<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>raza archivos - Zona de estrategia</title>
	<atom:link href="https://zonaestrategia.net/tag/raza/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://zonaestrategia.net/tag/raza/</link>
	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
	<lastBuildDate>Thu, 05 Feb 2026 10:26:15 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0</generator>

<image>
	<url>https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2024/01/cropped-ZE_3-32x32.png</url>
	<title>raza archivos - Zona de estrategia</title>
	<link>https://zonaestrategia.net/tag/raza/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte II)</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Daniel Denvir]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Jun 2024 15:26:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antirracismo y fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría]]></category>
		<category><![CDATA[antiracismo]]></category>
		<category><![CDATA[clase]]></category>
		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[marxismo]]></category>
		<category><![CDATA[políticas de indentidad]]></category>
		<category><![CDATA[racismo]]></category>
		<category><![CDATA[raza]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=2257</guid>

					<description><![CDATA[<p>El privilegio blanco, según Noel Ignatiev y Theodore Allen, es un mecanismo para dividir a la clase trabajadora y evitar la solidaridad entre blancos y trabajadores de color.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/">Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte II)</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Primera parte de la entrevista a Asad Haider realizada en <a href="https://thedigradio.com/podcast/mistaking-identity-politics/" target="_blank" rel="noopener">The Dig: Mistaking Identity Politics</a> y publicada en inglés <a href="https://www.versobooks.com/blogs/news/3974-mistaking-identity-politics-a-conversation-with-asad-haider-part-ii">en la página de Verso</a> –agosto 2018–. Traducción: Isidro López. El libro de Asad Haider en castellano puede encontrarse en <a href="https://traficantes.net/libros/identidades-mal-entendidas">Traficantes de Sueños</a>. (Traducción Isidro López)</p>
<p><a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/">Lee la primera parte aquí.</a></p>
<hr />
<p><strong>Hablemos un poco de un término clave en el léxico individualista, que es «privilegio blanco”. ¿Qué es esta mochila invisible de privilegios que un individuo blanco o un individuo con características “XYZ” lleva consigo, según esta noción de privilegio blanco? ¿Y en qué se diferencia de lo que personas como W. E. B. Du Bois han argumentado en términos de «el salario de la blancura»? Parecen dos formas muy distintas de intentar llegar a algo parecido.</strong></p>
<p>Utilizar la metáfora de una mochila es para mí una forma muy engañosa o confusa de hablar de lo que es el privilegio blanco. Si quieres hablar de la raza como un aspecto del cuerpo de las personas o algo por el estilo, vas por mal camino. Tienes que hablar de la raza como una relación entre las personas que son categorizadas de una manera particular debido a un proceso histórico concreto. No es algo que simplemente está en la gente; eso es falso a nivel científico, y es falso a nivel histórico.</p>
<p>Hablar del privilegio blanco como si fuera una mochila; yo lo veo como una especie de videojuego extraño en el que tienes un inventario de diferentes herramientas que usa la persona blanca, y vas por ahí y te encuentras con alguna situación difícil, y piensas, “oh sí, bueno, aquí está esta herramienta, como este amuleto mágico que usaré para entrar en la universidad”.</p>
<p>Eso es engañoso porque cuando hablamos de la aparición de privilegios para los blancos, estamos hablando específicamente de la forma en que las poblaciones que no están incluidas inicialmente en la categoría de la raza blanca –como los irlandeses y todas las demás poblaciones inmigrantes de Europa, que formaban parte de las jerarquías raciales europeas cuando llegaron a Estados Unidos–. ¿Cómo se les invita a unirse al club de la blancura? Este es el lenguaje de Noel Ignatiev en <em>How the Irish Became White</em>.</p>
<p>La extensión de privilegios particulares a la gente blanca, a la gente que optó por unirse al club de la blancura, es el mecanismo por el que se les aparta de una situación en la que podrían reconocerse y solidarizarse con los trabajadores negros y otros trabajadores de color. Eso es fundamentalmente lo que hace el privilegio blanco. Y Noel Ignatiev, junto con Theodore Allen, en cierto modo avanzaron el concepto por primera vez en la década de 1960 y lo llamaron «privilegio de la piel blanca».</p>
<blockquote><p>El privilegio de la piel blanca es malo para los blancos; es un cebo envenenado porque todavía están sujetos a la explotación, la pobreza, la privación</p></blockquote>
<p>Pero el punto de su argumento era decir que el privilegio de la piel blanca es malo para los blancos. Obviamente, sí, es bueno para ellos a corto plazo que tengan acceso a determinadas cosas, que estén seguros en ciertos lugares y así sucesivamente, pero es un cebo envenenado porque todavía están sujetos a la explotación, la pobreza, la privación, y así sucesivamente. El hecho de la división racial es lo que les impide unirse a la gente que está más explotada y más oprimida que ellos, con la que necesitan unirse para atacar al enemigo común que son los patrones.</p>
<p>Eso es algo que ni siquiera se considera hoy en día cuando se habla de privilegio blanco, que el privilegio blanco podría ser, en última instancia, algo malo para los blancos.</p>
<p><strong>Este fue un argumento central para Du Bois. Los «salarios de la blancura» son estas diversas ventajas simbólicas, o tal vez escasamente económicas, concedidas a los blancos, tal como acabas de decir, precisamente para crear una división dentro de la clase trabajadora que sirve para mantener el <em>status quo</em> general.</strong></p>
<p>Sí, aquí está la cita de Du Bois de Reconstrucción negra en América, de 1935:</p>
<p>“<em>La teoría de la raza fue complementada por un método cuidadosamente planeado y lentamente desarrollado, que abrió tal brecha entre los trabajadores blancos y negros que probablemente no existan hoy en el mundo dos grupos de trabajadores con intereses prácticamente idénticos, que se odien y teman tan profunda y persistentemente y que se mantengan tan alejados, que ninguno vea mingún interés común.</em>”</p>
<p>Ese es el salario psicológico de la blancura.</p>
<p>(…)</p>
<p>La gente, estoy seguro de que en los comentarios o en Twitter dirá que estábamos ignorando que los privilegios de los blancos son reales y que la gente de color no tiene acceso a esos privilegios. En realidad, la explicación es el racismo, la explicación es la opresión racial. No se explica la opresión racial diciendo que los individuos blancos llevan estas mochilas con estos pequeños privilegios.</p>
<blockquote><p><strong>El privilegio blanco es una forma de reclutar a una porción de la población explotada y oprimida para facilitar la súper explotación de otra porción</strong></p></blockquote>
<p>Tenemos que volver a la explicación directa de que esta es una sociedad que está estructurada por la opresión racial y lo ha estado durante toda su historia. Y que <strong>el privilegio blanco es una forma de reclutar a una porción de la población explotada y oprimida para facilitar la súper explotación de otra porción.</strong> Eso es el privilegio blanco, y es real, y no beneficia a las personas que lo experimentan, porque son incapaces de ver o unirse a un movimiento que realmente pueda superar las formas de opresión y explotación a las que ellos también están sometidos.</p>
<p><strong>No se trata de un debate nuevo, no es una nueva línea de crítica la que planteas. El radicalismo negro lleva mucho tiempo atacando esta forma de política identitaria.</strong><strong>Esta crítica fue fundamental para el ala radical del movimiento de liberación negra. Señalas que precisamente era lo que el Partido de las Panteras Negras criticaba del nacionalismo cultural de la <em>Nación del Islam.</em> También citas a Malcolm X, que con el tiempo pasó del separatismo a la solidaridad revolucionaria, dijo:</strong><strong><br />
</strong></p>
<p><em>Es imposible que una persona blanca crea en el capitalismo y no crea en el racismo. No puede haber capitalismo sin racismo. Y si encuentras a uno y consigues conversar con esa persona y tiene una filosofía que te asegura que su perspectiva no es racista, normalmente son socialistas o su filosofía política es el socialismo.</em></p>
<p><strong>¿Puedes explicar esta crítica al nacionalismo cultural de la izquierda socialista revolucionaria negra?</strong></p>
<blockquote><p>Esa idea de que había una especie de origen mítico en el que se podía redescubrir o encontrar de nuevo la esencia de la raza, fue criticada por los comunistas negros</p></blockquote>
<p>La respuesta de los comunistas afroamericanos como Cyril Briggs y Harry Haywood a Marcus Garvey fue un primer momento de esta dinámica. Marcus Garvey estaba en el movimiento <em>Back-to-Africa</em> –Volver a África–, pero lo que Haywood señalaba era que la patria de los negros estadounidenses no era África, sino el sur de Estados Unidos, donde habían estado durante siglos y habían generado una cultura y una sociedad. Así que esa idea de que había una especie de origen mítico en el que se podía redescubrir o encontrar de nuevo la esencia de la raza, fue muy duramente criticada por los comunistas negros. Y como dije antes, la respuesta fue decir que no podemos dejar que los nacionalistas monopolicen la demanda de autodeterminación. Tenemos que asumirla como partido comunista multinacional.</p>
<p>Luego, por supuesto, la <em>Nación del Islam</em> fue otro movimiento de masas y la evolución de Malcolm X es muy complicada porque incluso en una época posterior sigue siendo un separatista, básicamente; sigue el ejemplo de la situación revolucionaria global. Señala a China y Vietnam e incluso se refiere a la Revolución Rusa como ejemplos del tipo de programa que quiere para los negros en Estados Unidos.</p>
<p>Por supuesto, los Panteras Negras tenían una relación muy hostil con los nacionalistas culturales. En su caso, fue principalmente con la <em>US Organization</em> de Ron Karenga. Puedes leer relatos de muchas personas sobre el particular, por ejemplo, hace poco leí el de Elaine Brown en sus memorias. Fue una importante líder de los Panteras Negras y contaba que fueron a una de las reuniones de la <em>US Organization </em>y las mujeres tenían que comer en una habitación separada. Y los Panthers se negaron. Había una cierta idea de que cosas así correspondían a la cultura africana y que así era como tenían que comportarse.</p>
<p>Por supuesto, tengo un capítulo en el libro sobre Amiri Baraka, que se inspiró mucho al principio en Ron Karenga y fue un nacionalista cultural durante un tiempo, hasta que finalmente lo sustituyó por el marxismo cuando se dio cuenta de que el primer alcalde negro de Newark, Kenneth Gibson, que había sido colocado en su puesto en gran parte por las organizaciones nacionalistas negras de Newark, no había hecho sino unirse al <em>statu quo</em> existente de la política municipal, y que era necesario atacar a todo el sistema. En ese momento, se hizo marxista.</p>
<p>Baraka entonces señaló que el nacionalismo negro era una invención, que mezclaba la cultura hippie con el Islam y con una especie de mitología racista sobre lo que es África. Era una cultura sexista y opresiva internamente en sus diversas formas y que tampoco tenía una política efectiva. Se basaba en una mitología y no respondía a la estructura de poder estadounidense.</p>
<p><strong>Hablando de la desafección de Baraka hacia el alcalde de Newark, Gibson, que formaba parte de un impulso más amplio en los años 70 para conseguir el poder negro en los ayuntamientos de todo el país. Usted escribe:</strong></p>
<p style="padding-left: 40px;"><strong><em>”La desegregación había hecho posible que empresarios y políticos negros entraran en la estructura de poder estadounidense a una escala que no había sido posible antes, y estas élites pudieron utilizar la solidaridad racial como medio para encubrir sus posiciones de clase. Si afirmaban representar a una comunidad racial unitaria con un interés unificado, podían suprimir las demandas de los trabajadores negros, cuyos intereses eran, en realidad, totalmente distintos de los suyos.”</em></strong></p>
