Ceuta: sueño y pesadilla en la frontera

por | Ago 8, 2026 | Antirracismo y fronteras, Coyuntura, Mundo

Lo ocurrido no supone tanto una “crisis migratoria” como la crisis de todo un régimen de producción, selección y gobierno de la movilidad. Durante unas horas, el sistema dejó de filtrarla de manera gradual y administrativamente controlada. Se produjo también una crisis del modelo de “externalización” o delegación: el acontecimiento revela la vulnerabilidad política de una frontera externalizada.

La irrupción en Ceuta, el pasado día 30 de julio, de hasta 72.000 personas (la mayoría jóvenes marroquíes, aunque también había refugiados sudaneses y migrantes de otros países africanos) en poco más de 24 horas, supuso la abrupta conclusión de semanas de aumento sostenido en el número de cruces irregulares de la frontera que separa la ciudad autónoma española de Marruecos. Tres días antes del desbordamiento registrado en el espigón que parte en dos la playa del Tarajal, la prensa generalista española se hacía eco de un incremento de entradas que ya había reportado la prensa local ceutí desde hacía un tiempo, con creciente inquietud. Basta echar un vistazo a los artículos que El Faro de Ceuta publicó en su sección “Frontera e Inmigración” en las dos semanas previas al fatídico 30 de julio para apreciar hasta qué punto dicha fecha fue la culminación de un proceso, no un evento súbito y aislado. Un apelotonamiento en el mar y en el espigón que produjo la muerte de unas setenta y nueve personas del lado español de la frontera, hasta ciento cuarenta y uno según la ONG Caminando Fronteras, que incluye los muertos del lado de la frontera marroquí. (Al final de este texto se recoge una cronología que permite comprender cómo fue creciendo el ruido digital y las entradas en Ceuta.)

Se produjo una intensificación por desbordamiento de un fenómeno que había comenzado con anterioridad.

De cómo se han desarrollado los hechos de estos días cabe constatar dos cosas. En primer lugar, que no hubo una entrada masiva repentina que surgiera de la nada, sino una intensificación por desbordamiento de un fenómeno que había comenzado con anterioridad. Esto es, el argumento de una sorpresa completa -tanto para las autoridades marroquíes como para las españolas- no resulta creíble. Lo inesperado fue el salto de escala, con una dinámica de efecto de bola de nieve en la que una gran cantidad de personas decidieron apuntarse en el último minuto. Y, en segundo lugar, que Marruecos había intervenido en las semanas anteriores, de forma irregular pero constante, rescatando, interceptando, dispersando concentraciones e incluso transfiriendo personas hacia el interior del país. Es en las horas decisivas de la madrugada y de la mañana del 30 de julio, coincidiendo en Marruecos con la Fiesta del Trono, cuando las fuerzas marroquíes no comparecieron para interceptar a las decenas de miles de personas que, animadas por la determinación de las demás, se acercaron a la frontera e intentaron cruzar a nado. Testimonios de algunos marroquíes que fueron entrevistados por la prensa española e internacional dan cuenta incluso de una facilitación activa, con policías marroquíes franqueando el paso de la gente o animando a cruzar la frontera. Sin embargo, por la tarde y durante la noche la actitud de las fuerzas de seguridad marroquíes cambia y, tras recibir refuerzos, se dedicaron a realizar duras cargas, cierres de accesos y a emplear cañones de agua para dispersar a la multitud. Por su parte, España desplegó el ejército, como refuerzo de las fuerzas de seguridad, y para reafirmar la soberanía española sobre Ceuta.

Aunque tanto el gobierno español, como de forma significativamente tardía el marroquí, hayan acusado de nuevo a “las mafias” y a “los traficantes de personas” de la irrupción masiva de personas en la costa ceutí, no hay constancia de que éstas hayan recurrido a facilitadores privados. Sí que hubo una actividad frenética previa en redes sociales (TikTok, Facebook, Instagram…) con mensajes sobre la apertura de la frontera española ese día, compartiendo rutas, lugares por los que nadar, vídeos que cuelgan quienes han logrado cruzarla, indicaciones de los puntos de venta de trajes de neopreno, flotadores, bolsas estancas para transportar documentos y móviles, etc. Algunas de estas cuentas han cerrado o han sido clausuradas, pero muchas otras se mantienen, mientras que la difusión por los chats privados de Facebook o por WhatsApp es más difícil de verificar. En cuanto a la ausencia inicial de las fuerzas marroquíes, la prensa marroquí más oficialista habla de desbordamiento y otros periodistas avanzan como explicación una tolerancia parcial calculada, para evitar una represión sangrienta en la Fiesta del Trono, aunque de todas formas el ahogamiento de casi un centenar de personas no parece que haya quitado el sueño al monarca alauita.

