Un progresismo verde cada vez más obsceno

por | Mar 17, 2026 | Análisis, Coyuntura, Ecologismo

Una defensa de la competitividad europea como "vía pragmática al ecosocialismo" implica apoyar el programa que va a ejecutar el capital y la derecha europea: ajustes salariales, privatización de las pensiones, políticas migratorias asesinas, la vuelta de la mili, la escalada bélica imperialista y regar de millones a empresas que no realizan ninguna transición energética. ¿Es esta la alianza incómoda que se plantea para la cual “no caben excusas ideológicas”?

Durante los últimos años los intelectuales del progresismo verde español han creado un marco ideológico para justificar su proyecto político. Han hecho un esfuerzo de construcción de corriente, ganando posiciones mediáticas, institucionales y culturales. Con todo ello, han generado una esfera desde la que defienden la alianza con el «capital verde», los acuerdos de libre comercio y el rearme europeo como camino pragmático hacia el ecosocialismo, a partir de la cual se desprecia cualquier crítica que se describe como inercia obsoleta de una izquierda incapaz de reaccionar a los retos de los tiempos presentes. En este artículo describiremos brevemente las posiciones y las analizaremos desde una perspectiva crítica.

La mercancía a la venta

Siempre en nombre del pragmatismo y de la urgencia climática, estos autores formulan su apuesta estratégica en los siguientes términos. José Luis Rodríguez reivindica la importancia de establecer una alianza con la fracción verde del capital. Xan López considera que la izquierda debe soltar los lastres teóricos e intervenir en el capitalismo realmente existente para reforzar la democracia liberal verde. Ambos autores insisten en esta idea de construir alianzas con la fracción verde de la clase dominante en el epílogo de la reedición del libro «Estado, poder y socialismo» de Nicos Poulantzas (Bellaterra, 2025).

Por su parte, César Rendueles defiende que los tiempos de la crisis ecológica convierten el legado del marxismo en una fantasía mórbida y políticamente catastrófica. Emilio Santiago afirma que ningún freno a la descarbonización es admisible y que la izquierda ya no puede permitirse ampararse en excusas ideológicas como la desigualdad o los beneficios de las grandes empresas privadas. Emilio Santiago escribe junto a Antxon Olabe para defender los informes Draghi y Letta como hojas de ruta en el camino a la competitividad económica, incluyendo un aumento de la inversión pública en la defensa europea.

Emilio Santiago afirma que la izquierda ya no puede permitirse ampararse en excusas ideológicas como la desigualdad

La colaboración con los cuadros técnicos del PSOE es una elección meditada aquí. En su balance sobre la evolución de la política verde, reconocen que fue el PSOE y Teresa Ribera quienes mejor enarbolaron la idea del «Green New Deal para España». Héctor Tejero también defiende la necesidad de un «partido histórico del clima», que estaría unificado por el acuerdo programático sobre una descarbonización rápida; un espacio en el que confluirían militantes, expertas, cargos públicos, investigadores, ingenieros, periodistas y poetas de distintos partidos de izquierdas y de derechas.

Junto a ello, han salido a defender el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur, justificado como oportunidad para el sector privado europeo en los servicios y la industria frente a las amenazas de Estados Unidos. Jorge Tamames, además reprocha la hostilidad de la izquierda hacia los acuerdos de libre comercio como una postura desfasada en el escenario actual. Apela a una izquierda con mayor flexibilidad táctica para adaptarse al contexto económico, como hace Mario Draghi al hablar de política industrial y climática.

El dueño del kiosko

Más allá de consideraciones ideológicas, queremos señalar cómo estas posiciones refuerzan una agenda completamente ajena a cualquier proyecto emancipador. En una especie de delirio, se olvida quiénes son las clases dominantes políticas y económicas que van a llevar a la práctica ese programa que ellos defienden. Veamos cuatro ámbitos europeos: competitividad, fronteras, defensa e industria.

Los informes Draghi y Letta sobre la competitividad europea sirvieron de base para redactar el marco estratégico de la Comisión Europea –la Brújula para la Competitividad–, así como el Pacto por una Industria Limpia y la Industrial Accelerator Act. Todos ellos aumentan la desregulación hacia las empresas e incrementan la financiación pública sin apenas condiciones. Todos ellos han sido criticados por organizaciones sociales, sindicales y ecologistas.