<p><strong>Es esta noción de los rostros negros en las altas esferas, que Keeanga-Yamahtta Taylor, en <em>Un destello de libertad, de #blacklivesmatter a la liberación negra</em> (<a href="https://traficantes.net/libros/un-destello-de-libertad">Traficantes de Sueños</a>), otro excelente libro suyo, llama “la transformación más significativa en toda la vida negra en EEUU en los últimos 50 años”.</strong><strong>Puedes explicar el significado que esto ha tenido para el movimiento de liberación negro y también para la izquierda en su conjunto.</strong></p>
<p>La oposición entre raza y clase no es la fundamental en mi libro, sino la oposición entre organización de masas y política de élites. De eso se trata fundamentalmente.</p>
<blockquote><p>Cuando la ciudad tuvo que hacer frente a una crisis fiscal e imponer austeridad a la población trabajadora, en muchos casos, fue un alcalde negro quien lo hizo en una ciudad de mayoría negra</p></blockquote>
<p>El movimiento de liberación negra apuntaba a todo el estrato de políticos, hombres de negocios, empresarios, etc. que existía en una sociedad en la que los negros estaban excluidos de esos puestos, en su mayor parte, con excepciones que demostraban la regla. Pero cuando se hizo posible integrar esas estructuras de poder, eso cambió de manera fundamental los términos de la política. Anivel de las ciudades, cuando la ciudad tuvo que hacer frente a una crisis fiscal e imponer austeridad a la población trabajadora, en muchos casos, fue un alcalde negro quien lo hizo en una ciudad de mayoría negra y utilizó la idea de la unidad racial para decir que esa era la medida política correcta.</p>
<p><strong>Esto significaba que los movimientos de masas, si querían cuestionar lo que estaba ocurriendo, tenían que utilizar un lenguaje diferente al de definir la estructura de poder blanca como la que excluía a los negros en términos puramente raciales.</strong> Porque ahora había una estructura de poder en la que había gente negra y, a la vez, un ataque contra la población trabajadora negra que se hacía en nombre de la unidad racial.</p>
<p>Es una especie de crisis del lenguaje político. Y creo que ese también es el contexto de por qué un término como «políticas de la identidad» adopta formas tan contradictorias.</p>
<p><strong>Usted cita un pasaje del libro de Nikhil Pal Singh <em>Black Is A Country</em>, en el que escribe que la narrativa dominante del movimiento por los derechos civiles «no reconoce la profundidad histórica y la heterogeneidad de las luchas negras contra el racismo, reduciendo el alcance político de la agencia negra y reforzando una visión formal y legalista de la igualdad negra».</strong></p>
<p><strong>¿Hasta qué punto esta visión dominante de «las políticas de la identidad» de la que hemos estado hablando se basa en la higienización de la historia del <em>Black Fredom Movement</em>, la misma higienización que hizo que Dodge Ram pensara que era una gran idea poner un discurso de Martin Luther King en su anuncio de la Superbowl?</strong></p>
<p>Es una pregunta interesante, porque la apropiación <em>mainstream</em> de Martin Luther King fue introducida por Ronald Reagan. Legalizó el Día de Martin Luther King. Así que es algo que va más allá -si hablamos del movimiento por los derechos civiles-, del tipo de poblaciones que ahora hablan de políticas de identidad.</p>
<p>¿Crees que muchas de las personas que hablan el lenguaje de las políticas de identidad están citando específicamente el movimiento de los derechos civiles?</p>
<p><strong>No, no creo que lo estén citando en concreto, pero creo que este énfasis lingüístico extremadamente estrecho de muchos de los llamados identitarios de hoy requiere ignorar e higienizar la historia del movimiento de liberación negra.</strong></p>
<p>Ciertamente, una de las cosas importantes que hay que estudiar y reconocer es que el movimiento por los derechos civiles, que consiguió grandes logros y llevó a cabo esas movilizaciones masivas, se basaba en una tradición radical. Y nunca concibió que la política de raza y la política de clase estuvieran separadas.</p>
<blockquote><p>Rosa Parks se radicalizó por algunas campañas antirracistas del Partido Comunista</p></blockquote>
<p>Rosa Parks, por ejemplo, se radicalizó por algunas campañas antirracistas del Partido Comunista. Estaba la conexión con el Partido Socialista y el movimiento obrero con A. Philip Randolph y Bayard Rustin. Ciertamente, Martin Luther King salió de la iglesia negra, aunque parece ser que de joven, en la escuela de posgrado, estaba muy interesado en Marx, según algunos biógrafos.</p>
<p>Pero también –creo que esto es algo que se subestima, al menos no veo que mucha gente lo comente–, Malcolm X y el Partido de las Panteras Negras conectaron la lucha por la libertad de los negros en Estados Unidos con la lucha anticolonial global. Sabemos por ejemplo que Martin Luther King en el último año de su vida, exactamente un año antes de ser asesinado, pronunció el discurso contra la guerra de Vietnam en el que parece expresar una gran simpatía por la lucha vietnamita por la autodeterminación, aunque no lo dice abiertamente.</p>
<p>Pero en realidad ya al principio, a principios o mediados de los años 50, relacionaba la lucha por la libertad de los negros en Montgomery con la lucha por la independencia de la India. Eso es lo que significaba la no violencia, una conexión con Gandhi y la lucha contra el colonialismo en la India. Ese tipo de internacionalismo siempre formó parte del movimiento por los derechos civiles.</p>
<p><strong>En tu comentario sobre su estancia en Calcuta, deja muy claro que su interés por la justicia económica también es universal.</strong></p>
<p>Es absolutamente explícito sobre la conexión con la justicia económica. Si lees <em>Por qué no podemos esperar,</em> de 1964, puedes ver con qué claridad -y eso es años antes del momento Vietnam, es antes del giro hacia el <em>Black Power</em>&#8211; no necesitaba ser presionado desde fuera para decir estas cosas sobre la justicia económica. Y por supuesto, en 1957, fue a Ghana para su declaración de independencia y se detuvo en Londres para reunirse con CLR James. Estas redes y conexiones siempre estuvieron ahí. Formaron parte del movimiento de liberación negra en todo momento.</p>
<p>Creo que otra cosa que hay que entender es que a finales de los sesenta y a lo largo de los setenta, muchas personas que salieron de la Nueva Izquierda dieron un giro hacia el comunismo y el marxismo y formaron, no necesariamente partidos, sino organizaciones que esperaban que se convirtieran en partidos comunistas. Y no les fue tan bien, no lo consiguieron y hay un libro que creo que cualquier persona de izquierdas americana debería leer, que es <em>Revolution in the Air</em> de Max Elbaum, que habla de este momento, del <em>Nuevo Movimiento Comunista</em>.</p>
<p>Lo que hay que entender acerca de esos movimientos es que desarrollaron su interés en el marxismo debido al Partido de los Panteras Negras. Debido a esas otras organizaciones que eran organizaciones nacionalistas revolucionarias que veían su propia lucha en Estados Unidos como parte de la lucha global anticapitalista y antiimperialista.</p>
<blockquote><p>El marxismo fue aplastado por el macartismo y la burocratización del Partido Comunista y volvió a la vida dentro del movimiento de liberación negra</p></blockquote>
<p>He hablado de cómo, a escala global, el marxismo es importante. Es importante. Es algo de lo que hablamos hoy, independientemente de nuestros puntos de vista, porque fue asumido en Asia, América Latina, África, etc. Pero eso también es cierto dentro de Estados Unidos. El marxismo fue aplastado por el macartismo y la burocratización del Partido Comunista y volvió a la vida dentro del movimiento de liberación negra. La gente tiene que entenderlo.</p>
<p>(&#8230;)</p>
<p><strong>Una cosa de la que quería hablar y a la que aún no hemos llegado es el afropesimismo. Me gustaría que explicaras el argumento de Frank Wilderson. Escribes: «la &#8216;problemática antinegra&#8217; radicaliza y ontologiza una perspectiva separatista y excepcionalista negra que rechaza incluso el mínimo gesto hacia las coaliciones que implica el término &#8216;gente de color'».</strong></p>
<p><strong>¿Puedes explicar el afropesimismo y cómo el término antinegritud ha llegado a sustituir al concepto de racismo y cuáles son las implicaciones de ese movimiento?</strong></p>
<p>Frank Wilderson basa su comprensión de la esclavitud, en primer lugar, en el argumento del sociólogo Orlando Patterson, que define la esclavitud en términos de alienación natal -el hecho de que el esclavo fuera transferido lejos de la madre al nacer- y muerte social. Para Patterson, estas categorías consisten en definir la esclavitud desde una perspectiva comparativa, desde la esclavitud antigua hasta la esclavitud moderna de las plantaciones. Por tanto, no tenían un apego específico a la esclavitud racial. Hubo muchas prácticas de esclavitud que no se basaban en ningún tipo de división racial o ideología racial, sino que llevaban aparejadas otras ideologías.</p>
<p>Wilderson toma estos términos y conceptos y los vincula específicamente a la trata de esclavos africanos y entiende la negritud como una especie de vacío central de lo que él llama la sociedad civil blanca. Se convierte en una especie de eje en torno al cual se construye la totalidad de la sociedad existente, sobre la negación y destrucción y aniquilación de la negritud.</p>
<p>No se trata solo de los blancos. Le cito en el libro, en esta sorprendente declaración antipalestina, diciendo que tanto árabes como judíos han participado por igual en este tipo de antinegritud. Ese tipo de argumento no solo se basa en algo que políticamente es totalmente contrario al tipo de solidaridades que fueron fundamentales para el movimiento de liberación negra, sino que también es una forma de hablar muy metafísica, que no nos permite comprender la especificidad o las contradicciones y complicaciones de la historia de la esclavitud.</p>
<blockquote><p>«Cuerpos negros» es una forma de decir que los negros, a través de la esclavitud, fueron excluidos de la categoría de lo humano y excluidos de la categoría del sujeto</p></blockquote>
<p>Otro tipo de término clave en el afropesimismo que circuló ampliamente fue «cuerpos negros». Es una forma de decir que los negros, a través de la esclavitud, fueron excluidos de la categoría de lo humano y excluidos de la categoría del sujeto. Y eso es un poco complicado, porque Saidiya Hartman, a quien Wilderson y otros afropesimistas reivindican como fuente –aunque que yo sepa nunca ha afirmado participar en esta tendencia–, señala cómo había formas en que los esclavos desarrollaban un tipo particular de subjetividad, etcétera. Era algo contradictorio, no es un simple dentro o fuera. De todos modos, nos estamos volviendo algo técnicos.</p>
<p>Para mí, lo que ese tipo de lenguaje hace hoy es quitar toda la agencia y cuando la gente describe el movimiento <em>Black Lives Matter</em> en términos de cuerpos negros, suprimen el hecho de que había toda esa gente en las calles que nunca habían leído a Frank Wilderson o incluso a Coates, que estaban ahí fuera resistiendo, que decían que se negaban a morir, que se negaban a ser asesinados por la policía. Así que para mí, esto fue un grave malentendido y tergiversación. Se hizo un flaco favor al movimiento de masas que estaba surgiendo en ese momento.</p>
<p><strong>Usted cita a Robin D.G. Kelley sobre la cuestión de los cuerpos y la violencia contra los cuerpos negros. Escribe: «En el argot de nuestros días, los &#8216;cuerpos&#8217; -cuerpos vulnerables y amenazantes- sustituyen cada vez más a personas reales con nombres, experiencias, sueños y deseos». A mí me parece que esta falta de particularidad también sirve para ocultar a los tipos concretos de personas negras que más a menudo son asesinadas por la policía y encarceladas y sufren todo tipo de otras atrocidades.</strong></p>
<p>Está ocultando las luchas –y las luchas por sobrevivir– que la gente lleva a cabo cotidianamente. Y la resistencia cotidiana de la gente, aunque no se reconozca como tal. Sobre esto también ha escrito muy bien Robin D.G. Kelley. Arrastrar los pies y tomarse tiempo extra en los descansos del trabajo son formas de resistencia que siempre están en juego. Esta retórica, esta retórica metafísica del victimismo a la que me refería antes, quita esa agencia, esa posibilidad de resistencia.</p>
