De la rebelión por la vivienda a la huelga general: debates sobre estrategia y autoorganización

por | Oct 15, 2026 | Coyuntura, Movimientos, Vivienda

La rebelión juvenil por la vivienda forma parte de un nuevo ciclo de lucha de clases en Europa, con Francia como expresión más avanzada. Frente al adelanto electoral del 29-N, la apuesta es construir desde abajo comités unitarios para lograr una huelga combativa.

1. La chispa que encendió Maricarmen se transformó en una rebelión por la vivienda. Es parte de un nuevo ciclo de lucha de clases en Europa con la juventud al frente, que tiene su expresión más avanzada en Francia. Allí, la revuelta estudiantil tiñe el aire de rojo con un imaginario que evoca el 68. Se trata de las mayores movilizaciones estudiantiles en décadas: más de 450.000 personas en las calles, más de 900 liceos con clases suspendidas y 40 universidades bloqueadas con grandes asambleas e iniciativas de coordinación.

El Gobierno francés ha desatado una represión brutal, con más de 7.000 estudiantes detenidos y jóvenes que han perdido una mano o un ojo. Empiezan a sumarse sectores de la clase trabajadora, como los ferroviarios o trabajadores de las refinerías que formaron cadenas humanas para proteger a los estudiantes de la policía en París, Toulouse, Le Havre o Estrasburgo, o las delegaciones de trabajadores de hospitales y del metro en los bloqueos. Son todavía iniciativas iniciales, pero apuntan a una unidad que la burocracia de las grandes centrales sindicales intenta evitar.

Después de dos semanas de ocupaciones de escuelas y universidades, el desarrollo de la autoorganización y la consolidación de una alianza con la clase trabajadora podrían abrir un nuevo campo en la batalla contra Macron. El nuevo clima de protesta se ha contagiado rápidamente a Bélgica, donde hubo huelgas y choques con la policía. En Italia, volvieron a ocuparse algunas escuelas en Turín, Milán y Roma. En ese país se prepara una jornada de lucha y huelga convocada por el sindicalismo de base y colectivos de trabajadores portuarios para el 30 de octubre, con un eje contra el rearme y la guerra. En la última semana, vimos movilizaciones por la vivienda en Portugal, que se suma así al movimiento. La vieja Europa, tensionada por la guerra y con regímenes en crisis, con servicios públicos sacrificados en el altar de los recortes y los presupuestos militares, empieza a ser cuestionada desde abajo con la irrupción de la protesta juvenil.

Está abierta una disputa política entre el tiempo de las elecciones y el tiempo de la huelga general

En el Estado español, la aceleración de los tiempos fue tal que en tan solo dos semanas se encadenaron variadas formas de lucha: de la resistencia del Sindicato de Inquilinas ante los desahucios a la irrupción callejera de un extendido movimiento juvenil por la vivienda. De la gran acampada en la Puerta del Sol a las ocupaciones de plazas en varias ciudades. La tensión se elevó en ocasiones por las amenazas de grupos de ultraderecha. Y entonces la plaza se desbordó de miles de jóvenes para defender la acampada: «Aquí están los antifascistas». Postales de una rebelión juvenil que puso al Gobierno progresista contra las cuerdas. La movilización logró imponer la convocatoria a una huelga general el 11 de noviembre, la primera después de 14 años. La huelga indefinida educativa en Madrid ya está calentando el ambiente. El Gobierno progresista juega las cartas del adelanto electoral para el 29-N. Está abierta una disputa política entre el tiempo de las elecciones y el tiempo de la huelga general. Para que la movilización no se agote en las promesas vacías del progresismo.

Varias experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión

2. Si el largo ciclo progresista se apoyó en la desactivación de las calles (contraparte de la hipótesis Podemos de gestión del Estado capitalista), las cosas parecen estar cambiando. Había algunos indicios. Las recientes huelgas educativas en Valencia y Catalunya con importantes elementos de organización asamblearia que establecieron lazos entre docentes, trabajadoras precarias, estudiantes y familias. La huelga educativa indefinida en Madrid, que ha arrancado este 14 de octubre, marcada por las cargas policiales contra los estudiantes. La huelga de Airbus, en la gran industria. El movimiento por la vivienda que viene creciendo en la juventud con nuevos sindicatos de inquilinas y plataformas contra los desahucios. Masivas manifestaciones en las universidades contra provocadores de la derecha. Y más de dos años de un extendido y profundo movimiento de solidaridad con Palestina que, con las acampadas, las flotillas y el boicot a la Vuelta Ciclista, abonó el giro a izquierda y la radicalidad política de toda una generación. Todas esas experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión por la vivienda.

3. Fuertes tendencias reaccionarias vienen actuando en sentido contrario, al punto de que coparon la escena pública este verano, cuando se impuso un clima político extremadamente conservador alrededor de Ceuta. En esos días, gran parte del progresismo español se sumó a la tesis de los «invasores». Una campaña agitada por una derecha exaltada que llamaba a apalear a niños, niñas y jóvenes marroquíes que cruzaron la frontera escapando de la miseria de la vida. Condiciones insoportables de existencia determinadas por el expolio imperialista, también hay que decirlo. En pleno mes de agosto, muchas nos plantamos en el centro de Madrid con un lema: «Las que invaden son las multinacionales». Cuánta alegría al escuchar a miles de jóvenes cantando en la Puerta del Sol: «Los invasores, son los inversores».

