Estados Unidos abandona su papel como potencia hegemónica global y se reconfigura para preservar su dominio allí donde aún puede imponerlo, en un contexto de descomposición acelerada del orden surgido en 1945. En ese marco, Trump trata de reforzar la dominación estadounidense dinamitando la gobernanza neoliberal y aplicando un transaccionalismo político extremo desde una posición todavía privilegiada.