El rey Mohamed VI presidió esa tarde una recepción oficial en M’diq, a una veintena de kilómetros de Ceuta por carretera, con las principales autoridades del país incluyendo la dirección del ejército, de la Marina Real, de las fuerzas de seguridad… y la presencia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Fue esa tarde cuando las fuerzas marroquíes cerraron carreteras y dispersaron grupos en la zona. Pero la concentración humana de la mañana del 30 de julio en la misma zona no pudo pasar desapercibida: decenas de miles de personas fueron llegando desde Tetuán, Tánger y otras localidades a pie, en vehículos, y por carreteras secundarias. Y no precisamente para saludar al rey. La agencia EFE describió durante el día una columna humana de más de cinco kilómetros.

La implicación de Marruecos

La cuestión que queda en el aire es el grado de implicación de Marruecos en este suceso y sus posibles motivaciones. Como viene siendo habitual en estas situaciones, la interpretación de lo sucedido pronto se supeditó a la rápida construcción de narrativas dentro de marcos preexistentes, antes de contar con más datos o de prestar atención a los ya conocidos. La guerra cultural es una guerra de posiciones, y éstas deben fijarse lo antes posible en las mismas redes que difunden bulos que pueden conducir a la muerte.

Es efectivamente la defección social el principal factor que ha contribuido al desborde.

La explicación más sencilla, o simplista, es la de que todo fue organizado por Marruecos, en un marco de “guerra híbrida” (sic) contra España. Se argumenta que, en un Estado autoritario y policial, no puede producirse una actividad multitudinaria de este calibre sin que los servicios secretos y policiales hayan intervenido. Al margen del lenguaje belicista, esta clásica explicación sobrevalora las capacidades de los Estados mientras infravalora las capacidades de la sociedad, sobre todo si ésta es árabe, amazigh, o negra. En Marruecos se han producido explosiones sociales que las autoridades solo han podido controlar a posteriori y de forma violenta. Las prácticas sociales de fuga (exit) pueden seguir una dinámica parecida a las movilizaciones sociales reivindicativas (voice), y expresar un similar descontento, aunque en el primer caso el Estado de origen pueda tener interés en que se produzca, pues la emigración reduce las tensiones sociales internas y facilita la entrada de divisas vía remesas. Cuando las personas migrantes evitan o ponen a prueba los dispositivos fronterizos producen subjetividad política incluso cuando no adoptan la forma de una reivindicación consciente o de una organización estable. En este caso, la fuga sucede a las protestas “GenZ 212” de septiembre-octubre de 2025, y que fueron duramente reprimidas. Sus participantes, fundamentalmente jóvenes, reclamaron mejoras urgentes en la sanidad y educación públicas, empleo y oportunidades económicas, medidas contra la corrupción y la desigualdad, más servicios sociales frente a las grandes obras del Mundial 2030. Las declaraciones de los migrantes entrevistados los días 30-31 de julio dan cuenta de similares agravios. La antropóloga holandesa-marroquí Miriyam Aouragh sostiene que es efectivamente la defección social el principal factor que ha contribuido al desborde. El especialista marroquí en migraciones Hassan Bentaleb describió una azmat al-ufuq, es decir, una «crisis de perspectivas» o «crisis de futuro». Según su interpretación, la migración se ha convertido no solo en una búsqueda de mayores ingresos, sino en un proyecto vital completo para los jóvenes que sienten bloqueadas sus posibilidades de progreso profesional y social. La autonomía migrante puede coexistir con la desesperación, la información falsa, el peligro, los traficantes, o las decisiones precipitadas.

