electorales de Extremadura y Aragón parecía lógico que el PSOE retrocediera en las autonómicas de Castilla y León, plaza fuerte de las derechas españolas. Según esta hipótesis, comenzaba su lenta caída hasta la derrota final.</p>
<p>Pero, contra todo pronóstico, el PSOE ha resistido. Carlos Martínez, el alcalde más popular de los socialistas, contuvo el golpe y logró incluso mejorar resultados: dos escaños más y 14.269 votos adicionales. El partido, además, amplió distancia a su izquierda: Soria Ya bajó a un solo escaño —frente a los tres de 2022— y Podemos perdió su representación.</p>
<p>En este contexto, el debate sobre la recomposición de la izquierda sigue abierto, pero por ahora la derecha avanza hacia la victoria en las próximas generales mientras que la izquierda surgida del 15M se encamina hacia la irrelevancia.</p>
<blockquote><p>La derecha avanza hacia la victoria en las próximas generales mientras la izquierda surgida del 15M se encamina hacia la irrelevancia</p></blockquote>
<p>La incertidumbre se produce en medio del debate sobre los ingredientes que harían que esta izquierda –compuesta por Podemos, Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid, Compromís o los Comuns– gane fuerza. Para unos la cuestión es mayor unidad y método, para otros encontrar un nuevo liderazgo al estilo Gabriel Rufián. Hay quienes lo apuestan todo al programa, otros se calzan la chupa de cuero y ponen poses raperas. Incluso hay quienes apuestan por retomar un discurso de clase más fuerte frente a las “políticas de la identidad” o dar más duro con la agenda social. A los ojos de la inmensa mayoría, semejante dislate no es más que la escenificación de un nuevo “quítate tú pa ponerme yo” que ya solo se creen sus propios protagonistas.</p>
<p>Las soluciones partidistas que mamaron del 15M han entrado en fase de colapso. Convertidas esas formaciones en meros aparatos de representación y agitación mediática, la falta de implantación y de construcción política de base ha acrecentado su dependencia de las lógicas de redes y de las guerras culturales. Política-espectáculo que se alimenta de indignación, celebraciones fastuosas, victimismos y una representación oportunista del momento político. Esto es lo que construyó Podemos poco después de su lanzamiento y hoy es una dinámica global que reduce lo molar de la política a meros gestos de marketing.</p>
<h3>Pedro el devorador</h3>
<p>Lo que nadie se podía esperar era que, estancadas las lógicas de reproducción de la izquierda post15M, fuese un líder del viejo Partido Socialista quien devorara este proceso. En el lapso de tiempo que va desde la carta a la ciudadanía escrita por el presidente en abril de 2024 hasta el retorno al «No a la guerra» de este mismo mes de marzo de 2026, Sánchez se ha hecho con las riendas del gobierno y ha ganado la inmensa mayoría de las batallas culturales planteadas desde su izquierda.</p>
<p>De nada vale que las políticas de vivienda no funcionen o se conserve intacta la ley mordaza. Pedro Sánchez ha aprendido a dominar el pequeño espacio electoral que sobrevive a su izquierda. Incluso, en los dos últimos años, ha empezado a alimentarse de él. Sabemos que esta habilidad no es nueva y recuerda a las destrezas que lograron Alfonso Guerra y Felipe González a la hora de incorporar y desarticular a la poderosa extrema izquierda de finales de los 70. Pero no por ello deja de sorprender su capacidad.</p>
<p>Si la carta a la ciudadanía de hace dos años sacó la lagrimilla a más de un izquierdista desprevenido, el apoyo a la lucha contra el genocidio en Gaza ha puesto a la mitad del electorado detrás del gobierno antes que en el lado opuesto. La corrupción, los problemas de vivienda, la precariedad o la ley mordaza han quedado en un segundo plano. El último episodio de la serie ha sido la posición firme de Pedro Sánchez por la guerra de Irán. Sánchez ha sabido jugar en el marco político realmente existente hoy: el de la guerra global, el de la gran geopolítica. Y ha entrado en este terreno con una posición privilegiada, la de opositor más reconocible de las políticas de Donald Trump.</p>
<p>Nadie puede negar que la jugada es maestra y que borra de un plumazo muchos de los problemas que asediaban seriamente al presidente apenas hace cuatro meses. De un soplido saca del mapa a Sumar y a Podemos, quizás lo más fácil de su cometido. De paso, recompone su figura como líder progresista contra la ola global reaccionaria y, por último, opaca y desdibuja todos los asuntos nacionales espinosos para el presidente.</p>
<p>La recuperación del «No a la guerra», que proviene de las masivas movilizaciones contra la guerra de Irak herederas del movimiento antiglobalización, ha despertado el entusiasmo en todos los rincones de la cultura progre y ha mandado al rincón de pensar a los aspirantes a recomponer la socialdemocracia española. Partidos como Más Madrid, los Comuns y Sumar se han quedado fuera de juego y otros, como Izquierda Unida y Podemos, empiezan a añorar el hueco de IU en los años en los que era única fuerza parlamentaria a la izquierda del PSOE.</p>
<blockquote><p>Sánchez ha devorado a los hijos institucionales del 15M y petrifica este nicho político hasta llevarlo a la tumba</p></blockquote>
<p>Sánchez ha devorado a los hijos institucionales del 15M y petrifica este nicho político hasta llevarlo a la tumba. Sin embargo, los réditos de este enésimo lifting del PSOE no parece que den para ganar unas próximas elecciones generales, acaso únicamente para destruir buena parte de las alianzas construidas con los otros partidos progresistas. Esa izquierda del PSOE es incapaz de hacer sombra al presidente de manera equiparable al nivel –en cantidad y calidad– que ofrece VOX con y contra el PP. Sea lo que sea que esté por venir no pasará ya por ese espacio institucional existente hoy a la izquierda del PSOE.</p>
<p>De esto quedan muchas lecciones que podríamos aprender sobre la construcción de procesos autónomos de la institución. El más importante, se han de construir las luchas lejos de los chantajes de la izquierda, encantadores de serpientes cuya única magia ha consistido en apoderarse de las demandas y la energía política de las luchas hasta drenar y secar las potencias desplegadas en el anterior ciclo de movilización.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/">Perro Sanxe. El nuevo Ayatolá de la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/perro-sanxe-el-nuevo-ayatola-de-la-izquierda/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El retorno del joven hipotecado</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/el-retorno-del-joven-hipotecado/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/el-retorno-del-joven-hipotecado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Feb 2026 09:14:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=4736</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tras años fuera del mercado, la bajada del Euríbor y los avales públicos están empujando a miles de jóvenes a firmar hipotecas en plena escalada de precios. ¿Estamos ante el prólogo de otra burbuja y de una nueva crisis de sobreendeudamiento?</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/el-retorno-del-joven-hipotecado/">El retorno del joven hipotecado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La COVID-19 y el periodo inflacionario entre 2021 y 2024, con sus correspondientes subidas de tipos de interés, han alargado la crisis hipotecaria de 2008 hasta la actualidad. Sin hueco para la compra de una vivienda, como en épocas anteriores, las nuevas generaciones quedan condenadas a un mercado de alquiler draconiano o a permanecer en casa de sus padres. Por eso, buena parte de las políticas públicas de vivienda durante 2024 y 2025 se han destinado a que una parte de la población joven pueda volver a comprarse una vivienda. Queda por comprobar si se ha logrado, analizando la publicación de los últimos datos del INE.</p>
<p>Hasta septiembre de 2024, apenas hace año y medio, el Euríbor estaba en cifras que imposibilitaban la compra de una vivienda. Desde ese mes, los datos del principal marcador de los tipos de interés hipotecarios empezaron a situarse por debajo de esa cota y a acercarse al 2%. Con estas bajadas muchos se preguntaron si remontaría la compra de viviendas alcistas incluso con la subida sostenida de los precios de venta. Hoy, con los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 (ECV25) podemos ensayar una respuesta.</p>
<p>Empecemos por el dato más relevante. Según el INE, los hogares cuya persona de referencia es un joven de entre 16 y 29 años han ganado peso en el sistema de propiedad –un 3,6% más–. Además, los hogares hipotecados de esa franja de edad han aumentado en el último año un 2,2%, mientras que los que están en la mediana edad -entre 30 y 44 años- lo han hecho en un 1,3%. (Ver gráfica nº1)</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-4737 size-full" src="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/1-1-scaled.png" alt="" width="2560" height="1440" srcset="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/1-1-scaled.png 2560w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/1-1-1280x720.png 1280w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/1-1-980x551.png 980w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/1-1-480x270.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 2560px, 100vw" /></p>
<p>Estos registros se sitúan 28 puntos por debajo del dato de 2007, momento de mayor cota de propiedad de la población joven y nos pueden llevar a preguntarnos sobre si detrás de estas cifras se verifica un cambio de tendencia. Algunos datos que reflejamos aquí, sin ser definitivos, podrían significar a futuro un cambio de tendencia.</p>
<p>La Encuesta de Condiciones de Vida 2025 nos ofrece una foto del sistema de acceso a la vivienda con varios elementos importantes. El primero, que la tendencia creciente de hogares en alquiler se ha detenido. El número de hogares inquilinos a precios de mercado ha bajado un 0,3%, el equivalente a 6.000 hogares. Pero es que incluso en las grandes áreas urbanas este dato se repite. En Madrid baja un 0,1%, en Cataluña un 0,4% y en Andalucía un 0,6%. Solo sigue creciendo en el País Vasco, con un aumento del 0,4% y en el País Valenciano donde crece un 1,4%.</p>
<p>Sin embargo, esto no significa, por el momento, que estemos asistiendo a un cambio de tendencia definitivo, aunque sí permite sacar algunas conclusiones. Las medidas públicas en favor de la reconstrucción de la sociedad de propietarios están surtiendo efecto. Al menos han frenado el aumento de la diferencia entre los hogares que viven en propiedad y los que lo hacen en alquiler: esta es la novedad más importante.</p>
<blockquote><p>Cada vez hay más hogares de extranjeros de fuera de la UE que viven en propiedad</p></blockquote>
<p>Por ejemplo, si observamos la evolución entre los hogares en alquiler a precios de mercado divididos por nacionalidades, encontramos dos tendencias consolidadas (Ver Gráfico nº2). Una, que el porcentaje de los hogares españoles que alquilan se mantiene estable desde 2020, y en ningún caso supone una cifra superior al 11%. O, lo que es lo mismo, en torno al 89% de los hogares españoles viven en propiedad, en viviendas cedidas o en viviendas por debajo del precio de mercado.</p>
<p>La segunda tendencia es que los hogares extranjeros alquilados a precios de mercado se han detenido en el 63,4% de los hogares. Es más, los hogares extranjeros que viven en propiedad han crecido un 7,8% desde 2019. Dicho de otro modo, cada vez hay más hogares de extranjeros de fuera de la UE que viven en propiedad.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-4738 size-full" src="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/2-scaled.png" alt="" width="2560" height="1440" srcset="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/2-scaled.png 2560w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/2-1280x720.png 1280w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/2-980x551.png 980w, https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2026/02/2-480x270.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 2560px, 100vw" /></p>
<p>Con estos datos podemos entender mejor la situación del mercado inmobiliario español. No en vano, 2025 acabó con 500.000 hipotecas firmadas, la cifra más alta desde el comienzo de la crisis. Un mercado inmobiliario al alza que se tradujo en la compraventa de más de 700.000 viviendas en ese mismo año, también la cifra más alta desde 2008.</p>
<blockquote><p>Las políticas públicas están apostando todo a levantar un nuevo ciclo inmobiliario donde la vivienda en propiedad gane peso</p></blockquote>
<p>Nada de esto habría sido posible sin las políticas públicas que están apostando todo a levantar un nuevo ciclo inmobiliario donde la vivienda en propiedad gane peso. Es cierto que la principal medida del gobierno central, la concesión de avales para compra de vivienda para jóvenes, se ha quedado a medio camino, concediendo poco más del 20% de los avales previstos, en total 10.400 avales. Pero esta medida ha sido compensada por medidas similares en distintas Comunidades Autónomas que han elevado el número de hipotecas para jóvenes por encima de los 20.000 avales.</p>
<p>Es más, el gobierno ha prorrogado este programa a todo 2026. Tarde o temprano se convertirá, junto a la movilización de ahorros familiares, en uno de los motores de un nuevo ciclo de compraventa de viviendas. La duda está en si este mecanismo será capaz de perdurar en el tiempo y abrirse paso en el cada vez más estrecho mercado inmobiliario y sus permanentes subidas de precios.</p>
<p>Quienes se siguen sorprendiendo de que las principales políticas en materia de vivienda vayan destinadas a proteger y fomentar la propiedad es porque siguen escondiendo debajo de la alfombra la calidad y extensión del sistema propietario español. Que esté dañado y estancado, no significa que haya desaparecido o haya sido desactivado. Sigue siendo el eje sobre el que pivotan las políticas de vivienda en el Estado, muy por encima de las inversiones extranjeras y de los actores financieros internacionales.</p>
<blockquote><p>La solución propietaria no augura más que nuevos problemas</p></blockquote>
<p>Sin embargo, la solución propietaria no augura más que nuevos problemas. Que aumente el número de hipotecados o reaparezca parcialmente en 2025 la figura del joven hipotecado solo prefigura una cara más de la crisis de vivienda. En 2024 hablábamos de una crisis de asequibilidad relacionada con la diferencia entre los precios del alquiler y la de los salarios, y de una crisis de imposibilidad, referida a quienes ya no podían hipotecarse ni alquilar. Hoy podemos adelantar una tercera crisis: la de sobreendeudamiento. La de aquellos que, como ya sucediera en 2008, a pesar de haber tenido acceso a una hipoteca para comprar una vivienda, se verán comprometidos en procesos de impago a la mínima que suba el Euríbor o se pierdan ingresos.</p>
