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	<title>organización archivos - Zona de estrategia</title>
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	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
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	<title>organización archivos - Zona de estrategia</title>
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		<title>Voces del trabajo sexual organizado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marisa Pérez Colina]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jul 2024 14:56:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos/Disidencias]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos]]></category>
		<category><![CDATA[organización]]></category>
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		<category><![CDATA[trabajo sexual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista a tres voces con Sabrina Sánchez, directora ejecutiva de la European Sexual Rights Alliance, Gabriel Falcón, del Colectivo de Prostitutas de Sevilla y a Irene, secretaria de organización del Sindicato OTRAS</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/voces-del-trabajo-sexual-organizado/">Voces del trabajo sexual organizado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los días 7 y 8 de junio de 2024 se celebraron en el <a href="https://www.youtube.com/playlist?list=PL2oqB3Djj_9VSamHW-iw4pTfxIPtNM52I">Ateneo La Maliciosa (Madrid) </a>las <a href="https://www.elsaltodiario.com/metropolice/revolucion-sera-putas-no-sera">Jornadas Internacionales sobre Trabajo Sexual e Intersindical Feminista</a>. Entrevistamos a tres de sus participantes, activistas de diferentes organizaciones de trabajadoras sexuales. Sánchez Sánchez es directora ejecutiva de la European Sexual Rights Alliance (<em><a href="https://www.eswalliance.org/">ESWA)</a></em>, Gabriel Falcón, del Colectivo de Prostitutas de Sevilla (<em><a href="https://www.elsaltodiario.com/movimientos-sociales/las-putas-somos-un-sujeto-politico-y-hacemos-incidencia-hay-politicas-publicas-que-nos-atraviesan-y-que-nosotras-tenemos-que-cambiar">CPS</a></em>) que lleva desde 2017 dedicado a la incidencia política y social y a Irene, secretaria de organización del Sindicato <a href="home/marisa/Documentos/DOCUS2021_/LaREVISTA/Entrevistas/secretaria%20de%20organizaci%C3%B3n%20del%20Sindicato%20OTRAS%20creado%20en%202018%20como%20una%20herramienta%20para%20proponer%20cambios%20legislativos%20en%20relaci%C3%B3n%20al%20trabajo%20sexual.">OTRAS</a>, creado en 2018 como una herramienta para proponer cambios legislativos en relación al trabajo sexual.</p>
<p><strong>¿En qué medida creéis que la última ola de movilización feminista ha servido para dar impulso a una mayor autoorganización del trabajo sexual y para que la lucha de las trabajadoras sexuales sea entendida como una lucha feminista?</strong></p>
<p><strong><em>Sánchez.</em></strong> La inclusión de las trabajadoras sexuales siempre ha sido un campo de batalla. Hay quienes nos consideran aliadas del patriarcado porque cobrando por sexo damos a los hombres un acceso que muchas les han prohibido. Pero se equivocan. Las trabajadoras sexuales somos feministas precisamente porque estamos cobrando por algo que ellos dan por hecho que todas las mujeres de una manera u otra les debemos.</p>
<blockquote><p>Quienes formamos este gremio, también luchamos por nuestras identidades, porque muchas trabajadoras sexuales son negras, trans, etc..</p></blockquote>
<p>Nosotras hemos ido reclamando nuestro sitio y ganando terreno en el movimiento de los feminismos. Trabajadora sexual no es una identidad, sino un curro que haces. Un curro como ser cajera del Mercadona: no vas a ser cajera del Mercadona toda la vida. Pero en este trabajo también se cruzan diferentes identidades y así es cómo se entremezcla todo. Para mí la identidad es algo que forma parte intrínseca de ti. No puedes dejar de ser de piel oscura —o solamente si eres Michael Jackson—; no puedes dejar de ser gay por más que te torturen con terapias de reconversión. Pero lo nuestro es una acción sindical o una cuestión más gremial, si lo queremos poner en términos medievales. Nosotras somos un gremio. Y quienes formamos este gremio, también luchamos por nuestras identidades, porque muchas trabajadoras sexuales son negras, trans, etc.. En este sentido, y desde el margen, estamos generando buenas alianzas que resisten al paso del tiempo.</p>
<p><strong><em>Irene</em></strong>. OTRAS se funda en 2018 y le costó mucho ser incluido dentro de los movimientos feministas. De hecho, en este primer año dos organizaciones feministas denunciaron al sindicato en la Audiencia Nacional pidiendo la nulidad de sus estatutos y la disolución de la organización. Un artículo de sus estatutos dice que OTRAS representa a las trabajadoras sexuales independientes pero también a las que trabajan para terceros. Las organizaciones denunciantes entendían que esto último era proxenetismo. Nosotras pensamos, por el contrario, que las que trabajan para terceros son precisamente quienes más necesitan un sindicato. La demanda se elevó hasta el Tribunal Supremo, que se pronunció en 2021 diciendo que las trabajadoras del sexo tenemos derecho a sindicarnos y validó los estatutos.</p>
<p>Esta sentencia dio paso a un ensañamiento tanto contra trabajadoras sexuales organizadas como contra algunas compañeras feministas. que no son trabajadoras del sexo. Está habiendo una suerte de reacción de un feminismo muy fundamentalista, principalmente institucional, esencialista de género y transfóbico. Todo ello sumado al abolicionismo del trabajo sexual. Pero siempre hay márgenes donde podemos habitar, principalmente dentro de los feminismos populares, de los movimientos LGBT, en aquellos espacios menos institucionalizados. Y este es un trabajo que hemos tenido que hacer para formar parte de algunos movimientos porque el trabajo sexual ni siquiera suele ser mencionado —o muy vagamente— en los manifiestos del 8M.</p>
<p><strong><em>Falcón</em></strong>. Aquí habría que señalar, en primer lugar, que no todas las corrientes feministas han salido fortalecidas de esta ola: lo que más se ha fortalecido ha sido el feminismo institucional que ha conseguido acaparar más cuotas de poder. Nosotras lo que hemos experimentado es una mayor violencia. La prostitución siempre ha sido un tema utilizado con muchos tintes populistas como arma electoral y como arma arrojadiza. Y durante estos últimos años parece haberse convertido en el tema fetiche del feminismo institucional, sobre todo por parte del PSOE. Aunque ahora incluso el Partido Popular se quiere subir al carro del «nosotras también somos feministas, pero de las que defendemos de verdad a las mujeres».</p>
<p>Por otro lado, el impulso de los feminismos y una mayor conciencia feminista han repercutido en la potenciación de todos los discursos. Las trabajadoras sexuales también hemos ganado visibilidad. Se han fortalecido además los vínculos con el feminismo más crítico, con el feminismo antirracista, antipunitivista y proderechos, que al final son las alianzas con las que trabajamos.</p>
<p><strong>Más allá del feminismo institucional, también hay feminismos de base que se han peleado por la ley trans y contra la ley de extranjería pero siguen obstinados en no querer abordar la cuestión desde una perspectiva laboral. La prostitución está, sin embargo, completamente atravesada por la transfobia —es la única fuente de ingresos que encuentran muchas personas trans— y por supuesto por la frontera —si no dispones de papeles, ¿cuántas otras formas de buscarte la vida se te abren?—. Entonces, ¿cuál es el cortocircuito que mantiene separadas estas cuestiones?</strong></p>
<blockquote><p>Quien aboga por la liberación trans y, a la vez, por la abolición del trabajo sexual es que no ha conectado la línea de puntos</p></blockquote>
<p><strong><em>Sánchez</em></strong>. En mi opinión, estos feminismos no han conectado la línea de puntos. Las problemáticas de la comunidad trans desde luego no se han resuelto. Y si mañana abolieras el trabajo sexual pues seguiríamos puteando pero en peores condiciones, porque lo necesitamos, es un asunto económico. Ahora tenemos una ley de autodeterminación pero no es la panacea: a la gente le sigue costando un montón obtener su documentación. Y sigue habiendo transfobia. La oposición con la que la socialdemocracia ha obstaculizado el camino hacia la autodeterminación de género también ha contribuido a alimentar la transfobia en la derecha y en la extrema derecha: todos ellos han mantenido los mismos discursos. En realidad las cuestiones económicas no se han arreglado. Estamos en una crisis de sostén de la vida: no alcanza con los trabajos, no hay acceso ni a una vivienda. En la ley no se plantearon cuotas laborales para las personas trans, por ejemplo. Y aquí hay una responsabilidad social ya que, en general, no se quieren compartir espacios de trabajo formales con personas trans. Así que a falta de haber peleado por la abolición del trabajo, en estos momentos lo que nos queda es pelear por una reducción de sus daños. Porque todo trabajo causa perjuicios físicos y emocionales.</p>
<p><strong><em>Falcón</em></strong>. Cuando se defienden los derechos de las personas trans es ilógico y contradictorio perseguir la criminalización de las trabajadoras sexuales. Nosotras siempre recalcamos que para el colectivo LGTBIQ+, el trabajo sexual ha sido una estrategia de supervivencia y esto es parte de nuestra historia. Entonces, ¿qué pasa con los discursos que intentan desligar una cosa de la otra? La contradicción en la que entran procede, a mi juicio, de no querer asociar el colectivo LGTBIQ+ con los discursos estigmatizantes que denigran el trabajo sexual. Es un ejercicio tramposo porque la realidad de las personas LGTBIQ+ y el trabajo sexual están conectados materialmente. No es un vínculo negativo, sino una realidad. Si no eres consciente de que la mayoría de las personas que realizan trabajos sexuales son, además, migrantes, personas LGTBIQ+ y mujeres, no puedes hacer un abordaje correcto del trabajo sexual. Es como si se buscara una suerte de purificación de los colectivos a los que se quiere proteger, desligándolos de una parte indisoluble de su realidad.</p>
<p><strong><em>Irene</em>.</strong> La prostitución es un tema complejo de abordar y siempre parece estar esperándose una especie de consenso feliz que nunca llega. Por el contrario, las discusiones sobre prostitución suelen relegarse a debates constreñidos a dos posturas antagónicas, que no abren la posibilidad de aportar nada nuevo. Habitualmente estos debates se organizan, además, desde los marcos ideológicos del movimiento abolicionista: esto es, las preguntas y las cuestiones que se plantean no tienen nada que ver, en general, con los intereses de las trabajadoras del sexo, sino que, por el contrario, tienden a centrarse en cuestiones muy teóricas en torno al consentimiento, al deseo o a la voluntad de las mujeres. Y rara vez tienen que ver con problemáticas que atraviesan realmente a las trabajadoras sexuales como son las leyes de extranjería, los desahucios, la transfobia o la violencia policial.</p>
<p>Y después está el estigma que nos atraviesa a nosotras pero también, de alguna manera, a las personas que se pronuncian abiertamente a favor de nuestros derechos. Por ejemplo, después de su <a href="https://www.youtube.com/live/PWE0w9gKnlw?si=vkRHcnw3vOY9RtmN">intervención en las jornadas a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales,</a> las redes sociales se llenaron de comentarios contra Silvia Federici tachándola de putera, de proxeneta, etc.</p>
<p><strong>¿Qué sigue sosteniendo ese estigma de manera tan fuerte y cómo pensáis que cabría demolerlo?</strong></p>
<p><strong><em>Irene.</em></strong> A los colectivos estigmatizados —personas con VIH, trans y LGBT en general— se nos ha dicho muchas veces que para luchar contra el estigma teníamos que ser visibles. Pero la visibilidad no deja de ser una trampa porque en un mundo donde no se te garantizan unos derechos civiles básicos ni una protección, pedirnos visibilidad es un poco como ponernos una diana en la espalda. A mi juicio lo que necesitamos son espacios para producir nuestros propios relatos y discursos y partir de nuestra propia agenda.</p>
<p>Y para desestigmatizar, la gente necesita conocer a una trabajadora sexual. A menudo compartimos espacios donde no se sabe que somos trabajadoras sexuales y cuando salimos del armario mucha gente se queda un poco impresionada porque el simple hecho de humanizarte les cambia su percepción inicial, que estaba llena de prejuicios.</p>
<blockquote><p>Ningún movimiento social transformador debería buscar un mundo de víctimas</p></blockquote>
<p>Nosotras también entendemos que la prostitución forma parte de una estructura patriarcal. El estigma puta nos atraviesa a todas y el señalamiento hacia las trabajadoras del sexo en realidad es una forma de domesticar porque señala lo que no les está permitido al resto las mujeres. Entonces, por un lado los feminismos que queremos construir no deberían estar mediados por la reputación sexual de las mujeres. Por otro lado, cuando las trabajadoras sexuales hablamos a menudo se espera que seamos las víctimas perfectas. El derecho a hablar parece depender de que encajemos en el imaginario de la prostituta fácilmente engañable e ignorante; de la puta que está sola, es migrante y ha sufrido mucha violencia sexual. Sin embargo, desde los movimientos feministas hemos reivindicado mucho que no existen víctimas perfectas, por ejemplo, en lo relativo a las violencias de género y sexuales. En mi opinión ningún movimiento social transformador debería buscar un mundo de víctimas.</p>
<blockquote><p>No podemos pretender que el estigma se borre de un día para otro cuando aún existen leyes que nos criminalizan y señalan como sujetos peligrosos o criminales</p></blockquote>
<p><strong><em>Sánchez</em></strong>. Lo que sostiene el estigma es el machismo. Como dije al principio, puta no es una identidad. Pero al final a todas nos terminan llamando putas algún día: porque traemos la falda corta, porque dijimos que no, por todas las razones que ya sabemos. El estigma significa que lo peor que una puede ser es puta. Como para un hombre, todavía hoy, lo peor que puede ser es maricón. De lo contrario estas palabras no serían insultos. El estigma frena mucho y, además, opera. Porque ¿cuántas veces no ha ocurrido que a alguien con una página de OnlyFans —páginas a las que los menores no pueden acceder pues necesitan una tarjeta de crédito para ello—, esto es, una persona que ni siquiera hace servicio en directo, una profesora, una maestra o algo así, se le termina echando del trabajo? Esto significa que el hecho de que te llamen puta no solo afecta a tu humor, sino también a tus ingresos o a tu vida en sentido fuerte, como cuando por ejemplo te quitan la custodia de tus hijos.</p>
<p><strong><em>Falcón</em></strong>. El estigma es algo que va de la mano de la narrativa. No podemos romper el estigma sin derribar, primero, la barrera legal. Esto nos ha pasado también al colectivo LGTBIQ+: para poder acabar con el estigma de ser gays, lesbianas, bisexuales o trans primero tuvieron que tumbar las leyes de peligrosidad social y su criminalización. Una vez derribada esa barrera, la sociedad recibe el mensaje de que ya no somos peligrosos. Una vez descriminalizados, ya podemos empezar a romper la narrativa hegemónica. Pero el cambio tiene que ir de la mano. No podemos pretender que el estigma se borre de un día para otro cuando aún existen leyes que nos criminalizan y señalan como sujetos peligrosos o criminales.</p>