<p><strong>Este debate sobre el que estás escribiendo no es solo académico, por invocar un coloquialismo antiintelectual&#8230;Estas políticas pueden ser muy destructivas, concretamente en los intentos de organizarse, para la gente que hace trabajo político. Escribes sobre tu propia experiencia organizativa para luchar contra la subida de las matrículas en la Universidad de Santa Cruz. Explica qué pasó.</strong></p>
<p>Ocupamos un edificio, expulsamos a la administración y lo mantuvimos ocupado durante un par de días. La trayectoria no estaba clara en ese momento, hacia dónde iban a ir las cosas. Pero de alguna manera empezó a circular la idea de que este era un movimiento de anarquistas blancos o marxistas blancos. Y que no era un espacio seguro para la gente de color. A los principales organizadores les pilló por sorpresa. Yo no era uno de ellos, por cierto. Yo era un simpatizante y participante, pero habían sido principalmente estudiantes universitarios los que lo habían organizado.</p>
<p>La mayoría de los principales organizadores eran personas de color y se quedaron totalmente sorprendidos. Hubo intentos de responder, pero al final lo que ocurrió fue que un grupo que se hacía llamar <em>The People of Color Caucus,</em> era un grupo de gente de color que no había participado en la organización anterior se presentó para participar. Yo yo fui a una de sus reuniones; no se admitía a gente blanca. Básicamente planearon una escisión y se llevaron a la mitad de la gente que quedaba en la ocupación con ellos y destruyeron la reputación de la ocupación.</p>
<p>Esa fue más o menos la experiencia que me hizo empezar a escribir el material que dio lugar a este libro. El mero hecho de ver lo destructiva que fue y cómo circulaban y se utilizaban estos lenguajes concretos de forma tan despolitizadora.</p>
<p><strong>Antes de dejarte ir, quiero preguntarte, en este momento actual, qué camino podría tener la izquierda para salir de esta trampa ideológica.</strong></p>
<blockquote><p>La gente que se considera socialista debería dejar de permitir que haya una división entre problemáticas de raza y problemática de clase</p></blockquote>
<p>Hay un par de cosas. Una es que la gente que se considera socialista debería dejar de permitir que haya una división entre problemáticas de raza y problemática de clase. Deben de imposibilitar que la gente represente el socialismo como un proyecto de blancos y lo mismo vale, por cierto, para el género. No debería ser posible decir que el socialismo es un proyecto masculino. Debería ser fundamentalmente feminista. Eso implica no solo las cuestiones de representación, quién está en la dirección, quién publica en tus revistas, etc., sino también el tipo de reivindicaciones que asumes, el tipo de comunidades en las que decides trabajar, el tipo de coaliciones en las que decides participar. Eso es fundamental.</p>
<p>Lo segundo es que hay que alejarse del interminable ciclo de debate, denuncia y demás. La peor manifestación son las redes sociales en las que se obtiene la máxima atención por atacar a otra persona. Eso no ayuda a construir ningún tipo de movimiento. Se ha exagerado mucho la utilidad de las redes sociales para la construcción de movimientos.</p>
<p>Pero no se trata solo de los medios sociales: este tipo de cosas también ocurren, como he descrito en mi propia experiencia, en asambleas generales y reuniones políticas. Lo importante es reconocer que el objetivo final no es ganar una discusión. Las discusiones pueden durar siete horas. Yo he estado en una asamblea general de siete horas.</p>
<p>Lo importante es pasar de la conversación interminable a la actividad práctica y trabajar en proyectos concretos. Cuando se colabora en proyectos concretos, hay que encontrar la manera de trabajar con otras personas. Tienes que encontrar la manera de trabajar con personas que son diferentes a ti y cuyos puntos de vista puede que no compartas. Y esta es una de las lecciones fundamentales del movimiento de liberación negra, del movimiento por los derechos civiles, en lo que se refiere hacer coaliciones para trabajar realmente en un proyecto. Hay que hacer un cartel, hay que planear una manifestación, sea cual sea el proyecto, hay que organizar a la gente para que haga campaña a favor de algo.</p>
<p>Esa es la manera de superar las divisiones ideológicas y también de educar políticamente a la gente. Es la forma en que los blancos pueden aprender a cuestionar sus propios presupuestos y prejuicios. Es la forma en que los hombres pueden aprender a escuchar cuando hablan las mujeres.</p>
<p>Alguien preguntó una vez de dónde vienen las ideas correctas y la respuesta es que vienen de la práctica. Y dejaré al oyente que averigüe quién dijo eso.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/">Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte II)</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte I)</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Daniel Denvir]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Jun 2024 19:11:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antirracismo y fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[clase]]></category>
		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[identitarismo]]></category>
		<category><![CDATA[políticas de la identidad]]></category>
		<category><![CDATA[racismo]]></category>
		<category><![CDATA[raza]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=2246</guid>

					<description><![CDATA[<p>"No podemos decidir en abstracto cuál de las relaciones sociales es más determinante en un fenómeno social concreto. No podemos decidir simplemente: raza, clase, ¿cuál es más importante?".</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/">Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte I)</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Primera parte de la entrevista a Asad Haider realizada en <a href="https://thedigradio.com/podcast/mistaking-identity-politics/" target="_blank" rel="noopener">The Dig: Mistaking Identity Politics</a> y publicada en inglés <a href="https://www.versobooks.com/blogs/news/3972-mistaking-identity-politics-a-conversation-with-asad-haider-part-i">en la página de Verso</a> –agosto <span class="c-article-detail__date">2018–</span>. Traducción: Isidro López. El libro de Asad Haider en castellano puede encontrarse en <a href="https://traficantes.net/libros/identidades-mal-entendidas">Traficantes de Sueños</a>.</p>
<p>Podéis <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/" target="_blank" rel="noopener">leer la segunda parte aquí</a>.</p>
<hr />
<p><strong>En su campaña de las primarias de 2016, Hillary Clinton pregonaba la interseccionalidad y el privilegio, en concreto para atacar a su oponente socialdemócrata por la izquierda Bernie Sanders. ¿Qué nos dijeron esas primarias sobre el momento y sobre el funcionamiento de lo que hoy conocemos como políticas de la identidad?<br />
</strong></p>
<p>Creo que las primarias de 2016 fueron en realidad un momento crucial en la producción de una concepción de la política en torno a la raza y la clase, que se unen en el subtítulo de mi libro: raza <em>y</em> clase, no raza <em>o </em>clase. Las primarias fueron un punto de inflexión y mucho de ello tuvo que ver precisamente con la apropiación que describes por parte del bando de Hillary Clinton de los lenguajes de los derechos civiles, las políticas de la identidad, la interseccionalidad, el privilegio y todo lo demás que, gracias a su campaña, fueron la continuación de un legado neoliberal y militarista, en el que ella había participado durante el gobierno de Obama, y que esencialmente había sido heredado de una larga línea de presidentes estadounidenses desde Ronald Reagan.</p>
<p><strong>Eres marxista y este libro es una argumentación contra lo que conocemos como “políticas de la identidad” en la izquierda, pero de ninguna manera dices que el racismo, la homofobia y otras formas de opresión no sean importantes. En cambio empiezas el libro hablando de tu propia experiencia personal como alguien a quien constantemente le preguntaban de dónde era, porque «del centro de Pensilvania», donde creciste, aparentemente no era la respuesta correcta.</strong></p>
<p><strong>Se trata de esa forma de racismo sutil que desde entonces hemos dado en llamar microagresiones, pero que se convirtió en algo muy distinto y más aterrador tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Tu identidad se había convertido en una cuestión de seguridad nacional.</strong></p>
<p>Mi politización vino de la experiencia del racismo y del aprendizaje a lo largo de mi juventud del hecho de que en Estados Unidos había existido una tendencia política importante que había atacado el racismo y se veía a sí misma como parte de un movimiento global contra todas las formas de opresión, el movimiento de liberación negra. Por eso es tan importante para mí y es una influencia que guía mi libro.</p>
<p>Esa es precisamente la manera en la que descubrí el marxismo y la razón por la que llegué a considerarme marxista: ante todo, a través de mis lecturas sobre el Partido de las Panteras Negras. Y hoy fundamentalmente sigue dando forma a lo que considero que es el marxismo. Muchos de los que critican el libro sin haberlo leído, o ven cuatro simplificaciones o leen una frase sobre él luego me encasillan en una categoría particular, un marxista del tipo “primero la clase”. No sé qué significa eso, si pretende ser algún tipo de modificador de marxista o simplemente una redundancia o algo así.</p>
<p><strong>O un marxista que, aparentemente, no ha leído a Marx, diría yo.</strong></p>
<p>Entonces estaría justificado porque esa criatura existe: la persona que dice ser marxista y piensa que eso significa que todo debe entenderse en términos, en última instancia, económicos, o que la lucha de clases es el único tipo de lucha social que importa.</p>
<p>Ciertamente no es una descripción exacta del propio Marx, porque el propio Marx, como joven que participaba en política y en sus primeros escritos, podríamos calificarlo de demócrata radical. Le interesaba observar la persistencia de las formas de dominación que quedaban del antiguo régimen y que no habían sido derrocadas por las nuevas revoluciones democráticas.</p>
<p>Le interesaba descubrir cómo sería posible oponerse a este tipo de opresión por parte de las autoridades religiosas, de la aristocracia, de las viejas estructuras estatales existentes. Y descubrió al proletariado como el agente que potencialmente podría antagonizar con esas viejas estructuras y superarlas. Lo descubrió sobre la base de oponerse a todas esas diferentes formas de dominación.</p>
<p>Eso es lo que le llevó, no solo a entrar en contacto con el movimiento obrero, sino también a un cuidadoso estudio de la economía política, del tipo de análisis sobre cómo las clases habían llegado a surgir de esta manera particular en ese período y sobre lo que eso tenía que ver con el proceso de desarrollo económico que estaba transformando la sociedad. En el propio desarrollo personal de Marx, no había ningún punto de partida que dijera que la clase es lo más importante. Fue un descubrimiento basado en un programa político contra la dominación.</p>
<blockquote><p>La jerarquía colonial, que mantenía a los trabajadores ingleses por encima de los irlandeses, impedía cualquier posibilidad de lucha de clases</p></blockquote>
<p>Más tarde, Marx se desarrolla en su pensamiento y en su observación de la política mundial, como una especie de filósofo político y periodista. Cuando estudia la cuestión del colonialismo inglés en Irlanda, llega a la conclusión –y escribe sobre esto en una carta– de que no podía haber una lucha de clases efectiva en Inglaterra hasta que no hubiera independencia nacional para los irlandeses. Porque la jerarquía colonial, que mantenía a los trabajadores ingleses por encima de los irlandeses, impedía cualquier posibilidad de lucha de clases. Así que la lucha anticolonial tenía prioridad. Era fundamental.</p>
<p><strong>Marx aplicó una crítica similar a la xenofobia, al sentimiento inmigrante antiirlandés en Inglaterra y dijo que fomentar tal sentimiento era, creo que lo expresó así, el secreto de la capacidad de la clase dominante para mantener el orden.</strong></p>