<p>Los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial anuncian un crecimiento importante de las ejecuciones hipotecarias, sobre todo en Cataluña y avisan de que el problema hipotecario puede rebrotar. Por su parte, el movimiento de vivienda y las luchas por la vivienda deben permanecer atentas para saber cruzar estos tres frentes de la crisis de la vivienda que recorren la precariedad, el alquiler y la hipoteca.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/el-retorno-del-joven-hipotecado/">El retorno del joven hipotecado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/el-retorno-del-joven-hipotecado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Jincho, el lumpenproletariado y la izquierda</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/el-jincho-el-lumpenproletariado-y-la-izquierda/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/el-jincho-el-lumpenproletariado-y-la-izquierda/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 08:28:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=4721</guid>

					<description><![CDATA[<p>A pesar de la polémica sobre la supuesta derechización de los pobres, los datos electorales apuntan menos al voto reaccionario que a la abstención y al desapego político. En vez de un giro ideológico, lo que se evidencia es una fractura entre una izquierda integrada y unos sectores populares crecientemente expulsados del horizonte de representación.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/el-jincho-el-lumpenproletariado-y-la-izquierda/">El Jincho, el lumpenproletariado y la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El tema <em>HipHopcresía</em> de El Jincho ha servido de disparador de varios debates. El rapero, también llamado “el falso dominicano” o el “quinquillero neto” en referencia a su aspecto físico, es uno de los artistas más reconocidos de la escena <em>underground</em> del rap madrileño. Salido del barrio de Orcasitas, histórico emplazamiento de la izquierda comunista de la capital, se hizo famoso en 2019 con su tema <em>Made in Orcasitas</em>.</p>
<p>Desde entonces, la polémica le ha acompañado. Su primer <em>beef</em> con el rapero Foyone le posicionó en las listas de los más escuchados. Desde entonces, ha engrosado la lista de quienes participan en la absurda pugna por ver quién hace un rap “más real”, “más de calle” y más representativo de los barrios marginales españoles.</p>
<p>“Los barrios calentones”, que diría El Jincho, son aquellos donde vive, en términos clásicos, el lumpenproletariado. Allí donde los problemas de vivienda, el paro y la precariedad se ceban con la población más pobre y las familias migrantes. Aunque este término, por mucho que se use, se ha vuelto más que resbaladizo en un momento donde sería difícil definir siquiera a qué nos referimos cuando hablamos de proletariado.</p>
<p>El <em>affaire </em>Jincho comenzó para la izquierda en el verano de 2023 cuando se popularizó su tema “Voto en blanco”. Firmado junto a Swif EME, en él El Jincho atacaba a Irene Montero, las leyes de igualdad de género y a las personas trans. De aquí a declararse de derechas y seguidor de VOX solo pasaron pocos días.</p>
<h3>La izquierda escandalizada</h3>
<p>La polémica aquí se ha focalizado en dos puntos. El primero, el ya clásico debate sobre si el rap puede ser de derechas, o si, por el contrario, solo debería ser una cultura de denuncia y crítica que apueste por la igualdad social. La segunda discusión, la que más nos interesa, gira en torno a si las clases populares están derechizando.</p>
<p>Para la cultura progre, que un rapero de barrio vote a VOX es un escándalo que merece la más contundente de las reacciones. La más común y naturalizada: el miedo a la derechización de los más pobres. El Jincho para algunos sería la demostración de que el lumpen, los pobres y los barrios obreros se están haciendo de derechas. Incluso hay quienes lo han intentado explicar trayendo al presente algunas de las consideraciones que hizo Marx en torno al lumpenproletariado.</p>
<blockquote><p>Para la cultura progre, que un rapero de barrio vote a VOX es un escándalo</p></blockquote>
<p>Para Marx este sujeto estaría encarnado por la <em>Sociedad del Diez de Diciembre, </em>la organización benéfica formada por el lumpen controlada por Luis Bonaparte que aparece en su obra <em>El Dieciocho Brumario.</em> Esta sería el gran ejemplo de cómo el lumpenproletariado tiende per se a ser reaccionario. La frase exacta de <em>El Manifiesto Comunista</em> era: “El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras.”</p>
<p>A pesar del salto de más de 170 años, quienes han recuperado esta interpretación parecen afirmar que los más pobres, dominados por su estómago y por sus fatigas, e incapaces de pensar, tienen una tendencia natural a dejarse comprar por las fuerzas reaccionarias y aliarse con ellas. ¿Se puede leer una sentencia más prejuiciosa, clasista y determinista? En cualquier caso, lo más interesante es que, además, esta es una premisa falsa.</p>
<blockquote><p>Los barrios de menor renta de Madrid no votaron a la derecha, tuvieron niveles de abstención masivos</p></blockquote>
<p>Tomemos las últimas elecciones, donde los datos de los barrios de menor renta de Madrid, desmentían esta afirmación. Lejos de votar mayoritariamente a las derechas, sus habitantes no votaron, fueron lugares donde la abstención fue masiva. Orcasur, escenario de muchos vídeos de El Jincho, tuvo un 40% de abstención, San Cristóbal de los Ángeles, un 46,8% y San Diego, un 40,22%.</p>
<p>Por tanto, parece que los más pobres, lejos de estar seducidos por la extrema derecha, lo que no les convence es el conjunto del sistema. Es más, incluso si analizamos el voto de los que sí lo emitieron, en los distritos de estos barrios, comprobamos que el número de votantes de izquierdas superó con creces a los de la derecha.</p>
<h3>El problema está en la cultura progre</h3>
<p>A pesar de los datos, la cultura progre, siempre dispuesta a sacar conclusiones lapidarias de cualquier producto cultural, yerra el tiro. El problema no parece residir en un sector lumpen que tendería a votar a la extrema derecha, sino más bien lo contrario: la derecha radical crece porque los sectores integrados, algunos de ellos sujetos “pata negra“ de la izquierda social, se están pasando al bando del racismo y la criminalización de la pobreza. Habitualmente se señala al lumpenproletariado por “dejarse comprar por el bando reaccionario”, pero en realidad, quienes apoyan estas opciones por dinero son más bien las clases medias y altas en busca de claros beneficios para sus intereses materiales.</p>
<blockquote><p>La solución no pasa por señalar a los más pobres, sino por entender la incapacidad de la izquierda para movilizar y movilizarse con los sectores más proletarizados de la sociedad</p></blockquote>
<p>La solución no pasa por señalar a los más pobres, sino por entender la incapacidad de la izquierda para movilizar y movilizarse con los sectores más proletarizados de la sociedad. En consecuencia, sería más provechoso buscar una explicación convincente para este dilema que lanzarse a señalar con el dedo al sector social más estigmatizado y perseguido.</p>
<p>Pero que nadie se lleve a engaños. Con esto tampoco se pretende encumbrar a ningún sector social a la categoría de sujeto revolucionario, pues sería compensar un error con otro. Solo se señala un absurdo prejuicio que esencializa en la pobreza o la desposesión lo peor de nuestra sociedad, que busca chivos expiatorios en vez de análisis más finos de la coyuntura. La culpa es de los pobres que se hacen fachas, de los adolescentes o de la gente del campo, la lista cada vez es más larga.</p>
<blockquote><p>Hay una izquierda que clama por el retorno del viejo obrero de partido</p></blockquote>
<p>En este afán de señalar en vez de explicar, de escandalizarse en vez de componer alianzas, se observa recurrentemente a una izquierda que clama por el retorno del viejo obrero de partido. Aquel que daba consistencia a sus filas y llenaba las urnas de sus opciones electorales. Pero aquella maniobra ideológica donde la izquierda hacía coincidir ciertos análisis de la sociedad de clases con la construcción de un sujeto revolucionario es cosa del pasado.</p>
<p>En realidad, siempre fue una identificación fallida, pues nunca los análisis de clase descubrirán al sujeto revolucionario. Acaso pueden orientar y dar pistas de las alianzas y coaliciones de clase sobre las que apoyarse, sus tendencias reales o sus contradicciones. Pero nunca el sujeto revolucionario será una simple deducción extraída del análisis de clase.</p>
<p>Atacar a los últimos de la fila es fácil, incluso determinar su existencia. Sin embargo, la derecha radical no ha necesitado de ningún lumpen para llegar al poder o conseguir las posiciones parlamentarias que hoy ocupan. Por el contrario, la izquierda sí necesita alianzas en estos sectores y también en todos los sectores dañados por la crisis capitalista. Aunque muchas veces, lejos de construirlas, se aferra a estos gestos de superioridad moral o de desprecio. Dos posiciones que, por suerte, son detectadas como sospechosas desde los sectores sociales más dañados por el capitalismo: aquellos que desconfían profundamente del sistema de mediaciones y servicios que ofrece el proyecto político de La izquierda.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/el-jincho-el-lumpenproletariado-y-la-izquierda/">El Jincho, el lumpenproletariado y la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/el-jincho-el-lumpenproletariado-y-la-izquierda/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Next. Qué hay después de Perro Sanxe</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Nov 2025 18:47:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=4257</guid>

					<description><![CDATA[<p>El gobierno de Pedro Sánchez pierde los apoyos de investidura mientras la derecha radical avanza posiciones. En los últimos meses la batalla política se ha recrudecido y muchos piensan en el día después del gobierno progresista y cómo afrontar este nuevo ciclo político.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/">Next. Qué hay después de Perro Sanxe</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El eslabón más débil del pacto de legislatura se ha roto. El pasado 6 de noviembre Miriam Nogueras anunciaba que <em class="western">Junts</em> bloquearía todas las iniciativas legislativas de los socialistas. Solo un puñado de leyes menores o muy significativas en Cataluña quedarían fuera de la quema.<sup><a class="sdfootnoteanc" href="#sdfootnote1sym" name="sdfootnote1anc">1</a></sup></p>
<p>Entre idas y venidas, los de Carles Puigdemont han elevado el tono hasta salirse definitivamente del marco de investidura. A la negociación en torno a la amnistía, la presencia europea de Cataluña o las mejoras en la financiación se suman ahora nuevos elementos securitarios y antiinmigración. Entre ellos, la ley de reincidencia que propuso Junts desde 2024 y las competencias catalanas en materia de inmigración.</p>
<p>Es esta temática la que ha forjado la ruptura. El ascenso en las encuestas de Aliança Catalana y el fuerte discurso de derecha radical de su líder Silvia Orriols han agitado las aguas dentro de <em class="western">Junts</em>. Todo mientras en Cataluña se produce una deriva nativista, antiinmigración e islamófoba que se agudiza en no pocos actores políticos y sociales incluso de la izquierda y a la que todos quieren dar respuesta electoral.</p>
<p>Tras este paso, <em class="western">Junts</em> ha abierto la Caja de Pandora. Abandonada la interlocución y negociación con el bloque progresista español (PSOE y SUMAR), su nuevo espacio de diálogo se dirige al Partido Popular, el que hasta hace muy poco les denominaba golpistas y pedía prisión para todos ellos.</p>
<blockquote><p>Las alianzas tácticas post-Procés se han roto y comienza una nueva era</p></blockquote>
<p>Las alianzas tácticas post-Procés se han roto y comienza una nueva era de recomposición de la derecha articulada en torno a tres tendencias al alza: el Madrid de Ayuso, la Cataluña de Orriols y el ascenso estatal de VOX. Todo a la espera de que se termine de conformar un nuevo polo de derecha racial en Euskadi que tarde o temprano tomará forma.</p>
<p>Con todo, la suerte está echada para las derechas nacionalistas catalanas, vascas y españolas. Aventuramos aquí una hipótesis. Si el eje nacional, entendido como el clásico enfrentamiento España/Cataluña, queda en un segundo plano y se apuesta por la agenda antiinmigración y los derechos solo para nativos —sean estos catalanes, vascos o españoles—, como carta electoral principal, tendremos seguramente un nuevo gobierno de derechas. Si se vuelve al eje nacionalista España contra Cataluña, la recomposición será más difícil. En cualquier caso, con las espadas en todo lo alto, las elecciones anticipadas son un escenario cada vez más factible que afecta al conjunto del arco parlamentario.</p>
<h3>Mientras tanto, en el PSOE y el PP</h3>
<p>Por su parte, a Pedro Sánchez se le acumulan los problemas. El primero, las corrupciones de Ábalos, Santos Cerdán y Koldo. La clásica trama de influencias y comisiones —y en este caso además de prostitución, en un partido que se autodenomina abolicionista— que une a la Secretaría de Organización del partido y al Ministerio encargado de adjudicar obras. El segundo, tercero y cuarto: la imputación del Fiscal General del Estado, las aventuras de la mujer y el hermano del Presidente y el reciente señalamiento del ministro Torres.</p>
<p>Con el PSOE tocado y con Junts saltando del barco, todas las miradas están puestas en el Partido Popular. ¿Por qué no presenta ya una moción de censura? La respuesta es sencilla: la situación frágil del PSOE en el gobierno central, se reproduce en casi todas las Comunidades Autónomas que gobierna el Partido Popular.</p>
<p>La panorámica es aterradora. La ruptura de los gobiernos autónomos provocada por VOX ha dejado solos a un buen puñado de presidentes populares. Mañueco en Castilla y León ha tenido que afrontar el desgaste de la crisis de los incendios de 2025. Por su parte, María Guardiola en Extremadura se ha visto forzada a adelantar las elecciones. Y Jorge Azcón, presidente de Aragón, se encuentra en una situación muy parecida y ya prepara un adelanto electoral ante el bloqueo al que le somete VOX.</p>
<p>Sin embargo, es en la Comunidad Valenciana y en Andalucía donde el PP está perdiendo más legitimidad. En la Comunidad Valenciana, el presidente Mazón fue el que tomó la iniciativa de expulsar al vicepresidente Vicente Barrera y el resto de consejeros de VOX en julio de 2024. Pero todo se ha puesto en su contra, pues esta ruptura se produjo tan solo dos meses antes de que el escándalo de la DANA se llevase por delante su gobierno en solitario.</p>