Todas esas experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión por la vivienda

4. Las tendencias hacia la polarización que atraviesan la nueva fase política van in crescendo. Todas las encuestas pronostican que el bloque de PP y Vox puede obtener mayoría para gobernar. En este contexto se sitúan los intentos del prestidigitador Sánchez. Con el adelanto electoral del 29-N intenta reflotar la fracturada coalición de gobierno, canalizando el descontento social hacia las urnas. El progresismo busca transformar el movimiento (que surgió contra su Gobierno) en una votación contra la derecha. La lógica del «mal menor» busca imponerse, no solo con el voto directo al PSOE, sino también mediante el Frente Amplio, Podemos y ERC. Estos actúan, si se nos permite una metáfora geográfica, como los afluentes de un río, que, aunque recogen aguas de otras fuentes, terminan alimentando el cauce principal (el proyecto de una nueva legislatura progresista). No son la representación de lo nuevo que surge en las plazas españolas o en las calles de París y Lieja. En la polarización asimétrica, los sectores que giran hacia la derecha encuentran su representación política en las alas trumpistas del PP o VOX. Sin embargo, la juventud que se rebela contra el estado de cosas existente no se encuentra representada por la moderada izquierda institucional “gobernista”. Son parte de lo viejo, una izquierda institucional que moderó su programa para gobernar con partidos del régimen imperialista como el PSOE, una izquierda que prometió «asaltar los cielos» y terminó ocupando ministerios en un gobierno de la OTAN.

Nos proponemos activar la autoorganización para construir desde abajo una huelga general combativa

5. Hay una disputa política en curso hacia la huelga general. Las burocracias sindicales mayoritarias actúan como agentes del régimen, junto a los partidos de gobierno y corrientes reformistas. Intentarán echarle agua a la pólvora, para que la huelga sea un paseo de domingo. El objetivo es «preparar el ambiente» para las elecciones del 29-N: llevar todos los cursos de agua hacia el molino del Gobierno progresista. «Nosotros o la derecha», «nosotros o el fascismo». Como si no fueran ellos los que gobiernan hace ocho años, los que defienden las ganancias de los especuladores y la banca, reprimen en la frontera y destinan millones a presupuestos militares. Ahora bien, la disputa está abierta: lo más novedoso es que hay iniciativas desde abajo para que la huelga general sea contundente. Mientras ellos quieren «activar el voto», muchos otros nos proponemos activar la autoorganización para construir desde abajo una huelga general combativa, que sea el inicio de un plan de lucha, gobierne quien gobierne.

Organizar comités unitarios en todos los lugares de trabajo, estudio y barrios es el gran desafío de los próximos días

6. La propuesta de organizar «comités unitarios» en todos los lugares de trabajo, estudio y barrios es el gran desafío de los próximos días. Estas nuevas formas de autoorganización desde abajo pueden concentrar la deliberación y decisión colectiva acerca de cómo garantizar una huelga que lo paralice todo –lugares de trabajo y de estudio– mediante asambleas, piquetes de huelga, cortes de carretera, etc. Si lo conseguimos, nos podremos proponer después que esas nuevas formas de organización perduren. Porque el escenario próximo es un nuevo gobierno progresista que no concederá nada sustantivo, mientras sigue aumentando los gastos militares; o un gobierno de la derecha que pegará aún más duro. Para ambos casos tenemos que prepararnos. La clave es construir un nuevo entramado de comités y asambleas, una nueva institucionalidad de clase y desde abajo que nos permita articular las fuerzas de una nueva clase trabajadora, feminizada y racializada, que es también joven y precaria, junto a movimientos feministas, por la vivienda, antirracistas o de los pensionistas.

El desafío es superar las fragmentaciones y dotar al movimiento de formas de organización democrática. Las convocatorias autorreferenciales a construir comités de huelga «propios» de cada organización no aportan a la construcción de una gran jornada de huelga general. Son lo opuesto a construir nuevas formas de autoorganización obrera y popular, que puedan prepararse para combatir contra los ataques que se vienen. Por otra parte, quienes sostienen que las coordinaciones tienen que ser solo entre «notables» por arriba obstaculizan también la construcción de asambleas de base o comités de lucha donde puedan participar todos y todas: trabajadoras y estudiantes, vecinas y desempleadas, para luchar en común. Estos comités unitarios en cada lugar de trabajo y estudio, en cada barrio o zona, pueden a su vez coordinarse localmente, para dotarse de estrategias de lucha más generales. Es importante que todas las tendencias políticas que defienden la huelga puedan expresarse libremente, promoviendo la participación de la mayor cantidad de trabajadores y jóvenes.