<p>Exactamente. Y comparó a los trabajadores ingleses con los blancos pobres de Estados Unidos en esa misma carta. Alguien que realmente haya estudiado la propia obra política y teórica de Marx lo entenderá. Desgraciadamente, hoy en día el marxismo se mete en el mismo saco que los eslóganes eurocéntricos y realmente eso hace un flaco favor, no solo a la propia obra de Marx, sino también a todos los movimientos de lo que ahora llamamos el Sur Global, pero que antes se llamaba el mundo colonial, y después el Tercer Mundo. Todos estos movimientos contra el colonialismo tomaron, adaptaron y utilizaron el marxismo como herramienta teórica en su lucha contra la dominación occidental.</p>
<p>Estas adaptaciones del marxismo hechas por la gente de Asia, África y América Latina son la razón por la que el marxismo es una una fuerza política central en la historia. Si se excluye eso de su historia, se está perdiendo realmente lo que significa.</p>
<p><strong>Creo que una de las claves de la confusión en el debate es que se reduce o se tergiversa en la cuestión de si la clase importa más que la raza. O si la opresión de clase es más inmoral que la opresión racial.</strong></p>
<p>Lo que no podemos hacer es decidir en abstracto cuál de las relaciones sociales es más determinante en un fenómeno social concreto. No se puede decir: en el caso de la esclavitud ¿fue más importante la raza, la clase social o la economía?</p>
<p>Es una pregunta sin sentido porque se trata de un fenómeno histórico real, constituido por muchos tipos diferentes de relaciones. Generamos abstracciones a efectos de análisis. Podemos hablar del aspecto racial para comprender mejor ese aspecto. Podemos hablar del aspecto económico para comprender mejor ese aspecto.</p>
<p>También podemos ver una historia en la que no es que todas estas cosas estén amontonadas o simplemente apiladas unas encima de otras, sino que se articulan de diversas maneras. Algunas tienen primacía en momentos concretos, otras aparecen en una secuencia determinada, pero no podemos decidir en abstracto y decir simplemente: raza, clase, ¿cuál es más importante?</p>
<p><strong>Citas una gran frase clásica de Barbara Fields. Ella escribió: «como si el principal objetivo de la esclavitud fuera la producción de la supremacía blanca, en lugar de la producción de algodón, azúcar, arroz y tabaco». Lo que creo que realmente aclara la cuestión histórica. No disminuye en absoluto el horror del racismo señalar que en Estados Unidos se constituyó para legitimar una forma de subyugación y explotación económica absolutamente brutal y casi absoluta.</strong></p>
<blockquote><p>La supremacía blanca no es algo que esté en los genes de los blancos</p></blockquote>
<p>En su libro <em>Lose Your Mother</em>, Saidiya Hartman argumenta que esto, en cierto modo, hace que la esclavitud sea todavía más horrible. Mientras que en el Holocausto el objetivo directo era el exterminio, en la esclavitud este tipo de brutalidad fue resultado del afán de lucro y, en cierto modo, eso hace que parezca aún más horripilante que si esta no fuera la causa principal. No quiero entrar en una disputa sobre cuál fue peor, que sería obscena, pero la cuestión es que al señalar el motivo económico, no se está minimizando en modo alguno la violencia y la obscenidad de estos episodios históricos. Y una de las cosas importantes que esa frase de Barbara Fields nos muestra es que la supremacía blanca es contingente. La supremacía blanca no es algo que esté en los genes de los blancos. No podemos permitir que ese tipo de pensamiento racialista invada la forma en que pensamos la historia.</p>
<p><strong>A menudo el argumento progresista de que los socialistas no se preocupan por la raza o el género genera un hombre de paja -como hizo Hillary Clinton, por ejemplo-, pero como escribes en el libro, hay una corriente en la izquierda que solo puede llamarse política esencialista de clase. Usted argumenta que esto juega a favor de los identitarios.</strong></p>
<p><strong>La izquierda socialista tiene una historia desigual en esta cuestión, con puntos altos y bajos. Las cosas mejoraron, al menos al principio, con el crecimiento del Partido Comunista, donde los cuadros negros pusieron en el centro la lucha contra el racismo. ¿En qué se queda corta la izquierda actual y algunos de sus antecedentes históricos?</strong></p>
<p>En primer lugar, la historia del movimiento obrero y socialista en Estados Unidos es la historia también de la inmigración y de la inmigración desde Europa, que es voluntaria. Pero luego también la inmigración forzada de trabajadores africanos.</p>
<p>Eso significa que el socialismo siempre tiene una relación complicada con el proceso, un largo proceso de lo que Theodore Allen llamó la invención de la raza blanca. Cuando los inmigrantes llegan a Estados Unidos, tienen que tomar una decisión, que es si se unirán al movimiento obrero, a la IWW, al Partido Socialista, etc., u optarán por disfrutar de los privilegios que se conceden a las personas que se unen al club de la blancura y que les permiten tener cierta ventaja sobre las personas que antes eran esclavas.</p>
<p>Ahora bien, el Partido Socialista y otras organizaciones de ese tipo no eran necesariamente racistas. Ciertamente podríamos imaginar que había miembros racistas y demás, pero habitualmente se oponían a la segregación. A menudo estaban a favor de la igualdad de derechos para los negros. Pero lo que no entendían, en la mayoría de los casos, era que no se podía tener igualdad y los intereses de la clase obrera en su conjunto podían avanzar a menos que pusieras las demandas y programas antirracistas en el centro de tu trabajo político.</p>
<p>Eso es lo que empezó a hacer la gente del Partido Comunista, figuras concretas como la <em>African Blood Brotherhood</em>, que fue absorbida por el Partido Comunista en cierto momento. Fue fundada en 1919, y en pocos años fue absorbida por este Partido. Una figura de la que hablo mucho –que tiene una biografía con uno de los mejores títulos que conozco: <em>Bolchevique Negro</em>– es Harry Haywood.</p>
<p>Harry hablaba de mirar a su alrededor, intentaba reclutar a sus amigos y a gente negra que conocía para el Partido Comunista porque entendía cómo se producía el racismo a través de la historia del capitalismo estadounidense. Y entendía la necesidad de tener un programa anticapitalista para superar el racismo. Pero era difícil convencer a los negros de ello porque veían una organización que parecía ser principalmente blanca. Y se sentían más atraídos por organizaciones como las de Marcus Garvey, que ponían en primer plano las demandas de autodeterminación.</p>
<blockquote><p>La demanda de autodeterminación puede ser asumida por un movimiento multirracial, por un movimiento anticapitalista</p></blockquote>
<p>Por eso Haywood fue a Moscú y escribió la famosa resolución de la Comintern de 1928, que decía que hay una nación negra en el Sur de Estados Unidos que tiene derecho a reivindicar la autodeterminación. Mucha gente lo discute, si es correcto decir que los estados negros del Sur albergan una nación. Esto no es lo importante. Lo importante es que se trataba de un movimiento estratégico para decir que dada una demanda nacionalista que moviliza a mucha gente y un movimiento de masas como el garveyismo, los comunistas tienen que comprometerse con ese deseo. Tienen que ser capaces de decir que la demanda de autodeterminación puede ser asumida por un movimiento multirracial, por un movimiento anticapitalista. No tenemos que ceder eso a movimientos que se basan fundamentalmente en un concepto esencialista de la raza y que se oponen a la solidaridad con otras nacionalidades y otros grupos.</p>
<p><strong>Volviendo al presente, ¿En qué fallan los actuales los análisis de clase de la izquierda actual y cuál es su propuesta?</strong></p>
<p>En primer lugar, suprimen esta historia, uno de los aspectos más preciosos de la historia del marxismo y lo que hizo del marxismo un fenómeno global en el siglo XX. La suprimen en parte porque tienen anteojeras eurocéntricas, en parte debido a un análisis incorrecto, que es frecuente en Estados Unidos, de lo que salió mal con el socialismo realmente existente en el siglo XX.</p>
<p>Tergiversan el marxismo ante un público que, de otro modo, podría ser potencialmente receptivo. Muchos activistas de hoy ven el marxismo como algo que dice que las demandas antirracistas son frívolas o que deben subordinarse a las de clase y que estas reivindicaciones de clase realizarán cualquier demanda antirracista. Como si una reivindicación antirracista no fuera más que una especie de forma confusa de expresar lo que en realidad es una reivindicación de clase.</p>
<p>Cuando los socialistas hablan así, desaniman a mucha gente que de otro modo podría ser receptiva a la idea de un movimiento anticapitalista y antirracista e crean el combustible para este tipo de división.</p>
<p><strong>Es una especie de búcle que se cancela a sí mismo, porque me parece que en algunos de los anális de clase de la izquierda, la raíz es la ira contra el argumento identitario, de tal manera que su contraargumento se convierte simplemente en su inverso.</strong></p>
<p>Así es, y de hecho eso ha ocurrido en ambos lados. La forma en que operan las personas que ahora defienden las políticas de la identidad se basan a menudo en la pura negación de lo que perciben como la posición de la prioridad de clase. Todos pierden en esa situación.</p>
<p><strong>Precisamente Hillary Clinton usa este argumento de que si destruimos los bancos mañana ¿eso acabaría con el racismo? ¿Acabaría con el sexismo, acabaría con la homofobia? De alguna manera las dos se convierten en opciones mutuamente opuestas, mutuamente excluyentes.</strong></p>
<blockquote><p>Ir a por los bancos es una reivindicación antirracista</p></blockquote>
<p>Ir a por los bancos es una reivindicación antirracista. Si nos fijamos en la forma en que los préstamos subprime atravesaron las líneas de raza y género, por ejemplo. Hay mucha literatura empírica de ciencias sociales sobre esto. Los prestamistas de hipotecas subprime se centraron especialmente en las mujeres negras.</p>
<p>¿Por qué no se puede decir esto ahora?</p>
<p><strong>Tuve a Keeanga-Yamahtta Taylor en el programa para hablar de su libro sobre el <em>Combahee River Collective </em>(<em>Cómo nos liberamos. </em><a href="https://www.bellaterra.coop/es/libros/como-nos-liberamos">Bellaterra</a>). Antes de leer su libro no sabía que el término «políticas de la identidad» fue acuñado por lesbianas negras radicales socialistas, que se referían a algo muy diferente e incluso diametralmente opuesto al uso coloquial del término en la actualidad.</strong></p>
<p><strong>A quienes aún no hayan escuchado la entrevista a Keeanga, les recomiendo que lo hagan, pero ¿Qué ha sucedido con este término?</strong></p>
<p>También recomiendo hacerse con el libro que editó Keeanga, que contiene la declaración de 1977 del <em>Combahee River Collective</em> en la que introdujeron el término y también algunas entrevistas realmente esclarecedoras con los miembros fundadores y autoras de esa declaración colectiva.</p>
<blockquote><p>Lo que quieren decir cuando hablan de políticas de la identidad es que los movimientos sociales existentes en los que hemos participado se han basado todos en un tipo de identidad asumida</p></blockquote>
<p>Básicamente, lo que quieren decir cuando hablan de políticas de la identidad es que los movimientos sociales existentes en los que hemos participado se han basado todos en un tipo de identidad asumida. Así, en el movimiento de liberación negra se asumía que los negros son hombres, y en el movimiento feminista, se asumía que las mujeres son blancas. Y en los movimientos obrero y socialista, se asumía que los trabajadores eran hombres blancos.</p>
<p><strong>Y en el separatismo de las lesbianas de la izquierda feminista, había una especie de presunción de que las mujeres no están conectadas e integradas en redes que incluyen a los hombres.</strong></p>
<p>Esta era otra de las cosas a las que se oponían. Estaban tratando de señalar que cuando la identidad de las mujeres negras se introdujo en la política, y cuando afirmaron su autonomía, se dislocaron las identidades fijas y reductivas que existían en los movimientos de los que habían formado parte.</p>
<p>Era sobre esa base sobre lo que se podía participar en coaliciones con otros movimientos que no las marginalizasen. Se podía integrar coaliciones de diversos tipos y aun así conservar su autonomía y ser capaces de ejercer el liderazgo y el control sobre sus propias vidas y sus actividades políticas.</p>