<p>A todas estas caídas de los gobiernos de coalición, se ha sumado la crisis del gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla en Andalucía. En esta Comunidad se ha pasado de celebrar la histórica mayoría absoluta del PP de 2022 a quedar contra las cuerdas por el masivo cribado erróneo de mamografías. El resultado, la dimisión de la consejera de sanidad Rocío Hernández y una crisis sanitaria que cuenta ya con miles de afectadas y protestas masivas.</p>
<p>Este rosario de corrupciones, incompetencias, mala fe y destrucción de servicios públicos ha dejado a los dos grandes partidos en una precaria correlación de debilidades que les impide actuar y capitanear ningún nuevo proceso electoral. El miedo a nuevos escándalos, por ejemplo, los de Ayuso en Madrid, o la imputación de más cargos relevantes del PSOE, está muy presente. Estas lógicas resistencialistas y de cálculos de última hora que pueden llevar a los dos grandes partidos a perder votos. Y, lo peor de todo, que vuelven a relegar al grado de espectadores a buena parte de nuestra sociedad.</p>
<h3>Luchas tras el ciclo progresista</h3>
<p>El resultado es que el reparto y equilibrios de poderes entre los dos grandes partidos se tambalea. También en Cataluña la relación entre derecha e izquierda nacionalistas han entrado en crisis. Pero el peor resultado de todo este espectáculo es que puede invitar a la pasividad o la comodidad de interpretar todo en claves electorales o partidistas. Estamos forzados a ir más allá.</p>
<p>En términos estrictamente electorales, parece que ante futuras elecciones veremos formarse dos grandes tendencias. La primera, la de conformar una suerte de ejército de salvación de la posición del PSOE y el gobierno progresista. Una apuesta que con toda seguridad subordinará aún más el proyecto de SUMAR al del propio PSOE. La segunda, el trasvase de voto desde el Partido Popular y Junts hacia VOX y Aliança Catalana que, de ganar la derecha, serán quienes vigilen y orienten buena parte de las nuevas políticas de un supuesto gobierno de Feijóo.</p>
<blockquote><p>Asistiremos por tanto a una auténtica guerra de clanes, de posiciones débiles y de fuerzas emergentes</p></blockquote>
<p>Asistiremos por tanto a una auténtica guerra de clanes, de posiciones débiles y de fuerzas emergentes que no acaban de hegemonizar sus respectivos espacios. Pero la pregunta que nos hacíamos al principio es difícil de contestar: qué pasará tras una futurible caída de Pedro Sánchez. «El día después» se presenta como una gran incógnita que debemos desvelar si no queremos quedar atrapados entre la defensa de su labor o la nostalgia del viejo gobierno progresista.</p>
<p>Quienes hemos vivido este ciclo al margen del entusiasmo progresista seguimos perplejos por la capacidad de movilización que aún mantiene el gobierno. Así se produjo con el exitoso acople que Pedro Sánchez hizo con las protestas contra el genocidio en Palestina que le sirvieron para escapar del fuego de la corrupción. Ante una eventual caída de gobierno, estas habilidades serán sin duda puestas de nuevo en práctica de cara a ordenar a su favor las luchas y la crítica.</p>
<blockquote><p>La política radical debe permanecer irreductible a estos juegos partidistas</p></blockquote>
<p>Así, el riesgo que se corre tras la caída del gobierno y una eventual llegada de un gobierno de derechas es concentrar todos los esfuerzos y objetivos de lucha en tumbar las propuestas de la derecha y devolver el gobierno al campo progresista. Una perspectiva que se ha visto con enorme claridad en el caso de Valencia y la crítica a Mazón, donde la alternancia de poder y las lógicas “derecha frente a progresistas” han intentado imponerse por encima de cualquier otra consideración política y organizativa que estuviese contenida en los movimientos de protesta tras la DANA.</p>
<p>Debemos aprender por tanto que por muy estruendosos que sean los cambios institucionales, los chantajes electorales y el turnismo en el gobierno, la política que busca una transformación radical debe permanecer irreductible a estos juegos. Queremos que caiga Abascal, Feijóo u Orriols y de paso tumbar también las apuestas progresistas. Se trata de superar sus marcos para construir otros nuevos.</p>
<div id="sdfootnote1">
<p class="sdfootnote-western"><a class="sdfootnotesym" href="#sdfootnote1anc" name="sdfootnote1sym">1</a><span style="font-size: small;"> Se trata del Proyecto de Ley de Movilidad Sostenible, el Proyecto de Ley de Atención al Cliente, el Proyecto de Ley del Cine, el Real Decreto-Ley ELA y el difícilmente renunciable para la sociedad civil catalana, Proyecto de Ley de Economía Social</span></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/">Next. Qué hay después de Perro Sanxe</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/next-que-hay-despues-de-perro-sanxe/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La vivienda, los boomers y la lucha de clases</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/la-vivienda-los-boomers-y-la-lucha-de-clases/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/la-vivienda-los-boomers-y-la-lucha-de-clases/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Sep 2025 08:36:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=4045</guid>

					<description><![CDATA[<p>Lo que enfrentamos es un conflicto de clase y a la vez generacional, dos elementos que casan mal analíticamente, pero que son imprescindibles para entender una sociedad como la española. En cualquier caso, de nuevo la herencia debe convertirse en un campo de batalla.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/la-vivienda-los-boomers-y-la-lucha-de-clases/">La vivienda, los boomers y la lucha de clases</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En la última semana se ha reabierto un debate que comenzó a ganar fuerza antes del verano de 2025. La disputa trataba de dilucidar si parte de los conflictos sociales que se viven en el territorio español se pueden interpretar en clave de lucha entre distintas generaciones o si, por el contrario, seguían siendo válidas las interpretaciones de clase, de la lucha de clases. O, de forma más concreta, se buscaba determinar si realmente existía un conflicto generacional entre los <em>baby boomers</em> —en España los nacidos desde finales de los años 50 y mediados de los 70,— y las generaciones más jóvenes.</p>
<p>«<em>Ok, boomer</em>». Esta era la expresión con la que las generaciones más jóvenes se dirigían a sus mayores hace no muchos años. Traducible en algo así como «Déjate de batallitas del abuelo» o «No tienes ni idea de cómo funciona el mundo hoy», fue el primer síntoma de que la ruptura generacional que hoy se trata de interpretar ya estaba ahí. Y además llevaba implícita una traducción material, algo así como «suelta la pasta y déjame en paz».</p>
<h3>La cuestión de clase</h3>
<p>Llegados a 2025 <em>boomer</em> significaría, además de sumar más de 50-60 años, algunas otras características: tener casa en propiedad, contar con un trabajo fijo —o una situación de ingresos más o menos estables—, estar pensando en la jubilación o estar ya jubilado con cierto nivel económico, entre otras. En pocas palabras, <em>boomer</em> es sinónimo de tener la vida resuelta, especialmente por tener resuelto el problema de la vivienda.</p>
<p>Es cierto que los <em>boomers</em> son propietarios de sus casas. En concreto, los mayores de 65 lo son en más de un 88% de los casos y los mayores de 60 por encima del 81%. Sin embargo, a primera vista, parece un poco rocambolesco interpretar esta realidad solo como un conflicto entre los jóvenes que no tienen vivienda y los mayores que sí. Y aquí es donde reside el problema, porque tampoco una suerte de análisis de clase puro, aquellos que tienen propiedades frente a los que no las tienen, sería de utilidad en términos políticos para el contexto español.</p>
<p>Para mayor claridad, es preciso considerar principalmente dos datos. El primero, que no todos los <em>boomers</em> son propietarios, sobre todo si incluimos la diferencia entre nativos y extranjeros atendiendo solo al mismo grupo de edad. Así, si tomamos los mismos tramos de edad señalados más arriba, los extranjeros se sitúan en porcentajes de propiedad de un 58% para quienes están entre los 60-64 años y de un 61% los de 65-70 años. Ambos muy lejos del casi 90% que computan sus iguales nacidos en España. La misma tendencia se observa entre los propietarios de segunda residencia: 6,67 millones de personas de nacionalidad española frente a apenas 400.000 extranjeras. Aquí se notan las diferencias de clase entre unos y otros. Pero la cuestión central es que se trata de una diferencia que a nivel demográfico es casi anecdótica, pues la inmensa mayoría de quienes ocupan esas edades son nativos. De hecho, siguiendo con los sinónimos de <em>boomer </em>también podríamos incluir el de nativo; en esencia, clase media española y propietaria.</p>
<p>Lo complicado del asunto está en que, en término globales, lo que afrontamos es un problema de clase y a la vez generacional, dos elementos que entre sí casan muy mal analíticamente. Pero sin embargo, son imprescindibles para entender una sociedad como la española.</p>
<h3>La cuestión generacional</h3>
<p>Sabemos que en las últimas décadas se ha abierto una enorme brecha en la asequibilidad de la vivienda. El crecimiento de los precios ha triplicado y hasta cuadriplicado el incremento de los salarios. Este fenómeno ha validado una vieja verdad de los <em>boomers</em> y, por extensión, de la sociedad de propietarios española, las propiedades inmobiliarias iban a tener una segunda vida en caso de crisis. El clásico «por si acaso» o «la vivienda siempre se revaloriza» podrían incluirse en cualquier diccionario <em>boomer</em>. Ambas eran una suerte de augurio; el patrimonio inmobiliario era la piedra angular de la reproducción social de las clases medias y su seguro de vida.</p>
<p>En esta predicción de futuro de los <em>boomers</em> es donde se cruzarían de manera compleja el problema de clase con el generacional. Tan compleja, que buena parte de los jóvenes de hoy, pongamos quienes están entre los 20 y los 45 años, son también los hijos y nietos de la generación del <em>baby boom</em>.</p>
<blockquote><p>El embrollo es que no estamos ante un proletariado desposeído de manera homogénea y definitiva</p></blockquote>
<p>A pesar de que se suela omitir en los análisis, decantando la balanza en favor de los criterios de clase y los saltos patrimoniales entre generaciones a la hora de contemplar la problemática, es un dato que no se puede obviar. Esto es, no es lo mismo analizar los modelos de reproducción social como un fenómeno de reproducción simple de las clases trabajadoras que hacerlo, como es nuestro caso, incluyendo la distinción generacional. Estamos obligados a afrontar el embrollo de que no estamos ante un proletariado desposeído de manera homogénea y definitiva. Tampoco ante una inmensa mayoría social que se reproduce sin ninguna clase de antecedente de riqueza acumulada y sin ninguna clase de intervención pública.</p>
<p>Lo cierto es que buena parte de esa juventud sin acceso a la propiedad forma parte, en una proporción nada despreciable, de la línea sucesoria del patrimonio familiar y las herencias de los «baby boomers». Para ilustrarlo, dejaremos solo un dato, en los últimos diez años se han heredado cerca de 1,8 millones de viviendas, unas 180.000 viviendas al año. Este es el punto clave.</p>
<p>En resumen, no se puede considerar parte de la misma situación a quien entra en la rueda patrimonial de las clases medias <em>boomers</em> que a quienes no entran en ella. Estaríamos así frente a dos problemas diferenciados: uno es el de la crisis de la reproducción de las clases medias patrimoniales y otro el de la reproducción dentro de los sectores proletarizados más desposeídos. Ambas se deben entender y cuantificar por separado; este es el reto.</p>
<h3>¿Qué hacemos con los «Boomers»?</h3>
<p><em>Boomers</em> son la inmensa mayoría de propietarios de nuestro país y también la inmensa mayoría de nuestros caseros. A partir de aquí la provocación está servida. ¿Cómo se compone la lucha de clases cuando, en buena medida, a un lado de la barricada están los padres y al otro sus hijos? ¿Cómo proceder cuando el as en la manga de la herencia permanece en manos de muchos jóvenes no propietarios?</p>
<blockquote><p>El problema para muchos reside en que los <em>boomers</em> mueren demasiado tarde</p></blockquote>
<p>Incluso, estirando la provocación, podríamos decir que el problema para muchos reside en que los <em>boomers</em> mueren demasiado tarde. Ante todo, son una generación que en muchas ocasiones aguanta sin soltar su patrimonio hasta cruzar la frontera de los 90 años. La consecuencia es que muchos disfrutarán de esas herencias bien entrados en los sesenta, como mucho, estos mayores la cederán temporalmente mediante préstamos o movilizarán parte de sus ahorros en busca del bienestar de las siguiente generaciones. Pero no sueltan la batuta, pues el sistema de herencia y la jerarquía patrimonial entre generaciones también es, en cierto modo, <a href="https://nurialabao.blog/2021/06/20/financiarizacionvivienda/">un sistema específico de sujeción familiarista y social</a>. Los <em>boomers</em> mandan.</p>
<blockquote><p>Esta supuesta lucha generacional no es más que el retrato de un modelo de decadencia muy específico del norte global y en concreto de sociedades como la española</p></blockquote>
<p>Sea como fuere, esta supuesta lucha generacional no es más que el retrato de un modelo de decadencia muy específico del norte global y en concreto de sociedades como la española. Por una parte, la lucha de clases permanece neutralizada por la propia intervención estatal —récord en inversión pública, creación de plazas de funcionarios, políticas de empleo y programas de ayudas y subsidios—. Del otro lado, la batalla más que lucha de clases se asemeja a una cola de menores de cincuenta años aguardando su turno y calculando las oportunidades que liberarán sus mayores: las plazas de funcionario vacantes o el valor de las viviendas y el patrimonio acumulado por la generación más rica de la historia del país.</p>
<p>En última instancia, nadie podría negar que la lucha de clases está ahí, pero en nuestro contexto inmediato resulta una mera abstracción si no logramos recuperar, redistribuir y socializar esta riqueza patrimonial de las clases medias. Como en los tiempos gloriosos del movimiento obrero, de nuevo la herencia debe convertirse en un campo de batalla. Este debería ser el genuino terreno de la socialización y el reparto en nuestra sociedad: expropiar toda la riqueza y distribuir las herencias.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/la-vivienda-los-boomers-y-la-lucha-de-clases/">La vivienda, los boomers y la lucha de clases</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/la-vivienda-los-boomers-y-la-lucha-de-clases/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Elogio del disturbio. Hacia un nuevo bandolerismo político</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/elogio-del-disturbio-hacia-un-nuevo-bandolerismo-politico/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/elogio-del-disturbio-hacia-un-nuevo-bandolerismo-politico/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Sep 2025 17:29:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=3983</guid>