Redes y desinformación

Queda la duda de si algunas de las cuentas que lideraron la actividad en plataformas digitales los días previos al 30 de julio fueron gestionadas o manipuladas por los propios servicios de inteligencia marroquíes. La desinformación fue impulsada por una multiplicidad de iniciativas de cuentas anónimas, que en ocasiones ha incluido la oferta de servicios de pago (compras de trajes de neopreno, flotadores, etc.). Hemos visto que este fenómeno venía de atrás y había obligado a intervenciones previas de las fuerzas marroquíes. No está claro qué habría aportado una contribución de los servicios secretos, salvo quizás señalar el momento clave de la supuesta apertura de fronteras. Sea como fuere, miles de personas interpretaron que se había abierto una oportunidad y actuaron colectivamente. Los rumores de que «la frontera estaba abierta» interactuaron con el desempleo, la pobreza, las desigualdades regionales y una expectativa muy extendida de que Europa ofrecía trabajo y un futuro diferente. Al mismo tiempo, cabe preguntarse cómo es que el activismo digital, que ya era vox populi desde hacía semanas, y había sido detectado previamente por los servicios de inteligencia y por las fuerzas de seguridad españolas -como señalan las informaciones de la prensa ceutí-, no se había traducido en una mejor preparación. Podemos encontrarnos ante carencias operativas o una falta de coordinación interna, algo que ha insinuado el propio ministro del interior Fernando Grande-Marlaska. Aunque el gobierno español había reforzado la presencia de la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza en Ceuta, lo había hecho de forma limitada, probablemente porque se esperaba un repunte dentro de las habituales magnitudes veraniegas y la habitual colaboración marroquí.

Podemos encontrarnos ante carencias operativas o una falta de coordinación interna, algo que ha insinuado el propio ministro del interior

Descartada la consideración del Estado marroquí como sujeto organizador y de los marroquíes y otros africanos como meros objetos sin capacidad de acción, quedan dos opciones a la hora de explicar por qué no pudo contenerse a la multitud. La primera es la de una cadena de errores, producto de la complacencia, de la distracción o de la rutina. Esta hipótesis se ha descartado pronto, entre otras razones porque da menos juego político y porque los gobiernos implicados tienden a alabar la excelente profesionalidad de sus respectivas fuerzas de seguridad. La segunda, la que se viene considerando como la más probable, es la de una facilitación deliberada por parte de Marruecos, con la intención de enviar un mensaje.

Cuál sería este mensaje resulta, sin embargo, objeto de una variedad de interpretaciones, cuando lo lógico sería que fuese tan claro y cristalino como en 2021. Que si era una respuesta a la visita oficial de Pedro Sánchez a Argelia el pasado día 20 de julio. Pero el motivo de este viaje se limitó al restablecimiento de relaciones entre ambos países, deterioradas tras el reconocimiento por parte de España del plan marroquí sobre el Sáhara Occidental, algo que no ha cambiado. El interés de Marruecos porque España importe gas de Argelia o discuta cuestiones migratorias con el país vecino es limitado. Que si expresaba el rechazo a la proposición de ley, aprobada por la Comisión de Justicia del Congreso el día 23 de julio, que pretende reconocer la nacionalidad española a una parte de la población saharaui. Pero dicha proposición de ley, que aún no ha sido adoptada, no altera la posición española sobre el Sáhara Occidental, y Marruecos no va a ver con malos ojos una medida que más bien facilita la emigración saharaui a España. La referencia al “pueblo saharaui”, que veremos si supera la prueba del Senado, no gusta en Marruecos, pero como se ha observado desde la propia prensa marroquí, no es tan grave como para justificar semejante desplante.

La participación de EE.UU.

En fin, que si todo forma parte de una conspiración de la extrema derecha global, para acabar con el que se presenta como el último gobierno de izquierdas de la Unión Europea. Esta explicación, la preferida por los simpatizantes de los socios del gobierno de coalición, desplaza la condición de actor principal desde el Estado marroquí hasta los Estados Unidos e Israel, a los que se unirían los gobiernos de derechas de la Unión Europea, alterando de paso las relaciones de causa-efecto. Qué duda cabe de que dichos gobiernos, al igual que Elon Musk y numerosos medios de comunicación, no tardaron en hacer sangre poniendo en la picota la política de regularización de inmigrantes y elevando la presión contra el primer ministro Pedro Sánchez. Ciertamente, la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, adoptada a finales de 2025, prevé inmiscuirse en los asuntos internos de los países europeos para promover gobiernos favorables. Marruecos es uno de los pocos Estados aliados de Israel, que aprovecha para denunciar sin pudor “el colonialismo español”. Pero plantear una conspiración de este tipo obliga a obviar numerosos hechos, como la escalada migratoria previa y las aspiraciones vitales de miles de sujetos que en última instancia son dueños de sus propias decisiones. Como destaca la citada Miriyam Aouragh, “estas explicaciones son bastante problemáticas, no solo porque carecen de fundamento y no nos ayudan a comprender las causas de este aumento de la migración, sino también porque son profundamente orientalistas y bastante racistas, ya que niegan la capacidad de decisión de la gente corriente en un continente donde la migración ha existido desde siempre”. Obliga también a preguntarse por qué tales estrategas escogieron tan mal momento, cuando buena parte de los ciudadanos españoles y europeos, dirigentes políticos incluidos, se encontraban de vacaciones o a punto de iniciarlas, en lugar de esperar a fechas más cercanas a las próximas elecciones generales, por ejemplo.