<blockquote><p>Las mujeres negras se encontraban en la intersección de las distintas relaciones de opresión</p></blockquote>
<p>Eso es lo que entendían por políticas de la identidad. También querían decir que, debido al modo en que las distintas relaciones de opresión –racial, sexual y económica– se han entremezclado en la sociedad y en la historia de Estados Unidos, las mujeres negras se encontraban justamente en esa intersección. Al responder a las diversas formas de opresión que experimentaban, se podía reestructurar el conjunto de la sociedad.</p>
<p><strong>Porque si se liberaba a las mujeres negras, se habría de liberar a todo el mundo.</strong></p>
<p>Acabas de citar esa línea fundamental de la declaración colectiva. Eso es exactamente hacia donde este colectivo quería mover su política. Esta es una política de coalición. Es una política de emancipación generalizada, y utilizan este término «políticas de la identidad» para señalar eso. Son realmente las primeras en utilizarlo en este sentido. Si lo buscas en lo publicados con anterioridad, aparece muy raramente y solo en un sentido muy informal.</p>
<p>Pero aquí está la cosa: esa definición de políticas de la identidad no parece ser lo que la gente quiere decir hoy en día cuando utilizan la palabra. ¿Qué ha pasado entre medias? Es un verdadero enigma. En mi libro, realmente no rastreo esa historia.</p>
<p>No está en el libro porque lo que quería mostrar en el libro es que este término que la gente puede encontrar atractivo hoy tiene una historia revolucionaria real, un punto de origen revolucionario. Y que el uso contemporáneo va en contra de mucho de lo que esa gente, esas activistas y militantes que habían creado el término querían conseguir.</p>
<p>Ahora nos encontramos en una situación en la que parece que todo el mundo que utiliza el término políticas de la identidad quiere decir algo diferente con él, y a menudo quieren decir cosas diferentes en una misma conversación. Una persona puede usar tres definiciones diferentes al mismo tiempo.</p>
<p>Yo lo que he defendido es que el término tiene una historia revolucionaria y ahora se usa también en un sentido completamente reaccionario, por lo que tenemos que entender la inestabilidad del término y tratar de encontrar la manera de articular un tipo diferente de política de la dominante ahora.</p>
<p><strong>Tú no haces una genealogía de cómo el término descarriló tanto, pero sí hablas bastante de por qué esta formulación de las políticas de la identidad es tan atractiva hoy en día. Escribes que, cuando no existe ningún otro esfuerzo organizativo práctico para combatir el racismo, cualquier cuestionamiento del marco de la identidad parece un intento de negar la validez de la lucha antirracista. De hecho, vas incluso más allá. Cuestionar la propia ideología racial parece una negación de la capacidad de acción de los oprimidos.</strong></p>
<p><strong>En otro lugar argumentas, de forma relacionada, que el mayor logro del neoliberalismo es convencernos de que no hay alternativa. Como resultado, la gente se aleja de un proyecto de emancipación universal. En esta realidad plana y sin esperanza, algunos eligen los consuelos del fundamentalismo, pero otros eligen los consuelos de la identidad.</strong></p>
<p>Mi libro no establece una oposición entre raza y clase, como ya hemos dicho, pero sí una oposición entre los movimientos de masas y la política de las élites. Esa es la contradicción y el antagonismo central de mi libro y así es como leo la historia que nos lleva desde los años sesenta y setenta hasta el presente.</p>
<blockquote><p>Mi libro no establece una oposición entre raza y clase, pero sí una oposición entre los movimientos de masas y la política de las élites.</p></blockquote>
<p>El <em>Combahee River Collective</em> hace esta propuesta en un momento en el que los movimientos de masas están empezando a decaer seriamente y la derecha está empezando a ascender. Fue el periodo de reestructuración neoliberal en Europa y en Estados Unidos y es un periodo donde surge una nueva estrategia de la clase dominante de derechas, que Stuart Hall llamó populismo autoritario.</p>
<p>Es en este momento cuando surge el término en un contexto político totalmente diferente del contexto en el operaban las personas que propusieron el término cuando formaban parte de esos movimientos de masas. Dentro de esos movimiento, cuando se propone el lenguaje de la raza o de cualquier otro tipo de relación que se subsuma en la categoría de identidad, forma parte de un programa general de transformación social estructural. Y está constantemente sometido al tipo de crítica práctica de los movimientos de masas. Cuando los líderes de un movimiento de masas plantean ideas o hacen propuestas de conceptos o eslóganes, etc., están sometidos a la crítica de miles de personas que les están escuchando y que han trabajado para poner a esos líderes ahí.</p>
<p>Es un contexto muy particular. Cuando estas organizaciones de masas se encuentran con sus propios obstáculos internos, cuando son oprimidas por el Estado, cuando empiezan a fragmentarse simplemente porque las condiciones de vida de la gente se están desmoronando, en ese momento, este tipo de lenguaje de la raza se desvincula de los movimientos de masas que hicieron que ese lenguaje fuera revolucionario. Y es retomado por líderes que ya no están sujetos a la supervisión de las bases, sino que ahora son capaces de entrar en la estructura de poder existente en la sociedad.</p>
<p>Esa es la historia en la que puede producirse este tipo de cambio drástico y de inversión de un término como es el de políticas de la identidad.</p>
<p><strong>Esto me recuerda mucho a toda la cuestión de <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Rachel_Dolezal">Rachel Dolezal</a>, de hecho, has escrito las frases más claras y mejores sobre Dolezal que haya podido encontrar.</strong> <em>[Rachel Dolezal es el nombre de una activista antiracista estadounidense de la que se descubrió que no tenía antepasados negros.]</em></p>
<p>Un punto de unión entre lo que yo estaba hablando anteriormente y tu pregunta, es que cuando este tipo de políticas en torno a la raza –y sigo con una especie de vacilación aquí, porque realmente no acepto que podamos tener una categoría que es la identidad como tal, que subsume tanto la raza como el género y tal vez la clase en ella–. Creo que se trata de diferentes tipos de relaciones sociales y que la identidad no es una forma adecuada de describirlas en su especificidad.</p>
<p>Cuando la gente habla en términos identitarios, siempre se obtiene una especie de lista de deseos identitarios. Y eso no significa que estés siendo interseccional. Kimberlé Crenshaw, en uno de sus artículos fundacionales sobre la cuestión, dice que la interseccionalidad no consiste en proponer una nueva teoría de la identidad. Lo dice muy explícitamente.</p>
<blockquote><p><strong>Es la condición de víctima y la promesa de protección lo que se vincula a la categoría de identidad</strong></p></blockquote>
<p>Cuando estos diferentes tipos de categorías políticas pierden su anclaje en los movimientos sociales, la razón por la que se vuelven tan útiles para las élites es que reducen la política a la reparación de un daño. Cuando uno puede afirmar que ha sido perjudicado de alguna manera por su identidad, puede apelar al Estado en busca de protección. Es la condición de víctima y la promesa de protección lo que se vincula a la categoría de identidad.</p>
<p>Este es el funcionamiento básico de la política progresista. Según el análisis de Judith Butler y Wendy Brown, esto significa que las personas no solo se ven progresivamente reducidas a cualquier categoría de identidad que las haya constituido, porque fueron heridas por tener esa identidad, sino que también se les quita su agencia como actores políticos. Porque se convierten en víctimas que necesitan ser protegidas por el Estado.</p>
<p>Cuando entras en política exclusivamente a través de experimentar una herida y luego, sobre esa base, recibir protección por parte del Estado, entonces tienes que construir una identidad para ti mismo que te convierte en una persona herida. Rachel Dolezal fue, en cierto modo, el ejemplo más absurdo y extremo de ello, precisamente porque <em>passing</em> es un término muy importante en la historia de Estados Unidos. Se han escrito historias muy interesantes sobre cuántas personas tuvieron <em>passing</em>. Me refiero a los negros que se hacían pasar por blancos. En 1929, Nella Larsen escribió una novela titulada <em>Passing</em>, una de las muchas novelas sobre este fenómeno.</p>
<p>El hecho de que Rachel Dolezal lo hiciera al revés es completamente desconcertante. Creo que la cuestión es que el lenguaje contemporáneo de la identidad hacía muy difícil para la gente explicar por qué tenían una reacción afectiva de rechazo tan fuerte hacia Rachel Dolezal. Había una repugnancia absoluta hacia ella, pero muchas dificultades para explicar exactamente por qué. Porque al mismo tiempo hablamos de la fungibilidad de la identidad y cosas por el estilo, ¿en qué nos basamos para decir que lo que hizo estaba mal? Creo que se podría argumentar, pero el problema es que nuestro lenguaje político actual no lo hace posible.</p>
<p><strong>Creo que fue específicamente el fracaso del lenguaje identitario lo que dejó a los progresistas identitarios solo con la indignación como respuesta a los conservadores que trataron de utilizar el episodio de Dolezal para atacar básicamente a las personas trans y decir: “ah, si esto es un problema, por qué la gente puede ser trans”. Obviamente es indignante que estén explotando esta controversia de internet para atacar a las personas trans. Pero creo que, debido al marco identitario, la gente estaba mal equipada para responder a la derecha, a la derecha homófoba.</strong></p>
<blockquote><p>Deberíamos tener claras nuestras líneas de antagonismo y deberíamos crear luchas colectivas contra la extrema derecha</p></blockquote>
<p>No debería resultarnos tan difícil responder a la extrema derecha, y ese es un fenómeno peculiar hoy en día. Deberíamos ser capaces de emprender condenas rotundas y brutales contra la extrema derecha. Pero en lugar de eso, creo que uno de los aspectos del discurso identitario es que realmente necesitas que la extrema derecha venga y diga cosas horribles, para poder adoptar una posición de repulsa. Entonces puedes comparar a quienquiera que sea tu oponente actual en la izquierda con la extrema derecha, e insistir en que la repulsa se extienda a ellos. Deberíamos tener claras nuestras líneas de antagonismo y deberíamos crear luchas colectivas contra la extrema derecha, cosa que no veo que esté ocurriendo ahora mismo.</p>
<p><strong>Acabamos de hablar de la noción individualista de herida incrustada en los marcos identitarios, y creo que el corolario de eso es que también hay una noción individualista en cuanto a los perpetradores del racismo. En lugar de cuestiones estructurales, aunque la gente habla de racismo estructural, a menudo parece que el racismo consista en ideas equivocadas que tiene la gente en la cabeza, lo que para mí, transpone este racismo que tiene sus raíces en la economía política, contingentemente, al cerebro o incluso a los genes de las personas con ideas equivocadas.</strong></p>
<p><strong>A menudo, irónicamente, son los progresistas más acomodados los que transponen el racismo, culpando del racismo a los blancos pobres en lugar de a un sistema político y económico que segrega y explota sistemáticamente a los negros. Una cosa de la que hablo constantemente en el programa es que culpar al estereotipo de <em>redneck</em> es en sí mismo racista porque se trata de limpiar la blancura de las élites blancas de la <em>white trash </em>–basura blanca–, los blancos malos.</strong></p>
<p>Los blancos ricos son extremadamente racistas. Hay burbujas particulares en el noreste y la costa oeste que contienen la clase media-alta y, a veces media, la élite de los blancos ricos que forman parte de una especie de cultura progresista. Esto se resumió en la interesante respuesta <em>¿Qué pasa con Connecticut?</em> al libro de Thomas Frank, <em>¿Qué pasa con Kansas?</em>.</p>