<p>Se trata de que dejen de señalarnos. Y esta es la experiencia neozelandesa. Allí las trabajadoras sexuales refirieron que una vez dejó de haber ordenanzas municipales y leyes que criminalizaban su trabajo, la comunicación con la sociedad empezó a ser más fluida. La policía ya no las perseguía. Es entonces cuando la sociedad puede admitirte como a una igual en vez de verte como alguien a quien hay que denunciar. Obviamente el cambio en la ley va a venir de la fuerza de lo colectivo, de la fuerza de la organización.</p>
<p><strong>Desde el <a href="https://zonaestrategia.net/la-hegemonia-de-la-clase-media-en-el-ultimo-ciclo-feminista/">colectivo Cantoneras</a> hemos escrito sobre la contradicción de que la última ola de movilizaciones feministas haya generado una suerte de sentido común punitivista. Las violencias de género se han centrado en las sexuales de forma desproporcionada y la respuesta a estas ha sido un reforzamiento del sistema penal. No sé si compartís esta visión y, en tal caso, cómo pensáis que cabría superar dicha deriva.</strong></p>
<p><strong><em>Irene</em></strong>. No sé cómo podemos combatirla pero sí creo que existe una fantasía de que la justicia y el derecho penal van a ser garantes y protectores de los colectivos más vulnerabilizados por el sistema. Esto es una cosa absolutamente incomprensible en un mundo donde una de las mayores violencias que sufren las personas, especialmente las personas racializadas, es la violencia policial. De hecho España es el segundo país europeo que más denuncias tiene por racismo por parte de la policía. Esta alianza entre el derecho penal, el punitivismo y los feminismos es muy peligrosa. En este sentido, los movimientos de trabajadoras sexuales tenemos que insistir mucho, por ejemplo, en la despenalización del cliente. Porque muchas personas nos dicen esto de que apoyan a las trabajadoras sexuales pero no a los clientes, porque ellos son siempre unos violadores. Lo que nos están diciendo es, por lo tanto, que las trabajadoras sexuales estamos siendo violadas y que se ha de acabar con la prostitución para terminar con la violencia sexual. De alguna forma nos hacen responsables a las trabajadoras del sexo de la violencia sexual existente, a la vez que nos niegan unos derechos humanos básicos. La prostitución es, desde su punto de vista, la máxima expresión del patriarcado y del poder de los hombres. Finalmente todo queda como muy fuera de la realidad: se trata de ideas alejadísimas de las personas, que no tienen nada que ver con quienes somos y con lo que queremos, y que en último término acaban beneficiando a las personas más protegidas por el sistema.</p>
<blockquote><p> Lo que se está haciendo es perseguir y criminalizar la pobreza</p></blockquote>
<p><strong><em>Falcón. </em></strong>Lo que tenemos que entender es que el derecho penal es un derecho para personas con dinero. Los pobres no tenemos nada que hacer con la justicia en general. El sistema de justicia es sumamente clasista y violento con la pobreza, principalmente porque no se tienen recursos para poder enfrentar acusaciones, ni siquiera para defenderse. El punitivismo viene de una ola neoliberal a partir de la cual la resolución de conflictos o problemas que son de origen social se intentan arreglar a través del derecho penal cuando no hay ninguna prueba de que a mayor grado de intervención del derecho penal se tengan mejores resultados en el sentido de disminuir las violencias. Al contrario, lo único que se hace es promover la criminalización, la persecución y el encarcelamiento de personas que, como decía antes, son, en su inmensa mayoría, pobres. Lo que se está haciendo es perseguir y criminalizar la pobreza.</p>
<p>Nosotras no decimos que no tenga que haber un castigo o un reproche penal o jurídico a sucesos que son reprochables como puede ser una violación, un asesinato, un robo. Obviamente que sí. Pero no son unas penas largas en prisión las que van a evitar que estos hechos sucedan, sino una transformación social. Y los cambios sociales no se hacen a golpe de código penal, sino de reconocimiento de derechos, de mejora de las condiciones sociales, de cambios educativos. Solo a través de esos cambios podremos llegar a una verdadera transformación de la sociedad. Y si nosotras queremos hacer un cambio verdaderamente feminista, no podemos echar mano de una institución que ha sido históricamente cisheteropatriarcal y racista. Obviamente hay que buscar que esos sucesos disminuyan y que las personas dañadas estén atendidas en la medida que lo necesiten. Porque muchas veces también decimos ah, bueno, ¿que al agresor le cayeron 20 años de prisión? Queda solucionado el tema. Pero no nos estamos ocupando de cómo está la persona que ha sido víctima de ese delito y no nos estamos dando cuenta de las consecuencias colaterales que está teniendo esta normativa.</p>
<p><strong>¿Y cuál debería ser para vosotras el contenido de una alianza proderechos, qué vínculos debería generar, qué agenda?</strong></p>
<p><strong><em>Falcón. </em></strong>En relación al vínculo se trata de refozar el tejido asociativo, las redes y la cooperación. Debemos entender que las luchas no las vamos a hacer solas. Los colectivos de trabajadoras sexuales no podemos alcanzar el objetivo de la despenalización y del reconocimiento de derechos si no contamos con alianzas en diferentes campos, tanto en el ámbito académico como en otros. Si defendemos unas causas colectivas, el ejercicio y el camino para llegar a ellas han de ser también colectivos. Esto es lo que venimos demandando desde hace mucho tiempo. Que no seamos solo nosotras las que pongamos el cuerpo, que tengamos respaldo y apoyo desde atrás. Solas no podemos llegar a ningún lado, no tenemos la capacidad de hacerlo. El poder está ocupado por un discurso concreto, por una ideología específica que no es la que defiende los derechos del colectivo. Entonces necesitamos que esas formas de poder cambien, que las alianzas a partir de cuestiones comunes que nos afectan a todas nos permitan pensar y caminar hacia una sociedad en la que no haya fronteras, racismo, LGTBIQfobia y tantas otras vulneraciones de derechos y discriminaciones.</p>
<p><strong><em>Sánchez</em></strong>. Una alianza proderechos debería ceder espacio a las trabajadoras sexuales para que nos podamos expresar. No disponemos de canales de expresión. Ahora nos parece que sí porque ya somos protagonistas y tomamos la palabra. Cuando las compañeras de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Colectivo_Hetaira">Hetaira</a> empezaron su trabajo, las trabajadoras sexuales no estaban organizadas ni politizadas. Y ellas entendieron que las trabajadoras sexuales necesitaban recursos, derechos y soluciones. Muchas de nosotras aprendimos a través de su trabajo. Pero ahora ya podemos caminar solas. El problema es que no contamos con recursos financieros porque si eres proderechos, si no te declaras totalmente prohibicionista del trabajo sexual, el Estado no te da un duro. Cuando la otra parte, la contraparte, tiene millones. Y con millones puedes comprar muchos medios, mucho espacio en prensa, mucho de todo. Entonces, ahora que estamos suficientemente politizadas, lo que esperamos de aquella compañera que está comprometida y que tenga esta posibilidad es que nos ponga bajo el mismo techo, en la misma habitación con gente que pueda, sobre todo, financiar el movimiento.</p>
<p><strong>Y en términos de demandas ¿qué debería priorizar una alianza proderechos?</strong></p>
<p><strong><em>Sánchez</em></strong>. La descriminalización es el punto de partida. Podemos hablar de derechos laborales, de condiciones de trabajo, etc., pero si se sigue diciendo que nuestro trabajo no es trabajo, no podemos arrancar. Yo siempre hago el símil con las carreras de coches de Fórmula 1: tú para llegar a la Fórmula 1 lo primero que necesitas es contratar a x personas, construir un coche, disponer de un dinero, o sea, acceder a toda una serie de recursos. Entonces las trabajadoras sexuales estamos construyendo este coche de los derechos para nuestro trabajo y necesitamos financiación, alianzas, gente con conocimientos para poder poner el coche en la parrilla de salida. Luego puedes chocar, se te puede romper el coche en la primera vuelta, pero esta es la lucha: una lucha puramente laboral, la misma lucha de todas las trabajadoras del mundo.</p>
<blockquote><p>Podemos hablar de derechos laborales, de condiciones de trabajo, etc., pero si se sigue diciendo que nuestro trabajo no es trabajo, no podemos arrancar</p></blockquote>
<p><strong><em>Falcón</em></strong>. Ahora estamos en el buen camino. A través de la producción de informes, de artículos, de conocimiento se trata de romper el discurso académico hegemónico que no habla de trabajo sexual como tal sino de trata, de víctimas o de infecciones de transmisión sexual. El objetivo es cambiar el marco de abordaje del trabajo sexual: hablar de reconocimiento de derechos, de empoderamiento, de agencia de las trabajadoras como sujeto activo y no pasivo de la investigación. Se trata de que nuestras voces sean tenidas en cuenta. Y de obtener también el compromiso de los medios de comunicación para que cuando se quiera hablar sobre el tema se hable con nosotras en vez de hacerlo a través de entidades o de representantes políticas. Que seamos nosotras quienes podamos contar cuál es nuestra realidad y cómo nos afectan las cosas. Y compromiso. Al final lo que pedimos también es mucho compromiso. El papel de los sindicatos es asimismo muy deficiente. No hablo de los sindicatos mayoritarios, no me refiero ni a CCOO ni a UGT, obviamente, sino a sindicatos de clase obrera, a sindicatos populares que tampoco tienen una posición cerrada y férrea en favor de los derechos de las trabajadoras sexuales.</p>
<p>Aparte de eso, necesitamos apoyo en las movilizaciones, en la calle. Tenemos una barrera muy fuerte con el tema del estigma. Necesitamos apoyo en las movilizaciones públicas porque esa exposición, la preocupación de que puedas salir en la tele, de que te reconozcan, es un tema muy complicado para muchas y nos hace falta salir arropadas por las alianzas. Muchas compañeras, además, por más que quieran salir a manifestarse, participar en jornadas y politizarse lo tienen muy complicado por sus situaciones precarias. Al final es un círculo vicioso en el que cuanto más precarizada estás, menos puedes organizarte. Pero si no te organizas, tampoco vas a salir de la precariedad. Compartimos todas esas barreras con el resto de la clase obrera.</p>
<p><strong><em>Irene</em></strong>. En el tema de las demandas, un poco lo que se viene reivindicando desde los feminismos populares en las últimas décadas: básicamente el reconocimiento del trabajo doméstico como un empleo sujeto a derechos; el abordaje de una ley de extranjería que permita a las personas migrar de forma segura. El derecho a migrar me parece una cuestión fundamental dentro de los feminismos. Y por supuesto un abordaje integral contra la pobreza y, en este sentido, la reivindicación de la renta básica universal.</p>
<p>También un cambio de paradigma en el ámbito de los cuidados, pensarlos desde una óptica anticapitalista hacia un objetivo de socialización de los mismos. La lucha por la tierra, por el agua y por la vida, la lucha por el medioambiente que las compañeras feministas de Latinoamérica tienen tan presente y que parece que aquí se nos olvida, aunque también estemos sufriendo sus consecuencias.</p>
<p><strong>¿En qué medida pensáis que las luchas del trabajo sexual son importantes para los feminismos en general?</strong></p>
<p><strong><em>Sánchez. </em></strong>Siempre he pensado que la ampliación de los derechos de un colectivo que ha estado históricamente marginalizado, castigado y criminalizado en muchos aspectos solo puede redundar en la ampliación de los derechos de todas las demás personas.</p>
<p><strong><em>Irene. </em></strong>Desde los movimientos de trabajadoras sexuales siempre estamos hablando de que el sujeto político puta tiene un potencial transformador en las relaciones sociales porque nos da la posibilidad de que el respeto no esté sujeto a una reputación sexual, a convertirnos en víctimas ejemplares o a salvaguardar nuestra vida en esto que entendemos como dignidad. Es importante salir de lógicas simplistas sobre la sexualidad humana en general. El abordaje de las violencias sexuales es importante pero no lo podemos hacer diferenciando entre formas de sexualidad aceptables e inaceptables.</p>
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		<title>Formas de organización del movimiento de vivienda: el sindicalismo social</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/formas-de-organizacion-del-movimiento-de-vivienda-el-sindicalismo-social/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/formas-de-organizacion-del-movimiento-de-vivienda-el-sindicalismo-social/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[PAH Vallekas]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jul 2024 16:51:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Organizarse en el impasse]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
		<category><![CDATA[organización]]></category>
		<category><![CDATA[PAH]]></category>
		<category><![CDATA[sindicalismo social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto de reflexión colectiva sobre el sindicalismo social a partir de la práctica de la PAH Vallekas: historia, principios, límites y una propuesta</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>¿Qué es el sindicalismo social?</h3>
<p>Empezamos a llamar “sindicalismo social”, a partir de 2005, a una forma de hacer política basada en la construcción de comunidades en lucha a través de conflictos concretos, acción directa y apoyo mutuo. Son entramados comunitarios que permiten luchar en sí mismos (como sustento material y afectivo) cuyo objetivo final es la abolición del capitalismo y que pueden funcionar en el presente y en la práctica como una sociedad poscapitalista (al ensayar aquí y ahora relaciones no capitalistas).</p>
<h3>Historia, origen e inspiración</h3>
<p>Aunque el nombre podía ser más o menos nuevo, esta forma de hacer política tiene muchas fuentes de inspiración:</p>
<ul>
<li>Los sindicatos anarquistas de principios del siglo XX: aprendimos que no solo estaban en los frentes laborales y salariales (como la mayoría de los de finales del XX) sino que tenían cooperativas de vivienda, economatos, ateneos, grupos naturalistas… En paralelo a la huelga, y como su sustento, había mutuas obreras y cajas de resistencia. Los sindicalistas no solo se encontraban en la fábrica sino que compartían muchos espacios de vida donde se tejía la confianza suficiente como para lanzarse a luchar, que permitían saber que otros te sostendrán. Para sostener la lucha, hay que sostener las vidas que luchan.</li>
<li>Las comunidades originarias de Abya Yala (América Latina): aprendimos de su lucha por la autonomía y el autogobierno, que era esto mismo lo que las había hecho resistir la “larga noche de los 500 años”; sostuvieron largos sitios a ciudades, cortes de carreteras o los bloqueos militares porque tenían autonomía en su re/producción. También que “asamblea, trabajo colectivo y fiesta” eran la base de una forma de gobierno comunal rotativo que consistía en “mandar obedeciendo”. Y que las formas comunitarias incluían un compromiso fuerte en forma de reciprocidad obligatoria, que expulsa a las personas de la comunidad si esta se ve vulnerada gravemente.</li>