					<description><![CDATA[<p>Reseña del libro de Joshua Clover "Disturbio. Huelga. Disturbio. La nueva era de los levantamientos" (Traficantes de Sueños, 2025), un trabajo que permite avanzar una crítica sobre los horizontes estratégicos que se abren en la crisis capitalista.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/elogio-del-disturbio-hacia-un-nuevo-bandolerismo-politico/">Elogio del disturbio. Hacia un nuevo bandolerismo político</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En la política revolucionaria, el disturbio siempre funcionó como una especie de iluminación. Anuncio de una posible cesura en el sistema y augurio de la ruptura del régimen de gobierno. El principio del fin del dominio capitalista. A pesar de ello, en los países europeos, las organizaciones revolucionarias hace tiempo que desistieron de tener articulada ninguna clase de estrategia insurreccional. El libro de Clover <em><a href="https://traficantes.net/libros/disturbio-huelga-disturbio">Disturbio. Huelga. Disturbio. La nueva era de los levantamientos</a></em> ofrece una sugerente lectura para buscar algunas respuestas sobre estas cuestiones. Aunque aquí solo abordamos las más útiles para el contexto europeo. Justo en un contexto donde la política ha quedado más ritualizada e institucionalizada, urge pensar el engarce entre la crisis capitalista y las herramientas de insurrección política.</p>
<p>El antagonismo ya no está protagonizado por mecanismos clásicos de lucha –como la huelga– sino por medio del “disturbio ampliado”.&nbsp;La primera tesis del libro se podría resumir de la siguiente manera: nos encontramos en una nueva fase política a escala global. Ahora el antagonismo ya no está protagonizado por mecanismos clásicos de lucha como la huelga sino por medio de lo que él denomina el disturbio ampliado. Clover afirma que vivimos la última de las fases de un ciclo que comprende tres momentos históricos: el del disturbio, el de la huelga y el del disturbio ampliado. O, lo que es lo mismo, dentro de los tres modos de resistencia articulados a lo largo del tiempo frente a tres fases distintas del capitalismo: la fase de circulación del capital mercantil de los siglos XVII y XVIII, la fase de producción industrial capitalista desplegada en el XIX y gran parte del XX y, por último, la nueva fase de circulación del capitalismo financiarizado emergido tras la crisis de los años 70. </p>
<p>Traído a la realidad política europea, el texto defiende una tesis rupturista y no exenta de polémica que se podría leer así: la huelga, como herramienta laboral, ha dejado de ser la principal palanca revolucionaria de las clases subalternas. Esto es, en el nuevo orden global, las clases trabajadoras –especialmente las del centro capitalista– tienen cada vez menos margen de presión y maniobra ante un ciclo productivo que se desvanece y se les escapa de las manos. </p>
<p>Respecto de nuestro contexto más inmediato, el libro apunta sobre una doble crisis. De un lado, la crisis del sindicalismo europeo –aquel formado al calor de los Estados del bienestar– capaz de conseguir mejoras de calado en la vida de las clases trabajadoras. Y del otro, la crisis de la idea de huelga como resorte revolucionario. Esto es, como acto capaz de interrumpir el ciclo de producción y forzar cambios e incluso rupturas dentro del sistema.</p>
<blockquote>
<p>La conflictividad obrera fue tradicionalmente de menor intensidad en aquellos países donde más sindicalizada estaba la clase trabajadora</p>
</blockquote>
<p>En el caso europeo esta crítica sindical ya estaba desarrollada, décadas atrás, en los sectores obreros de mayor radicalidad y de menor querencia sindical. No en vano, durante los años sesenta del pasado siglo, la conflictividad obrera fue tradicionalmente de menor intensidad en aquellos países donde más sindicalizada estaba la clase trabajadora. La lógica era clara; a mayor capacidad de reparto y mayor mediación política, mayores niveles de pacto y estabilización. Un hecho demostrable aún a día de hoy si comparamos los países del norte de Europa con la mayoría de los del sur. Clover lo expresa con nitidez e incluso lleva el argumento mucho más allá al recordar que «a lo largo del siglo XX, las huelgas no acompañaron a la catástrofe económica, sino al crecimiento, un hecho evidente tanto en la Depresión y el Frente Popular de los años treinta como durante el auge de posguerra».</p>
<p>Aquí estaba la clave. Precisamente en esas décadas gloriosas del capitalismo europeo, fue cuando se formaron los sistemas de negociación sindical y sus correspondientes legislaciones laborales. También es donde se demostró lo señalado por Clover. El sindicalismo fue una herramienta eficaz y la huelga produjo resultados positivos mientras el modelo capitalista mantuvo cierta capacidad productiva y redistributiva. Sin embargo, la crisis de los años setenta produjo un cambio sin precedentes en el modelo y las posiciones sindicales quedaron reducidas a dos. La primera de ellas pasaba por dar continuidad a un sindicalismo corporativo que participase en la gestión de la crisis capitalista y gestionase su menguante reparto. La segunda, la agrupada en modelos de sindicalismo honesto, intentó forzar la máquina de la redistribución sin sus horizontes revolucionarios. El problema es que, en ambos casos, las esperanzas globales de obtener resultados a gran escala, como sucedió en las décadas precedentes, se habían desvanecido. </p>
<p>La crisis de los años setenta afectó duramente a todo el espectro sindical. Los tejidos productivos se debilitaron, desaparecieron o se batieron en retirada, dejando a su contraparte obrera desarmada. De nuevo Clover –parafraseando a un historiador burgués–, lo expresa con con contundencia: «El año 1978 fue el Waterloo para los sindicatos, los legisladores y el reformismo keynesiano». La Europa sustentada en su poderoso tejido productivo de posguerra comenzó su declive, y eso lo cambia todo. Una carrera descendente de la que hoy vivimos sus penúltimas etapas.</p>
<h3>Crisis capitalista y población excedentaria.</h3>
<p>Clover defiende así que vivimos un cambio de época en la que el sujeto obrero y la huelga han dejado de ser el eje antagónico del capitalismo. Frente a ellos, emergería una nueva realidad; las clases excedentarias y su principal dispositivo de intervención: el disturbio ampliado.</p>
<p>De algún modo, la tesis de Clover describen la ruptura de la cadena lógica que ha alimentado a toda la izquierda europea desde 1945. La sucesión práctica y táctica en la que el sujeto obrero y la conflictividad en el trabajo funcionaban como motor de arranque de la conflictividad en el conjunto del sistema: acumulación de fuerzas que permitía escalar el conflicto y componer el músculo principal de la futura revolución obrera.</p>
<blockquote>
<p>El modelo de conflictividad entre obreros y capitalistas en el ciclo industrial europeo alimentó y colonizó todo el imaginario de izquierdas radical</p>
</blockquote>
<p>En efecto, este modelo de conflictividad entre obreros y capitalistas en el ciclo industrial europeo fue la materia prima que alimentó y colonizó todo el imaginario de izquierdas más o menos radicales hasta bien entrados los años 80, incluso hasta día de hoy en no pocos casos. Por este motivo, su desarticulación en las décadas posteriores, provocó una enorme desorientación y pérdida de sentido en el conjunto del difuso campo político de las izquierdas, llevando a no pocas áreas políticas a querer escapar de esa centralidad.</p>
<p>Aquel modelo de reproducción de las organizaciones revolucionarias se basaba en una vana esperanza. La izquierda daba por hecho que la conflictividad de fábrica alimentaría sus organizaciones permanentemente con nuevos militantes llegados de sus brazos obreros y sindicales. Al igual que, por otro lado, las universidades proveerían de nuevos militantes sus estructuras juveniles y militantes.</p>
<p>Sin embargo, el brazo obrero perdería peso hasta quedar como algo residual, mientras que las organizaciones políticas de izquierda se nutrirían casi exclusivamente de los ámbitos universitarios y su expresión futura de organización: los movimientos sociales. Un hecho que llevó a que, desde entonces –y casi como una condena–, buena parte de las izquierdas revolucionarias peleasen encarnizadamente por controlar, generación tras generación, las nuevas promociones universitarias.</p>
<p>Pero para Clover el problema no estaba aquí, pues parece evidente que las minorías universitarias o las clases medias revolucionarias no serían el principal factor de cambio. Para nuestro autor, la partida se juega mediante uno nuevo: las clases excedentarias. Pero ¿a qué se refiere con este concepto?</p>
<p>El uso de esta nueva categoría de clase se relaciona con el concepto marxista de reproducción ampliada. En pocas palabras, las nuevas clases excedentarias serían un producto directo de la actual fase del capitalismo. En esta, las crecientes dificultades para rentabilizar una producción en continua expansión estaría expulsando a cada vez más sectores de la población, redoblándose la lucha por mantener bajo control factores centrales de los costes de producción como la propia mano de obra, la energía y los alimentos. </p>
<p>Esta permanente huída hacia adelante ha hecho que el capitalismo se concentre en su propia circulación, buscando no solo las tradicionales ganancias sino también multiplicar las rentas e intereses que se generan en todos estos recorridos. Se estaría produciendo, por tanto, un desplazamiento de los problemas de redistribución –donde se vinculan capitalismo, política y Estado– para devolver el campo de batalla a los viejos problemas de la producción y, en esta fase, de la circulación del capital (explotación territorial, inversión financiera, comercio, cadenas de deuda, tecnología o logística). </p>
<p>Esta batalla es la que se nos ha aparecido en los últimos años en forma de crisis energética, inflación, colapsos financieros o subidas desorbitadas de los precios de la vivienda o los alimentos; las expresiones concretas del proceso de acumulación del capital, de su reproducción ampliada. </p>
<blockquote>
<p>Poblaciones excedentarias son sectores enteros de población que componen una nueva sociedad que ya no espera nada,que ni siquiera se puede considerar <em>ejército de reserva</em>.</p>
</blockquote>
<p>A efectos de las luchas políticas, la consecuencia más directa es que esta situación genera lo que Clover y otros muchos autores (Mike Davis, Sara Farris, etc.) denominan «poblaciones excedentarias». Esto es, sectores enteros de la población, fundamentalmente del sur global pero no solo, que componen una nueva sociedad que ya no espera nada, que ni siquiera se puede considerar <em>ejército de reserva</em>. Una realidad que, en el caso europeo ,se ha venido produciendo paulatinamente desde finales de los sesenta y que discurre en paralelo con la llegada de inmigrantes de las antiguas colonias europeas, sujetos de los más duros procesos de proletarización migrante y persecución racista.</p>
<h3>La era del disturbio ampliado.</h3>
<p>Este cambio de sujeto que hace Clover, simplificantdo mucho, del trabajador que lucha por mejoras salariales al nuevo sujeto excedentario con nulo o mínimo enganche con el sistema salarial y productivo, es determinante. Para muchos, la muerte de la clase obrera, que de algún modo apunta Clover, supondría algo así como decretar el final de la historia, pero nada más lejos de su intención. Él busca otra cosa y así lo afirma. «Es la lógica del lumpen, de los excluidos, la que permite comprender la colonización como un proceso global cuyo terreno de disputa no es el de la clase obrera tradicional» y estas líneas de clase y las de «racialización» van de la mano. </p>
<blockquote>
<p>Clover pretende contrarrestar todas las tradiciones políticas que dirían que estas clases excedentarias y sus formas de vida y lucha solo cuentan en el campo de lo prepolítico</p>
</blockquote>
<p>En este punto entraría la cuestión del disturbio. Apoyándose en el texto clásico de E. P. Thompson <em>La economía moral de la multitud</em>, Clover pretende contrarrestar todas las tradiciones políticas que dirían que estas clases excedentarias y sus formas de vida y lucha solo cuentan en el campo de lo prepolítico, lo espontáneo y lo visceral. Precisamente los disturbios –su herramienta principal de lucha– han sido encuadrados en numerosas ocasiones en este marco, mientras que para Thompson «el motín de subsistencia en la Inglaterra del siglo XVIII fue una forma muy compleja de acción popular directa, disciplinada y con claros objetivos». Detrás de estos motines se encontraba una precisa «economía moral» de las multitudes en lucha que no podía «ser descrita como política en términos progresistas», pero que tampoco podía definirse como «apolítica». </p>
<p>¿Se puede decir que el antagonismo del futuro no será político en términos progresistas pero tampoco apolítico? ¿Pueden resonar estas tesis con conceptos actualmente renovados como los de expontaneista, prepolítico, desorganizado, urgente, de último recurso o carente de estrategia? Para Clover es evidente que sí. El disturbio para muchos es salvaje, irracional, antipolítico. De hecho, al recuperar el texto de Thompson, se busca devolver al terreno de juego político buena parte de los disturbios sucedidos desde que en 1965 se produjesen los levantamientos de Watts (Los Ángeles). Pero podemos preguntarnos ¿por qué los disturbios? ¿qué clase de política pueden prefigurar?</p>
<blockquote>
<p>Una teoría del disturbio es una teoría de la crisis</p>
</blockquote>
<p>Según el autor, «una teoría del disturbio es una teoría de la crisis». Esto es, una teoría de «la figura central del antagonismo político» en la actualidad. Como veíamos, si la huelga estaba en el centro del antagonismo en la producción, el disturbio lo está en la circulación. Así, «la gramática de los cristales rotos» se definiría por la lucha por fijar los precios de mercado o su disponibilidad, sus impulsores estarían unidos nada más que por su desposesión ante un contexto de consumo-circulación del capital y su abundancia.</p>
<p>Para Clover «la crisis señala un desplazamiento del centro de gravedad del capital hacia la circulación, tanto en la teoría como en la práctica. El disturbio vuelve a entenderse en última instancia como una lucha en el ámbito de la circulación, de la que la lucha por la fijación de precios y las rebeliones de la población excedente son formas distintas, aunque relacionadas».</p>