<p>La gente rica es extremadamente derechista y racista y el fenómeno realmente extraño es que hay algunos estados ricos donde la gente rica se inclina hacia el progresismo como Connecticut y otros. Pero en la mayor parte del país, no es así. En la mayor parte del país, cuanto más bajos son tus ingresos, incluso entre la gente blanca, más probable es que votes a los demócratas. Hay muchas ideas totalmente erróneas sobre la política de los distintos grupos demográficos en Estados Unidos que subyacen a ese tipo de prejuicios sobre la <em>white trash</em>.</p>
<p>Esto se verificó también en la forma en que se habla de los votantes de Trump. Se supone que todos los blancos del Medio Oeste y del Sur votaron a Trump. No es cierto. En esos estados hay una enorme porción de la población que no vota. Hay mucha gente blanca, la mayoría de la gente blanca de este país, que no votó a Trump. Eso es lo que dicen los números.</p>
<p>La forma en que se habla de este grupo, es como si fueran tan moralmente responsables de que suceda el mal, que todo lo que podemos hacer es condenarlos moralmente. Cualquiera que sugiera, como Bernie Sanders o quien sea, que deberíamos salir y hablar con ellos y hablar de sus preocupaciones reales existentes está disculpando y racionalizando su racismo.</p>
<p>Pero si realmente quieres oponerte al racismo, si quieres luchar contra Trump y ver un cambio social real, eso significa que tienes que cambiar las mentes de esas personas y tienes que cambiar la forma en que viven y la forma en que se relacionan entre sí y con las personas que ellos ven como diferentes.</p>
<blockquote><p>Educar políticamente es exactamente lo que hay que hacer si se quiere lograr un cambio social</p></blockquote>
<p>Eso significa transmitir un mensaje que no se limite a complacer sus intereses económicos, sino que también les eduque sobre el papel que el racismo ha desempeñado en este país y la necesidad de que asuman la lucha contra el chovinismo blanco y el racismo como su propia lucha. Y la necesidad de que creen solidaridades con la gente de color y acepten el liderazgo de la gente de color en los movimientos que tratan de defender a los inmigrantes, en los movimientos que luchan contra la violencia policial y en los movimientos que tratan de sindicalizar los lugares de trabajo.</p>
<p>Educar políticamente es exactamente lo que hay que hacer si se quiere lograr un cambio social. En youtube hay un discurso increíble de Fred Hampton sobre la educación política. Era un término fundamental para los Panteras Negras, pensaban que el programa Desayuno para niños era ante todo un programa de educación política. La educación política es fundamental.</p>
<p>Podéis <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-ii/" target="_blank" rel="noopener">leer la segunda parte aquí</a>.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/">Entender mal las políticas de identidad: Una conversación con Asad Haider (Parte I)</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/entender-mal-las-politicas-de-la-identidad-una-conversacion-con-asad-haider-parte-i/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Clase, sexo y raza: Más allá de un enfoque interseccional</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Fernanda Rodríguez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jan 2024 18:13:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antirracismo y fronteras]]></category>
		<category><![CDATA[clase]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[interseccionalidad]]></category>
		<category><![CDATA[raza]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=617</guid>

					<description><![CDATA[<p>Este artículo propone un marco histórico no interseccional para dar cuenta de las cuestiones de sexo y raza. La clase no es un eje de opresión más que se imbricaría con otros, sino aquel que les dota de inteligibilidad, ya que las cuestiones raciales y sexuales forman parte de su composición histórica.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/">Clase, sexo y raza: Más allá de un enfoque interseccional</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Este artículo es una primera versión de un trabajo posterior que hemos publicado en el Cuaderno de Estrategia nº 4. Puedes <a href="https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2025/11/ZE4_cap4.pdf">descargarlo completo aquí.</a></p>
<hr />
<p>Se propone aquí un marco histórico y no interseccional para dar cuenta de las cuestiones de sexo<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup>/sexualidad y raza. La clase no es, en el enfoque que aquí se defiende, un eje de opresión más que se imbricaría con otros, sino aquel que les dota de inteligibilidad. Esto se debe a que<em> </em>dichas cuestiones raciales y sexuales forman parte de la clase, de su composición histórica.</p>
<p>La acusación no se deja esperar: la de reduccionismo marxista. Sin embargo, este análisis es opuesto a la afirmación de que todas esas luchas (de sexualidad, de sexo y de raza) sean secundarias con respecto de la contradicción primaria y fundamental: la clase. Al contrario, muestra hasta qué punto el dominio de raza, de sexualidad y de sexo vertebra el capitalismo tal como existe históricamente. Si la raza o el sexo no son meros epifenómenos “superestructurales” o cualificaciones secundarias de la clase, es porque forman parte de ella. Es decir, son principios organizadores del capitalismo como sistema mundial, precisamente por pertenecer a la dinámica de la lucha de clases y, así, a la clase misma. Tal y como advirtiera Franz Fanon, revisando el marxismo ortodoxo, en relación al sistema colonial la raza es infraestructura, clase: “En las colonias, la infraestructura [la clase] es igualmente una superestructura [la raza]. La causa es consecuencia; se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico. Por eso los análisis marxistas deben ser modificados ligeramente siempre que se aborda el sistema colonial.”<sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup></p>
<blockquote><p>La raza, el sexo y la sexualidad se hallan enraizados en formas específicas de explotación y de dominio</p></blockquote>
<p>Reconducir las luchas sexuales y antirracistas a las de clase, más allá de las políticas de reconocimiento, no constituye una arbitrariedad, puesto que la raza, el sexo y la sexualidad se hallan enraizados en formas específicas de explotación y de dominio, tanto por lo que se refiere al conflicto capital-trabajo como al de capital-reproducción de la vida. Sin producirse y reproducirse bajo el capitalismo estas diferencias de raza, sexo y sexualidad, no podría efectuarse históricamente la acumulación de capital.</p>
<p>De este modo, no solo sería injusto omitirlas en la crítica anticapitalista, sino que obviarlas haría fracasar por completo cualquier proyecto político de clase, en favor de su antagonista. La clase no es un concepto meramente económico, sino político. Como desde el marxismo se ha explicado, la posición objetiva es insuficiente, en tanto no se dé la constitución política de esa clase (su composición, esto es, su organización y conformación como bloque con intereses comunes y proyecto orgánicamente enraizado en la lucha de clases), lo que es imposible sin medios culturales de cohesión, tal y como ya estudiara Thompson en relación a la formación de la clase obrera en Inglaterra.<sup><a id="ffn3" class="footnote" href="#fn3">3</a></sup> Dichas cuestiones sexuales y raciales, no obstante, han sido excluidas de la comprensión de la clase por razones políticas. Con ello no se tiene como objetivo instrumentalizar esas diferencias a fin de emancipar a la clase trabajadora entendida falazmente como autóctona o nacional, sino defender la posibilidad de una verdadera coalición de clase, de la cual ha sido expulsada la mayor parte del trabajo, tanto el racializado como el feminizado.</p>
<p>Conviene precaverse contra tentaciones vanguardistas, por las que un ortodoxo marxismo elitista ha sido incapaz de concebir a la clase obrera más que como instrumento de realización de la Razón en la Historia, reanudando en forma revolucionaria un clasismo propio del representacionismo burgués, en que la conciencia universal, en este caso no de la nación, sino de la clase, es portada desde fuera de la lucha de clases por intelectuales (burgueses) miembros del Partido: un estatismo que se ejercerá sobre la clase trabajadora y su autonomía revolucionaria.<sup><a id="ffn4" class="footnote" href="#fn4">4</a></sup> Revivir ese representacionismo no es solo permanecer anacrónicamente por debajo del nivel histórico del reconocimiento adquirido por las mal llamadas minorías, sino que además es perjudicial a los efectos de intensificar y ampliar la lucha de clases.</p>
<p>Con ese interés político en la posibilidad de las coaliciones, tomando distancia del ya muy asentado enfoque interseccional, se ha querido abordar un tratamiento histórico del sexo y de la raza bajo el capitalismo siguiendo la estela de los marxismos críticos, en concreto, de los marxismos negros y del feminismo marxista.</p>
<p>En primer lugar, es necesario hacer una mínima aproximación a la noción de interseccionalidad y, en segundo lugar, aclarar en qué sentido se toma distancia de ella y por qué (o mejor aún para qué) de manera más concreta, así como desplegar una explicación histórica acerca de las diferencias raza, sexualidad y género, o al menos una tentativa plausible.</p>
<p>En origen, lo que más tarde recibiría el nombre de “interseccionalidad” se expresó como “simultaneidad” y “entrelazamiento de las opresiones”. Nace del feminismo negro en la década de los setenta con el propósito de visibilizar una diferencia excluída y de dotarla de una mayor agencia e importancia políticas. Esta simultaneidad y entrelazamiento tiene su raíz en la experiencia de las mujeres afroamericanas. Tal y como expuso el colectivo Combahee River en <em>Un manifiesto feminista negro</em> de 1977: “(…) las políticas sexuales bajo el patriarcado son tan dominantes en la vida de las mujeres negras como son las políticas de clase y de raza. A menudo encontramos difícil separar la raza de la clase y de la opresión sexual porque en nuestras vidas a menudo las experimentamos de forma simultánea.” <sup><a id="ffn5" class="footnote" href="#fn5">5</a></sup></p>
<blockquote><p>Las opresiones, aunque se pueden distinguir analíticamente aparecen enmarañadas en la vida de las personas.</p></blockquote>
<p>Las opresiones, aunque se pueden distinguir analíticamente (por ejemplo, la opresión racial como opresión diferenciada, y la de las mujeres, por otro lado), aparecen enmarañadas en la vida de las personas. Es preciso por tanto entender sus relaciones a fin de no dejar sin perspectivas políticas de emancipación a las opresiones específicas, en este caso a las de la mujer negra. Esta posición, lejos de renegar del universalismo, concebía la política desde la doble opresión como un impulso auténticamente universal, que era falseado sin embargo cuando se representaba a todas las mujeres en la mujer blanca y burguesa, y a todos los negros en el varón negro: “Sin embargo podemos usar nuestra posición en lo más bajo para dar un salto claro en nuestra acción revolucionaria. Si las mujeres Negras fueran libres, significaría que todas las demás personas tendrían que ser libres también, ya que nuestra libertad necesitaría de la destrucción de todos los sistemas de opresión.”<sup><a id="ffn6" class="footnote" href="#fn6">6</a></sup></p>
<p>El tratamiento de las cuestiones de La Mujer y no de las mujeres reales en medio de sus específicas situaciones de dominio, era el paradigma a eliminar; una reflexión crítica que desembocó en un discurso denominado “interseccionalidad”, el cual ha penetrado en la academia. El término fue acuñado por Kimberlé Williams Crenshaw en 1989 quien trataba de pensar las interacciones de raza y género en las mujeres negras de EE.UU. y cómo éstas eran invisibilizadas de modo concreto.<sup><a id="ffn7" class="footnote" href="#fn7">7</a></sup></p>
<blockquote><p>Se trata de pensar el no-ser de la mujer negra, dar nombre a lo que no lo tenía, nombrar una ausencia</p></blockquote>