Las convocatorias autorreferenciales a construir comités de huelga propios de cada organización no aportan a la huelga

7. Aunque haya imaginarios que resuenan, la Puerta del Sol del 26-S es muy diferente de aquella del 15-M. Paolo Gerbaudo destaca en Jacobin un imaginario «con la clase en el centro» presente en la acampada. Esta se transformó en centro de reagrupamiento para activistas del Sindicato de Inquilinas, plataformas por la vivienda, centros sociales, organizaciones juveniles y miles de jóvenes que tenían menos de cinco años cuando sucedió el 15-M. Ciertamente, el canto más coreado en los últimos días ha sido «Huelga, huelga, huelga: huelga general». En la plaza han tenido una presencia constante los colores de una nueva clase trabajadora: las camisetas amarillas de las educadoras infantiles (0-3), las camisetas verdes de las docentes que preparan la huelga educativa indefinida desde el 14 de octubre, bomberos contra los desahucios, delegaciones de trabajadores de Airbus, de Amazon, de la EMT, la gran asamblea que organizaron las trabajadoras del sector social, y delegaciones del sindicalismo combativo.

Las tendencias hacia la confluencia también dieron lugar a una «Mesa sindical» integrada por el Sindicato de Inquilinas, el sindicalismo combativo (CGT, COBAS, CNT y Solidaridad Obrera) en coordinación con organizaciones juveniles y vecinales. Desde esa coordinación se resolvió exigir a todos los sindicatos (incluyendo a las burocracias de CCOO y UGT) la convocatoria a una huelga general por la vivienda. La presión de la calle y la constitución de este polo del sindicalismo alternativo lograron imponer a las burocracias mayoritarias la convocatoria a una huelga general. Desde la mesa sindical se resolvió impulsar la constitución de comités unitarios para preparar la huelga general, en todos los lugares de trabajo, de estudio y en los barrios. También se están organizando acciones de apoyo a la huelga educativa que arranca en Madrid el 14 de octubre, como parte de un plan para construir la huelga general desde abajo. En Barcelona, han empezado a formarse asambleas unitarias para preparar la huelga. En Málaga y otras regiones, las acampadas vienen actuando como centro de reagrupamiento.

8. Otro elemento distintivo, que destaca la prensa mainstream en los últimos días, es la presencia de nuevas organizaciones políticas juveniles de la extrema izquierda en el movimiento. El día que arrancó la acampada, el interés de búsqueda de El manifiesto comunista en Google experimentó un aumento radical. Ya decíamos que eso de que «toda la juventud se hizo de derecha» era un relato. Hay una nueva generación buscando respuestas radicales y mirando hacia la izquierda. Son quienes nacieron a la vida política rebelándose contra un genocidio y acumulan malestares por el deterioro de la educación y la sanidad, mientras crecen los presupuestos militares. Una generación que se rebela contra la precariedad laboral, la falta de vivienda y el cambio climático en un mundo capitalista cada vez más convulso. Esta tendencia internacional hoy tiene su epicentro en Europa.

Una generación se rebela contra la precariedad laboral, la falta de vivienda y el cambio climático

El capitalismo aparece cada vez más como un sistema que no tiene nada para ofrecer a la juventud estudiantil y trabajadora. Sus grandes promesas se rompieron. Los jóvenes no pueden pagar un alquiler en Berlín, mientras el Gobierno CDU-SPD destina fondos descomunales al rearme. En Francia, la educación se cae a pedazos en los barrios populares. En el Estado español, aun con el progresista Sánchez al volante, no se resuelven problemas tan vitales como la vivienda o la educación. Hay regímenes desprestigiados, en crisis total, ultraderechas que se endurecen.

Pero también está emergiendo una juventud radical por izquierda, que empieza a imaginar un horizonte socialista. Me llena de orgullo el hecho de que mis compañeras y compañeros de Révolution Permanente –Le Poing Levé– en Francia, Contracorriente en el Estado español y las agrupaciones Armas de la crítica –en Alemania y en Italia– hoy sean parte de estas nuevas rebeliones juveniles en Europa. Diferentes idiomas, pero una misma lucha que pone en el centro la pelea por la autoorganización y los esfuerzos para agrupar a miles de jóvenes por una salida revolucionaria y socialista.

Las imágenes de la juventud en Francia traen un aire al 68. Y recordemos que la radicalización obrera y juvenil en aquel momento fue mucho más allá de Francia. También vibró por causas anticoloniales, como la de Vietnam, con la de Argelia todavía reciente. Daniel Bensaïd escribió sobre el Mayo francés, señalando que la juventud que construía barricadas estaba rompiendo con los valores de la sociedad burguesa. En pleno siglo XXI, ver un genocidio en directo, amplificado en redes sociales, con la complicidad de todos los gobiernos, produjo una ruptura subjetiva con consecuencias que quizás recién ahora estemos comprendiendo. Todo el discurso del derecho internacional quedó destrozado. En un mundo con guerras eternas, trumpismos, genocidios y reformismos sin reformas, las costuras del capitalismo y del imperialismo quedan a la vista. Son momentos favorables para que surjan a montones nuevos revolucionarios: ese particular tipo humano tan extraordinario que se rebela contra el estado de cosas existentes y se propone cambiarlo todo de forma colectiva.

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