<p>Aquí está la clave de las revueltas del futuro, las de aquellas que pondrán en el centro de sus demandas el control y fijación de los precios de las mercancías: modelo genuino de lucha para las clases medias que ven amenazada su estabilidad en la subida de los precios de los carburantes, de los alimentos o de la vivienda. Y la lucha de las clases excedentarias expulsadas de los circuitos de consumo y que solo encontrarán salidas en los disturbios, las tomas y las expropiaciones de los bienes necesarios para subsistir. Las preguntas a futuro son ¿cómo se se producirán estas segundas? Y mas allá ¿cómo cooperarán y se relacionarán unas con otras en las futuras fases de crisis y de lucha?</p>
<blockquote>
<p>Las herramientas de organización sindical y huelguística pueden ser útiles en una fase que es a la vez de relativa bonanza económica y de profunda crisis sistémica</p>
</blockquote>
<p>El libro de Clover apunta una tendencia. Aún en un escenario abierto de múltiples transiciones y con cierta estabilidad, las herramientas de organización sindical y huelguística pueden ser útiles en una fase que es a la vez de relativa bonanza económica y de profunda crisis sistémica. La incógnita es cómo se expresará este modelo de transición, a qué esperamos enfrentarnos en el corto y medio plazo. Puede que todo transcurra de un modo relativamente lento o se produzca un nuevo episodio de colapso como el de 2008 pero de mayores dimensiones encadenadas. </p>
<p>Para ilustrarlo, podemos tomar el debate en torno a la gestión de fronteras que se está produciendo en Europa. En él se está tratando de perfilar cultural, social y racialmente el volumen y la composición de estas nuevas clases excedentarias. También se está tratando de definir cuánto de integradores serán los Estados europeos a futuro y cuánto ampliarán sus actuales capas de población subalterna. Como en un juego de espejos entre posiciones, unos dicen que ya basta de inmigración, hablan de expulsiones, de que en Europa ya hay demasiada gente y ahora toca un mayor control fronterizo. Otros, que Europa necesita crecer, organizar sus flujos migratorios y traer mano de obra (barata) que resuelva la situación, siempre sin renunciar a su estricto control. </p>
<p>A priori, podrían parecer dos posiciones antagónicas o muy distantes, pero de fondo atienden a un mismo interés, el control efectivo de la libertad de movimiento, del precio de la mano de obra que ha de servir a una Europa en decadencia y, por tanto, de cómo se redistribuye la riqueza europea sin pagar ni un céntimo de coste adicional que no sean salarios lo más bajos posibles y los servicios básicos e imprescindibles para la reproducción mínima de estas poblaciones mayoritariamente migrantes. </p>
<p>En este delicado reparto y en sus desequilibrios es donde se producirán, según el autor, los futuros levantamientos, aquellos que comenzarán por demandar que bajen los precios –sobre todo de alimentos y alquileres– pero que, acto seguido, en cuanto se interrumpa de manera crítica el reparto de rentas salariales, darán el salto a una suerte de nueva política bandolera. Esta es la nueva política de la expropiación que debemos anticipar y, como diría Clover, no despreciar, porque quizás a medio plazo, ser capaces de organizarnos en esta nueva emergencia social anclada en el disturbio salve nuestras vidas. </p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/elogio-del-disturbio-hacia-un-nuevo-bandolerismo-politico/">Elogio del disturbio. Hacia un nuevo bandolerismo político</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/elogio-del-disturbio-hacia-un-nuevo-bandolerismo-politico/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Reformas no reformistas. Mediación política, crisis y Estado</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/reformas-no-reformistas-mediacion-politica-crisis-y-estado/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/reformas-no-reformistas-mediacion-politica-crisis-y-estado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 May 2025 10:38:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=3589</guid>

					<description><![CDATA[<p>Recientemente se ha recuperado críticamente el concepto de «reformas no reformistas» formulado por André Gorz como respuesta a la contradicción clásica entre reforma y revolución. Este texto hace un repaso crítico de esta noción y analiza su aplicabilidad en el marco de estrategias de construcción autónoma frente a la crisis del capitalismo y el papel del Estado.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/reformas-no-reformistas-mediacion-politica-crisis-y-estado/">Reformas no reformistas. Mediación política, crisis y Estado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Retorno a la normalidad</em>. Así rezaba uno de los carteles más conocidos del <em>Mayo del 68</em>. Ilustrado con un rebaño de ovejas en su dócil regreso al redil, este cartel retrató la derrota de las revueltas francesas.</p>
<p>A modo de <em>requiem</em>, el 30 de mayo de 1968, el Presidente de la República, el General Charles De Gaulle pronunció un discurso en favor de la restauración del orden. Se daba carpetazo a la crisis con la convocatoria de elecciones y con un llamamiento a medirse en las urnas. Una especie de plebiscito donde se enfrentasen la Francia revolucionaria y la normalidad republicana.</p>
<p>Las votaciones se produjeron los días 23 y 30 de junio de 1968 y sus resultados fueron aplastantes. Con un 80% de participación, el 57,63 % de los votos fueron para la derecha. Los gaullistas de Georges Pompidou en alianza con el resto de las derechas se hicieron con las riendas de la Quinta República. La izquierda «de orden», que había depositado enormes expectativas en una eventual victoria, se quedó lejos de lograr el éxito electoral. Los socialistas y los comunistas del PCF se quedaron con otro 40% de las papeletas.</p>
<p>¿Cómo era posible que una insurrección de las dimensiones del <em>Mayo del 68</em> se desvaneciera con tanta facilidad? ¿De qué sustancia estaban hechos los Estados del bienestar europeos que resultaba tan difícil desestabilizarlos y revolucionarlos?</p>
<blockquote><p>¿Cómo era posible que una insurrección de las dimensiones del <em>Mayo del 68</em> se desvaneciera con tanta facilidad?</p></blockquote>
<p>Acababan de vivirse momentos históricos, la mayor acumulación de fuerzas radicales de la Francia posterior a 1945. Ni la crisis insurreccional y ni las mayores olas huelguísticas producidas hasta la fecha, huelga general masiva incluida, parecían haber movido de su sitio los mecanismos de gobierno del Estado. Qué más se necesitaba para abrir una crisis de Estado en el país, esa era la cuestión. Cómo construir una estrategia socialista dentro de los países de capitalismo avanzado y sus robustos Estados del bienestar contra este modelo de Estado absolutamente novedoso de democracia liberal ensayado en la posguerra europea.</p>
<p>Esta preocupación sobre la estrategia socialista ocupó en los años sesenta a distintos pensadores que veían casi imposible reeditar procesos revolucionarios clásicos. Al menos no como los vividos en las primeras décadas del siglo XX. La estabilidad de los sistemas políticos de posguerra y sus mecanismos institucionales de provisión social hacían muy difícil esta labor.</p>
<p>Fue André Gorz, un intelectual ecléctico formado en los círculos existencialistas y autogestionarios franceses y director de las revista <em>Nouvel Observateur y Les Temps Modernes</em> quien intentó ofrecer alguna salida a este atolladero. Se trataba de pensar la estrategia socialista en un momento donde estos aparatos estatales tenían la capacidad de redistribuir entre la población una parte de los excedentes generados durante aquellos años gloriosos de las economías fordistas. En sus propias palabras, el problema era el siguiente: “En el futuro previsible, no habrá una crisis tan dramática del capitalismo europeo como para que la masa de los trabajadores, para defender sus intereses vitales, se lance a la huelga general revolucionaria o a la insurrección armada”.<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup> O, en términos de los Situacionistas de la época, se trataba de enfrentarse a un sistema que condenaba a morir de aburrimiento antes que de hambre.</p>
<h3>Las reformas no reformistas</h3>
<p>La propuesta de Gorz tenía que ver con un contexto histórico muy concreto, articulado en torno a dos realidades. La primera, que las lógicas keynesianas habían producido en toda Europa sistemas de concertación y negociación tripartitos –gobiernos/patronales/sindicatos– que habían incorporado a buena parte de las estructuras obreras –partidistas y sindicales– en el corazón de la gestión del sistema. Fenómeno al que Gorz denominó «el reformismo neocapitalista». La segunda, que esta integración se producía además en un momento en el que no se enfrentaba una crisis traducible a lógicas revolucionarias, al contrario de lo que sucedería pocos años después.</p>
<p>Ante estos condicionantes, para Gorz todo debía resolverse en el plano concreto de las «reformas no reformistas» o «reformas estructurales» como realmente las denominó. A su modo de ver, este tipo de reformas crearían las condiciones objetivas y subjetivas para una revolución a largo plazo. Para ello se necesitarían instaurar «poderes obreros y populares» que se zafasen del reformismo neocapitalista impuesto por la socialdemocracia, encargada de convencer de que todas las reformas y cambios necesarios se podían producir dentro del sistema existente.<sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup></p>
<blockquote><p>Las reformas debían romper el equilibrio del sistema y aprovechar esa ruptura para engranar un proceso revolucionario de mayor escala</p></blockquote>
<p>A su vez, estas reformas debían romper el equilibrio del sistema y aprovechar esa ruptura para engranar un proceso revolucionario de mayor escala. No se trataba de crear –en sus propias palabras– «islotes socialistas en un océano capitalista», tampoco de «escaramuzas esencialmente tácticas». Para hacernos una idea de a qué se refería Gorz con estas reformas podríamos recurrir a tres ejemplos citados por él mismo para ilustrar su propuesta. Transformaciones tales como la creación de centros de gestión social y de democracia directa, la apertura de espacios propios en asambleas representativas o sacar productos y servicios básicos del mercado valdrían como ejemplos para este marco de las «reformas no reformistas».<sup><a id="ffn3" class="footnote" href="#fn3">3</a></sup> Como se puede ver, todas ellas eran demasiado generales como para pensarse en términos de reformas concretas.</p>
<p>Consciente de los obstáculos a los que se enfrentaban sus tesis, el autor también trató de pensar los límites con los que se toparían sus propuestas, básicamente reducible a uno: la capacidad del Estado para integrarlas y despotenciarlas. «Si la transición no comienza a consecuencia de la ruptura de equilibrios que produzca la lucha por reformas, entonces no ocurrirá. El sistema dislocará, dispersará y digerirá las reformas»<sup><a id="ffn4" class="footnote" href="#fn4">4</a></sup> –dijo Gorz–.</p>
<p>¿Cómo se lograría entonces que estas reformas escalasen el conflicto? Y ¿cómo evitar que fuesen capturadas o subordinadas por el Estado y sus palancas de representación política y electoral? Para responder, Gorz añadió tres nuevas condiciones para su plan. La primera era que debían generarse lazos orgánicos entre las diversas reformas; la segunda, que se debían coordinar el ritmo y modalidad de su aplicación y la tercera, que cada reforma no reformista debía desencadenar nuevas acciones y no agotarse en sí misma.</p>
<p>Equiparable a una especie de asalto coordinado al Estado con múltiples reformas radicales, perseguía que se pusieran en jaque sus estructuras de poder y lo desbaratasen. Pero de partida, cualquiera que piense en esta imagen, descubrirá la compleja y difícil articulación que requiere para llevarse a cabo. Pongamos como ejemplo una reforma estructural propuesta en el ámbito de la vivienda, otra desde las luchas ecologistas, otra tercera de movimientos campesinos y una cuarta de trabajadores autónomos llegando de manera masiva, incontestable y coordinada a un proceso legislativo. Se antoja difícil, sobre todo sin pensar en un contexto de crisis generalizada que ponga el foco en movimientos insurreccionales que –por definición– se alejan mucho de una planificación de luchas en torno a distintas reformas concretas.</p>
<p>Este problema –evidente también a los ojos de Gorz– lo resolvió por medio de la única estructura política que, a su entender, podía hacer posible que esa situación se diese: el partido. Recordemos que Gorz participó del Partido Socialista Unificado (PSU) y otras ramas políticas autogestionarias. Aunque, como en tantas ocasiones, su idea de partido funcionaba mejor en su esquema político como atajo teórico que como solución real.</p>
<h3>El Partido de André Gorz</h3>
<p>Encontramos aquí uno de los atascos principales de la propuesta de Gorz. De un lado, las «reformas no reformistas» se nos aparecen como dispersas y plurales, cada una con su propio proceso. Por otro, se presentan como huérfanas de estrategia, necesitadas de un partido que las coordine para lograr que sean eficaces y no acaben devoradas por el Estado. Pero ¿es esto lo que sucedió en Mayo del 68? Para Gorz, sí.</p>
<blockquote><p>«La función del partido sigue siendo insustituible»</p></blockquote>
<p>A pesar de que los hechos del mayo francés atropellaron sus tesis de la imposibilidad de la insurrección en aquellos años, él pensó que este proceso revolucionario aún era interpretable desde su óptica. Su solución, que las reformas allí expresadas debían depender y organizarse desde un partido revolucionario. «De hecho, que el PCF sea incapaz de asumir las funciones de un partido revolucionario no significa en absoluto que el problema de la revolución deba plantearse en lo sucesivo en ausencia de un partido capaz de guiarla y llevarla a buen término (…) hay que recordar que la función del partido sigue siendo insustituible».<sup><a id="ffn5" class="footnote" href="#fn5">5</a></sup> Gorz reservaba para este partido, cuatro grandes funciones: el análisis y la elaboración teórica, la síntesis ideológica, la educación y el liderazgo del proceso y –por último– la toma del poder y la transformación del Estado.</p>
<p>A modo de resumen –para Gorz– «El nuevo partido revolucionario debe definirse por su capacidad tanto para tomar y ejercer el poder central (…) como para destruir en sus propios términos la naturaleza autoritaria de ese poder central»<sup><a id="ffn6" class="footnote" href="#fn6">6</a></sup>. Pero el problema iba mucho más allá, el viejo dilema revolucionario sobre el Estado aparecía revivido con un nuevo añadido, el Estado francés de 1968 no tenía nada que ver con el que enfrentó en sus debates a la Primera Internacional o al Lenin de El Estado y la revolución.</p>
<p>Es quizás aquí donde se observa con mayor claridad la imprecisión de Gorz. De algún modo, sus reformas pasarían a tener el apelativo de «no reformistas» simplemente por proponerse dentro de una estrategia coordinada y porque esta era definida de manera centralizada. Pero el problema en ese contexto no era tanto predefinir el valor estratégico de las luchas o las reformas, algo del todo imposible, sino desbordar las potencias y capacidades de su principal contraparte: el Estado.</p>
