Ayuso, Feijoó y el futuro de la derecha española

por | Ene 17, 2024 | Coyuntura

El PP ha recuperado la estrategia de complementar la acción intitucional con la movilización callejera

Por la mínima. Así logró hace unos meses revalidar la presidencia del gobierno Pedro Sánchez. De nuevo, el líder socialista junto a uno de los combos parlamentarios más insólitos de la democracia se hacía con la presidencia del gobierno. Quizás solo por detrás de aquel que logró que Jose María Aznar hablase catalán en la intimidad. Tras muchas idas y venidas, la presencia de Vox había logrado el efecto contrario al que muchos esperaban. La formación de Abascal había funcionado como el espantapájaros perfecto para que el socialismo se hiciese con muchos votos de centro y hacía imposible que los votos de PNV y Junts pudieran repetir el apoyo electoral de PNV y CIU a Aznar en 1996.

El 23 de julio se renovó la plaza y el famoso lema del “que viene la derecha” quedó en pura agitación efectista de cara al asustadizo electorado de izquierdas. Vox no se convertía en la gran fuerza popular de extrema derecha, el PSOE seguía encarnando el voto de las rentas más bajas y la coalición de SUMAR se posicionaba como la fuerza con mayor perfil de clase media-alta del arco electoral.

Por el flanco derecho del parlamento, las dos noticias más destacables fueron sonadas: la absorción del electorado de Ciudadanos por parte del PP y la caída de Vox, que perdía 19 diputados, y se quedaba fuera del Senado. El PP de Feijoó sumaba 136 escaños en el Congreso y hegemonizaba el Senado con 120 asientos, aunque quedaba fuera del gobierno y se llevaba un buen varapalo. Todo a pesar de que se quedó a las puertas de gobernar.

Las ecuaciones de la derecha

Lo más interesante para los populares ha sido que sus cábalas se han aclarado. Si alguien se ha resuelto. El partido de Buxadé, Abascal y Ortega Smith ha pasado de ser un complemento territorial necesario a convertirse en una piedra en el camino que a medio plazo impide atraer a nivel estatal tanto el voto moderado como el apoyo del PNV e incluso de Junts.

Esta ruptura es la que se expresa con claridad en Las mañanas de Federico Jiménez Losantos, donde el gurú comunicativo de la derecha española ya trabaja desde hace tiempo para desinflar a Vox y pone todas sus fuerzas en lograr una entente entre Ayuso y Feijoo.

Lo cierto es que Vox se desangra

Lo cierto es que Vox se desangra. Su apuesta por escapar de la matriz neoconservadora que lo hizo posible y el intento fallido de convertirse en un partido capaz de movilizar a distintas capas sociales, ha quedado rota. La marcha de Macarena Olona e Iván Espinosa de los Monteros, junto a la retirada del Congreso de Carla Toscano han dejado al partido –que celebra en estos días una Asamblea General Extraordinaria– en manos de Santiago Abascal y –muy especialmente– de Jorge Buxadé y Enrique Cabanas. A medio camino entre La Falange y alguno de los múltiples partidos agrarios de la historia de España, Vox está condenado –casi en una función espejo de SUMAR con el PSOE– a subordinarse a las necesidades del PP, aún a riesgo de desaparecer. Esto, o perpretar un movimiento innovador difícil de predecir hasta que no existan rupturas sociales de mayor calado.

Se trata de volver a las raíces neocon de la presidenta de Madrid; devolverle al PP cierto “ardor guerrero”

Del lado del PP ha vuelto cierta estabilidad. Feijoo ha ganado apoyos y se ha cerrado alguna vieja herida del partido con la recuperación de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz de los populares en el Congreso. Pero quizás lo más interesante es que –por el camino– el Partido Popular ha asimilado la posición ayusista a escala estatal. Se trata, con toda las distancias, de volver a las raíces neocon de la presidenta de Madrid; devolverle al PP cierto “ardor guerrero” y sacarlo de la atonía liberal que tumbó primero a Soraya Saenz de Santamaría y, más tarde, a Pablo Casado.

Si había que privatizar, defender el libre mercado, atacar con dureza al nacionalismo catalán o luchar contra la amnistía, había que ser “un partido de gobierno y de lucha”. Esto ha significado que el Partido Popular ha recuperado con relativo éxito las tácticas empleadas durante las movilizaciones del gobierno Zapatero, aquellas de las que mamaron Santiago Abascal, pero también Pablo Casado o Isabel Díaz Ayuso, cuando la acción de gobierno y la movilización callejera iban de la mano y se complementaban. Esto es lo que finalmente ha aprendido Feijoó gracias a Ayuso durante las movilizaciones contra la Ley de Amnistía. No se trataba de ir a pecho descubierto a las concentraciones de Ferraz, ni de ponerse al servicio de los repeinados encapuchados con fachaleco, se trataba de agitar las movilizaciones, lograr que fuesen masivas y ponerlas a cooperar con sus posiciones institucionales.

En este sentido, fueron mucho mas eficaces las manifestaciones domingueras más masivas y familiares protagonizadas por el PP en Colón y en la Puerta del Sol, a los pies de la sede de la Comunidad de Madrid, que las largas y desgastantes jornadas –llenas de parafernalia fascistoide– de Ferraz. Las segundas podían valer para recomponer cierto tejido de la extrema derecha, algo que no deberíamos olvidar, pero las primeras eran las que componían una estrategia sólida de oposición hacia la Moncloa. A través de ellas el PP ha recuperado su liderazgo en la derecha institucional, pero sobre todo en la derecha movilizada. Las manifestaciones de Ferraz tuvieron sentido en sus primeras jornadas, pero una vez que la extrema derecha y no pocos freaks se hicieron con ellas, había que salir de ahí. Vox se empeñó en la estrategia de la agitación callejera, minoritaria y nocturna y ha salido derrotado.

Ahora el PP y solo a través de la cuestión nacional tiene la posibilidad de recomponer los escaños que le faciliten la mayoría. Lugares como Tarragona, Navarra o Álava pueden servirnos de ejemplo, pero aún hay hueco para recomponer su mayoría en las Castillas, Madrid o Andalucía. A eso están jugando. Mientras, la lucha en la derecha se vuelve a componer en torno al Partido Popular, la batalla entre Feijoo y Ayuso sigue corriendo. Las últimas escaramuzas de esta contienda, las producidas en la elección de secretarías de distritos en Madrid. Así ha sucedido en Carabanchel, donde Carlos Izquierdo y Álvaro González, este último favorecido por Ayuso, se juegan en primarias la secretaría del Partido.

Ayuso asume como crucial recomponer su dominio del PP de Madrid para influir con determinación sobre la orientación estratégica del partido

Como ya hiciera Esperanza Aguirre cuando el PP de Madrid era dirigido por Pío García Escudero, Ayuso asume como crucial recomponer su dominio del Partido Popular de Madrid, especialmente el de la capital. Ella sabe que es el factor central para tener una posición propia a nivel estatal y –aunque tenga dificultades para escalar al nivel nacional– le permitirá proyectarse más allá de Madrid e influir con determinación sobre la orientación estratégica del partido, como claramente ha logrado ya.

Por último, a Ayuso y a toda la operación que la acompaña, ya sea por la sorna de una parte de la izquierda o por un cierto machismo, nunca se la ha tomado suficientemente en serio. Recuerda a los tiempos en los que Esperanza Aguirre, una de las figuras políticas más peligrosas del país, formada desde muy joven en la mejor tradición liberal, fue ridiculizada hasta apenas un segundo antes de empezar a darnos miedo.

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