<p>Sin duda, la expresión tiene (y porque el lenguaje obliga a ello) una cierta reminiscencia de la teoría de conjuntos. Hay una intersección entre el conjunto significado por el concepto Mujer y el conjunto significado por el concepto Negro, en el que caen los individuos mujeres negras. Y esto supone que cabe pensar las opresiones analíticamente, como conceptos separados y considerar después cómo se relacionan y cuáles son sus efectos sobre el subconjunto de mujeres negras. Sin duda no es más que un préstamo del lenguaje. No se trata tanto de pensar la diferencia positiva de esos individuos concretos, las mujeres negras, como el lugar de un vacío en que ellas son social, cultural y por tanto políticamente inexistentes; se trata de pensar el no-ser de la mujer negra, dar nombre a lo que no lo tenía, nombrar una ausencia, precisamente, para poder acceder al reconocimiento social y político de su opresión, al ser, por decirlo en un lenguaje <em>fanoniano</em>.</p>
<p>No obstante, en los años 70, ese reconocimiento de la diferencia, se entendía en un horizonte universalista, interesado en los frentes y en las coaliciones que hoy no es evidente. Puede rastrearse este interés en diversas declaraciones políticas del movimiento gay, hoy asociado las más de las veces a puras políticas de la identidad, como en “Refugiados de Amerika: un manifiesto gay” (1969) o en el “Documento de trabajo para la convención constitucional revolucionaria” de 1970, elaborado por el Grupo de liberación gay de Chicago.<sup><a id="ffn8" class="footnote" href="#fn8">8</a></sup> También puede constatarse en el propio movimiento de las mujeres por el salario doméstico que, aunque autónomo, se consideraba parte de una general lucha de clases contra la subordinación al salario y la moral del trabajo.</p>
<p>En analogía con el enfoque interseccional, hay otras propuestas desde el pensamiento decolonial, que conciben las sociedades actuales como organizadas por una multiplicidad de ejes de opresión que se afectan causalmente, e incluso se co-constituyen. Habría que hacer una larga argumentación histórica contra este tipo de razonamiento; se intenta aquí un esbozo.</p>
<blockquote><p>Sobre ese encierro doméstico y subordinación al varón de carácter represivo, podrá nacer la mujer femenina de tipo burgués</p></blockquote>
<p>En primer lugar, se abordará la cuestión sexual, desde el punto de vista del feminismo marxista. La existencia de dominio masculino con anterioridad a la Modernidad, y el largo y represivo proceso de encierro doméstico y subordinación (“domesticación” de las mujeres), es una condición histórica para la posterior “sexualización”, es decir, la conversión del trabajo de las mujeres en trabajo de cuidado necesario para la reproducción social, pero considerado natural y por ello no productivo. Las formas represivas de domesticación han sido descritas con detalle en el libro de Silvia Federici <em>Calibán y la bruja</em>, a saber: retirada de los oficios, supresión de los derechos de las mujeres solas (es decir, no sujetas al varón), subordinación económica del marido legalmente sancionada, promoción de la persecución y delación de la actividades de las mujeres fuera de la casa a través de la criminalización de la prostitución, control de la reproducción femenina a cargo del estamento médico… Elementos que se condensan en el fenómeno de la caza de brujas. Los siglos XV y XVI forman parte del largo proceso de expropiación de tierras comunes e impulsaon la expropiación represiva del cuerpo y de las capacidades reproductivas de las mujeres. Tanto el cercamiento de las tierras comunes como la desposesión del control reproductivo y de la autonomía de las mujeres, son dos aspectos de un mismo proceso de expropiación originaria fundante del capitalismo, que convierte en disponible la fuerza de trabajo y la produce demográficamente. Sobre ese encierro doméstico y subordinación al varón de carácter represivo, podrá nacer la mujer femenina de tipo burgués orientada al cuidado del niño y del marido, lo cual es su deseo, el deseo de su sexo; función de cuidado que será asumida ahora mediante formas más suaves y regulativas. Nacerá la mujer pues como la primera sexualizada, la cual es, como dirá Rousseau en el <em>Emilio</em>, “toda ella sexo”.</p>
<p>La extensión de esta domesticidad burguesa a la clase obrera, a lo largo del siglo XIX, responde a la necesidad de una fuerza de trabajo sana y fuerte para la industria pesada, y además, gobernable, que no cargue sobre el capital, más allá del salario familiar, sus costes reproductivos, lo que arruinaría sus beneficios.<sup><a id="ffn9" class="footnote" href="#fn9">9</a></sup></p>
<p>El capitalismo no reorganiza la reproducción social en términos de división sexual del trabajo en la forma de una especie de “sobredeterminación” al modo althusseriano. No sucede que la estructura económica se vea afectada inmediatamente por algo previo, llamado por ejemplo “patriarcado”. Un planteamiento de este tipo asume una causalidad misteriosa y automática, que prescinde de todas las intervenciones de clase y formas estratégicas en que se reorganiza la sociedad a fin de asegurar la acumulación de capital. En segundo lugar, obvia que muchas instituciones y formas sociales han sido suprimidas en cuanto que no eran conformables a dicha lógica acumulativa. No es el caso de la subordinación femenina. El dominio sexual es subsumido y transformado, de tal modo que se trata de <em>otro tipo </em>de dominación<em>,</em> basado en el salario familiar y en el no reconocimiento como trabajo del trabajo reproductivo, lo que es una novedad histórica. Dicha dominación masculina existe ahora como parte de la clase, de su composición, en la que va a ser actuada la lucha de clases.</p>
<blockquote><p>La imaginería de los cuerpos y de sus estigmas, está fundada en la de los deseos. Los deseos, presumidos en los otros,<em> constituyen cuerpos</em></p></blockquote>
<p>Sería aún más largo de exponer y argumentar cómo las cuestiones relativas a las sexualidades no normativas pertenecen a la clase, en concreto a sus formas políticas. Valga esto que sigue como resumen. De acuerdo con el Foucault de <em>La voluntad de saber</em>, la domesticidad burguesa nace como afirmación política por parte de la burguesía de un cuerpo de clase que opone a la sangre de la aristocracia, un cuerpo destinado a la soberanía. La importancia del dispositivo de sexualidad, originado en esa nueva regulación doméstica, no reside en que sea particularmente intenso, esto es, constitutivo de la subjetividad política burguesa, sino en que, por esto mismo, va a ser un dispositivo extenso, un distribuidor general de estatus, que recorrerá la sociedad como un todo. O lo que es lo mismo, dicha lógica es propiamente <em>una lógica de clase</em>, con la que se excluye a otros de la soberanía, sometiéndoles a un tratamiento policial en colaboración con el saber y el poder psiquiátrico. Se trata de un pensamiento clasificatorio del deseo, algo así como el pensamiento salvaje de la burguesía, que, en función de su proximidad o lejanía con respecto al burgués doméstico y, así, de su mayor o menor exterioridad con respecto de la sociedad civil, dará lugar a un muestrario social continuo que va desde el pretendido automatismo instintivo y animal de la negritud (totalmente exterior a la sociedad civil) a la imaginada nerviosidad del obrero degenerado y revolucionario, del judío y del homosexual (una inadecuación al sujeto regulado burgués interna a la sociedad civil en estos dos últimos casos). La imaginería de los cuerpos y de sus estigmas, está fundada en la de los deseos. Los deseos, presumidos en los otros,<em> constituyen cuerpos</em>. Son los cuerpos de los degenerados, que se empiezan a dibujar en las últimas décadas del s. XVIII, y que serán los exterminables del s XX. Esta imaginería de los cuerpos tan propia de la cultura burguesa ha sido estudiada por G. L. Mosse.<sup><a id="ffn10" class="footnote" href="#fn10">10</a></sup></p>
<p>La misma falla analítica que en las relaciones de sexo y clase, puede plantearse a propósito de la noción de co-constitución de los ejes de opresión, procedente del pensamiento decolonial (con nomenclaturas diversas como la de “heterarquías”), con respecto a la raza.<sup><a id="ffn11" class="footnote" href="#fn11">11</a></sup> La comprensión del capitalismo como una civilización que nace de las entrañas de la sociedad feudal, en concreto de su racismo, presupone que la raza existe como forma de jerarquización previa que “impregnó” estructuras sociales, modos de producción y formas de propiedad, feudales y capitalistas, así como los valores y conciencia de los pueblos, bajo el feudalismo como bajo el capitalismo. Esta es, parece, la comprensión de Cedric J. Robinson acerca del “capitalismo racial” en su <em>Marxismo negro, </em>quien al apelar a un racismo intraeuropeo anterior a la modernidad, basado primero en el linaje y luego en el tratamiento racista del moro, el judío y el irlandés, prefiguraría la posterior jerarquización racial capitalista.<sup><a id="ffn12" class="footnote" href="#fn12">12</a></sup></p>
<p>Podría decirse de este modo que la raza co-constituye el capitalismo y, así, la clase, dando lugar a un capitalismo racial, es decir, vertebrado racialmente. Se trata de no caer en el reduccionismo marxista y en el dualismo infraestructura/superestructura, propio del pensamiento occidental. No obstante, al hacer de la raza algo distinto de la clase que “impregna” y, suponemos que con ello da forma, o co-constituye, los modos de producción y las formas de propiedad, queda inexplicado cómo la raza sería estructurante y así decisiva.</p>
<p>Con respecto del razonamiento histórico de Robinson, cabe objetar que el término raza bajo el feudalismo no significa subhumanidad como en la Modernidad, aunque sí inferioridad social. Siguiendo la noción fanoniona de raza que recupera Ramón Grosfoguel, la raza consiste modernamente en la denegación de la humanidad del otro, una suerte de no-ser, cuyo marcador puede ser el color, pero también la religión, entre otros.</p>
<blockquote><p>Ni el musulmán ni el judío son subhumanos, sino enemigos en términos civilizatorios</p></blockquote>
<p>Raza, en cambio, en la Edad Media se refiere a la calidad del linaje, y en el contexto español más bien con carácter negativo (mala raza) que positivo (buena raza). Raza inferior es sobre todo el villano,<sup><a id="ffn13" class="footnote" href="#fn13">13</a></sup> por lo que cabría decir que para la sociedad feudal la raza es originariamente la clase, es decir, trabajo explotable, y trabajo explotable en condición de servidumbre. Por otra parte, ni el musulmán ni el judío son subhumanos, sino enemigos en términos civilizatorios; civilizados, en consecuencia, y no infrahumanos, por lo que inicialmente se planteó su conversión, no su explotación. El racismo moderno, en cambio, consiste en la exclusión de la humanidad en el otro a efectos de expropiación y explotación; el racializado es expropiable y explotable en formas que no son los propias de un siervo español a finales del s. XV, sino de un esclavo. Según Alejandro Lipschutz, la encomienda es un feudalismo “imperfecto” o “impropio” y “degenerante” que no comporta la propiedad de la tierra por parte del encomendero. No obstante, el trabajo forzado del indio en América puede entenderse como una suerte de restauración del Viejo Fuero Juzgo, de acuerdo con el cual el siervo solariego carece de derechos sobre su persona y propiedad. La encomienda aen América es por tanto una “esclavitud disimulada”, análoga a esa vieja condición del solariego carente de fueros. Esta situación propia del solariego sin derechos no era vigente en España a finales del s. XV, aunque podría haber recuerdo histórico de ella en el aventurero español y afán de este de enseñorearse en las colonias sobre un solariego refundado en la persona del indio.<sup><a id="ffn14" class="footnote" href="#fn14">14</a></sup> Lipshutz sigue a Ots Capdequí en la idea de que la encomienda es una especificidad americana y no toma en cuenta su continuidad con la encomienda castellana durante la llamada Reconquista, tal y como recuerda Ruggiero Romano, que además la hace derivar históricamente de la behetría. Romano está, no obstante, de acuerdo con el <a href="http://anuarioiehs.unicen.edu.ar/Files/1988/001%20-%20Romano%20Ruggeiro%20-%20Entre%20encomienda%20castellana%20y%20encomienda%20indiana%20.........pdf">carácter neofeudal de la encomienda americana</a>, la cual comporta, empero, niveles de explotación mayores que la americana.</p>