<blockquote><p>El uso del tópica de las «reformas no reformistas» generaba una falsa ilusión: la del autogobierno de la estrategia revolucionaria</p></blockquote>
<p>El uso del tópica de las «reformas no reformistas» generaba una falsa ilusión –quizás la que hoy más seduce en la recuperación del término–: la del autogobierno de la estrategia revolucionaria. Según esta lógica serían los propios proponentes de estas reformas quienes tendrían la capacidad de articular, moldear y definir el calado de las mismas. Serían ellos quienes, en última instancia, se arrogarían la pericia de definir si estas reformas son reformistas o revolucionarias, según se incluyeran o no en una determinada estrategia que mereciese ese apelativo. Todo sin ninguna consideración dialéctica de las posiciones del resto de actores en disputa y, mucho menos, del Estado o la fase concreta de crisis capitalista.</p>
<p>De hecho, la propia búsqueda de un concepto que –en realidad– es un juego de palabras, tendría que ver con este dilema irresoluble en la época: la capacidad de integración social de la que hicieron gala los Estados europeos en aquellos años e incluso en momentos peores. En resumen, el dilema de entonces y actual es cómo enfrentarse a un sistema político capaz de convertir toda política en política de reformas, relegados –en última instancia– a un lugar donde «todas las reformas devenían y devienen reformistas».</p>
<p>Con su propuesta, Gorz reforzaba una mirada demasiado corta para los militantes revolucionarios y hacía que estos redoblasen sus esfuerzos y su astucia para encontrar esas «reformas no reformistas» sin entender los límites políticos de su propio tiempo.</p>
<p>Se quisiera o no, los procesos revolucionarios no dependen tanto de una estrategia prediseñada a largo plazo en minoritarios reductos militantes, como de la compleja relación que debía descubrirse en el cruce entre las líneas de vertebración de la autonomía social, la crisis capitalista y –en nuestro caso– del nivel de eficacia de los mecanismos de integración y reparto articulados por los Estados. En última instancia, esta era la clave del debate. Es decir, hay que entender la naturaleza del Estado del bienestar, de los estados sociales o –en términos liberales– de la economía social de mercado como disruptores y mediadores básicos de la lucha de clases, que juegan un papel de generación de consensos y reubicación de los conflictos difícil de sortear.<sup><a id="ffn7" class="footnote" href="#fn7">7</a></sup></p>
<p>Por este motivo, no se trataría de resolver –como algunas veces parece– el dilema Luxemburguista –reforma o revolución–, sino pensar cómo desarmar el monopolio del Estado como agente regulador de las relaciones sociales y de la lucha de clases, saber en qué medida hay fuerzas sociales que lo permiten. Salir de cierto dilema chovinista sobre si la acción propia es reformista o revolucionaria para entrar al fondo de la cuestión: la de los procesos de integración política de los que recurrentemente se ha sido incapaz de escapar.</p>
<h3>Un reformismo para nuestro tiempo</h3>
<p>Nuestro retorno a Gorz se debe a que <a href="https://zonaestrategia.net/reduccion-de-la-jornada-claves-para-la-batalla-por-una-reforma-no-reformista/">algunas de las cosas planteadas por él han vuelto a ganar cierta relevancia en la actualidad</a>. Por ejemplo, la revista Jacobin en su serie de artículos titulada <em><a href="https://jacobinlat.com/categoria/series/la%E2%80%93izquierda%E2%80%93ante%E2%80%93el%E2%80%93fin%E2%80%93de%E2%80%93una%E2%80%93epoca/">La izquierda ante el fin de una época</a></em> ha recuperado algunas de ellas.</p>
<p>En lo que toca a nuestro texto, el artículo de Ed Rooksby titulado «<em><a href="https://jacobinlat.com/2021/06/en%E2%80%93memoria%E2%80%93de%E2%80%93ed%E2%80%93rooksby/">La reforma estructural y el problema de la estrategia</a></em>» sería el que plantea de manera más compleja la cuestión. En su participación en el debate de Jacobin, Rooksby opuso una suerte de nuevo reformismo radical inspirado en Gorz frente a la estrategia de doble poder leninista, que inspiró las críticas más feroces frente a la experiencia de Syriza en los años más duros de la crisis de 2008.</p>
<p>Para verlo con más detalle, este se sitúa en un momento histórico donde muchos movimientos radicales europeos salieron de la lógica de la protesta masiva, como sucedió en el «movimiento antiglobalización», para decantarse desde 2011 por abrir diversas vías electorales. El autor lo resumía así, se trataba de poner «un nuevo énfasis en las posibilidades de ganar poder directamente para resistir y revertir las embestidas del ajuste capitalista en la era de la crisis y la austeridad posterior a 2008».<sup><a id="ffn8" class="footnote" href="#fn8">8</a></sup></p>
<p>A su parecer, este ciclo quedó tocado de muerte tras la derrota de Syriza ante la Troika en 2015, cuando esta línea de la izquierda radical que apostó por la vía institucional no fue capaz de superar sus propias contradicciones. Atrapada en un callejón sin salida, su estrategia electoral de reforma galvanizó claramente el apoyo de las masas, pero fue incapaz de liberarse de los límites estructurales del estatismo parlamentarista. Mientras por otro lado, según el autor, las estrategias revolucionarias encontraron poca resonancia entre las clases trabajadores.<sup><a id="ffn9" class="footnote" href="#fn9">9</a></sup> Y aquí comienza el debate.</p>
<blockquote><p>La estrategia electoral de Syriza galvanizó claramente el apoyo de las masas, pero fue incapaz de liberarse de los límites estructurales del estatismo parlamentarista</p></blockquote>
<p>De nuevo se plantea la cuestión de cómo salir de ese callejón sin salida que nos impone el Estado. O, en términos más claros, cómo se puede superar la distancia que existe entre la lucha final y la lucha cotidiana. Así, «el reformismo se ocupa de reformas inmediatas dentro del sistema que no desafían los límites capitalistas(…)» mientras del otro lado parece que se invoca a «una revolución que sale de la nada», una invocación revolucionaria que –según el autor, citando a Panagotis Sotiris–, funciona más en términos de generación de una identidad compartida que de una práctica. La cuestión es que la síntesis entre los dos extremos se presenta como irresoluble.</p>
<p>La clave para Ed Rooksby era que en Grecia no hubo un doble poder y que nadie sabía muy bien cómo se debía producir un proceso de reforma revolucionaria del Estado que –en términos marxistas clásicos–, provocase el paso de una democracia burguesa a una revolución socialista, si un objetivo tan ambicioso hubiese sido posible.</p>
<p>Debemos coincidir con Rooksby en que la imagen del doble poder leninista que él retrata, una especie de sociedad paralela de poderes obreros que en un momento determinado toma el poder y lo sustituye, no encaja con ninguna teoría del Estado contemporáneo mínimamente solvente. Pero por esta misma razón, cualquier tesis que parta de definir las reformas como revolucionarias puede jugar a la misma confusión de los términos del debate. Esto es, caer de manera similar en la trampa de apuntar hacia aquellas reformas que sí estarían bien posicionadas en el camino a la revolución frente a las que no lo están. Aunque el problema no se reduce a quién realiza la propuesta, sino también a quién se dirige. A nuestro modo de ver, el cuello de botella no se produce en el pedigrí revolucionario de las reformas propuestas, sino en la misma concepción del Estado que presuponen. Esto es, toda teoría de la reforma necesita una teoría del Estado muy precisa, y sobre esto volveremos más adelante.</p>
<p>Sea como fuere, el texto de Rooksby se decanta finalmente por la propuesta que desarrolló la «Plataforma de izquierdas» en el contexto del gobierno de Syriza, donde se teorizó una relación de doble vínculo entre movimientos de lucha y gobierno. Algo similar, por otro lado, a algunas propuestas radicales municipalistas ensayadas en el Estado español en 2015. Para teorizar ese doble vínculo, donde gobierno y movilización autogestionaria de base mantendrían su autonomía y a la vez se retroalimentarían mutuamente, Rooksby recupera las tesis de las reformas no reformistas de Gorz y –sobre todo– las posiciones del eurocomunismo de izquierdas, donde se ubicaría Nicos Poulantzas.</p>
<p>Con buen tino, el autor lleva el debate hacia el centro de la cuestión, la relación entre las reformas y el Estado. Una nueva teorización del papel de este último que pasaría obligatoriamente por romper el viejo dilema «reforma o revolución» para pasar a centrar la mirada sobre el Estado como espacio de relación entre distintas fuerzas sociales. Inspirado en Poulantzas, buscaría así superar el doble poder leninista, donde el Estado se presenta como un instrumento total y autoritario al servicio de las clases dominantes que debe ser derribado por asalto desde las instituciones obreras. El reto, ya habitual, está en pensar cómo se puede llevar a cabo esa superación. Y aquí es donde Rooksby se apoya en Poulantzas.</p>
<p>Para Poulantzas, el doble poder de la izquierda y su exterioridad frente al Estado tendría que construirse en torno a un doble «proceso» que ya no se pensaría como externo al propio Estado, sino de manera interna a él. Por decirlo muy resumidamente, de intervención sobre el Estado. Doble camino que se concretaría a la vez en la vía electoral y de representación parlamentaria y en la vía de los movimientos e instituciones autogestionarias de base. Esta era su propuesta.</p>
<h3>Como una maldición ¿Quién puede escapar del Estado?</h3>
<p>La dicotomía reforma o revolución –por tanto– quedaba subordinada al problema del Estado. Aquel Estado de los años 60 –antecedente directo de la forma de Estado a la que nos enfrentamos hoy–, nada tenía que ver con el aparato zarista de 1917. Esta fue la hipótesis de partida que planteó el pensador greco–francés en sus obras «Poder político y clases sociales» (1968/1974) o «Estado, Poder y Socialismo» (1978). Contribuciones clave para pensar el papel del Estado contemporáneo que despertó un enconado debate que sumó numerosas réplicas y contrarréplicas en la New Left Review y otras revistas de la izquierda de los años 70.<sup><a id="ffn10" class="footnote" href="#fn10">10</a></sup></p>
<blockquote><p>No todas las acciones del Estado se reducen a la dominación política, pero todas están constitutivamente marcadas por esa dominación”</p></blockquote>
<p>Pero antes de nada, presentemos la posición del Poulantzas en sus propios términos. Su teoría del Estado podría resumirse en esta primera afirmación: «si el Estado no es producido de arriba a abajo por las clases dominantes, tampoco es simplemente acaparado por ellas: el poder del Estado (el de la burguesía en el caso del Estado capitalista) está trazado en esa materialidad. No todas las acciones del Estado se reducen a la dominación política, pero todas están constitutivamente marcadas por esa dominación”<sup><a id="ffn11" class="footnote" href="#fn11">11</a></sup> La pregunta que lanzaba Poulantzas era en extremo inquietante para la izquierda radical del momento ¿Quién no escapa hoy al Estado y al poder?</p>
<p>Para Poulantzas, el campo del Estado estaría conformado básicamente por las relaciones de producción. Por tanto, el propio Estado sería la condensación de esas relaciones y fuerzas, también de sus expresiones de clase y sus respectivas fracciones de clase. Esta definición del Estado como relación es la que permitiría –desde su óptica–, entender las fisuras, divisiones y contradicciones internas que el propio Estado contiene. «El establecimiento de la política del Estado debe ser considerado como el resultado de las contradicciones de clase inscritas en la estructura misma del Estado (Estado–relación)»<sup><a id="ffn12" class="footnote" href="#fn12">12</a></sup>, afirmaría el autor. Y es este elemento de tensión el que permitiría, según su criterio, que el Estado, lejos de ser un instrumento a las órdenes de las clase dominantes tuviese cierta «autonomía relativa» frente a todas ellas. Esta era la clave de bóveda de su propuesta.</p>
<p>La transformación más importante que aportó Poulantzas en este sentido tenía que ver con encontrar un camino que superase la socialdemocracia y que a la vez dejase fuera de juego la estrategia leninista del doble poder. Con ello afirmaba que las luchas podían girar e incluso torcer las líneas de mando del Estado por medio de la participación en la política representativa y la generación de poderes populares autogestinarios bien organizados desde la base.</p>
<p>Pero afirmaba tajantemente –y aquí está su enfoque más polémico– que todo ello nunca escaparía del Estado como forma principal de organización y mediación política de la sociedad. En definitiva, que siempre estarían atravesadas por este. De este modo, los procesos de participación en política representativa estaban tan integrados en el Estado como lo estaban las masas populares y sus instituciones. Poulantzas afirmaba: «Pienso que las masas populares, en el estado capitalista, no pueden ocupar posiciones de poder autónomo, ni siquiera subalternas. Existen como dispositivos de resistencia, como elementos de corrosión o de acentuación de las contradicciones internas del Estado.»<sup><a id="ffn13" class="footnote" href="#fn13">13</a></sup></p>
<blockquote><p>Poulantzas defendía la destrucción del Estado burgués pero manteniendo su esfera de libertades civiles</p></blockquote>
<p>Podemos detenernos en este punto, el de la capacidad o no de construcción de un poder popular autónomo. Para Poulantzas, no solo se trataba de una quimera –algo imposible de construir fuera del campo estatal– sino que iba más allá. Afirmaba que incluso defendiendo la destrucción en última instancia del Estado burgués, no se podía negar que el Estado socialista debía mantener las libertades formales y políticas de este mismo Estado burgués. Atacaba en este punto a Lenin y defendía la posición de Rosa Luxemburgo. Esto es, defendía la destrucción del Estado burgués pero manteniendo su esfera de libertades civiles y –se entiende– su sociedad civil, además de ciertos mecanismos transformados de democracia representativa.<sup><a id="ffn14" class="footnote" href="#fn14">14</a></sup></p>
<p>En este punto se entenderán las solidaridades que existían –tal y como señaló Ed Rooksby– entre las tesis de Gorz y las de Poulantzas. Dicho de forma sencilla, Poulantzas dio forma a la teoría del Estado que necesitaba Gorz para su propuesta, de aquí el enlace que hace Rooksby en su artículo. Sin duda, las reformas no reformistas no tendría sentido plantearlas en un Estado autoritario, tampoco en una sociedad sin derechos liberales básicos.<sup><a id="ffn15" class="footnote" href="#fn15">15</a></sup> Pero visto así, las reformas no reformistas de Gorz no parecían nutrirse de una sustancia muy distinta de las reformas reformistas de la socialdemocracia. Solo el horizonte revolucionario las dotaba de una naturaleza revolucionaria. Y la supuesta autonomía relativa del Estado de Poulantzas se presentaría como un muro infranqueable para los procesos de construcción de autonomía social o de fuga, mostrándose como algo siempre mediado y organizado por el poder estatal.</p>