Estas estrategias y los múltiples paquetes Ómnibus aprobados en Bruselas son la victoria de las grandes empresas industriales y contaminantes que exigen una «pausa regulatoria». Este cambio de prioridades diluye los objetivos climáticos, suprime la obligación a las empresas de elaborar planes de transición energética, reduce los controles sobre sustancias tóxicas y facilita la financiación de la energía nuclear y el gas fósil.

Merz y Meloni quieren reforzar la competitividad acabando con las regulaciones y reduciendo costes laborales y de las pensiones

Respecto al liderazgo político de este giro, parece que es el eje Roma-Berlín quien tomará la iniciativa. Friedrich Merz y Giorgia Meloni anunciaron en el Foro de Davos su acuerdo para liderar la respuesta económica europea a la coyuntura actual. Su plan: reforzar la competitividad reduciendo regulaciones, acelerando la implantación de centros de datos, reduciendo los costes laborales y de las pensiones. Junto a esto, buscan ampliar el acceso a nuevos mercados. Afirman que el rechazo del Europarlamento al acuerdo UE-Mercosur no puede detener su implementación. Así, quieren acelerar la firma de nuevos acuerdos de libre comercio: con la India de Narendra Modi y la Indonesia de Prabowo Subianto. En el segundo caso, militares armados acompañan a las excavadoras que para la producción de bioetanol deforestan una superficie equivalente a Bélgica.

Aunque resulte obvio, quizás debemos recordar que estas relaciones comerciales nada tienen que ver con reducir la dependencia entre países semiperiféricos con el centro imperialista. No se reducen las importaciones de productos caros, no se reduce el dominio monetario hacia el dólar o el euro, ni se facilita que sus gobiernos utilicen la planificación y nacionalización de los principales sectores exportadores. En definitiva, se les mantiene en una posición subordinada en las cadenas globales de valor. Tampoco parece que se rompa la subordinación energética europea, ya que el acuerdo comercial firmado en agosto de 2025 implica que la Unión Europea debe aumentar un 70% las importaciones de gas y petróleo desde Estados Unidos.

Mientras se abren fronteras a la circulación de mercancías, se refuerzan las fronteras a las personas migrantes de clase trabajadora. Al tiempo que se producen más de 80.000 devoluciones en caliente, la Comisión Europea prevé triplicar los efectivos de Frontex y aumentar su poder. Los ministros de interior de la Unión Europea acuerdan la creación de centros de deportación en terceros países y agilizan el rechazo de las peticiones de asilo. El Parlamento Europeo aprueba los primeros pasos para la creación de un «ICE europeo»: convierten las deportaciones en la opción predeterminada y amplían masivamente el uso de la detención por motivos migratorios, incluyendo a niñes de 18-24 meses. Un recrudecimiento de la política migratoria que pretende asegurar una explotación del proletaria domigrante cada vez más estructural.

La mano de obra migrante cumple la función de ajuste estructural

En el Estado español debemos celebrar y acoger con fuerza la regularización de personas migrantes. Pero no podemos ignorar cuál es la tendencia a nivel europeo ni atender a los motivos por los cuáles la patronal apoya esta medida. Como explica Saïd Bouamama, la mano de obra migrante cumple la función de ajuste estructural: «primeros contratados, primeros despedidos». La diferencia de crecimiento de la economía española respecto a Europa juega un papel importante, donde un cuarto de ese crecimiento se atribuye a la incorporación laboral de población migrante.

En el ámbito de la defensa, Alemania y Francia ya han restablecido un servicio militar voluntario para jóvenes. Italia parece seguir el mismo camino. Lo hacen con el objetivo explícito de aumentar el número de soldados de sus ejércitos, dejando la puerta abierta a la obligatoriedad. En el ámbito industrial, deja de ser una anécdota aislada que algunas empresas estén reorientando su producción del ámbito civil al militar.

¿Defensa y rearme europeo para qué? Junto a la complicidad con el genocidio de Israel contra el pueblo palestino, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, apoyó una «transición pacífica y democrática» en Venezuela tras del bombardeo de Caracas y secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. También justificó los bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán. Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aplaude los ataques a Irán y afirma que «la OTAN es una plataforma para que Estados Unidos proyecte su poder».

¿Daños colaterales en favor de una rápida descarbonización? Nada más lejos de la realidad. El sector privado no responde a los estímulos públicos y adopta comportamientos cada vez más rentistas. Entre 2019 y 2024, al mismo tiempo que la economía española creció un 10%, la inversión empresarial se redujo un 3,4%. Esto obviamente obstaculiza cualquier transformación productiva y de transición energética. Durante la última década, las grandes empresas de la industria europea destinaron la mayor parte de sus beneficios al reparto de dividendos, al mismo tiempo que disminuyeron la inversión productiva.