<li>De los feminismos marxistas autónomos de los años setenta y también de los movimientos anticoloniales, aprendimos que no solo en la fábrica se explota, que hay un inmenso campo que sirve a la acumulación de capital que es la apropiación de trabajo no pagado de mujeres y colonizados/migrantes (también de las demás naturalezas no humanas). Necesitamos también sindicatos de la reproducción y estructuras autónomas de reproducción, que colectivicen es trabajo, como forma de ataque al capital, defensa de nuestras vidas y construcción de otro mundo. Sobre estas estructuras colectivas de re/producción, podemos ensayar relaciones sociales no capitalistas (que siempre serán imperfectas en el capitalismo, no hay un afuera puro); estas no se pueden construir de un día para otro al estilo de la idea de “la revolución lo arreglará todo”.</li>
<li>De otros marxismos, llamados a veces heterodoxos, aprendimos, entre muchas otras cosas:</li>
</ul>
<p style="padding-left: 40px;">● Que los poderes capitalistas necesitan y usan al Estado para evitar la lucha de clases. O sea, el Estado tiene mecanismos para garantizar la supervivencia del capitalismo como la represión (cuerpos policiales, cárceles, CIEs…) y, más importante, todo el empleo público por un lado y los subsidios y servicios sociales por otro, que consolidan una clase media dependiente del Estado y pacifican la protesta con migajas. Muchas veces, grupos que cuestionan el sistema capitalista acaban entrando en las élites políticas y esto debilita las luchas de las que eran parte.</p>
<p style="padding-left: 40px;">● Que es importante ver las prácticas anticapitalistas que ya tenemos. O sea, que en el presente existen expresiones anticapitalistas que nos sirven para seguir construyendo nuestras luchas y para imaginar un futuro anticapitalista.</p>
<p style="padding-left: 40px;">● Que la explotación y la opresión está presente en nuestras vidas y, a partir del malestar propio, podemos politizarnos en colectivo. La lucha compartida nos permite construir en conjunto formas de política anticapitalista que no están ahí de antemano. En la lucha se forma la clase (la clase no precede a la lucha sino que se reconoce a sí misma y a sus oponentes en la lucha).</p>
<h4>Orígenes en la alianza precaria-migrante</h4>
<p>A principios de los 2000, se pusieron en marcha una serie de discusiones sobre los centros sociales okupados y las propuestas de renovación que surgían de una crítica profunda: eran espacios de iguales, todos jóvenes, blancos, ideologizados, precarios pero sin responsabilidades de cuidados y la mayoría universitarios. Se entendía que era una composición social con pocas posibilidades de impugnar por sí misma el sistema. Era demasiado fácil reducirla a (y reprimirla como) “una minoría de jóvenes blancos radicales”. Queríamos “salir del gueto”. Dos campos de conflicto centraron las propuestas en torno al primer sindicalismo social de las que llamamos “Oficinas de Derechos Sociales”.</p>
<blockquote><p><strong>Somos más esclavos del salario en la medida en que carecemos de estructuras autónomas para sostener nuestras vidas</strong></p></blockquote>
<p>Por un lado, la masificación de la precariedad laboral. Iniciada en los ochenta con la desindustrialización de Europa y la financiarización de la economía, la preeminencia de una economía de servicios (privados y públicos) y las leyes de precarización asociadas habían terminado ya en los primeros 2000 la transformación del modelo laboral fordista. Esta temporalidad y la rotación en el empleo (y sector) dificultaban la organización en el lugar de trabajo y además desvinculaba a las personas de su empleo como fuente de identidad y relaciones sociales. En 2004 empezamos a hablar de precariado y hubo manifestaciones llamadas “MayDay” en varias ciudades de Europa. Esta transformación nos hizo pensar en un sindicato social que no dependiera del lugar de trabajo sino de una base local. También que los mecanismos sindicales debían fortalecerse, tanto para sostener luchas más difíciles (el “no-despido” por fin de contrato por obra y servicio, por ejemplo) como para resistir mejor sin empleo (con viviendas y otros recursos colectivizados, por ejemplo). La cuestión del salario y las propuestas de renta básica, las discusiones sobre el Estado y los derechos del bienestar, la relación entre trabajadores con derechos consolidados, precarios y parados, la visibilización y valorización del trabajo de reproducción, la puesta en marcha de estructuras económicas re/productivas autónomas… todas estas cuestiones son centrales para el sindicalismo social a la hora de imaginar nuevas luchas. Somos más esclavos del salario en la medida en que carecemos de estructuras autónomas para sostener nuestras vidas.</p>
<blockquote><p><strong> El capitalismo necesita del racismo para evitar que luchemos juntos</strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, a principios de los 2000, empezó a llegar mucha gente de otras partes del mundo y se les excluyó de los derechos civiles merced a la Ley de Extranjería. En construcción, servicios personales (turismo o trabajo doméstico) o agronegocio, fueron la base del boom económico hasta la crisis de 2008, los más explotados. Sabíamos que muchos migraban expulsados por el neo/colonialismo de sus tierras; sabemos que todo nuestro sistema económico se basa en la explotación de los recursos y personas del Sur Global y que el nivel de vida que proporciona a muchas personas del Norte es una razón importante del conservadurismo de nuestras sociedades. También que el capitalismo necesita del racismo para evitar que luchemos juntos. Montamos una caravana a Ceuta por las muertes en la frontera de 2005 y allí los internos del CETI nos dijeron que lo que querían eran contactos para cuando llegaran a la península; creamos una red de acogida y acompañamiento en el tránsito, clases de castellano y asesorías de papeles, grupos de acción frente a las redadas racistas y la comisión “cerremos los CIEs”. Recién llegados, con miedo a circular por las calles, sin saber el idioma, no había espacios comunes donde encontrarnos de manera “espontánea”; por eso creamos todos esos proyectos que llamamos “dispositivos”: lugares donde conocernos como primer paso para luchar juntos. Pensábamos además que teníamos mucho que aprender: si necesitamos nuevos modos de vida no capitalistas, las formas más comunitarias de otros lugares del planeta y las formas más comunitarias que desarrollan parte de los migrantes al llegar podían servirnos a todos para poner en práctica ese mundo no capitalista.</p>
<h4>Sindicato de vivienda como parte de un entramado comunitario</h4>
<p>En 2008 se derrumbó la economía y en mayo 2011 estalló el 15M. Se trató de una crisis general que hizo temblar la capacidad de representación de los partidos políticos, muy implicados en la corrupción del boom inmobiliario. En enero de 2012 okupamos Llerena como casa para compas migrantes y para los desahuciados que preveíamos llegarían; en 2013 nos mudamos al centro social autogestionado La Villana de Vallekas. La PAH, creada en 2009 en Barcelona, bebía de las discusiones de los 2000 sobre precariedad, fronteras y sindicalismo social; también de lo que habíamos aprendido de los dispositivos puestos en marcha, por ejemplo sobre los límites de las asesorías individuales y la dificultad de escapar de las asimetrías con/sin papeles. Teniendo claro la centralidad de la vivienda en la estructura económica del país y en la crisis (la especialización financiera- inmobiliaria-turística, tal y como la denominaron compañeros), nos incorporamos a la lucha por la vivienda, primero como comisión de vivienda de la Asamblea 15M de Puente de Vallekas y después como PAH Vallekas para participar del movimiento a nivel estatal.</p>
<blockquote><p>El centro social es además un espacio mestizo donde gente llegada de muchos sitios pelea codo con codo por bienes de primera necesidad</p></blockquote>
<p>La base territorial del sindicalismo social es el centro social autogestionado, en nuestro caso La Villana de Vallekas. La PAH no es el único dispositivo de sindicalismo social y de hecho se entiende como parte de un entramado social mayor. Como decíamos antes de los sindicatos de principios de siglo, el centro social es el lugar donde se cruzan dinámicas sindicales, de reunión, ocio y formación, y también de emprendimientos re/productivos: sindicato, ateneo y cooperativas, como base de la construcción de autonomía social. El centro social es además un espacio mestizo, además, donde gente llegada de muchos sitios pelea codo con codo por bienes de primera necesidad.</p>
<p>En La Villana está la Despensa Solidaria del barrio (“no es caridad, es justicia” y “del barrio para el barrio”), una forma autogestionaria de banco de alimentos; y dos grupos de consumo, uno de ellos el BAH de Vallekas que cultiva sus alimentos cerca de Madrid. Tenemos dispositivos de educación popular como las clases de castellano, la Escuelita PAH y la Escuela de las Periferias. Forman parte de La Villana: Orgullo Vallekano, el grupo feminista Ariskas y el Club Deportivo Puerto de Vk, también Radio Vk. Ahora mismo la taberna es gestionada por la cooperativa Veguiterráneo y en el nuevo local estará la librería Mala Letra. Para el nuevo local, estamos discutiendo cómo asentar la recién nacida Red de Apoyo Laboral que pretende hacer frente a la precariedad laboral; y qué nuevos dispositivos poner en marcha para afrontar la frontera, las violencias y propuestas sobre ecología en los barrios. Creemos que todo esto nos hace más autónomos, que la comunidad del centro social (en cuanto a relaciones sociales que dan acceso a recursos y saberes) y las estructuras productivas y reproductivas de las que nos podemos dotar, nos hacen menos dependientes y más capaces de luchar.</p>
<h3>Principios y prácticas del sindicalismo social</h3>
<p>Como decíamos al principio, el sindicalismo social se podría definir como la construcción de comunidades autoorganizadas en lucha a través del apoyo mutuo y con el foco en el conflicto. Esta lucha cotidiana y en primera persona da pie a conocerse mucho más y empezar a compartir otras preocupaciones, genera redes comunitarias.</p>
<p>Las características de esta forma de hacer política que llamamos sindicalismo social son:</p>
<p><strong>Está basada en el apoyo mutuo:</strong> Se trata de encontrar una nueva forma de solidaridad igualitaria y recíproca que nos permita construir a un mismo tiempo estrategias de autodefensa y formas de lucha contra el capitalismo. El apoyo mutuo se materializa constantemente en nuestros espacios desde acompañamientos en lo legal hasta hacernos comida unes a otres cuando estamos enfermes, ir a parar un desahucio o ayudarnos a pinchar la luz. Pero teniendo claro que el objetivo de nuestra lucha no es cubrir una serie de necesidades individuales sino transformar la realidad. Esto nos permite huir de conductas asistencialistas que sólo reforzarían la propia maquinaria del estado.</p>
<p><strong>Pone el énfasis en el proceso:</strong> lo que hacemos aquí y ahora de forma diferente es lo que permite un futuro diferente. La idea de construir estructuras autónomas al margen del estado y las relaciones capitalistas, construir en el ahora nuevas formas de relacionarnos, producir y reproducir permite no sólo imaginarnos que el futuro que queremos es posible, si no que también nos permite generar una base que permita una base material de la lucha. Desde okupaciones, cooperativas de vivienda, lugares de autoempleo, de autoformación, bibliotecas autogestionadas, etc.</p>
<p><strong>Busca a otros: distintos y de abajo:</strong> Ocurre en ocasiones que en los espacios de militancia política se tienda a generar élites (generalmente universitarias) que son las que rigen el futuro, el cotidiano y la acción del movimiento, es importante, lejos de sentirnos culpables o pensar que aportaciones desde ese lugar no sirven, ser conscientes de ello y caminar hacia formas más diversas y más horizontales que nos permitan escapar en la medida de lo posible de esta lógica jerarquizada. La heterogeneidad en nuestras asambleas fomenta el aprendizaje y permite la integración de distintos sectores que de otra forma no se encontrarían en la lucha.</p>
<p><strong>Hace acción directa con efecto inmediato para los individuos (victorias en lo concreto):</strong> la paralización de desahucios, conseguir viviendas dignas, mejorar las condiciones de trabajo, etc. permiten a los individuos tener una mayor capacidad de implicarse en la lucha y generar una conciencia colectiva de que juntes somos fuertes y podemos transformar nuestras condiciones materiales y sociales.</p>
<p><strong>Utiliza prácticas reflexivas y horizontales (con circulación de palabras y tareas):</strong> la asamblea como lugar de encuentro y de toma de decisiones. Es importante aspirar a un reparto equitativo de las tareas, entendiendo que cada persona aporta desde sus capacidades del momento.</p>
<p><strong>Crea espacios formales y abiertos de toma de decisión (evitando “la dictadura de la ausencia de estructuras”):</strong> Es importante garantizar la autonomía de las comisiones de trabajo. Para ello hay que definir bien las competencias de cada comisión, límites y roles de estas. También es importante definir bien las estructuras de coordinación o federación, definir bien objetivos, roles, etc.</p>
<p><strong>Se construye a partir de necesidades, sin exigencias ideológicas a priori:</strong> la base del sindicalismo social es la autoorganización a partir de las necesidades cotidianas y concretas que permita entender los problemas que atravesamos no desde una perspectiva individual sino sistémica y estructural. En la asesoría colectiva se socializa y colectiviza un problema personal que se sufre como fracaso y culpa individual: de la vergüenza a la rabia al entender las causas estructurales de lo que le sucede a uno. Enfrentar la injusticia con otros y obtener victorias proporciona poder individual y colectivo.</p>
<p><strong>Se enuncia en primera persona:</strong> se basa en que las personas se hacen cargo de su propio proceso, asumiendo los compromisos propios de la lucha hacia un objetivo común.</p>
<blockquote><p>Luchar por las necesidades básicas a las que no podemos acceder por las normas del mercado puede poner en marcha procesos de politización nuevos</p></blockquote>
<p>Como se señalaba anteriormente, un objetivo fundamental del sindicalismo social en su origen era “salir del ghetto”, establecer dispositivos que nos conectaran con la gente que no relaciona de forma explícita sus malestares con la estructuración económica y política capitalista de nuestras sociedades; o que lo hacen según otras lógicas (religiosas, nacionales…); o que, haciéndolo, consideran que hay posibilidades en el régimen actual a través de reformas graduales. Luchar por las necesidades básicas a las que no podemos acceder por las normas del mercado puede poner en marcha procesos de politización nuevos y colectivos de forma que se agranda la base de la comunidad en lucha. Lo que une a la comunidad es la lucha y las estructuras comunes que construye; estar cada vez más de acuerdo, compartir diagnósticos y análisis, es una consecuencia de la lucha, no lo que la desencadena. En un contexto de mezcla de procedencias sociales distintas, con socializaciones y tradiciones distintas, que era lo que se buscaba, las palabras-etiquetas pueden distanciar a personas que podrían llegar a acuerdos sobre cómo luchar y qué construir juntos a partir de las realidades materiales que comparten.</p>