<p>Ante estos argumentos, la extrema izquierda de la época respondió con contundencia. «Lo que me molesta de tu exposición –le diría Henri Weber, director de la revista de la LCR, <em>Critique Communiste</em>– es que tengo la impresión de que polemizas un poco contra molinos de viento, es decir, contra tipos que quieren hacer un nuevo Octubre de 1917, lo que no es en absoluto el caso de la extrema izquierda de hoy. No pensamos que el Estado sea un monolito que haya que afrontar y romper solo desde fuera, estamos perfectamente convencidos de la necesidad de la «guerra de posiciones», de que en Occidente hay todo un largo periodo de preparación, de conquista de la hegemonía, etc.»<sup><a id="ffn16" class="footnote" href="#fn16">16</a></sup></p>
<p>En el caso de Weber el punto de discrepancia central estaba en que para muchos, ese propio proceso de «guerra de posiciones» –recuperando el término Gramsciano– era un fin en sí mismo. Mientras que ellos defendían que era solo un paso previo de acumulación de fuerzas para medirse con el poder capitalista. Una posición ante la que Poulantzas contestaría con un cierto sentido melancólico, «Bueno, verás, estoy de acuerdo contigo en las cuestiones de la ruptura, de que hay que medir las fuerzas; pero pienso que, de todas formas, la repetición de una crisis revolucionaria que lleva a una situación de doble poder es sumamente improbable en Occidente.» Poulantzas defendía que esa idea de ruptura que expresaba la extrema izquierda –cuyo mejor ejemplo para él fue Daniel Bensaïd– era el problema, pues así planteada «esta medición de fuerzas realmente no puede existir revolucionariamente más que entre el Estado como tal, por una parte, y su exterior absoluto o supuestamente absoluto, es decir, el movimiento, los poderes populares de base centralizados como segundo poder.»<sup><a id="ffn17" class="footnote" href="#fn17">17</a></sup></p>
<blockquote><p>Los partidos y movimientos, sus siglas, sus militantes y sus organizaciones, así como sus instituciones de base, eran la prueba de fuerza contra el Estado</p></blockquote>
<p>Desde nuestra óptica, aunque ambas posturas parecerían a primera vista, irreconciliables, realmente partían de una misma concepción del contrapoder político. Tanto para Poulantzas como para la extrema izquierda y también para Gorz, los partidos y movimientos, sus siglas, sus militantes y sus organizaciones, así como sus instituciones de base eran la genuina expresión de la transformación, la prueba de fuerza contra el Estado. La discusión erradicaba en si esta construcción y acumulación de fuerzas suponía un proceso antagónico exterior o no a la articulación estatal, pero desde ambos lados se dejaba fuera la construcción política desde procesos más amplios de autonomía de lo social. Esto es, se pensaba esa «guerra de posiciones» en términos clásicos, donde los actores centrales son las propias organizaciones de la izquierda y no los procesos de construcción autónoma de la sociedad, condensados o no en las formas organizativas de la izquierda. El fetichismo de la organización y del ecosistema de organizaciones de la izquierda, sus riñas y disputas sería uno de los peores aliados del análisis de lo que estaba sucediendo en aquel momento histórico.</p>
<p>Esta perspectiva encajaba con la propuesta de Poulantzas de construcción de un socialismo democrático, heredero de una sociedad en extremo orgánica. Mientras que en el caso de la extrema izquierda encajaba con la construcción de un poder de clase propio que se articulase con propuestas electorales y de representación política, también con sus ecosistemas de organizaciones, como fue la propuesta de la «Plataforma de izquierdas» en Grecia. Pero ambas herencias tenían un problema esencial. Focalizaban los procesos de lucha en una suerte de doble poder: Estado y sociedad civil que, como ya hemos señalado, para el autor griego solo se podía expresar como doble poder dentro del marco estatal. Se prefiguraba así una sociedad proletaria lista para romper y disputar la hegemonía capitalista. Y aquí es donde se desvelaban sus límites más importantes.</p>
<h3>El debate Poulantzas. Marxismos y autonomía</h3>
<p>En el abordaje de los debates que despertaron las tesis de Poulantzas, se han primado los producidos en el campo de la extrema izquierda y las corrientes neogramscianas, donde entrarían algunos marxistas británicos como el propio Miliband o postmarxistas como Laclau. Aunque el debate con Miliband fue, sin duda, el más suculento.</p>
<p>Entre ambos se escenificaron diferencias muy claras en un enconado debate sobre la concepción del Estado que resuena en la actualidad. Para explicarlo de manera muy resumida, podríamos decir que mientras Poulantzas buscó un esquema teórico y abstracto sobre el Estado, Miliband ensayó un aterrizaje más concreto y encarnado. Una posición que permitió a Miliband ofrecer algunas claves interesantes para pensar el Estado que en Poulantzas no aparecen, como era el papel de las clases medias en los sistemas políticos europeos o el papel de las nuevas élites funcionarias en su modelo gerencial de gobierno. Descripción del todo pertinente para una Europa que según avanzada el proceso de construcción del Estado del bienestar y de integración europea engrosó sus estructuras sociales con cientos de miles de empleados públicos y puestos de trabajo dependientes de sus administraciones.</p>
<p>Sin entrar más en esta polémica, cabe señalar que, a pesar de las diferencias, ambos autores compartieron una visión relativamente clásica acerca de las instituciones de poder y disciplinamiento. Para Poulantzas estas se agruparían –además de a través del aparato represivo del Estado– en distintos aparatos ideológicos como eran la familia, los medios de comunicación, la escuela o la religión.<sup><a id="ffn18" class="footnote" href="#fn18">18</a></sup> En la tópica althusseriana, estos aparatos ideológicos del Estado vertebrarían a los individuos como sujetos, entendida esta sujeción en una triple dimensión de sujetar, subordinar y producir sujeto.<sup><a id="ffn19" class="footnote" href="#fn19">19</a></sup></p>
<p>Por otro lado y, de manera similar, estas instituciones o aparatos, en el caso de Ralph Miliband, tomaron el nombre de procesos de legitimación (partidos conservadores, medios de comunicación, escuela, etc.) destinados a realizar –dentro de esta lógica neogramsciana– un «esfuerzo permanente y omnipresente» de socialización política, coerción y producción de consentimiento que mantuviera la hegemonía de la clase dominante.<sup><a id="ffn20" class="footnote" href="#fn20">20</a></sup></p>
<blockquote><p>Se preguntaron por el modo en el que la coerción es acompañada de nuevos y múltiples mecanismos de pacificación social y gestión de las tensiones de la sociedad</p></blockquote>
<p>Como podemos ver, ambos autores abordaron la cuestión de la integración política en el marco del Estado del bienestar. Se preguntaron por el modo en el que la coerción es acompañada de nuevos y múltiples mecanismos de pacificación social y gestión de las tensiones de la sociedad. Pero el problema que realmente se intentaba enfrentar era otro aún más interesante: el de la capacidad o no de que distintos procesos sociales actuasen con autonomía e independencia con el objetivo de escapar de esos aparatos ideológicos del Estado y de esos procesos de legitimación.</p>
<p>Pero para contestar a esta cuestión los debates señalados entre Poulantzas y Miliband ofrecen pocas pistas. Al contrario, resulta más interesante abordar otros diálogos abiertos por Poulantzas que –aunque indirectos– fueron más productivos. Nos referimos a los los diálogos que mantuvo la obra de Poulantzas con las distintas corrientes autónomas, consejistas y marxistas heterodoxas del momento. En ellas entrarían tradiciones tan dispares como la revista Socialismo o Barbarie en Francia, autores de la autonomía obrera italiana como Antonio Negri o la corriente esquizoanalítica representada por Gilles Deleuze y Félix Guattari. No tendremos espacio aquí para poder abordar todas ellas, pero sí al menos daremos algunos apuntes que consideramos últiles para la línea argumental que estamos desarrollano.</p>
<p>De todas estas corrientes, Poulantzas eligió a la revista <em>Socialismo o Barbarie</em> –y en concreto a su integrante Claude Lefort– como contraparte más directa con la que medirse. Buscaba con esto desmontar uno de los mitos que, según su parecer, atenazaban a esta corriente y que podríamos resumir en pensar que pudiera existir una política autónoma que ofrecería una especie de «exterioridad absoluta» con respecto al Estado. Si, como afirmaba Poulantzas, las masas populares no podían ocupar una posición autónoma, ni siquiera subalterna frente al Estado, toda tesis de autonomía radical como la de Lefort y –añadiríamos nosotros– Castoriadis, cabezas visibles de <em>Socialismo o Barbarie</em>, era una pura ilusión.</p>
<p>Así, Poulantzas diría: «Hay que guardarse, por otro lado de caer en una concepción esencialista del poder (incluido el Estado), según la cual frente al poder existirían luchas (lo social) que no podrían subvertirlo más que en la medida en que fueran exteriores a él. Sin embargo, recuerdo que esto es lo que últimamente sigue manteniendo, todavía Claude Lefort y los autores de la revista Libre, criticando a Foucault y al marxismo a partir de rancias antiguallas como la existencia de lo social instituyente. En exterioridad radical al poder instituido.»<sup><a id="ffn21" class="footnote" href="#fn21">21</a></sup></p>
<blockquote><p>Para Claude Lefort la democracia sería un forma que toma la sociedad, un tremendo vacío</p></blockquote>
<p>Aquí comenzaría el choque de trenes. Para Claude Lefort la democracia sería un forma que toma la sociedad, un tremendo vacío. Mientras que la política autónoma sería un exterior radical a esa forma–democracia. ¿Se podrían tener dos puntos de partida más distintos? La clave en este aspecto es que en la tradición de <em>Socialismo o Barbarie</em> el elemento medular de la política de clase se situaba en la propia experiencia obrera autónoma. Este sería el gran elemento desaparecido de la filosofía del momento en la línea Althusser–Poulantzas. Como afirmaría E.P Thompson esta corriente carecería «de la categoría (o modo de tratamiento) de la experiencia (o huella que deja el ser social en la conciencia social)»<sup><a id="ffn22" class="footnote" href="#fn22">22</a></sup></p>
<p>Podría parecer que esta sentencia de Thompson nos devuelve a cierto marginalismo de los experiencial o a un particularismo sin marco de interpretación general. Pero a lo que se referían Lefort y Thompson con su radical apego a la experiencia (y a la percepción) era determinante en la época. Mientras buena parte de las extremas izquierdas y los marxismos más sofisticados daban por hecho el conocimiento de eso que se denominada el proletariado y sus luchas, las corrientes autónomas entendieron que en las luchas obreras de los sesenta y en la experiencia del nuevo proletariado fordista europeo, como también en el conjunto de la sociedad, había un claro elemento de innnovación. De singularidad, si se quiere. Por tanto, si se daba por supuesto que los marcos teóricos aprendidos no podían encajarse en esta realidad, se podía afirmar que la nueva cuestión proletaria era un problema sin nombre.</p>
<p>En pocas palabras, para ellos el Marx periodista y político, el Marx de la encuesta obrera debía tener más presencia que el Marx científico, inspirador a su pesar de no pocos dogmas. A partir de aquí Lefort construyó el conjunto de su práctica teórica y política sobre la intención de refundar la filosofía política. Allí donde la propia percepción y experiencia de la explotación capitalista formaban un nudo central. En términos filosóficos su propósito se encardinaba con el proyecto filosófico de Merlau–Ponty del que repetiría varias veces su cita «El Ser es lo que exige de nosotros creación para que tengamos la experiencia de él»<sup><a id="ffn23" class="footnote" href="#fn23">23</a></sup></p>
<p>Precisamente, lo que despreciaba Poulantzas de esta corriente de pensamiento era justamente su aportación más valiosa: la de pensar una política de clase reconociendo la existencia de innovación en la misma clase obrera y en sus luchas, preguntándose por la radicalidad de sus aspiraciones como un factor de creación externo al mandato del Estado y sus aparatos ideológicos. Aquí es donde el concepto criticado por Poulantzas, esa institución imaginaria de la sociedad, permitía abrir un campo político no estatal.</p>
<h3>¿Qué es la autonomía?</h3>
<p>Parece que la sucesión histórica que dio sentido a todas las corrientes autónomas del siglo XX no terminó de calar en estos debates. La Hungría de 1956, la Checoslovaquia de 1968, los procesos de radicalización del proletariado juvenil y migrante de los años 60, la aparición de los movimientos contraculturales no suponían un factor de innovación a los ojos de una parte importante de la izquierda. La nueva marginalidad y exterioridad radical con respecto a las prácticas sociales reconocibles en el momento no se traducían en buena parte de los aparatajes filosóficos marxistas sino como una parte más de la falsa conciencia o la desviación pequeñoburguesa.</p>
<blockquote><p>La crítica a la familia, la aparición de las comunas, el desbordamiento de las estructuras sindicales, el sabotaje y la ocupación de fábricas, la deserción del sistema escolar…</p></blockquote>
<p>Sin embargo, fueron estas, en su cruce con la crisis económica arrancada a finales de los 60 quienes desplegaron multitud de prácticas políticas sin nombre que poco a poco fueron desbordando el imaginario instituido: la crítica a la familia, la aparición de las comunas, el desbordamiento de las estructuras sindicales y de representación de la izquierda en las huelgas salvajes, el sabotaje y la ocupación de fábricas, la deserción del sistema escolar. Cientos de nuevos fenómenos que parecían no existir a los ojos de la izquierda instituida. Pero la pregunta es si aquellas experiencias, prácticas y formas de lucha eran autónomas, si escapaban de este marco estatal profetizado como infranqueable por Poulantzas.</p>
<p>En la obra principal de Cornelius Castoriadis titulada <em>La institución imaginaria de la sociedad</em> (1975), el otro autor greco–francés apostó por delimitar a qué se podía denominar autonomía. Para él la autonomía era llanamente «la ley propia» frente a la «ley del otro».<sup><a id="ffn24" class="footnote" href="#fn24">24</a></sup> «Mi propia ley» dirá Castoriadis. Pero según él «La autonomía no es, pues, elucidación sin residuo y eliminación total del discurso del Otro no sabido como tal. Es la instauración de otra relación entre el discurso del Otro y el discurso del sujeto. La eliminación total del discurso del Otro, no sabido como tal, es un estado no histórico.»<sup><a id="ffn25" class="footnote" href="#fn25">25</a></sup></p>