En la automoción las marcas europeas utilizan su influencia política para defender el motor de combustión

En el sector de la automoción, las marcas europeas reciben ganancias récord mientras invierten menos que sus competidores globales. En realidad, en vez de invertir, utilizan su influencia política para defender el motor de combustión y retrasar la transición. En la industria, ArcelorMittal cancela los proyectos de descarbonización de sus altos hornos en toda Europa por no considerarlos suficientemente rentables. Las empresas energéticas españolas, después de captar 3.000 millones de euros en subvenciones públicas, suspenden o retrasan sus proyectos de hidrógeno verde por no ser lo suficientemente competitivos. Mientras que Endesa, Iberdrola y EDP amenazan al Gobierno de España con no realizar las inversiones necesarias en la mejora y ampliación de redes de distribución eléctrica.

En resumen, una defensa de la competitividad europea como «vía pragmática al ecosocialismo» actualmente implica apoyar el programa que va a ejecutar el capital y la derecha europea: el riesgo creciente de ajustes salariales, la privatización de las pensiones, políticas migratorias asesinas, la vuelta de la mili, la escalada bélica imperialista y regar de millones a empresas que no realizan ninguna transición energética. En la práctica, ¿es esta la alianza incómoda que se plantea para la cual no caben excusas ideológicas?

Nadie a las espaldas

Lea Ypi afirma una cuestión que debería resultarnos obvia: «Para entender el capitalismo, debemos asumir que los conflictos políticos no son conflictos entre Estados, sino entre clases sociales diferentes». El rechazo a este principio explica la apuesta política de este sector. En el fondo, han abrazado la política entendida como conflicto entre Estados y han rechazado cualquier política de clase.

Su enfoque organizativo consiste en actuar como asesores de quienes ocupen las instituciones

En virtud del pragmatismo y la urgencia climática, han tirado al niño con el agua sucia. Su enfoque estratégico-organizativo consiste en actuar como asesores tecnocráticos de quienes ocupen las instituciones, dando cobertura ideológico-cultural a este proyecto desde diferentes esferas de influencia. No consideran que la organización colectiva pueda jugar ningún papel en el conflicto político por la transición ecológica. Lo más obsceno, en el fondo, es su desprecio a la organización de base, a la movilización y a la construcción de poder popular.

Junto a ello, rechazan asumir mayor confrontación en las propuestas. Rechazan disputar el control de la inversión y la propiedad públicas para asegurar la transición energética. Confían en que sea esa «fracción verde de la clase dominante» —en sus palabras, y sea lo que sea eso— quien realice las transformaciones necesarias. Las críticas sociales, sindicales y ecologistas que se generen en el proceso son un freno inadmisible. Débiles con los poderosos y fuertes con los débiles. Despreciando como “retardismo climático” toda crítica social cuando el mayor retardista es el capital privado.

En vez de entender el conflicto como parte esencial de una dinámica virtuosa en la conquista de reformas, simplemente lo sacan de la ecuación. Obviamente esto impide ampliar el marco de lo posible. Pero, de forma todavía más problemática, esta propuesta te deja indefenso ante los reveses que sufriría cualquier programa exitoso de reforma ecosocial. Cualquier gobierno capitalista que llegue a ese punto deberá hacer frente a las medidas de sabotaje económico de los capitalistas, a una creciente impotencia y desilusión, y a una dinámica en la que aumentarían los conflictos de clase.

En virtud del pragmatismo y la urgencia climática, la única vía para evitar la contraofensiva del fascismo fósil pasa por reforzar la organización social, sindical, ecologista y política. Justamente en una coyuntura en la que cualquier conquista es reversible, esa organización es más importante que nunca.

Desde luego, construir un proyecto ecosocialista revolucionario y antiimperialista no es algo sencillo y ninguno vamos sobrados como para dar lecciones. Pero sí debemos mantener claridad estratégica al respecto. La segunda mitad de esta década será convulsa, marcada por el declive europeo, el auge reaccionario, el belicismo imperialista, un capital cada vez más rentista y el ataque creciente contra las personas migrantes. Por eso debemos fijar el conflicto de clase como brújula, reforzar aquellos espacios desde los que organizar la rabia y rechazar esas apuestas cada vez más obscenas.

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