Barricadas, saqueos, edificios incendiados y ataques a comisarías son imágenes que ha dejado la jornada de lucha del pasado 17 de octubre. Aunque el Gobierno las usa para desacreditar el movimiento, expresan la rabia de una generación que se niega a pagar la cuenta de todas las crisis que recibe en herencia. Por primera vez, las protestas unifican a los estudiantes más allá de su origen social.