<p>Como se puede ver, el problema de la cuestión de la autonomía –tal y como la plantea Castoriadis– no tiene realmente nada que ver con la exterioridad o no con respecto al poder, como señala despectivamente Poulantzas. El problema de la autonomía tiene que ver con el sujeto y su capacidad para construir, crear e imaginar formas de vida que escapen de la ley del Otro que nunca deja de ser también la propia. Por tanto, dirá Castoriadis, el conflicto no se puede reducir al choque entre las pulsiones –por ejemplo de una vida digna– y la realidad, sino al resultado del choque de las pulsiones de vida y la realidad social frente a la institución imaginaria de la sociedad. Esto es, la capacidad de pensar un mundo construido con nuestra propia ley y que se fuga del mundo instituido.</p>
<blockquote><p>El problema de la autonomía tiene que ver con el sujeto y su capacidad para construir, crear e imaginar formas de vida que escapen de la ley del Otro</p></blockquote>
<p>Las huelgas salvajes que rompieron los sistemas de mediación sindical, que fueron irreductibles a los marcos de la izquierda marxista, que pusieron en juego un nuevo deseo de fuga del trabajo, no se podían entender sin esta mirada. Un proceso instituyente desde el sujeto e irreductible al orden de la sociedad civil. Sin entender esta producción autónoma de un imaginario de vida fuera de lo existente, habitado por decenas de miles de personas, lugares e instituciones de experimentación, no se podría entender aquel momento. Valga como ejemplo el caso de las comunas.</p>
<p>Alejados del paradigma de las izquierdas, esta nueva realidad sí constituía en parte un exterior absoluto. Si con Antonio Negri entendemos que el «Estado moderno, a su vez, no es sino la organización que la sociedad burguesa reviste para poder salvaguardar las condiciones externas generales de la producción capitalista frente a los ataques tanto de los obreros como de algunos capitalistas por separado»<sup><a id="ffn26" class="footnote" href="#fn26">26</a></sup>, entenderemos que todos estos movimientos escaparon en gran media del Estado y de sus lógicas desviándose de su axiomática pero también construyendo nuevos planes de vida con el objetivo de institucionalizarlos.</p>
<p>Pero Negri llega mucho más allá en su crítica a Poulantzas y los neogramscianos, como él los denomina. En un giro radical, Negri piensa que la cuestión no pasaría por el debate de la exterioridad al Estado o no, sino en entender que Poulantzas con su crítica encierra a la fuerza toda política bajo el manto del Estado y es precisamente esta operación analítica la que le impide pensar más allá. Así, el gran error de los neogramscianos estaría en que la «autonomía de lo político» más que ubicar el «nexo dialéctico entre las fuerzas productivas y modelos organizativos capitalistas de la producción, lo situaría como un tercer ámbito entre unas y otros. Lo que significa que, de nuevo, la metodología de Poulantzas resulta funcional a una distorsión específica de la concepción marxista del Estado, que consiste en el establecimiento de un ámbito de fundación del Estado que no es el mundo marxiano de las relaciones de producción, sino el fetiche de una sociedad civil recompuesta, esto es, una imagen indeterminada de las relaciones de clase sub especie de representaciones.»<sup><a id="ffn27" class="footnote" href="#fn27">27</a></sup> Se trataría en términos muy clásicos de volver –como señala Negri– a la temática del obrero<sup><a id="ffn28" class="footnote" href="#fn28">28</a></sup> y su experiencia de lucha (autovalorización del trabajo) frente a la del ciudadano.<sup><a id="ffn29" class="footnote" href="#fn29">29</a></sup></p>
<p>El problema planteado por Negri se resumiría en lo siguiente. Para él, las tesis de Poulantzas parten de un elemento erróneo que sería la lucha por la hegemonía. Posición hegemónica que solo se justifica en la posibilidad de hacer virar al Estado como institución que goza de cierta «autonomía relativa». Sería esta focalización de la mirada en el ámbito estatal la que llevaría a desvirtuar dos elementos. El primero, que la mirada política se depositaría en el ámbito de la distribución de la riqueza y no de la producción y la circulación. Y el segundo, que esta compleja operación sustituiría la relación entre los sujetos y su papel como productores –como señalábamos antes–, por la de ciudadanos que forman parte de una sociedad civil en la que ganar posiciones.</p>
<p>Negri lo explica de la siguiente manera. «El Estado mistifica su autonomía relativa del término antagonista de la lucha de la clase obrera. La lucha obrera no se conduce, no puede conducirse con el Estado, sino que debe mediarse en el ámbito de la sociedad civil. A la lucha contra el trabajo asalariado y, a partir de ésta contra el Estado como organizador directo del trabajo asalariado, se contrapone, sustituyéndola, un modelo de lucha en el mundo de la distribución de mercancías.»<sup><a id="ffn30" class="footnote" href="#fn30">30</a></sup></p>
<p>El problema de la autonomía por tanto no tiene nada que ver con el de su exterioridad o no con respecto al Estado. Tiene que ver con su exterioridad con respecto a la sociedad civil como mecanismo de articulación política dentro del propio Estado.</p>
<h3>Lo que hoy nos queda. Sociedad civil y economía política de la integración.</h3>
<p>La conclusión a la que podemos llegar detrás de la línea argumental de Negri es muy clara. En una sola sentencia y dando la vuelta a los argumentos de Poulantzas, se podría decir que la sociedad civil no es más que el último y más perfeccionado aparato ideológico del Estado.</p>
<p>A partir de aquí debemos pensar con cierta profundidad a qué nos referimos con sociedad civil. Y hacerlo además dentro de un terreno histórico, aquel que demarcarían los sistemas de integración puestos en marcha por los Estados del bienestar. Este razonamiento daría la vuelta también al significado mismo de eso que llamamos sociedad civil. El problema no estaría tanto en la lucha entre clases y sus fracciones por configurar el sistema de hegemonías y capacidades para influir en el Estado, sino que sería el propio Estado el que configuraría a su medida y en última instancia eso que denominamos sociedad civil.</p>
<p>Con cierta perspectiva histórica las luchas producidas desde finales de los años sesenta atacaron y –en cierto modo– dejaron heridas a las tradicionales formas de concertación social de la Europa de posguerra. El sistema parlamentario, los partidos políticos y las grandes centrales sindicales y patronales no parecían ya suficientes para gestionar la enorme capacidad del momento para generar antagonismos. Así, con el paso de las décadas, Europa se ha llenado de agentes sociales mucho más capilares y diversos, con mayor capacidad de implantación social y con mayores cotas de legitimidad social que fueron complementando e incluso sustituyendo a algunos de aquellas estructuras y sus funciones.</p>
<blockquote><p>El neoliberalismo no ha desarmado esas sociedades civiles y sus formas organizativas</p></blockquote>
<p>La falta de un acercamiento más certero a lo que Perry Anderson ha denominado la «economía política de la integración en Europa»<sup><a id="ffn31" class="footnote" href="#fn31">31</a></sup> ha permitido que trabajemos políticamente con un buen número de confusiones. La primera de ellas, pensar que el neoliberalismo ha desarmado esas sociedades civiles y sus formas organizativas. Mientras que, muy al contrario, su intento por desmantelar en parte los viejos sistemas de concertación fordista abrió —sin acabar con los viejos sindicatos, por citar solo un ejemplo— un enorme proceso de multiplicación de entidades dentro de esa sociedad civil.</p>
<p>Esto es, esa operación política por la que se daría por buena una sociedad civil con un acertado programa de reformas no reformistas, capaz de colar en el Estado cambios que a futuro posibilitarían un camino hacia el socialismo, no ha hecho más que reproducir la hipótesis derrotada de los años 60. Con numerosas crisis en marcha y un mundo literalmente en llamas, pensar que los más sofisticados aparados de Estado como es la sociedad civil con sus formas partido y sindicato en el centro van a ser los mecanismos de organización del conflicto debería someterse a crítica.</p>
<p>Toda institucionalidad autónoma debe sustraerse a estos y otros mecanismos de mediación política, orientarse hacia un horizonte de emancipación y desvincularse de una sociedad civil que aún opera según lógicas orgánicas propias. Se trata de romper con el perímetro del reparto funcional de roles que caracteriza a la izquierda política, encarnación central —y la más creyente— de dicha sociedad civil. Un espacio que, como prolongación del Estado y de su sistema de creencias, permanece atrapado en formas de mediación política y en las lógicas del tercer sector, las cuales deben ser superadas ante las condiciones de crisis actuales. Más aún si, en el porvenir, aspiran a intervenir en la conflictividad creciente que se avecina.</p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">GORZ, André, «Reform and revolution», <em>The Socialist Register</em>, marzo, 1968. Pág. 111. <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">Para una aproximación con mayor detalle ver AKBAR, Amna A, «Demands for democratic political economy», <em>Harvard Law Review</em>, vol 134, nº1, 2020. <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
<li id="fn3">ENGLER, Mark y ENGLER, Paul, «Las reformas no reformistas de André Gorz», <em>Revista Jacobin</em>, 25 julio 2021. <a href="#ffn3">↩︎</a></li>
<li id="fn4">GORZ, André, «Reform and revolution», <em>The Socialist Register</em>, marzo, 1968. Pág. 120. <a href="#ffn4">↩︎</a></li>
<li id="fn5">GORZ, André, «The Way Forward», <em>New Left Review I</em>, noviembre–diciembre,1968. Pág. 56. <a href="#ffn5">↩︎</a></li>
<li id="fn6">GORZ, André, «The Way Forward», <em>New Left Review I</em>, noviembre–diciembre,1968. Pág. 56. <a href="#ffn6">↩︎</a></li>
<li id="fn7">Se puede ver en este ámbito RANCIÈRE, Jacques. <em>El desacuerdo: política y filosofía</em>, Buenos Aires, Nueva visión,1996. <a href="#ffn7">↩</a></li>
<li id="fn8">Rooksby, Ed (2018) ‘«Structural Reform’ and the Problem of Socialist Strategy Today», <em>Critique</em>, Vol. 46, Nº 1, pp. 27–48. <a href="#ffn8">↩︎</a></li>
<li id="fn9">Rooksby, Ed, «La <em>reforma estructural</em> y el problema de la estrategia” en <em>Revista</em> <em>Jacobin Lat</em>, 08/10/2024. <a href="#ffn9">↩︎</a></li>
<li id="fn10">MILIBAND, Ralph, POULANTZAS, Nicos y LACLAU, Ernesto, <em>Estado, clase dominantes y autonomía de lo político. Un debate marxista sobre el Estado capitalista</em>, Madrid, Sylone–Viento Sur, 2021. <a href="#ffn10">↩︎</a></li>
<li id="fn11">POULANTZAS, Nicos, Estado, poder y socialismo, Buenos Aires, Silo XXI, 1979, pág. 9. <a href="#ffn11">↩︎</a></li>
<li id="fn12">POULANTZAS, Nicos, <em>Estado, poder y socialismo</em>, Buenos Aires, Silo XXI, 1979, pág. 159. <a href="#ffn12">↩︎</a></li>
<li id="fn13">POULANTZAS, Nicos, «El Estado y la estrategia socialista» Entrevista a Nicos Poulantzas realizada por Henri Weber, <em>Critique Communiste</em>, nº16, junio 1977. <a href="#ffn13">↩︎</a></li>
<li id="fn14">POULANTZAS, Nicos, «El Estado y la estrategia socialista» Entrevista a Nicos Poulantzas realizada por Henri Weber, <em>Critique Communiste</em>, nº16, junio 1977. <a href="#ffn14">↩︎</a></li>
<li id="fn15">A pesar de esto, Poulantzas fue crítico con la idea de las «Reformas estructurales» de Gorz y que Poulantzas consideraba un simple reflejo de un momento de debilidad del movimiento obrero para el que intentaban construir una propuesta realista. Ver Nicos Poulantzas: «Una réplica a Miliban y Laclau» en MILIBAND, Ralph, POULANTZAS, Nicos y LACLAU, Ernesto, <em>Estado, clase dominantes y autonomía de lo político. Un debate marxista sobre el Estado capitalista</em>, Madrid, Sylone–Viento Sur, 2021. Págs. 108–109. <a href="#ffn15">↩︎</a></li>
<li id="fn16">POULANTZAS, Nicos, «El Estado y la estrategia socialista» Entrevista a Nicos Poulantzas realizada por Henri Weber, <em>Critique Communiste</em>, nº16, junio 1977. <a href="#ffn16">↩︎</a></li>
<li id="fn17">POULANTZAS, Nicos, «El Estado y la estrategia socialista» Entrevista a Nicos Poulantzas realizada por Henri Weber, <em>Critique Communiste</em>, nº16, junio 1977. <a href="#ffn17">↩︎</a></li>
<li id="fn18">ALTHUSSER, Louise, <em>Ideología y aparatos ideológicos del Estado</em>, Colombia, La oveja negra, 1969. Especialmente ver capítulo sobre El Estado, páginas 23 y siguientes. <a href="#ffn18">↩︎</a></li>
<li id="fn19">ALTHUSSER, Louise, <em>Ideología y aparatos ideológicos del Estado</em>, Colombia, La oveja negra, 1969. pág. 42–43. <a href="#ffn19">↩︎</a></li>
<li id="fn20">MILIBAND, Ralph, <em>El Estado en la sociedad capitalista</em>, México, Siglo XXI, 1969, págs. 174–176. <a href="#ffn20">↩︎</a></li>
<li id="fn21">POULANTZAS, Nicos, Estado, poder y socialismo, Buenos Aires, Silo XXI, 1979, pág. 180–181. <a href="#ffn21">↩︎</a></li>
<li id="fn22">THOMPSON, E.P, <em>Miseria de la teoría</em>, Barcelona, Verso, 2023, pág. 49. <a href="#ffn22">↩︎</a></li>
<li id="fn23">GOICOHEA PAREDES, Diego, «Claude Lefort y la filosofía» en <em>Revista Internacional de Filosofía</em>, nº 94 (2025), pp. 55–68 <a href="#ffn23">↩︎</a></li>
<li id="fn24">CASTORIADIS, Cornelius, <em>La institución imaginaria de la sociedad</em>, Barcelona, Tusquets, 2013, pág. 162. <a href="#ffn24">↩︎</a></li>
<li id="fn25">CASTORIADIS, Cornelius, <em>La institución imaginaria de la sociedad</em>, Barcelona, Tusquets, 2013, pág. 162–163. <a href="#ffn25">↩︎</a></li>
<li id="fn26">NEGRI, Antonio, La forma–Estado, Madrid, AKAL, 2003, pág. 301. <a href="#ffn26">↩︎</a></li>
<li id="fn27">NEGRI, Antonio, La forma–Estado, Madrid, AKAL, 2003, pág. 307. <a href="#ffn27">↩︎</a></li>
<li id="fn28">Entiéndase obrero en un concepto amplio, como forma social y capacidad de trabajo, no como obrero varón, blanco sino como productor–reproductor del mundo. <a href="#ffn28">↩︎</a></li>
<li id="fn29">NEGRI, Antonio, La forma–Estado, Madrid, AKAL, 2003, pág. 310. <a href="#ffn29">↩︎</a></li>
<li id="fn30">NEGRI, Antonio, La forma–Estado, Madrid, AKAL, 2003, pág. 307. <a href="#ffn30">↩︎</a></li>
<li id="fn31">ANDERSON, Perry, <em>El nuevo y el viejo mundo</em>, Barcelona, AKAL, 2012, pág. 144. <a href="#ffn31">↩︎</a></li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/reformas-no-reformistas-mediacion-politica-crisis-y-estado/">Reformas no reformistas. Mediación política, crisis y Estado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/reformas-no-reformistas-mediacion-politica-crisis-y-estado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