Si el destinatario del mensaje fuese la Unión Europea, en lugar del gobierno español, tampoco quedaría claro qué se pretendía transmitir. La UE lleva tiempo queriendo estrechar relaciones con Marruecos, con importantes paquetes financieros de por medio y una apertura comercial que ha tratado de rodear la cuestión saharaui. El principal obstáculo para un reconocimiento europeo pleno de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental (objetivo número uno de la diplomacia marroquí) no es la voluntad política, sino el derecho internacional y en su interpretación por el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), cuyas últimas sentencias de 2024 anularon sendas decisiones sobre el Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Pesca entre la UE y Marruecos.

La UE lleva tiempo queriendo estrechar relaciones con Marruecos, con importantes paquetes financieros de por medio

Ceuta y Melilla

Una última explicación sobre la inicial inacción marroquí sostiene que habría servido para poner sobre la mesa no el Sáhara Occidental, sino justamente Ceuta y Melilla, jugando con la memoria de la “Marcha Verde” del pasado siglo. Lo cual vendría estimulado por la normalización de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y por el intento de sacar aún más partido de la presidencia de Donald J. Trump, que en principio concluye en 2028. Hay señales del lobby marroquí ante Washington, como el publicitado informe 119-631 de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes, presentado por el congresista republicano Mario Díaz-Balart, pero de momento ni el Congreso, ni el secretario de Estado Marco Rubio, ni el presidente Donald Trump, han reconocido públicamente las pretensiones marroquíes sobre las ciudades autónomas. Nada de esto ha surgido en las escasas declaraciones de las autoridades marroquíes de los últimos días, que rechazan “presiones y chantajes” y comienzan a procesar a los sospechosos habituales. Supondría cruzar una línea roja en las relaciones entre España y Marruecos, aunque también estaría en la línea de los intentos de “solución” de contenciosos territoriales enquistados en los últimos años por parte de grandes y medianas potencias. El apoyo estadounidense-israelí, carrera armamentística incluida, podría estar llevando a Marruecos a sobrevalorar sus cartas. Pero de confirmarse esta jugada, lo cierto es que la promoción de sus pretensiones territoriales habría quedado deslucida precisamente por la propia fuga de miles de súbditos el día en que el rey Mohamed VI festejaba su llegada al trono, vanagloriándose del despegue económico y los grandes proyectos. Porque no debemos caer en la deliberada confusión ultraderechista entre migración e invasión: contrariamente a lo sucedido con la Marcha Verde, esta vez todos esos miles de personas que desean acceder a Ceuta o Melilla no buscan plantar allí una bandera marroquí, sino vivir y trabajar en España, lo que para la mayoría significa acceder a Europa. Esto nos lleva al meollo de todo este asunto: el régimen de frontera, o dicho de otro modo, de movilidad transfronteriza.

Hasta 1991 los ciudadanos marroquíes podían entrar en España sin necesidad de visado

Ceuta y Melilla podrán haber estado bajo soberanía española desde hace unos cuantos siglos, pero su régimen fronterizo ha venido cambiando en las últimas décadas. Hoy cuesta entender que hasta 1991 los ciudadanos marroquíes podían entrar en España sin necesidad de visado. Fue el acuerdo hispano-marroquí de 1964, vigente hasta 1991, el que suprimió los visados para los nacionales de ambos países. Además, los residentes próximos a Ceuta y Melilla podían desplazarse hasta la frontera y regresar el mismo día, de modo que fueron consolidándose espacios urbanos funcionalmente transfronterizos e integrados económicamente con territorios marroquíes que hasta 1956 habían formado parte del protectorado colonial español: Ceuta con Castillejos/Fnideq, M’Diq y Tetuán; Melilla con Beni Ensar, Nador y el Rif oriental. A partir de mediados de los setenta, la circulación se ve sujeta a una creciente formalización mediante puestos habilitados, pases para cruces frecuentes y permisos temporales para los trabajadores fronterizos. Las ciudades españolas necesitaban mano de obra subordinada procedente de Marruecos, pero evitaban convertir esa relación laboral en un derecho estable de residencia.