<p>Con respecto de la comparación de la situación servil del indio con la del antiguo solariego, no es la de éste una condición racial, como la del indio, sino una social y jurídica, entre otras, como la divisa y la behetría. Tan es así, que incluso se contemplan dos regímenes en Castilla para el solariego en el título VII del <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/03/El_Fuero_viejo_de_Castilla_-_sacado,_y_comprobado_con_el_exemplar_de_la_misma_obra,_que_existe_en_la_Real_biblioteca_de_esta_corte,_y_con_otros_mss._(IA_BRes002885).pdf">Viejo Fuero de Castilla</a> recopilado en 1356: uno en que se carece de cualquier derecho y otro en que se reconoce el derecho sobre el propio cuerpo del siervo, que el señor no puede “prender” ni dañar, así como tampoco puede tomar el solar y propiedades, excepto en caso de incumplimiento.</p>
<p>La discusión que inaugura la noción de raza en la conquista de América (el debate de Valladolid en 1550-1551 que enfrenta a Sepúlveda y Las Casas en relación a la humanidad del indio) es precisamente ésta: si deben los indios o no ser reconocidos como vasallos de la Corona, y por tanto el grado de explotación que les corresponde, o dicho más claro, <em>si pueden o no ser esclavizados</em>. Y es así que la raza en términos modernos no puede ser comprendida sino como la forma más brutal de explotación, la forma más opresiva de la clase. El racismo no es premoderno y no puede entenderse de esa forma. No es una forma civilizatoria occidental porque haya nacido de las entrañas de la sociedad feudal esencializada y sin cambios en sus relaciones de clase, sino que lo es porque el feudalismo entró en crisis, y debió buscar formas de explotación no admisibles en términos generales en el seno del sistema señorial a finales del s. XV, las cuales devinieron capitalistas y por ello vertebradoras del sistema-mundo capitalista.</p>
<p>De este modo, el capitalismo histórico es indudablemente racial, pues la raza abarca la división internacional del trabajo, pero no lo es debido a que haya formulaciones previas de la raza análogas a las modernas, y menos aún distintas de la clase, que den forma al capitalismo. Para reforzar aún más este argumento, la racialización moderna en América, contra Robinson, no tiene antecedentes en el repudio del judío y del moro. Estos se han visto afectados por los estatutos de limpieza de sangre originados en el s. XV para limitar el ascenso social del converso judío. Pero la sangre del indio no tiene mácula y su racialización no está en continuidad con la impureza religiosa del semita, sino con el sistema de clase feudal que, en su tránsito al capitalismo, llevó las formas de explotación conocidas a grados aún más extremos y desusados, por lo que debió racializarlas.</p>
<p>Tal y como señaló Oliver C. Cox, padre de la teoría del capitalismo como sistema-mundo y marxista negro de origen trinitense, el concepto de raza no es anterior a 1492 y a los orígenes del capitalismo, de modo que el antagonismo racial forma parte de la lucha de clases. En su libro de 1947<em>, Caste, class and race</em>, Oliver C. Cox refuta los análisis entonces en boga de la raza como casta para describir la situación de los negros en EE.UU. Esta sociología haría de la raza algo así como un elemento premoderno y por tanto precapitalista, análogo a la división de castas de la India. Esto es del todo erróneo. En palabras de Cox: “La explotación de los nativos, el imperialismo, es (&#8230;) un problema de producción y de competencia por los mercados. He aquí, pues, las relaciones de raza; no hay, en absoluto, relaciones de casta: son relaciones trabajo-capital-ganancias; por lo tanto, las relaciones de raza son relaciones proletario-burguesas y, por lo tanto, relaciones político-clasistas.” <sup><a id="ffn15" class="footnote" href="#fn15">15</a></sup></p>
<blockquote><p>La raza es una forma de la clase, que el marxismo ortodoxo no supo reconocer</p></blockquote>
<p>La raza no co-constituye, de este modo, algo distinto de ella, que sería la clase. Antes bien, la raza es una forma de la clase, que el marxismo ortodoxo no supo reconocer y que expulsó políticamente de ella, como bien argumenta Robinson, justificado en una falsa comprensión de la acumulación de capital como originada solamente en la explotación del trabajo libre asalariado.</p>
<p>Pensar no las imbricaciones de distintos ejes desde el punto de vista sincrónico, sino las operaciones de clase desde el punto de vista histórico, para dar cuenta del sexo, la sexualidad y la raza, tiene una utilidad práctica que en absoluto invalida los objetivos de la comprensión de las opresiones llamada “interseccionalidad”, a saber: 1) procurar una subjetivación política de los que hasta ahora habían permanecido invisibles e innombrados; 2) lograr que las políticas públicas se enderecen al reconocimiento de los derechos de esas personas.</p>
<p>Con respecto de esa utilidad práctica, hay que señalar que, si el enfoque interseccional tiende a un discurso infinitesimal sobre las diferencias, un enfoque histórico busca concebir las mal llamadas “minorías” en un plano mayoritario en que sean decisivas. Esto es, supone que todo eso descontado como particular, encerrado ahí, y a veces por ello estabilizado, lejos de ser el elemento secundario de la transformación, puede aparecer como su condición de posibilidad, sin obligar absolutamente a nadie a tomar una posición de vanguardia que no desea.</p>
<p>Más claramente este enfoque histórico y afín al marxismo, obedece a estos fines: 1) horadar (no reforzar) la lógica hegemónica que estabiliza las diferencias como minorías, y que las convierte en una confirmación de su propia normatividad; y 2) contribuir a posibilitar un bloque, un mínimo proyecto conjunto, que hallaría en la clase un elemento esencial de vinculación (y no de exclusión o supeditación) para formas de antagonismo acerca de la raza, del sexo y de la sexualidad, en tanto y en cuanto, éstas no son extrañas a la lucha de clases como elementos secundarios, sino primarios del dominio de clase. Mostrar las formas de racismo en nuestras actuales sociedades capitalistas, en el interior de sus contradicciones de clase, no es algo que comience de cero, sin dejar de ser un trabajo obligado.</p>
<p>Es imposible combatir el racismo y la subordinación de las mujeres al margen de la opresión de clase, estando como lo están incrustadas en la jerarquización laboral y en una reproducción social con el menor coste posible para el capital. No son meras ideologías susceptibles de cambiar mediante transformaciones subjetivas, puesto que están objetivadas socialmente, razón por la que la ideología es eficaz.<sup><a id="ffn16" class="footnote" href="#fn16">16</a></sup> Tampoco el arreglo reproductivo heterosexual en este contexto dejará de ser hegemónico y colmado de prestigio político, en detrimento de otras sexualidades y arreglos reproductivos.</p>
<p>Por último, ninguna emancipación es factible al margen de un horizonte y cultura de clase compartidos: las diferencias nacional/racial, masculino/femenino, normativo/desviado, permiten articular bloques nacionales dirigidos por las oligarquías a las que parte de la clase trabajadora autóctona capta como aliadas, frente a esos otros constituidos como una amenaza a su posición dentro del Estado-nación. Dichos bloques nacionales requieren reforzar las divisiones internas haciendo de lo social gobernable en los marcos propios del capitalismo, ya sea en sus formas más duras, posfascistas, o en formas más suaves, con tintes socialdemócratas. Solo una alianza de los diversos, en pleno respeto de su autonomía, pero con capacidad de cooperación bajo un sentido común de clase, podría debilitar esas líneas en favor de un antagonismo antioligárquico</p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">A efectos de este artículo, el término sexo es intercambiable con el de género. Por más se quiera hacer ver que el sexo tiene un sustrato biológico independiente de su interpretación social, desde un punto de vista vinculado al materialismo histórico poco importa una capacidad biológica que no se pone en juego, una potencia que no se actualiza. Dicha actualización requiere condiciones sociales bajo las cuales se ponen a trabajar las capacidades reproductivas, que además exceden lo biológico, como es el caso de la crianza, el cuidado y en general el trabajo reproductivo. En ese sentido, el sexo que se quiere reducir a lo biológico o natural es también social y construido. <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">F. Fanon, <em>Los condenados de la tierra</em>, Ciudad de México, FCE, 2018, págs. 40-41. <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
<li id="fn3">Un buen artículo que explica la concepción de Thompson sobre la clase, liberada de trazas subjetivistas que harían irrelevante la posición de los sujetos en el modo de producción, puede encontrarse en el artículo de Ellen Meiksins Wood “El concepto de clase en E. P. Thompson”, disponible en internet: <a href="http://www.cuadernospoliticos.unam.mx/cuadernos/contenido/CP.36/CP.36.9.EllenMeiksinsWood.pdf">http://www.cuadernospoliticos.unam.mx/cuadernos/contenido/CP.36/CP.36.9.EllenMeiksinsWood.pdf</a> <a href="#ffn3">↩︎</a></li>
<li id="fn4">Con independencia de las posiciones de Halloway en relación a cómo debería entenderse una revolución hoy día, el autor resume de modo útil algunos de los problemas del marxismo científico en relación a la distinción entre saber y no saber, siendo la lucha de clases el lugar del segundo polo, incapacitada por tanto para erigirse en agente de la transformación social, capacidad que residiría en el Estado; como mucho, la lucha de clases debe conducir a la toma del Estado, objetivo político prioritario. Ver: J. Holloway, <em>Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de una revolución hoy</em>, Madrid, El viejo topo, 2003, cap. VII. Un resumen histórico de la supeditación y eliminación de la autonomía obrera en la revolución rusa bajo el liderazgo del partido bolchevique puede leerse en: E. Rodríguez, <em>La política contra el Estado</em>, Madrid, Traficantes de Sueños, 20018, cap. 3. <a href="#ffn4">↩︎</a></li>
<li id="fn5">R. Lucas Platero (ed.): <em>Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada</em>, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2012, pág. 79.<br />
<a href="#ffn5">↩︎</a></li>
<li id="fn6"><em>Ibídem</em>, pág. 82. <a href="#ffn6">↩︎</a></li>
<li id="fn7">. <em>Ibídem</em>, pág. 32 <a href="#ffn7">↩︎</a></li>
<li id="fn8">Se hallan compilados en: Rafael M. Mérida (ed), <em>Manifiestos gays, lesbianos y quee</em>r, Barcelona, Icaria, 2009. <a href="#ffn8">↩︎</a></li>
<li id="fn9">Para una eficaz aproximación a los análisis del feminismo marxista y además breve, puede leerse una selección de textos de Silvia Federici publicada por Traficantes de Sueños, bajo el título <em>El patriarcado del salario</em>. En concreto el artículo que coescribe con N. Cox, “Contraatacando desde la cocina” y el artículo “La construcción del ama de casa a tiempo completo y del trabajo doméstico en la Inglaterra de los siglos XIX y XX”. Así mismo, se recomienda, en relación al interés de la burguesía en extender la domesticidad a la clase obrera como forma de control político, el capítulo 3 del libro de 1979, <em>La policía de las familias</em>, escrito por Jacques Donzelot y publicado recientemente por la Editorial Irrecuperables. <a href="#ffn9">↩︎</a></li>
<li id="fn10">Ver: George L. Mosse, <em>La imagen del hombre. La creación de la masculinidad moderna, </em>Madrid, Talasa, 2001.<br />
<a href="#ffn10">↩︎</a></li>
<li id="fn11">R. Grossfoguel, <em>De la sociología de descolonización al nuevo antiimperialismo decolonial,</em> Ciudad de México, Akal, 2022, págs. 83-106. <a href="#ffn11">↩︎</a></li>
<li id="fn12">C. J. Robinson, <em>Marxismo negro. La formación de tradición radical negra.</em> Madrid, Traficantes de Sueños, 2019, págs. 138-139. <a href="#ffn12">↩︎</a></li>
<li id="fn13">A. Lipschutz<em>, El problema racial en la conquista de América,</em> México D.F, Siglo XXI, 1963, págs. 239-242. <a href="#ffn13">↩︎</a></li>
<li id="fn14"><em>Ibídem,</em> págs. 186-190. <a href="#ffn14">↩︎</a></li>
<li id="fn15">O. C. Cox, <em>Caste, class and race, </em>Londres,<em> Forgotten Books, </em>2018, pág. 336. <a href="#ffn15">↩︎</a></li>
<li id="fn16">Acerca de la despolitización a la que conduce esta autonomización de la raza con respecto de la clase, ver “Los talleres de concienciación son la tumba de la lucha: una historia antirracista” en: A. Kundnani, <em>Capitalismo racial,</em> Oviedo, Ed. Cambalache, 2022. <a href="#ffn16">↩︎</a></li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/">Clase, sexo y raza: Más allá de un enfoque interseccional</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