<h3>Límites del sindicalismo social tal y como ha funcionado hasta día de hoy</h3>
<p>Expuestos los objetivos, prácticas y potencialidades del sindicalismo social, queremos también señalar límites que hemos detectado y que habría que incorporar a la discusión:</p>
<p>La parte de victorias concretas se han conseguido a través de procesos burocráticos y de acción directa, sin embargo:</p>
<ul>
<li>La parte burocrática del sindicalismo social no es atractiva para muchos militantes y requiere mucho trabajo caso por caso; percibimos además que se consiguen menos alquileres sociales a partir de casas okupadas. A la vez sabemos que esta lucha burocrática constituye la forma de ganar tiempo para cada persona, para acrecentar su lucha y organizarse mejor.</li>
<li>La parte de acción directa se ha visto mermada por la dificultad creciente de okupar vivienda (respecto a la pos crisis del 2008 y el enorme parque de “activos tóxicos” asociado) y, recientemente, de parar desahucios en puerta.</li>
</ul>
<p>Las asimetrías entre los miembros de las asambleas puede provocar que se consoliden roles, se jerarquicen las tareas y se establezcan formas de delegación y concentración de poder, por ejemplo, en torno a cuestiones educativas o de tiempo disponible. Las diferentes motivaciones a la hora de participar o quedarse en una asamblea (en el extremo, objetivos políticos vs objetivos de supervivencia) pueden dar lugar a instrumentalización por ambas partes.</p>
<p>La carga de trabajo y la priorización de lo urgente muchas veces impide debates de fondo, estratégicos o tácticos, donde discutir y construir horizontes comunes más allá de las acciones inmediatas. Otra razón para no priorizar estos debates es que es difícil que la gente que se acerca las primeras veces motivada por su caso de necesidad concreta, o la gente que no tiene una tradición y experiencia política, vaya a participar en los mismos, por desconocer la trayectoria del movimiento o sus actores; no se priorizan estos debates para evitar “que hablen los de siempre” y para evitar que la gente no interesada en los aspectos más generales de la lucha deje de asistir.</p>
<p>La coordinación y la posibilidades de escalar las luchas queda también en un segundo plano por las razones mencionadas; ambas se entiende que están ligadas al centro social y las demás luchas que se dan entrecruzadas en el territorio; también a las coordinaciones existentes a nivel Madrid y estatal; pero ni unas ni otras se discuten en la actualidad de forma explícita con la periodicidad necesaria (sí se discutieron de manera fuerte hasta 2019 aproximadamente pero decayeron con el ciclo general y luego con la pandemia).</p>
<p>Esta falta de debate sobre cuestiones organizativas y estratégicas transmiten una sensación de “no avanzar” y aislamiento desgastante para aquellos más ligados a tradiciones politizadas. Ante estos límites creemos importante el generar y potenciar los espacios para la formación y el debate de fondo que nos permitan analizar nuestro contexto, pensar nuevas formas de acción directa y/o de agregación en las mismas que permitan victorias concretas y discutir horizontes más a largo plazo.</p>
<p>Tras la crisis del 2008, la situación de desempleo y desahucio estaba muy extendida por la sociedad, y el rescate bancario y la crisis de la deuda pública afectó a todo el mundo (también funcionarios, por ejemplo). La PAH era un movimiento de masas con mucha legitimidad social. Ahora se dice que ha quedado reducida a “sindicalismo de último recurso”, esto es, que solo llega a la gente que está en peor situación y llega después de haber pasado por todos los recursos públicos y oenegeros, con muy poco tiempo. Se ha abierto una discusión sobre los límites del sindicalismo social a la hora de crear un sindicato de mayorías:</p>
<ul>
<li>Si el sindicalismo social se basa en conflictos compartidos, ¿qué conflictos podemos proponer llevar juntas a gente que no está en las peores situaciones?</li>
<li>Si el sindicalismo social se basa en la acción directa y al ampliarse su base habría gente con menos necesidad/ tiempo/ politización, ¿cómo hacer que no se convierta en un sindicato a dos velocidades (los activistas y los afiliados)?</li>
<li>Aun con una vocación de apertura y comunitaria, es probable que en la situación actual, de pacificación social, solo grupos concretos se autoorganicen en el sindicalismo social; en la historia, ha habido grupos minoritarios que han podido impugnar la situación general, ¿cómo ser lo más potentes como minoría?</li>
<li>La idea de apoyo mutuo presenta algunos límites para la acumulación de fuerzas (no solo “ser más gente”, sino disponer de más recursos e infraestructuras, estar más formados). La sostenibilidad del sindicalismo social no puede depender estrictamente de las dinámicas de reprocidad y apoyo mutuo, y es necesario discutir la importancia de la sostenibilidad económica. Es compatible el apoyo mutuo con un modelo de pago de cuotas? Qué otros modelos para captar ingresos se nos ocurren que no comprometieran la independencia del sindicato ni condicionaran su trabajo diario? Si se pensara en “liberar” a militantes (el colectivo y sindicato decide emplear a una persona o grupo de personas del propio sindicato, a partir de los recursos colectivos), qué tareas podrían desarrollarse y cómo se decide?</li>
</ul>
<h3>¿Y ahora?</h3>
<h4>Transformaciones del contexto</h4>
<p>Las hipótesis políticas debe revaluarse de forma constante según el contexto político y este es el caso también del sindicalismo social, puesto en marcha hace casi 20 años.</p>
<blockquote><p>Podemos prever un encarecimiento de la vida a medida que fallen las cadenas globales de suministro y el cambio climático afecte a la alimentación</p></blockquote>
<p>Hay que repensarlo a la luz del capital en crisis, dados los límites planetarios que encarecen la energía barata que ha sido la base del capitalismo en general y de la globalización en particular. Podemos prever un encarecimiento de la vida a medida que fallen las cadenas globales de suministro y el cambio climático afecte a la alimentación. No sabemos la velocidad del cambio pero podemos incluirlo en nuestros análisis, en nuestras exigencias y acciones. Podemos incluirlo en nuestras propuestas comunitarias, aprovechar esta transición que ya está en marcha para asentar estructuras autónomas de re/producción.</p>
<p>En este capital en crisis, la Unión Europea retrasa sus efectos a través del colonialismo en el exterior y el “bienestar” en el interior, un bienestar de pacificación ante la creciente precariedad laboral y vital, como sabemos. Es probable que el extractivismo se exacerbe mucho más en el Sur que en nuestro Norte aunque aquí tengamos nuestras propias zonas de sacrificio turísticas, de agronegocio, mineras y energéticas. ¿Hasta cuándo el gobierno se basará en el consenso, cuánto mantendrán la hegemonía social, cuánto están dispuestos a gastarse por la paz social? ¿Cuándo volverá la austeridad? Tampoco lo sabemos, pero es importante tener presentes los efectos sociales diferidos, las distintas velocidades del capitalismo en crisis modulado por la UE, en distintas regiones, ciudades, barrios y grupos sociales. Sirvan de ejemplo las llamadas movilizaciones grises, como los chalecos amarillos en Francia y los futuros conflictos que puedan venir de “medidas ecologistas” que afectan a ciertos grupos no privilegiados. El sindicalismo social debe preguntarse cuáles serán los campos de conflicto centrales a medio plazo y qué nuevos dispositivos de sindicalismo social queremos constituir para luchar en ellos.</p>
<blockquote><p>Aunque la PAH siempre se ha declarado apartidista, lo cierto es que ha habido numerosos y muy visibles saltos a la política institucional por parte de compañeros</p></blockquote>
<p>Las relaciones con los partidos estatales y los gobiernos por parte de la PAH y el movimiento de vivienda han incluido confrontación directa como los escraches y medidas legislativas como la ILP. La legitimidad y sobre todo la visibilidad que se tenía se ha ido perdiendo por la recomposición económica y de las élites políticas, también por las campañas mediáticas de antiokupación. Y por los discursos del “gobierno progresista” que vende el fin de los desahucios con los siempre prorrogados decretos, y arreglar la crisis de la vivienda con una ley de vivienda que sabemos inútil. Aunque la PAH siempre se ha declarado apartidista, lo cierto es que ha habido numerosos y muy visibles saltos a la política institucional por parte de compañeros. ¿Qué posición debemos tomar con el actual gobierno progresista? ¿Tiene sentido presionar en negociaciones por demandas que no tenemos la capacidad para exigir en las calles? Y pensando en la estructura social de nuestro país, ¿tiene sentido seguir hablando, como en el 15M y Occupy Wall Street, del 99% contra el 1 %? ¿Existe ese 1% de fondos buitres, bancos y grandes propietarios que exprimen el mercado inmobiliario? ¿O está la propiedad dispersa en nuestra sociedad? ¿Cuánta clase trabajadora es también propietaria? ¿Qué alianzas sociales podrían romper el bloque propietario? ¿Debemos asumir que, hasta una profundización de la crisis, la gente que no accede a lo necesario para vivir por las normas del mercado es una minoría? ¿Cómo ampliar el imaginario sobre lo que es vivir bien y nuestro derecho a hacerlo? ¿Es posible la construcción de un bloque entre desclasados de clase media y excluidos? ¿O queremos centrarnos en el fortalecimiento de esta (gran) minoría que aquí y ahora no puede vivir dignamente? Sabemos también que se expande la extrema derecha en todo el mundo. Es más importante que nunca que nuestros proyectos sean mestizos y nuestros discursos incluyan componentes anticoloniales e internacionalistas.</p>
<p>Estas son solo algunas de las preguntas que tendríamos que discutir para que el sindicalismo social apuntara mejor sobre los campos de mayor conflicto, las alianzas sociales necesarias y las acciones y demandas más señeras.</p>
<h4>Propuesta al movimiento de vivienda</h4>
<p>El objetivo de este texto ha sido compartir las hipótesis políticas, los objetivos, las potencias y límites del sindicalismo social. Creemos que tiene mucho que aportar al movimiento de vivienda y a muchos otros movimientos ya que es en buena medida un método de construcción de poder popular y comunitario, lo que entendemos como la base para cualquier lucha presente y futura y para construir un mundo no capitalista a partir de las realidades materiales y sociales de la gente, sin barreras de entrada en cuanto a identidades previas.</p>
<p>Desarrollar el sindicato de vivienda a partir de un centro social, desde una base territorial y comunitaria, donde conviven otros dispositivos de sindicalismo social permite formar parte de una lucha más amplia, en distintos frentes, y construir estructuras productivas y reproductivas autónomas que nos hacen más fuertes. Podría haber un “stop-despido” y un “stop-deportación” como hay “stop-desahucios”. Estos sindicatos de barrio &#8211; centros sociales &#8211; cooperativas pueden replicarse (ya existen y existirán más) y constituir federaciones o confederaciones a nivel metropolitano y estatal, de abajo a arriba, con debates estratégicos como estamos teniendo y a la luz del contexto cambiante que señalábamos.</p>
<p>La cuestión de acompasar distintas motivaciones, los distintos momentos en los procesos de politización que vive cada persona en los dispositivos de sindicalismo social, hace que no se utilicen etiquetas o palabras que no son comunes y que a veces no se prioricen debates organizativos y estratégicos, tal y como hemos señalado. Esta es una tensión probablemente intrínseca al sindicalismo social, pero podemos imaginar juntes formas de hacer posibles estos debates necesarios para tener un plan de acción más completo e incisivo en nuestra realidad, un sindicalismo estratégico y ofensivo.</p>
<h3>Extra: cinco tesis sobre el lobby ciudadano<strong><br />
</strong></h3>
<p>Lo que sigue en este apartado es una crítica a lo que llamamos “lobby ciudadano” como forma predominante de organización y como función de los movimientos sociales en el Estado español. Primero definimos lo que entendemos por “lobby ciudadano” y luego desarrollamos esta crítica mediante una serie de tesis (def: afirmación concreta de una idea que se expone de manera abierta y fundamentada). Para ello, nos apoyamos en ideas que ya hemos discutido en anteriores encuentros, especialmente el encuentro-debate del 26 de marzo de 2023 sobre relación con el Estado.</p>
<blockquote><p>La función de estos lobbies ciudadanos termina siendo la de asesorar, vigilar y controlar el desarrollo de las normas ya existentes</p></blockquote>
<p>Definición de lobby ciudadano: Entendemos por lobby ciudadano toda forma organizativa cuyo objetivo es el cambio legislativo o normativo en un sentido progresista o de ampliación de derechos, generalmente a partir de demandas particulares y concretas, y apoyado en comités o campañas de alto perfil técnico representativos de esas demandas. Su objetivo puede ser la introducción de nuevas leyes (lo que podemos llamar reformas) o la retirada de otras (p ej: No a la Ley Mordaza), pero siempre sobre la base de un problema, conflicto o sujeto sectorial (p, ej: “los desahuciados”, “los alquileres”, “los becarios”, “los colectivos vulnerables”). Pero con más frecuencia la función de estos lobbies ciudadanos termina siendo la de asesorar, vigilar y controlar el desarrollo de las normas ya existentes: leyes, ejecuciones presupuestarias, transposición de normativa europea o internacional, legislación internacional sobre derechos humanos.</p>
<p>El concepto de lobby viene del término inglés para “vestíbulo” o “descansillo”: el lugar donde alguien ajeno al proceso legislativo podía interceptar a un o una representante para intentar influir en una postura o votación determinada. En términos estrictos, los lobbies son organizaciones altamente profesionalizadas y respaldadas por grupos de interés ricos y poderosos, y el uso del término lobby ciudadano para referirse a las campañas de los movimientos sociales españoles es puramente aproximativo.</p>
<p><strong>Tesis 1</strong>: El lobby ciudadano es la forma típica de funcionamiento y la realidad organizativa más pública de los movimientos sociales en el Estado español, al menos desde la existencia del Gobierno de coalición (2019-actualidad). Esta forma organizativa y su concepción estratégica (ver tesis 4) no son una excepción, sino más bien una norma cuyo despliegue consume los principales recursos humanos, organizativos y simbólicos (p, ej, las portavocías) de una organización, colectivo o campaña.</p>
<p><strong>Tesis 2</strong>: El lobby ciudadano es la forma política por excelencia de los movimientos sociales en una sociedad de clases medias como la española. Su territorio es el informe, el marketing político, la comunicación, la selección de perfiles y “casos representativos” de una realidad determinada que se quiere cambiar, pero siempre representados y rentabilizados políticamente por perfiles de alta formación y capital cultural. P. ejemplo: en cuestión de vivienda, las portavocías se han ido presentando públicamente menos como “afectados” o como “activistas” y más como “expertos”.</p>