La Ley Orgánica 7/1985 de Extranjería, requisito para la entrada de España en el espacio de circulación europeo, supuso el primer cambio importante, con un fuerte impacto social en Ceuta y Melilla. Miles de personas de ascendencia magrebí, musulmanas, habían nacido o vivido durante generaciones en las ciudades sin poseer nacionalidad española ni un permiso de residencia ordinario. La aplicación de la nueva ley los colocaba formalmente en la categoría de extranjeros, pese a su arraigo local, y fue la lucha social desarrollada entre 1985 y 1987, reclamando la nacionalidad y el reconocimiento de sus derechos, la que terminó con una incipiente situación de apartheid. La administración trataba de establecer una frontera jurídica clara entre las categorías de ciudadano español, extranjero residente, visitante marroquí, y trabajador autorizado, cuando la realidad social era mezclada y fluida. La entrada de España en las Comunidades Europeas (1986) y luego en el espacio Schengen (1991-1995) marcaron la incorporación de Ceuta y Melilla como parte de la frontera exterior de la Unión Europea. En mayo de 1991, año de la firma por parte de España del convenio de Schengen, España comenzó a exigir visado a los ciudadanos marroquíes, con una excepción: la exención de visado para el “pequeño tráfico fronterizo” de los residentes de las provincias marroquíes de Tetuán y Nador. Desde 1995 Schengen se aplica en las ciudades autónomas bajo reglas especiales y con controles adicionales para desplazarse desde ellas hacia el resto del espacio Schengen. Además, las dos ciudades quedaron fuera del territorio aduanero de la UE. Su régimen fiscal y comercial favoreció durante décadas precios más bajos y una intensa circulación de bienes hacia Marruecos.

El cuello de botella generado visibiliza, a su vez, a los migrantes africanos como “irregulares”

No es hasta mediados de los años noventa del pasado siglo que comenzó la construcción y progresiva ampliación de las vallas. La llegada de migrantes subsaharianos convirtió los perímetros de Ceuta y Melilla en una parte especialmente visible de la frontera exterior europea. El cuello de botella generado visibiliza, a su vez, a los migrantes africanos como “irregulares”, produciendo una imagen que contrasta con el hecho de que la mayoría de los africanos viajan de forma legal, a pesar de las barreras legales a las que se enfrentan. Con cada “crisis”, las barreras se fueron volviendo cada vez más complejas y tecnificadas, evolucionando hacia dobles cercados metálicos, sistemas electrónicos de vigilancia y alturas crecientes. El último gran cambio del régimen de frontera se produce en 2020-2022. El cierre sanitario por la pandemia del COVID-19, el conflicto diplomático de 2021 en torno al Sáhara Occidental y la “crisis migratoria” instigada por Marruecos, junto con el final del comercio atípico del porteo desmantelaron el sistema fronterizo cotidiano anterior. A partir de 2022, desaparece la antigua exención general por residir en Tetuán o Nador, y desde entonces sus habitantes también necesitan visado o permiso de residencia, o una autorización para trabajar.

La progresiva restricción de las condiciones de acceso desde Marruecos ha producido un efecto paradójico. Como señala el sociólogo holandés especialista en migraciones Hein de Haas (autor de “Los mitos de la inmigración”, 2024), las vallas y las restricciones administrativas no solo no han reducido la inmigración (regular o irregular) desde Marruecos, sino que incentivan a las personas migrantes a buscar una residencia estable en el país de destino. Esto es, la interrupción de la circulación fomenta el asentamiento permanente, al desalentar no solo el acceso sino el retorno (al salir se corre el riesgo de no poder volver), y además lo hace en condiciones de irregularidad, que acentúa la subordinación y las posibilidades de explotación, convirtiendo la denominada integración en una forma diferenciada de inclusión (o exclusión, según se mire). Retóricas aparte, esa es la función material que cumple la frontera con Marruecos. La frontera no se limita a la valla y al espigón, sino que constituye un dispositivo o régimen complejo, compuesto por autoridades marroquíes y españolas, acuerdos de readmisión, vigilancia marítima, tribunales, sistemas de asilo, centros de menores, policías, ejército, administraciones autonómicas, relaciones sociales y controles dentro del espacio Schengen. Produce, como sostienen Sandro Mezzadra y Brett Neilson en “La frontera como método” (2017), una realidad determinada y una jerarquía de movilidades humanas. El menor no acompañado constituye aquí la figura más clara de “inclusión diferencial”. No puede ser expulsado sumariamente y se encuentra formalmente protegido, pero esa protección puede traducirse en meses de espera, saturación institucional y alojamiento precario. Al mismo tiempo, se convierte en objeto de disputa entre el Estado, Ceuta y las comunidades autónomas, y objetivo de la ultraderecha.

