Este artículo critica la cosificación de las identidades que aparecen desvinculadas de los procesos históricos de dominación capitalista, además del paradigma interseccional, que compartimenta las dominaciones y niega su raíz material común. Ambas tendencias obstaculizan la construcción de nuevas articulaciones políticas, irreductibles a la lógica del capital y necesarias para superar el agotamiento del “movimentismo” y el discurso woke.