<p><strong>Tesis 3</strong>: el lobby ciudadano no mide su fuerza en términos de representatividad real o generación de conflicto, sino por presentarse como voz legitimada dentro de una determinada lucha (p.ej, “los desahucios”), aunque esa legitimidad provenga de otros momentos anteriores y esté desgastada. El lobby ciudadano existe en la medida en que el sistema representativo reconoce la cáscara (un lema, unas siglas, hasta una foto) que envolvía el conflicto real. Por ejemplo, la campaña fracasada por la retirada de la Ley Mordaza coincide con uno de los periodos de menor ejercicio del derecho a la manifestación y a la desobediencia civil, al menos por parte de los llamados “movimientos sociales”.</p>
<p><strong>Tesis 4</strong>: las mejoras paulatinas y acumulables que el lobby ciudadano defiende para justificar su actuación no son posibles en nuestro contexto político y económico (un capitalismo europeo con dificultades para seguir expandiéndose y competir en la época de la transición energética). No hay espacio para desarrollar esta tesis, nos remitimos al apartado “5. ¿Y ahora?” de esta misma ponencia y a la ponencia del Sindicato de Vivienda de Carabanchel en el debate sobre relación con el Estado (26 de marzo, CSOA La Ferroviaria). Por ejemplo: la ley de vivienda, o anteriormente el escudo social, se defienden como “avances insuficientes”, primeros pasos en la línea que queremos, según una lógica acumulativa de mejoras que nos llevarán al objetivo deseado de manera gradual y en un tiempo indeterminado. No obstante, esos cambios se han producido al mismo tiempo que la subida generalizada e ininterrumpida de los alquileres, del tipo de interés de las hipotecas variables y de todas las nuevas hipotecas, de las empresas de matones, o del corte del suministro de luz a barrios enteros en la periferia madrileña o en barrios andaluces, canarios, etc. Y ello sin salirnos de la cuestión del acceso a la vivienda, los suministros y los desahucios.</p>
<p><strong>Tesis 5</strong>: la crítica al lobby ciudadano no supone un rechazo a la lucha por reformas o avances concretos, sino a su contenido, estrategia y forma organizativa definidos en las cuatro tesis anteriores. Citamos la ponencia del Sindicato de Vivienda de Carabanchel: “las condiciones bajo las cuales los cambios en el ámbito estatal puedan ser beneficiosos para nuestra lucha tienen que ver con el potencial aumento de nuestro propio poder” <a>…</a> “toda mejora concreta debe ir encaminada al aumento de nuestro poder de organización y refuerzo de nuestras instituciones”. Otras ponencias en debates anteriores, especialmente las de Villalba o Tetuán en el debate sobre modelo de acceso a la vivienda, apuntaban en la misma dirección.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/formas-de-organizacion-del-movimiento-de-vivienda-el-sindicalismo-social/">Formas de organización del movimiento de vivienda: el sindicalismo social</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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		<title>Hacernos fuertes frente a la crisis: por un sindicalismo de base, integral y confederado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto Martínez Casado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Apr 2024 14:21:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Organizarse en el impasse]]></category>
		<category><![CDATA[derechoa a la vivienda]]></category>
		<category><![CDATA[luchas sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Análisis que se enmarca en un proceso colectivo de reflexión que se está produciendo en el Sindicato de Inquilinas de Madrid. El artículo propone un sindicalismo social de base capaz de escalar a partir de la confederación con otras organizaciones</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/hacernos-fuertes-frente-a-la-crisis-por-un-sindicalismo-de-base-integral-y-confederado/">Hacernos fuertes frente a la crisis: por un sindicalismo de base, integral y confederado</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Este artículo forma parte de una serie que quiere profundizar en los debates organizativos que están teniendo lugar en los movimientos sociales del Estado español y que iremos publicando.</em></p>
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<p>Vivimos tiempos de incertidumbre. Una incertidumbre provocada por la intensificación de las múltiples manifestaciones de la crisis del capitalismo global así como de sus devastadoras consecuencias sociales y ecológicas. Pero, además, esta incertidumbre también la provoca la falta de alternativas para enfrentar la situación. Tras el cambio de ciclo político, que es hoy un consenso amplio, la sensación generalizada es que no tenemos muy claro hacia dónde dirigir nuestras apuestas estratégicas. Para rearmarnos ante la crisis que viene, necesitamos repensar y potenciar las herramientas con las que contamos, así como dibujar otras nuevas.</p>
<p>Ante el desconcierto por los legados del ciclo 15M-Podemos, que pasó de un proceso de movilización y politización brutal de la sociedad a su repliegue –mediado por la apuesta fallida del asalto institucional– podemos vislumbrar dos pulsiones que enfrentan hoy nuestros espacios. Por un lado, vemos una reacción identitaria que pretende devolver a los movimientos sociales a los márgenes de los que supuestamente nunca debían haber salido. Desde esta perspectiva, hay una necesidad de privilegiar la unidad ideológica para recomponernos y evitar que en momentos de desborde volvamos a sufrir las “desviaciones” del anterior ciclo. En la práctica, esta pulsión implica dejar de disputar las contradicciones de nuestra sociedad, dejar de hacer política a cambio de construir pureza. Pero esta no es la única opción. Por otro lado, sigue vigente una tendencia contrahegemónica que no renuncia a cambiar las bases de la sociedad mediante la construcción de un poder popular heterogéneo, diverso y, por qué no decirlo, contradictorio.</p>
<blockquote><p>Confederar estas mismas organizaciones será el primer paso para avanzar hacia un sindicalismo integral con capacidad de recomponer la lucha de clases</p></blockquote>
<p>En este artículo, trataré de recoger algunas de las ideas centrales de un proceso colectivo de reflexión, fundamentalmente de personas que participamos en el Sindicato de Inquilinas de Madrid. Nuestras prácticas militantes en este y otros movimientos nos han llevado al desarrollo de nuevas hipótesis estratégicas para afrontar el contexto actual. Frente a la sensación de que todo lo que construíamos, con toda su potencia, era efímero y se podía esfumar en un abrir y cerrar de ojos, apostamos por la creación de sindicatos y organizaciones de base, fuertes y estables. Con el tiempo, hemos encontrado límites para escalar el conflicto en todas sus expresiones y, por ello, creemos que hemos de redoblar la apuesta. Confederar estas mismas organizaciones será el primer paso para avanzar hacia un sindicalismo integral con capacidad de recomponer la lucha de clases.</p>
<h3>1. Hacia una nueva cultura militante: la apuesta por el sindicalismo de base</h3>
<p>Partimos de una premisa. El objetivo hoy es la reconstrucción de una política de parte, independiente de partidos e instituciones del Estado, que tenga la capacidad de dar un volantazo al curso de la historia. Si no queremos construir castillos en el aire sino hacer la revolución posible, no hay atajos. Durante mucho tiempo, el espacio de la autonomía madrileña ha sido receloso de cualquier tipo de organización estable con recursos pero creemos que esta es la materia prima necesaria para acercarnos a ese objetivo. Por ello, necesitamos apostar por la construcción paciente y a medio plazo, necesitamos apostar por el sindicalismo.<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup></p>
<p>Esta apuesta parte de una forma abierta, heterogénea y diversa de entender la clase como el punto de llegada de un proceso histórico que tenemos que construir, con la lucha de clases como motor de este proceso<sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup>. Es decir, son determinadas experiencias las que construyen la clase y componen su imaginario de posibilidades y expectativas. Frente a otras tradiciones<sup><a id="ffn3" class="footnote" href="#fn3">3</a></sup>, entendemos la construcción de este poder popular como un medio, porque necesitamos prepararnos colectivamente para ser capaces de garantizar la producción y la reproducción de una sociedad socialista después de la revolución<sup><a id="ffn4" class="footnote" href="#fn4">4</a></sup> pero, también, como un fin, porque no tenemos un punto de llegada preestablecido sino que prefiguramos la nueva sociedad por la que luchamos. En definitiva, seguimos defendiendo la vieja consigna que asume que “la emancipación de las trabajadoras será obra de las trabajadoras mismas”.</p>
<blockquote><p>Relegar la cuestión de la lucha de clases y sus formas concretas a un segundo plano “táctico” nos parece un error</p></blockquote>
<p>Cuando decimos que es el momento del sindicalismo, lo decimos confiando en que para reconstruir esa política de parte necesitamos generar un amplio abanico de luchas que confronten en todos sus frentes al capital y su reproducción. Por ello, no nos parece superfluo generar métodos de lucha efectivos y que obtengan victorias ya que estas luchas son el medio mediante el que nos vamos construyendo. Para ello, necesitamos unidad –organizativa– en la diversidad –ideológica– en un proceso que ponga en común las prácticas políticas de cada espacio organizativo. Relegar la cuestión de la lucha de clases y sus formas concretas a un segundo plano “táctico” nos parece un error; un error que históricamente ha significado el cierre por arriba de los ciclos revolucionarios, sin importar si su dirección era socialdemócrata o comunista.</p>
<p>El contexto actual de nuestras luchas nos anima a ser cautos pero también a ilusionarnos con este desarrollo. Frente a un retroceso generalizado en la movilización social, tanto las experiencias del feminismo sindicalista desde los sectores más precarios y feminizados como sindicatos más consolidados están viviendo un momento de crecimiento, especialmente la CGT en Catalunya, gracias a un modelo centrado en el conflicto<sup><a id="ffn5" class="footnote" href="#fn5">5</a></sup>. En menor medida, la aportación de los Sindicatos de Inquilinas a la popularización del conflicto en torno a la vivienda de alquiler también creemos que es significativa aunque esté empezando su despliegue. En otras latitudes, el auge de un nuevo sindicalismo en el corazón de Estados Unidos<sup><a id="ffn6" class="footnote" href="#fn6">6</a></sup> y otros países nos anima a potenciar la dimensión internacional del conflicto.</p>
<p>Dicho lo cual, es importante ser sinceras y complejizar la discusión: para esta tarea no vale cualquier tipo de Sindicato. Por eso, hoy es esencial que continuemos el debate acerca del modelo sindical por el que apostamos. Jane McAlevey, una figura poco conocida en España pero que está siendo fundamental en la revitalización del movimiento sindical internacional, distingue tres modelos de organización: el de servicios, el de movilización y el de organización<sup><a id="ffn7" class="footnote" href="#fn7">7</a></sup>. La diferenciación es oportuna precisamente porque apela desde un lugar al que no estamos acostumbradas en el Estado español, donde suele diferenciarse únicamente entre los dos primeros modelos<sup><a id="ffn8" class="footnote" href="#fn8">8</a></sup>. A nuestro entender, este debate es crucial para cualquier organización, movimiento o sindicato cuyo objetivo sea transformar la sociedad.</p>
<p>Para adentrarnos en la discusión, McAlevey comienza preguntándose por las diferencias organizativas entre los movimientos que lograron grandes conquistas, refiriéndose al movimiento por los derechos civiles y al movimiento obrero, y nuestras prácticas actuales. Destacaremos cuatro conceptos fundamentales para tratar de fundamentar una propuesta que recupere la herencia del sindicalismo revolucionario: grupos de autoselección vs grupos naturales, activistas vs organizadoras, minorías vs mayorías y, en definitiva, movilizar vs organizar.</p>
<blockquote><p>El modelo asambleario y construido por activistas que predomina en gran parte de nuestros espacios</p></blockquote>
<p>En la actualidad, los movimientos sociales tal y como los conocemos suelen construirse sobre la base de <em>grupos de autoselección,</em> más o menos identitarios, donde nos reunimos entre personas que ya estamos de acuerdo en lo fundamental y pasamos la mayor parte del tiempo hablando y discutiendo entre nosotras. Este es el modelo asambleario y construido por activistas que predomina en gran parte de nuestros espacios. Frente a este, los movimientos de masas del pasado estaban organizados en torno a <em>grupos</em> <em>naturales</em> en los que se convivía con compañeras de trabajo y vecinas, donde lo normal era la heterogeneidad consustancial a lo social, el no estar de acuerdo y tener que realizar una labor paciente de persuasión entre todas. Este es un modelo de activismo al que estamos, por desgracia, muy poco acostumbradas. Es más, nosotras mismas nos hemos visto identificadas en ese activista que se pone la capa militante únicamente cuando abandona sus espacios naturales de socialización. En el trabajo, en el bloque, en el barrio, somos una más pero de camino a la asamblea nos quitamos la careta y nos transformamos en la activista que llevamos dentro. El problema es que cada vez nos hemos ido alejando más y más de la realidad, hasta convertirnos en una caricatura de nosotras mismas, sin demasiada capacidad de incidencia social. Y obviamente, con esto no estamos queriendo decir que haya que abandonar esas luchas de las que partimos, que han sido, son y serán fundamentales para el futuro, sino que debemos cambiar el chip, reubicarnos y poner nuestro enfoque feminista, decolonial y ecosocial al servicio de una estrategia sindical integral capaz de crear instituciones de poder popular en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.</p>
<p>Organizarse en torno a estos grupos naturales implica, como decimos, cuestionar la centralidad de nuestro papel como activistas. Por definición, nos entendemos como una minoría que realiza (y sobre todo piensa) las tareas –a menudo campañas o acciones de concienciación–. En definitiva, nos concebimos como los sujetos del cambio frente a una sociedad mayoritariamente pasiva.<sup><a id="ffn9" class="footnote" href="#fn9">9</a></sup> En cambio, entendemos a las “organizadoras” como aquellas personas que son referentes en sus espacios naturales, debido a su influencia social y su conexión con el resto. Más que ejercer un liderazgo lo reciben, en el sentido de que el resto del grupo confía en ellas y es a través de esa confianza mutua como logran incidir pacientemente en el resto de sus compañeras para que se conviertan en sujetos activos del cambio que estamos proponiendo.</p>