Las vallas y las restricciones administrativas no solo no han reducido la inmigración sino que incentivan a las personas migrantes a buscar una residencia estable

Así pues, lo ocurrido no supone tanto una “crisis migratoria” como una crisis de todo un régimen de producción, selección y gobierno de la movilidad. Durante unas horas, el sistema dejó de filtrar la movilidad de manera gradual y administrativamente controlada. El impacto del desajuste del cuello de botella fue desproporcionado en Ceuta, con una población de 84.000 habitantes, y mínimo a escala de la Unión Europea (450 millones de habitantes). El andamiaje legal del Pacto sobre Migración y Asilo (2024), que hubiera requerido una revisión individual y registro biométrico de cada persona, el registro de las solicitudes de asilo y el procesamiento en frontera de aquellos solicitantes de nacionalidades con bajo porcentaje de reconocimiento de protección internacional (básicamente, los marroquíes), no se aplicó. Lo cual incluye la activación del denominado “mecanismo de solidaridad” (en su lugar hubo el anuncio italiano de una reintroducción de los controles fronterizos internos y una carta firmada por 22 estados miembros criticando la regularización de inmigrantes llevada a cabo por España) y del reglamento de crisis, que hubiera permitido al gobierno español denunciar una instrumentalización por parte de Marruecos. Es también una crisis del modelo de “externalización” o delegación. Con independencia del grado de implicación (o no) de las autoridades marroquíes, el acontecimiento revela la vulnerabilidad política de una frontera externalizada.

Pero el régimen de frontera no desapareció: se recompuso mediante nuevas operaciones de militarización, retornos masivos calificados como “voluntarios” (70.000 retornos en pocos días), identificación de menores, acogida y extensión de los controles hacia el interior de España y de Europa, y establecimiento de nuevas barreras. Lejos de cuestionarse el vigente modelo de gobernanza migratoria, la reunión informal del Consejo de ministros de interior de la Unión Europea del 4 de agosto reiteró la necesidad de “fortalecer las fronteras de la UE”, y “establecer asociaciones estrechas con terceros países”. Las nuevas barreras flotantes de contención permiten a España solventar el problema burocrático derivado de la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio: su superación “legaliza” las futuras devoluciones en caliente. Su rodeo a nado o mediante embarcaciones, en cambio, se vuelve más peligroso, por lo que cabe esperar nuevas tragedias.

Quizá los acontecimientos del 30 y 31 de julio se recuerden como algo excepcional, como un extraño sueño de una noche de verano que se volvió pesadilla al amanecer. Pero también revelaron algo más profundo y potente. La cuestión es si estamos dispuestos a ver, a escuchar y a actuar en consecuencia.

Cronología de los hechos

El 14 de julio, el delegado del gobierno en Ceuta aseguraba, ante las inquietudes expresadas desde Ceuta por una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio, que la frontera estaba “perfectamente segura”. Dicha sentencia confirmaba la ilegalidad de las “devoluciones en caliente” de las personas migrantes que entran nadando o son rescatadas del mar. Según el tribunal, en virtud de la legislación vigente las mismas solo son legales cuando las personas implicadas superan los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas. La sentencia suponía un aumento de la carga de trabajo de policía y administraciones: las personas rescatadas en el mar debían ser desembarcadas, identificadas y sometidas a un procedimiento individualizado. La amplia difusión de esta noticia, con frecuencia distorsionada, en medios marroquíes y en redes sociales pronto llevó a muchos a pensar que se abría una posibilidad para acceder a España. Este factor desencadenante, junto con otros que pueden haber entrado en juego, como el atractivo internacional de una “marca España” asociada a la victoria del Mundial, a una política migratoria percibida como más positiva, o incluso a la retórica favorable a Palestina por parte del gobierno, interviene sobre las aspiraciones profundas de una juventud marroquí que se ve sin futuro bajo un régimen corrupto y autoritario. Esta juventud contempla España como una tierra de oportunidades que crece económicamente, con una fuerte demanda de trabajo migrante y que ya acoge a más de un millón de marroquíes.

