Nuestra propuesta no se va a detener en la batalla de ideas. El planteamiento ha sido y es el de convertir este estallido en un pulso al rentismo (en particular a la empresa propietaria, Urbagesa), al gobierno autonómico y al gobierno central. Los primeros tienen que pagar su osadía en forma de derrota. Los segundos tienen que caer. Y a los terceros hay que doblegarlos para obligarlos a que atiendan a la calle.