<p>Por lo tanto, creemos que nuestro papel como militantes debe transformarse. Esto pasa no solo por comenzar a incidir en los espacios naturales que habitamos sino también por ser conscientes de que la revolución no la haremos las activistas. Una de las principales tareas para potenciar el conflicto es conseguir que estas “referentes naturales” se transformen en organizadoras capaces de dinamizar su propia lucha. Por trasladarlo a un ejemplo concreto, en el Sindicato de Inquilinas, bebiendo del sindicalismo revolucionario y rompiendo con algunas prácticas del sindicalismo social, estamos apostando por llevar el sindicato allí donde surge el conflicto (a los Bloques en Lucha) sin tratar de encasillarlo todo en nuestra asamblea, bajo nuestras normas<sup><a id="ffn10" class="footnote" href="#fn10">10</a></sup>. De esta forma, nos vemos obligadas a potenciar la figura de las organizadoras de bloque, trasladando a su vez la vía de politización y organización principal de la asamblea general a la asamblea de bloque. Esta estrategia nos permite avanzar también en la multiplicación y diversificación de nuestros anclajes territoriales, abandonando la noción de que existe un lugar central de politización y construyendo comunidades en lucha en diversos territorios que se mantienen interconectadas entre sí a través de la adopción de estrategias comunes.</p>
<blockquote><p>No se trata únicamente de si la gente corriente –a menudo denominada la base– participa, sino de cómo, por qué y dónde lo hace</p></blockquote>
<p>Este enfoque tiene el objetivo de construir una nueva hegemonía y una organización replicable a gran escala, ya que “no se trata únicamente de si la gente corriente –a menudo denominada la base– participa, sino de cómo, por qué y dónde lo hace”.<sup><a id="ffn11" class="footnote" href="#fn11">11</a></sup> La construcción de una mayoría, de un nuevo bloque social, no es un simple concepto analítico sino un objetivo específico que debe cumplirse y para ello necesitamos romper con ciertos fetiches en torno al asamblearismo. Para ello es fundamental introducir diversos grados de participación así como mecanismos de control democrático de las decisiones estratégicas. Como se puede intuir, ambos enfoques descansan en una concepción del poder diferente. Diferente porque supone la convicción de que las élites pueden ser eliminadas y no simplemente reemplazadas. La clave para superar la cultura de la representación en la que vivimos es mostrarnos el poder potencial que tenemos como actores centrales de nuestro propio proceso de liberación.</p>
<p>Con estos conceptos hemos intentado recoger dos modelos diferentes de organización. Por un lado, un modelo basado en la movilización, más centrado en la repercusión mediática de sus acciones que en la propia organización que genera y estructurado en torno al papel de una minoría activista. Por otro lado, un modelo que plantea avanzar hacia una nueva cultura militante que devuelva la centralidad a la construcción de organizaciones sindicales de base. Por aclararlo una vez más, cuando hablamos de sindicalismo nos referimos a esta forma de hacer y de entender la política. Contra lo que pudiera parecer, en los últimos años las experiencias más potentes de esta forma de hacer política han venido de otras luchas alejadas de lo que corrientemente entendemos por sindicalismo como, por ejemplo, las huelgas feministas internacionales del 8M o las luchas por la defensa del territorio con el ejemplo francés de los Soulèvements de la Terre.</p>
<h3>2. Hacia un sindicalismo integral. La apuesta por la confederación</h3>
<p>Estamos aún hoy en una fase embrionaria del desarrollo de este tipo de organizaciones. Si analizamos el contexto general, nuestra fuerza tiene potencia pero es todavía reducida. Por eso desde la militancia de muchas de estas organizaciones y sindicatos resuena cada vez con más fuerza la idea de confederarnos.</p>
<p>Durante este tiempo, hemos sido conscientes de las necesidades que generan las propias luchas. En muchas ocasiones sus dinámicas obligan a una especialización que aisla. Si no enfrentamos esta realidad, el resultado es normalmente la dispersión, el identitarismo, la falta de un análisis sistémico y, en definitiva, respuestas parciales que no nos permiten avanzar conjuntamente ni siquiera cuando algunas de nuestras posiciones se popularizan. Nuestra intención no es obviar los problemas con los que nos encontramos sino reconocerlos para afrontarlos. Por ello, desde el Sindicato de Inquilinas de Madrid llevamos un tiempo queriendo explorar otras posibilidades. Sabemos que nuestra lucha no es únicamente por liberar toda vivienda de las garras del mercado y, a su vez, que nuestros objetivos no son alcanzables en abstracto; tan solo una transformación radical de la sociedad podrá conseguirlo.</p>
<blockquote><p>El objetivo es que, a medio-largo plazo, generemos un sujeto político autónomo, diverso y desde abajo con capacidad de intervenir en el contexto social y político</p></blockquote>
<p>Para acercarnos a esa realidad, necesitamos construir una casa común en la que compartir ideas, estrategias y proyecto de futuro. Porque si no hacemos política, otros se encargarán de hacerla por nosotras. Por ello, la posibilidad de confederar nuestras luchas no solo nos servirá para ampliar la mirada y tener una comprensión más sistémica a nivel teórico sino, sobre todo, a nivel organizativo. En nuestro caso, por ejemplo, que cuando alguien llegue al Sindicato por un conflicto concreto de vivienda, perciba una realidad que potencie una politización que hoy en día no podemos generar solas y de manera aislada. Si bien en el corto plazo quizás solo hay que reforzar las organizaciones existentes a través del aumento de las relaciones bilaterales (dobles afiliaciones, recursos compartidos, potenciar su intervención), la idea es abonar un proceso que escale gradualmente. El objetivo es que, a medio-largo plazo, generemos un sujeto político autónomo, diverso y desde abajo con capacidad de intervenir en el contexto social y político así como de construir una nueva hegemonía, mientras se potencia un salto de escala de las alternativas existentes en forma de cooperativas de producción, consumo y vivienda. Esta cuestión será la base sobre la que construir un poder popular que no se subordine a quienes pretenden representarnos. Es la posibilidad de que la revolución mantenga su espíritu democrático y libertario.<sup><a id="ffn12" class="footnote" href="#fn12">12</a></sup></p>
<p>Estas reflexiones no son nuevas. Mazzeo diferencia entre dos concepciones para la articulación de las instancias de poder popular. En primer lugar, define una versión autoritaria-verticalista en la que la propia unificación viene desde fuera, donde la “organización política une lo múltiple homogeneizando los fragmentos a través de una línea”. En contraposición, defiende una concepción de base en la que el impulso articulador surge desde las propias organizaciones, donde la “vanguardia política queda subsumida en el movimiento real”, donde lo múltiple trabaja para encontrar su universalización. Por ello, desde esta perspectiva surge un rechazo a todas aquellas organizaciones políticas que se consideran, a priori, ese punto universal. “No se trata pues de encontrar la reedición de la línea correcta sino más bien de acordar por qué avenida transitamos” sin la necesidad de eliminar la autonomía de las organizaciones que la componen<sup><a id="ffn13" class="footnote" href="#fn13">13</a></sup>.</p>
<p>Hecha esta primera diferenciación, debemos aclarar que los intentos previos de articularnos desde esta segunda concepción, al menos en Madrid, no han funcionado. Por ello creemos necesario analizar las limitaciones de las anteriores apuestas<sup><a id="ffn14" class="footnote" href="#fn14">14</a></sup>, ligadas a la idea de coordinadoras de colectivos, para poder plantear una hipótesis que se plantee su superación.</p>
<p>En primer lugar, este tipo de procesos han sido normalmente pensados y ejecutados “desde arriba”. Sin la participación activa de la militancia ni de la base social de cada organización salvo en el momento de movilizarse. El proceso nacía negando sus mejores potencias. Así, en la práctica, cada reunión se convertía en una carga para cada organización más que un proceso que diera fuerza al conjunto. En segundo lugar, han sido concebidos normalmente como una reacción coordinada ante una coyuntura concreta, es decir, sin reflexiones estratégicas a medio-largo plazo, lo que imposibilitaba en sí mismo que perduraran en el tiempo. En tercer lugar, ha habido una gran dificultad para poner en común los recursos de cada organización ya que, por lo general, el modelo suele estar centrado en la movilización bajo una serie de demandas o reivindicaciones comunes. Por todo ello, creemos que este nuevo proceso que debemos impulsar, como propondremos a continuación, tiene que partir de nuevas premisas y construir un modelo que se parezca más a una confederación que a una coordinadora.</p>
<blockquote><p>El proceso de confluencia debe darse en la práctica entre las bases de todas las organizaciones implicadas</p></blockquote>
<p>Para empezar a pensar en cómo poner en práctica esta confederación, nos parece interesante partir de algunas premisas y herramientas concretas que pueden guiarnos. En cuanto a las premisas, en primer lugar creemos que la alianza debe darse desde abajo. Lejos de ser un cliché, con esta idea nos referimos a que no servirán declaraciones de intenciones que podamos negociar entre las “direcciones” de varias organizaciones: el proceso de confluencia debe darse en la práctica entre las bases de todas las organizaciones implicadas. En segundo lugar, la alianza, para darse desde abajo, necesariamente debe ser desde el territorio<sup><a id="ffn15" class="footnote" href="#fn15">15</a></sup>, por lo que en cada uno de ellos asumirá una forma específica, adecuándose a las necesidades del mismo. Por último, para que pueda llegar a buen puerto, la alianza debe ser progresiva, entendiéndola como un punto de llegada y no de partida, ya que, pese a todas las cuestiones compartidas, partimos de diferentes organizaciones que no han trabajado conjuntamente hasta el momento. Es probable, entonces, que los primeros pasos no sean tan potentes como podrían ser los siguientes, pero son indispensables para que la alianza que construyamos sea duradera y estable en el tiempo, basada en un modelo organizativo que respete la diversidad ideológica pero sea capaz, a su vez, de tener una dirección común.</p>
<p>Como bien sabemos, el camino se hace al andar. Pero para avanzar más rápido es importante contar con herramientas que puedan hacer comenzar este camino con unas bases sólidas. De esta forma, apostamos decididamente por mancomunar nuestras fuerzas. Si bien el espacio es lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en compartir, no es el único, otros podrían ser recursos económicos, formativos o bases de datos que nos sirvan para potenciar el conflicto que genera la propia intersección. Por ejemplo, se podría juntar un grupo de militantes ecologistas que sean inquilinas para abrir una nueva etapa en el conflicto de vivienda al generar bloques en lucha centrados en reivindicaciones ecosociales. O también podríamos apostar por que las inquilinas organizadas introduzcan en las negociaciones de sus convenios colectivos laborales cuestiones como la relación salario-renta de alquiler que nos empobrece. Estos primeros pasos deberían servir para ir construyendo lazos de confianza y dinámicas de trabajo conjunto entre las organizaciones para ir prefigurando los primeros rasgos de una estrategia compartida que señale el horizonte político hacia el que queremos dirigirnos.</p>
<blockquote><p>Necesitamos generar entramados comunitarios que trasciendan los espacios naturales en los que organizamos el conflicto</p></blockquote>
<p>De cualquier forma, el punto de partida inicial deberá ser la apertura conjunta de centros sociales anclados territorialmente. La experiencia nos ha enseñado que los centros sociales hoy, como los ateneos libertarios o las casas del pueblo de ayer, son las infraestructuras clave necesarias para politizar la vida y profundizar en muchos aspectos de nuestras luchas. Si queremos que nuestra acción política más allá de la cuestión concreta que trabajamos desde cada organización o sindicato, necesitamos generar entramados comunitarios que trasciendan los espacios naturales en los que organizamos el conflicto. Además, históricamente, la transformación “de afiliadas a militantes” se ha dado en estos espacios, que cumplían dos funciones: por un lado, construían hacia dentro el movimiento, profundizando en prácticas sociales y culturales alternativas. Por otro lado, tenían una labor difusora y de proyección hacia el resto de la sociedad, que los configuraba como un punto de entrada privilegiado a una forma alternativa de analizar y de estar en el mundo.<sup><a id="ffn16" class="footnote" href="#fn16">16</a></sup></p>
<p>Esta tarea cumple hoy una relevancia excepcional debido a que los centros sociales se han convertido en los últimos años en uno de los focos de la campaña contra la okupación de la derecha madrileña, consciente del desafío a las lógicas hegemónicas que estos espacios encarnan. Organizativamente, es muy importante que los nuevos espacios no sean entendidos como locales de las organizaciones que apostaron por abrirlos, lo que negaría toda su potencia, sino como lugares abiertos al barrio o la ciudad para fomentar una cultura alternativa.</p>
<h3>3. El horizonte transformador pasa por el sindicalismo</h3>
<p>En este texto hemos intentado definir en que consiste nuestra apuesta por el sindicalismo. Una apuesta que no es tan solo una respuesta al contexto sino que contiene elementos estratégicos de nuestra perspectiva política. La viabilidad de esta hipótesis –podemos reconstruir una política de parte apostando por el sindicalismo– depende intrínsecamente de las otras dos ideas lanzadas a lo largo del este artículo. Así, creemos que no habrá grandes organizaciones sindicales de base sin una confederación de las mismas y que tampoco habrá una confederación con capacidad real sin organizaciones de base.</p>
<blockquote><p>El sindicalismo de base se tiene que extender desde los espacios naturales que habitamos cada día y en los que surgen las resistencias ante cada una de las opresiones que vivimos</p></blockquote>
<p>En definitiva, queremos poner las bases para la construcción de un sindicalismo que ponga la vida –y no solo el trabajo o la vivienda– en el centro. Un sindicalismo de base que se tiene que extender desde los espacios naturales que habitamos cada día y en los que surgen las resistencias ante cada una de las opresiones que vivimos. Un sindicalismo integral que se enfrenta a todas las dimensiones de la crisis y que, a su vez, es capaz de dibujar una estrategia conjunta colectivamente. Un sindicalismo revolucionario que no espera a la toma del poder para prefigurar con sus luchas la vida que buscamos. En definitiva, un sindicalismo, tal y como defendía Salvador Seguí, que “empiece siendo un arma económica de defensa pero que termine siendo una agrupación política de los postulados de la libertad”.<sup><a id="ffn17" class="footnote" href="#fn17">17</a></sup></p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">El concepto de sindicalismo que defendemos va mucho más allá del conflicto capital-trabajo para centrarse en el conflicto capital-vida. Pérez Orozco, A. (2014) Subversión feminista de la economía. Sobre el conflicto capital-vida. <em>Traficantes de Sueños</em> <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">Un breve pero incisivo texto para acercarse al debate sobre las diferentes nociones de clase puede ser: Thompson, E.P. (1991) Algunas observaciones sobre clase y conciencia de clase.<em> Historia social </em>nº10 <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