La noche del 14 al 15 de julio, aprovechando las celebraciones por la victoria de España en las semifinales del Mundial de Fútbol, se produjo un intento de entrada a nado de más de cien personas. Marruecos empleó embarcaciones para interceptarlas durante la noche, junto con el Servicio Marítimo de la Guardia Civil. La nota de El Faro de Ceuta afirmaba que “todo está dependiendo ahora mismo de la respuesta que dé Marruecos, sus recursos y medios tanto humanos como materiales”. Hasta entonces, desde el 1 de enero de 2026 habían llegado a Ceuta 2.826 personas, un aumento aproximado del 149% con respecto al mismo período de 2025. Ceuta vivía una “presión asistencial extraordinaria, con una sobreocupación del 650%”, y una situación preocupante de los menores no acompañados. El Mundial de Fútbol siguió marcando el ritmo de las llegadas. Durante las celebraciones de la final del Mundial, en la noche del 19 al 20 de julio, se registraron alrededor de doscientos intentos de entrada a nado, principalmente por el Tarajal, aunque también por Benzú. Entonces Marruecos movilizó tres embarcaciones. El Faro apuntaba de nuevo que “la clave está en si Marruecos interviene. Esta pasada noche lo hizo”.

En la madrugada del 23 de julio, de nuevo unas doscientas personas intentaron cruzar a nado. Para entonces casi 600 inmigrantes ya estaban alojados en el CETI, sin contar con el centenar que esperaba a las puertas del centro. Los recursos de menores acogían ya 320 niños, en solo 9 días habían llegado cerca de un centenar. El Faro denunciaba que la Guardia Civil y la Policía se sentían desbordadas, mientras el Ministerio del Interior seguía estudiando las implicaciones de la resolución del Tribunal Supremo. Las entradas ya no se concentraban exclusivamente en el Tarajal, sino en otros puntos de la costa y de la valla, con intentos de salto. Hacia el 25 de julio, El Faro ya hablaba de situación de emergencia, con entradas a todas horas de inmigrantes de todos los puntos de Marruecos, pero también argelinos y de otros países africanos. Esa noche, Marruecos había interceptado a unos 170 personas que intentaban cruzar a nado.

El 27 de julio, en una reunión conjunta, Delegación del Gobierno y Ciudad de Ceuta reconocieron que más de mil personas habían entrado durante la semana anterior y que tanto los recursos de acogida (800 personas dentro del CETI) como el sistema de protección de menores (alrededor de 400 menores acogidos) estaban desbordados. Ceuta solicitaba una respuesta extraordinaria e inmediata del gobierno central.

En la noche neblinosa del martes 28 de julio se produjo un aumento considerable de entradas, con la Marina Real marroquí y la Guardia Civil recogiendo centenares de personas en el mar. La imagen de dos jóvenes caminando descalzas con el neopreno puesto, y mostrando el símbolo de la victoria, se viraliza y acumula millones de visualizaciones en pocas horas. Jóvenes migrantes que participaron en la entrada masiva a Ceuta han confirmado a la agencia Reuters que éste y otros vídeos publicados por El Faro tuvieron gran difusión en Marruecos. Estímulos para quien tuviera ganas de intentarlo. En la víspera de la entrada masiva, el 29 de julio, la Marina Real marroquí habría recogido entre 450 y 500 personas del agua, mientras Guardia Civil y Salvamento Marítimo atendieron unas doscientas, que según la citada sentencia del Tribunal Supremo ya no podían ser retornadas inmediatamente. Por su parte, la Asociación Marroquí de Derechos Humanos ese día denunciaba una tragedia prácticamente diaria y describía la operación colectiva del día 27 de julio en Fnideq (antigua Castillejos) como una especie de “gran fuga” en la que centenares de jóvenes se habían dirigido simultáneamente hacia Ceuta. Para entonces, más de 1.600 personas habían entrado en Ceuta en apenas una semana.

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