<li id="fn3">Miguel Mazzeo diferencia entre las tradiciones que conciben el poder popular como un medio –acumular poder– para un fin –la conquista del poder y la dictadura del proletariado–, de aquellas que lo conciben como medio sin fin –aludiendo a diferentes interpretaciones autonomistas desde Negri a Holloway– o las que lo conciben como un medio y un fin a la vez, que es la que defendemos en este artículo. Se puede leer esta idea desarrollada en el capítulo 2 de Introducción al poder popular (2016) <em>Fundación Editorial, El perro y la rana</em> del mismo autor. <a href="#ffn3">↩︎</a></li>
<li id="fn4">Probablemente la mayor aportación teórica por parte del sindicalismo revolucionario sea la relacionada con una visión libertaria de la necesaria “fase de transición” al comunismo libertario. Pueden consultarse Cornelissen, C. (1933) <em>Comunismo libertario y régimen de transición</em> o una versión más ibérica en Pestaña, A. (1933) <em>El Sindicalismo. Qué Quiere y Adonde Va.</em> <a href="#ffn4">↩︎</a></li>
<li id="fn5">Para un repaso de estas nuevas formas de organización desde el Sindicalismo feminista puede leerse: Tabernero, J. Montero, J. y Muñoz Moreno, E. (2022) Otros mapas de conflictos sindicales: luchas feministas en los márgenes del trabajo. <em>Viento Sur</em> nº184 o cualquiera de los cuadernos de La Laboratoria. Para acercarse a las últimas luchas de CGT puede leerse: La lucha de las trabajadoras de Inditex (2023) <em>La Brecha</em>. Y para un repaso del modelo organizativo: Cara, P. (2024) La CGT del futur. <em>Revista Catalunya</em> <a href="#ffn5">↩︎</a></li>
<li id="fn6">Caro, J. (2023) La izquierda y el Nuevo sindicalismo en Estados Unidos. <em>Nueva Sociedad </em>nº307 <a href="#ffn6">↩︎</a></li>
<li id="fn7">McAlevey, J.F. (2016) No shortcuts. Organizing for power in the new gilded age. <em>Oxford University Press.</em> Actualmente la editorial <em>Verso</em> está preparando la traducción al castellano de este libro. Manu Robles-Arangiz Fundazioa, la fundación del sindicato vasco mayoritario ELA, publicó un pequeño cuaderno a través de este y otros trabajos suyos que pueden consultarse aquí. <a href="#ffn7">↩︎</a></li>
<li id="fn8">Wilhemi, G. (2023) Huelgas, mareas y plazas. <em>Catarata</em>. En el libro se diferencia entre un modelo de gestión y otro de participación y movilización, a su vez divididos por su carácter de clase, corporativo o amarillo. <a href="#ffn8">↩︎</a></li>
<li id="fn9">En los últimos años hemos llegado a ver la exaltación de este modelo, fundamentado por el “estudio científico” <em>Por qué la resistencia civil funciona </em>Stephan, M.J. y Chenoweth, E.<em>,</em> transmitiendo la idea clave de que si somos capaces de conseguir que un 3,5% de la población se involucre en acciones de desobediencia civil no violenta lograremos transformar la sociedad.<br />
<a href="#ffn9">↩︎</a></li>
<li id="fn10">Los bloques en lucha son la base de los Sindicatos de Inquilinas. Se trata de bloques que pertenecen a un mismo propietario y cuyos inquilinos comienzan a luchar por unas reivindicaciones comunes frente a su casero. Inicialmente han estado muy ligados a conflictos de expulsión aunque en la actualidad ya se están expandiendo a todo tipo de conflictos por mejorar la calidad de vida. Si bien esta forma de propiedad –todo un bloque pertenece a la misma persona física o jurídica– no es mayoritaria en ninguna ciudad del Estado sí que tienen un potencial estratégico muy importante: los bloques en lucha son la punta de lanza del inquilinato. Un desarrollo de esta hipótesis se puede encontrar en Construir Sindicato. Hacia una nueva fase organizativa (2023) Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid <a href="#ffn10">↩︎</a></li>
<li id="fn11">McAlevey, J.F. (2016) No shortcuts… <a href="#ffn11">↩︎</a></li>
<li id="fn12">Rodriguez, E .(2022) Ateneo, cooperativa, sindicato: un programa del siglo XIX para el siglo XXI. <em>Contracultura</em> <a href="#ffn12">↩︎</a></li>
<li id="fn13">Mazzeo, M. (2016) Introducción al… <a href="#ffn13">↩︎</a></li>
<li id="fn14">Al escribir estas líneas pensamos, por ejemplo, en el Plan de Choque Social impulsado desde diferentes organizaciones durante la primera fase de la pandemia del Covid-19. <a href="#ffn14">↩︎</a></li>
<li id="fn15">Desde el primer congreso de la sección española de la primera internacional se pensaron las federaciones locales (aparte de la organización en el centro de trabajo) como futuro organismo revolucionario desde el que ejercer nuestro poder. Bookchin, M. (1980) Los anarquistas españoles. Ediciones Grijalbo <a href="#ffn15">↩︎</a></li>
<li id="fn16">Navarro Navarro, J. (2016) Los ateneos libertarios en España (1931-1939) <em>La neurosis o las barricadas Ed.</em> <a href="#ffn16">↩︎</a></li>
<li id="fn17">Sobre Reorganización Confederal. Discurso en un mitin Sindicalista de Valencia (30-4-1922). En Artículos madrileños de Salvador Seguí. <em>Cuadernos para el Diálogo</em>. <a href="#ffn17">↩︎</a></li>
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			</item>
		<item>
		<title>La anticipación política ante la crisis que vendrá: sobre las tareas políticas y la estrategia del movimiento libertario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Miguel Angel Brea]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Mar 2024 13:38:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Organizarse en el impasse]]></category>
		<category><![CDATA[estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[organización]]></category>
		<category><![CDATA[sindicalismo social]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=1978</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto de respuesta al artículo de Pablo Carmona: "El sindicato de la crisis. Anticiparnos al próximo colapso”, parte de un debate que iniciamos sobre la cuestión de la organización</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/la-anticipacion-politica-ante-la-crisis-que-vendra-sobre-las-tareas-politicas-y-la-estrategia-del-movimiento-libertario/">La anticipación política ante la crisis que vendrá: sobre las tareas políticas y la estrategia del movimiento libertario</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Este artículo no puede comenzar sino felicitando la iniciativa de las compañeras que impulsan Zona de Estrategia. Los debates sobre el problema político de la estrategia deben, a mi entender, priorizarse entre todas las tareas que tenemos por delante aquellos que no aceptamos la asunción derrotista y pretendemos empujar con todas nuestras fuerzas hacia la superación de este sistema criminal y de toda forma de dominación. Es esencial continuar rompiendo con esta era de «grado cero de la estrategia» como bien pretendía Daniel Bensaïd. En el ámbito político del Movimiento Libertario, donde yo me reconozco y donde desempeño mi tarea militante, la necesidad de crear, apoyar y defender espacios para un desarrollo profundo de los planteamientos estratégicos es una urgencia casi de vida o muerte.</p>
<blockquote><p>El dogmatismo y el sectarismo, que denota en muchos casos una filiación únicamente sentimental con los valores ácratas, condena al anarquismo a ser un catálogo de prácticas antiautoritarias</p></blockquote>
<p>A pesar de la incansable testarudez y heroica resistencia que nos caracteriza, y la sorprendente capacidad para reaparecer allí donde no se nos espera, el anarquismo no puede, ni debe, permitirse continuar su lucha sin abordar en profundidad, en este momento de reflujo y reorganización de las luchas, las cuestiones referidas al qué hacer. Solo este <em>impasse</em> reflexivo puede llevarnos a superar la tradición en el mas trágico sentido de la palabra. El dogmatismo y el sectarismo, que denota en muchos casos una filiación únicamente sentimental con los valores ácratas, y por tanto una adscripción identitaria, condena al anarquismo a no figurar nada más que como un catálogo de prácticas antiautoritarias. Imprescindible pero insuficiente y, desde luego, sin potencial revolucionario.</p>
<p>En este artículo pretendo centrar mi atención en un concepto que articula la propuesta de Pablo Carmona en “<a href="https://zonaestrategia.net/el-sindicato-de-la-crisis-anticiparnos-al-proximo-colapso/">El sindicato de la crisis. Anticiparnos al próximo colapso</a>”, publicado en el primer número de <a href="https://zonaestrategia.net/secciones/cuadernos/">Cuadernos de Estrategia</a>. Propongo aquí un contrapunto sobre la idea de “Anticipación” defendida por Carmona, esencial en cualquier propuesta política que quiera romper con el movimentismo azaroso y responsabilizarse de los resultados de nuestras luchas. De la decisión de centrar el debate en esta cuestión de la anticipación no debe entenderse un desacuerdo en el total de los postulados ni una confluencia plena con los mismos.</p>
<p>Hay puntos en la argumentación de Carmona donde nos encontramos decididamente, como son la hipótesis de que “las luchas por venir van a necesitar de anclajes sindicales fuertes que conviertan las crisis individuales en proyectos colectivos de desobediencia”, el acierto que supone tomar como eje central de los conflictos la “necesidades más inmediatas” de los afectados o la “necesidad de articulación y movilización estratégica, no sectorializada, obligada además a escapar de modelos sindicales de servicios” a través de procesos de federación y de apoyo mutuo.</p>
<blockquote><p>El sujeto político deja de ser la clase trabajadora y se postula el “sujeto hipotecado”, en lo que es una confusión entre la clase social y el sector concreto donde se materializa el conflicto</p></blockquote>
<p>Por el contrario, diferimos profundamente de la idea de clase social que parte de interpretaciones de la obra de Thompson, donde el sujeto político deja de ser la clase trabajadora y se postula el “sujeto hipotecado”, en lo que a mi entender es una confusión entre la clase social y el sector concreto donde se materializa la ruptura y el conflicto. Esto plantea muchos problemas. Tampoco coincidimos en la idea de “colapso” o de “crisis terminal” como sustitución no problemática de crisis aguda del capitalismo. Entiendo que si lo que se plantea es que la próxima crisis es la definitiva de este sistema, como sostienen algunos teóricos y rechazan muchos otros, la propuesta coherente no puede limitarse a la construcción de espacios de denuncia. La idea transmite cierto barniz de suceso abrupto e inmediato que es imposible e incluso temerario aceptar.</p>
<p>Por lo demás, este debate se centrará tan solo en tres páginas, unas pocas palabras, que soy consciente que no dan fe de la profundidad del razonamiento de Carmona. No pretendo fraccionar su obra para cuestionarla, por el contrario, animo a su lectura. Es en este espacio, <a href="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2024/01/Cuaderno1_web.pdf">entre las páginas 83 y 86</a>, donde defiende y desarrolla brevemente el concepto de anticipación que quiero rescatar.</p>
<h3><strong>Un resumen de “Anclajes e instituciones del sindicalismo social”</strong></h3>
<p>Carmona parte de la experiencia de lucha de la PAH que comenzó a materializarse en 2008 y que entiende, aquí coincidimos, como una experiencia muy enriquecedora de la que podemos extraer muchas conclusiones que guíen nuestras futuras luchas. De su análisis no se escapa la increíble potencia surgida del cruce del movimiento 15M con esta lucha por demandas parciales, reales y básicas, donde las exigencias sociales tomaban tierra en una causa concreta: el derecho a la vivienda. Comprender esta poderosa alianza en torno al sindicalismo social es clave para entender la propuesta que defiende el artículo.</p>
<p>El análisis continúa proponiendo “dos lecciones” que podemos extraer de esta experiencia: “La primera es que el sindicalismo social se ha construido a partir de una hipótesis de anticipación, esto es, a partir de líneas de ruptura instituidas antes de que la crisis económica se convirtiera en crisis social.” Para Carmona, estas líneas de ruptura son “pequeños laboratorios sindicales en distintas ciudades –como las denominadas “oficinas de derechos sociales”–. Añade que estos “espacios sirvieron de inspiración, punto de apoyo y de encuentro, antes de que el sujeto hipotecado entrara propiamente en escena. A nivel micro, estos espacios permitieron el primer cruce entre tejidos militantes y el nuevo sujeto en crisis.” La segunda lección que el autor quiere señalarnos es que el anclaje político de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca se efectuaba sobre los sujetos más afectados de la crisis y sobre sus necesidades más inmediatas.</p>
<blockquote><p>Para Carmona, el éxito de la PAH radica en la construcción previa de espacios capaces de incluir e integrar las demandas de los mas perjudicados por la crisis.</p></blockquote>
<p>De este modo, para Carmona, el éxito de la PAH radica en la construcción previa de espacios capaces de incluir e integrar las demandas de los mas perjudicados por la crisis. Para él, esta experiencia, y otras luchas anteriores, son la ejemplificación de que la herramienta política más útil para articular las luchas sociales no son las organizaciones políticas que intervienen en los movimientos sociales desde fuera y su <em>intelligentsia</em>, sino los espacios abiertos y la confluencia entre diferentes sujetos.</p>
<p>De este análisis parte su conclusión y propuesta: la tarea es la construcción de espacios capaces de anticipar los puntos de fricción social y de acoger a sus afectados para aportarles las herramientas de análisis y de lucha.</p>
<h3><strong>El concepto de anticipación en el pensamiento estratégico</strong></h3>
<p>Como adelantábamos al comienzo de esta reflexión, es un completo acierto poner en valor el concepto de anticipación como punto de referencia de cualquier propuesta práctica o plan estratégico. Con todos los matices que podamos poner a nuestra capacidad real para construir conocimiento serio sobre los procesos sociales, las propuestas estratégicas que no parten de un análisis profundo de la realidad social –y hay muchas en nuestro entorno–, no son más que posicionamientos propios de posturas identitarias. Debemos pues denunciar y combatir estos planteamientos que además suelen ir acompañados de un relativismo inoperante camuflado de crítica a los desmanes del cientificismo. Que un cuestionamiento a los métodos de producción de conocimiento no nos lleve a enterrarnos en una fosa de antiintelectualismo.</p>
<blockquote><p>Cada propuesta emancipadora surge de una teoría de la reproducción social más o menos profunda, acertada, implícita o consciente.</p></blockquote>
<p>Olin Wright en “Construyendo utopías reales” muestra claramente cómo cada propuesta emancipadora surge de una teoría de la reproducción social más o menos profunda, acertada, implícita o consciente. Si bien no puedo defender la posibilidad de apuntar certezas absolutas, niego la imposibilidad de construir hipótesis sustentadas en análisis rigurosos. No obstante, es absurdo negar que las posiciones políticas no tienen mucho de apuesta.</p>
<p>En este sentido, lo primero que puedo decir es que la anticipación no tiene sentido si no parte del análisis producido con ciertas técnicas o métodos que tengan la capacidad de iluminar los procesos sociales en los que estamos imbuidos. Una sospecha total debe lanzarse sobre aquellos que se nieguen a justificar sus posicionamientos. Es una exigencia que debemos poder demandarnos.</p>
<h3><strong>¿Quién es el sujeto que se anticipa?</strong></h3>
<p>Es en este punto donde las reflexiones que a mí me suscitan los análisis sobre las luchas sociales en las que hemos participado se distancian de las de Carmona, y de forma consecuente, de estas discrepancias surgen propuestas políticas divergentes. El primer cuestionamiento se puede enunciar en términos espaciales; <strong>el antes vs el afuera</strong>. Carmona nos anima a anticipar al conflicto y a sus protagonistas y para ello genera la imagen del “antes”. No puedo evitar aquí notar cierto equilibrismo forzado para diferenciar entre ese sujeto que se adelanta y espera y aquel que se sabe fuera, en otro lugar, e interviene sobre ellos. No podemos negar que los términos que usamos tienen connotaciones muy fuertes y tendenciosas, pero si de verdad tenemos el propósito de generar un espacio de debate, y asumimos que hablamos de sujetos políticos que no pretenden <strong>tutelar, dirigir, ni nutrirse </strong>de ningún otro, sino aportar y potenciar en conflictos parciales donde se evidencian las miserias de este sistema criminal y donde se abren espacios para la lucha ¿cuál es la diferencia entre aquellos que se posicionan antes y preparan la lucha, de aquellos que se organizan por fuera con el mismo propósito?</p>
<blockquote><p>Aquellos que construyen “laboratorios sociales” son el mismo tipo de sujetos que los que prefieren organizarse ideológicamente, y ambos suelen ser diferentes de los afectados directos de las crisis.</p></blockquote>
<p>Dicho de otro modo, me parece que, en cierta formulación de los postulados estratégicos prototípicos de la autonomía, y que surgen de una crítica con la que coincido, a las formulaciones políticas clásicas y sus prácticas dirigistas y autoritarias, hay un intento de ocultación semántico de un sujeto claramente diferenciado del afectado. El militante rara vez es el afectado. Un intento, por otro lado insostenible a todas luces, y que en el mejor de los casos responde a una declaración de intenciones (no cooptar las luchas), pero que termina produciendo una negación de los diferentes agentes que favorece la emergencia sin herramientas de oposición para contrarrestar las artimañas de burócratas y agentes que pretenden desviar las luchas. Aquellos que construyen “laboratorios sociales” son el mismo tipo de sujetos que los que prefieren organizarse ideológicamente, y ambos suelen ser diferentes de los afectados directos de las crisis.</p>
<p>En segundo lugar, e incidiendo en este abuso de las metáforas espaciales, al menos en el movimiento libertario, me propongo cuestionar que la tarea más efectiva sea la instalación o habilitación de espacios allí donde sea más probable que emerja el conflicto social. O, mejor dicho, lo que defenderé es que esta apertura de espacios en los límites sociales tensionados va siempre precedida y además debe irlo, de la consolidación de grupos u organizaciones con al menos cierta afinidad ideológica y estratégica.</p>
<p>En otras palabras, cuando decimos que debemos crear espacios que puedan acoger y potenciar las luchas futuras lo hacemos en un espacio que es el social y no el físico, adelantando y escondiendo un paso previo y sin embargo esencial. Si bien la construcción de estos espacios es imprescindible, lo es más, y de forma necesariamente previa, la conformación de grupos políticos que asuman esta necesidad actual.</p>
<blockquote><p><strong>Defendemos que la creación de una organización ideológica tiene más capacidad de reorientación que un espacio amplio.</strong></p></blockquote>
<p>Aquí la gran diferencia estratégica entre los postulados autonomistas y los especifistas –donde yo me encuentro– es que la tarea principal no es la creación de espacios amplios para sostener las luchas sociales, sino la conformación de organizaciones que construyan de forma explícita unidad ideológica, estratégica y de acción. Esto merece dos anotaciones: una explicación y una aclaración.</p>
<p>La primera es que defendemos que la creación de una organización ideológica tiene más capacidad de reorientación que un espacio amplio. La tarea de la lucha de clases hoy puede ser la habilitación de estos espacios para el sindicalismo social, pero en fases más avanzadas en cuanto al nivel de organización obrera y de combatividad pueden ser otras. Más aún si pensamos que podemos estar a las puertas de un abrupto cataclismo climático y social.</p>
<blockquote><p>Consideramos necesaria la creación de una organización específicamente anarquista para la intervención política</p></blockquote>
<p>La segunda es una aclaración necesaria, no estamos diciendo que en otras corrientes o familias del anarquismo, o incluso de ciertos movimientos sociales no se den formas de organización. Lo que decimos de forma clara es que consideramos necesaria la creación de una organización específicamente anarquista para la intervención política<strong>,</strong> propuesta que dista notablemente de otras formas de asociación y organización. ¿En qué se diferencia? En que pretende crecer y durar. Crecer para poder llegar a más sitios donde poder apoyar las luchas de nuestra clase y durar para poder generar espacios reflexivos que produzcan esa capacidad anticipatoria.</p>
<p>Por si la diferencia no quedase lo suficientemente explicita, esta propuesta es una reacción a los pequeños grupos de afinidad y a los espacios con tanta heterogeneidad ideológica (anarquismo de síntesis) que rara vez son capaces de construir una acción realmente coordinada y duradera. Entiéndase que hablo de propuestas organizativas para el movimiento libertario y no de ámbitos más plurales y extensos. Defendemos e impulsamos los procesos amplios en movimientos de tendencia y de masas, pero no creemos que esos espacios sean los propicios para la creación de un anarquismo social con pretensiones revolucionarias.</p>
<p>Uno de los problemas centrales de ocultar o negar la necesidad de agruparse con los que piensan más parecido a ti y quieren organizarse junto contigo para luchar, es que en cierto modo se les mancha con la sospecha del autoritarismo y de la burocratización. Se criminaliza la legítima y libre asociación política a la vez que se sostiene que se lucha en pro de los procesos de autoorganización. A su vez no solo no se consigue, con formas menos claras de organizarse, combatir los procesos de burocratización, sino que otra vez, se favorecen. Evidentemente la aceptación de este postulado pasa por no caer otra vez en posturas sectarias y estar abierto a debates sin prejuicios.</p>
<blockquote><p>Para nosotros la estrategia general que debe guiar la asunción de unas tácticas u otras es la revolución social anticapitalista.</p></blockquote>
<p>En el tercer aspecto en el que quiero incidir realmente es una extensión del segundo. Podría enunciar mi propuesta diciendo que lo que se plantea como una estrategia en gran parte de los postulados de la autonomía, para la corriente del anarquismo a la que pertenezco es más bien una táctica parcial que debemos adoptar o rechazar dependiendo del momento político, respuesta que debe extraerse de análisis coyunturales. Dicho de otro modo, para nosotros la estrategia general que debe guiar la asunción de unas tácticas u otras es la revolución social anticapitalista. Las tácticas concretas son la respuesta a preguntas concretas que van precedidas de: con este objetivo revolucionario ¿cómo deberíamos organizarnos? ¿Cómo debemos crecer e integrar nuevos militantes? ¿En qué conflictos sociales debemos participar y con qué objetivos y propuestas?&#8230; la respuesta hoy, en la que coincidimos, es la creación de un sindicalismo social, pero es una respuesta táctica y no estratégica.</p>
<p>Esto no supone negar que detrás de la autonomía, como corriente estratégica bien desarrollada, hay una propuesta estratégica. Más bien supone una crítica a las limitaciones de la misma, y un aviso ante la aceptación del autonomismo como un sentido común, y por tanto una práctica irreflexiva, hegemónica en el movimiento libertario de hoy.</p>
<blockquote><p>Los nacidos a partir de los 80, asumieron de forma acrítica la estrategia hegemónica de la autonomía</p></blockquote>
<p>Este planteamiento surge de una crítica que en realidad es una autocrítica surgida de la reflexión de mi propia practica como militante. En realidad, momento dramático, yo comencé mi andadura en el activismo en el mismo centro social en el que militaba Pablo. Si bien mis compañeros, de una generación mayor a la mía, habían adoptado la línea estratégica de la autonomía a partir de una reflexión profunda y meditada y también como critica a otras formas de militar a las que reaccionaban, yo las asumí desde el sentido común, y como yo, me atrevo a decir, las siguientes generaciones. Las que no vivieron de primera mano el movimiento altermundialista, los nacidos a partir de los 80, se formaron en ella y asumieron de forma acrítica la estrategia hegemónica durante aquellos años. Los centros sociales, las cooperativas, las comunidades, los grupos de afinidad… todas estas prácticas no se han elegido de forma racional y meditada, se han convertido en el sentido común de los movimientos sociales al igual que una parte importante del anarquismo asumió el sindicalismo laboral como práctica propia.</p>
<blockquote><p>¿Cómo explicamos la huida hacia delante de multitud de jóvenes hacia el fuerte y seguro abrazo de lo que parece un resurgir de formas rígidas y verticales de organización política?</p></blockquote>
<p>Desde los años 80 hasta la actualidad contamos con más de cuatro décadas que debemos analizar con rigurosidad para sacar conclusiones. Lo que yo planteo es aplicar aquí también el análisis y la anticipación. Las preguntas que me parece interesante responder son: ¿cuáles son los limites reales de integración de los espacios que “liberamos” para otros sujetos sociales? ¿Cuán de capaces son de dar respuestas reales y duraderas a sus necesidades? ¿Han conseguido estos espacios ampliarse hasta disputar espacios amplios al capitalismo y mostrarse como una amenaza real o mejor dicho, como una alternativa real? Y aquí no vale mentar a Rojava y el EZLN, no nos acoge una selva, no tenemos rifles de asalto y no ha caído el estado debido a una guerra colonial y a la emergencia de un ejército fundamentalista. Más bien debemos preguntarnos ¿cuáles son los logros reales?, ¿cuál es su alcance social?, ¿en nuestras cooperativas hay más gente que ese sujeto social “nosotros”? Deberíamos profundizar más y cuestionarnos si existen relaciones entre los límites de crecimiento, expansión y capacidad real de producir cambio de nuestros espacios y la ristra de abandonos que se producen en nuestras filas. ¿Qué conexión puede haber entre los “experimentos municipalistas” y las limitaciones de nuestras prácticas? Y en último lugar, ¿cómo explicamos la huida hacia delante de multitud de jóvenes hacia el fuerte y seguro abrazo de lo que parece un resurgir de formas rígidas y verticales de organización política?</p>
<h3><strong>Otra propuesta para el Movimiento Libertario</strong></h3>
<p>La alternativa que aquí defiendo parte de aceptar la diferencia entre los sujetos politizados y los que no los están aún, de los afectados y de los que no lo son de forma directa, todos en mi opinión miembros de una misma clase, la trabajadora. Diferencia que no se debe ocultar y que justo la explicitación y la reflexión crítica sobre la misma es la que nos permitirá generar herramientas contra la instrumentalización de los unos por los otros.</p>
<p>Esta propuesta parte de la aceptación de que los sujetos politizados pueden y deben agruparse y organizarse, y de hecho lo hacen. Aquí damos un paso más y el aceptar esa diferencia entre sujetos y esa relación que creemos productiva en términos emancipadores nos anima a encontrarnos en organizaciones donde construyamos consensos que nos permitan actuar de forma reflexiva y coordinada, en coherencia con nuestros principios libertarios. Y todo esto como paso previo a la habilitación de espacios para potenciar y dinamizar las luchas concretas y aterrizadas, que es lo que nos dicen nuestros análisis que toca hacer hoy.</p>
<p>Organizaciones que nos permitan realizar en colectivo un camino de ida y vuelta del análisis a la práctica, de la abstracción a la materia, con capacidad para calcular, recalcular y autoorientarse. Organizaciones, en mi caso anarquistas, que tengan la capacidad y la fuerza de detectar y combatir desvíos y cooptaciones. Que asuman la diferencia no solo con el resto de la clase trabajadora y entre diferentes clases, sino la diferencia política y estratégica, no para cancelarla o eliminarla sino para potenciar las reflexiones y los análisis en el conjunto de las luchas. Que permita la creación de alianzas con otras corrientes y tendencias que tengan los mismos objetivos emancipadores que nosotras defendemos.</p>
<h3><strong>Un espacio de confluencia sobre la táctica del Sindicalismo Social</strong></h3>
<p>Llegados a este punto toca esbozar una propuesta táctica más allá de la defendida para el movimiento libertario. Porque el propósito de confluir y construir alianzas es sincero, la pregunta que debemos intentar responder en este momento es ¿qué tarea en común tenemos? Parece que hay encuentro táctico en la importancia que tiene la construcción y apoyo de espacios que tenga la capacidad de acoger a los afectados reales de la crisis por venir junto con los activistas y militantes. También coincidimos en que estos espacios solo son realmente potentes cuando se articulan en torno a cuestiones concretas que padece la clase trabajadora.</p>
<p>Ahora bien, esto no es suficiente. O estos espacios se dotan de las herramientas necesarias para poder construir modelos organizativos horizontales e integradores, con capacidad de análisis y proyección, realmente armados contra desvíos y cooptaciones, o tendrán graves problemas para poder superar las múltiples dificultades que tiene la lucha social. Algunas de estas habilidades y capacidades las hemos ido aprendiendo y entrenando durante años de participación activa en los movimientos sociales y espacios de autoorganización. Sería tan irresponsable negar los conocimientos adquiridos durante nuestra experiencia militante, como pensar que se han desarrollado de forma completa y que ahora solo pueden ser exportados.</p>
<blockquote><p>Podríamos comenzar por juntarnos, mapear en común el panorama social y ampliar la invitación a mas organizaciones con la que poder trabajar en un proceso de debate y coordinación</p></blockquote>
<p>Podríamos comenzar por juntarnos, mapear en común el panorama social y ampliar la invitación a mas colectivos u organizaciones con la que poder trabajar en un proceso de debate y coordinación, que tenga como propósito la creación de un espacio de tendencias que apuesten por el sindicalismo social como forma de organizar y articular las luchas. Podemos iniciar un manual abierto e incompleto, pero si iniciado, que recoja conocimientos, propuestas y metodologías útiles. Podemos concretar una táctica de intervención y autoorganización. Podemos y debemos hacer todo esto porque el tiempo siempre corre en nuestra contra. Anticiparnos a la siguiente crisis y no perder la iniciativa ante propuestas de índole autoritario que están por llegar.</p>
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