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	<title>queer archivos - Zona de estrategia</title>
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	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
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	<title>queer archivos - Zona de estrategia</title>
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		<title>Orgullo Crítico, Orgullo Cómodo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charlie Moya Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jun 2024 08:38:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismos/Disidencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Dónde quedó el tomar y hacer en vez de pedir y esperar? Los oprimidos han iniciado un ciclo político en el que se constituyen como una víctima sin agencia que busca ser protegida</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cada 28 de junio vuelve a sobrevolar el fantasma de Stonewall. Las imágenes de Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson se reproducen en un bucle infinito en las redes sociales. Las proclamas de todos los Orgullos (críticos y comerciales) mencionan esa noche, esas personas, ese acto revolucionario. Podría parecer, pues, que la comunidad queer tiene bastante claro qué sucedió en Stonewall y qué potencial político había tras ello, ¿no?</p>
<p><a href="https://katakrak.net/cas/editorial/libro/miss-major-toma-la-palabra"><em>En un reciente libro</em></a>, la activista trans negra Miss Major aporta una voz más desconocida de ese relato. «Yo sólo sé que esa noche vinieron y nadie aflojó». Los que vinieron fueron los policías y ese nadie que no aflojó las trans negras y putas que, hartas de recibir palizas y detenciones, en los inicios del verano de 1969, se enfrentaron a la represión. Era más que urgente poner fin a la violencia y tuvieron el arrojo de atreverse a pasar a la acción. Un año después, nos dirá Miss Major, el Orgullo ya se había consolidado y los hombres homosexuales blancos la apartaron a ella y a las demás de cualquier lugar de visibilidad.</p>
<p>Teniendo en cuenta la claridad del legado, la genealogía de la lucha, el mito fundacional sobre el que se asienta la idea del Orgullo y las potencias que este podía suscitar, ¿qué demonios ha pasado para que este haya perdido toda entidad política? Y no me refiero en esta ocasión al Orgullo mainstream, al desfile de carrozas, al patrocinado por empresas y encabezado por partidos. No, estoy hablando verdaderamente del Orgullo Crítico (o los Orgullos Críticos) como espacio en el que la política, la radicalidad política en la que se asentaba, ha quedado relegada al olvido.</p>
<blockquote><p>Asusta que un movimiento social capaz de movilizar a miles de personas no tenga la más mínima intención de romper con el modelo anquilosado en el que se está viendo atrapado y su única opción sea la autorreferencialidad</p></blockquote>
<p>Pongámonos en situación: junio de 2024, las calles del centro de Madrid. Se convoca la manifestación del Orgullo Crítico que parte de la Glorieta de Bilbao, marcha hacia Argüelles y termina en Plaza de España. Durante el recorrido hay lemas, pancartas enarboladas, banderas, música, gritos, risas. Se llega al final, se lee el manifiesto, hay distintas intervenciones y vuelta a casa. En abril-mayo de 2025 se volverá a poner en marcha la plataforma y se repetirá el modelo. Esto no ha ocurrido aún. Pero la historia se puede contar ya. Incluso se puede una a aventurar la cantidad de asistentes: ¿20 mil? ¿25 mil? Es la cifra en la que se ha movido estos últimos años. Pues ya estaría, pueden ahorrarse la participación, no van a ver nada nuevo.</p>
<p>Perdón por el cinismo, pero asusta que un movimiento social capaz de movilizar a miles de personas, algo que en este país sólo puede hacer la Sanidad Pública, el 8M o la final de la Liga, no tenga la más mínima intención de romper con el modelo anquilosado en el que se está viendo atrapado y su única opción sea la autorreferencialidad, el victimismo y la complacencia.</p>
<p>¿Qué pasa, pues, para que un movimiento que hereda históricamente una lucha en la que mujeres, trans, negras y putas acabaron a pedradas con la policía, se limite a día de hoy a salir un día al año a pasearse por Madrid? Lo que pasa es que ni hay urgencia, ni hay emergencia, ni todos esos miles de personas que asisten a la marcha tienen necesidad ni intención de poner el cuerpo en nada porque no hace falta.</p>
<p>¿Por qué prende la llama de Stonewall? Porque no solo era la violencia policial diaria. Eran los encarcelamientos, la falta de acceso a la vivienda, la negación de la salud, el rechazo social, el trabajo (en caso de haberlo) terriblemente precarizado o la falta de comida. Si Sylvia, Marsha o Miss Major se dedican a partir de los años 70 a montar casas de acogida para menores y otra gente expulsada de sus familias y a reunir gente es porque comprendieron que solo la comunidad podía tener la potencia del apoyo mutuo. Si no hay llama alguna que prenda a día de hoy en el Orgullo Crítico es porque esos miles de personas viven en la más absoluta de las comodidades.</p>
<blockquote><p>¿No está obcecada la comunidad LGTBetc en el lugar de opresión en el que habita?</p></blockquote>
<p>¿Pero, no estamos hablando todo el rato de la violencia, las agresiones, el acoso, las palizas, los asesinatos? ¿No está obcecada la comunidad LGTBetc en el lugar de opresión en el que habita? A veces la violencia de la que se habla no es real. La violencia más cruel en este país se encuentra en los asesinatos en la valla de Melilla, en las violaciones a las temporeras de Huelva, en las redadas diarias de Lavapiés, las agresiones a mujeres trans muchas veces trabajadoras sexuales. La violencia, a día de hoy, está en Gaza. En los cuerpos otros marginalizados, inexistentes, abocados a desaparecer en cualquier momento; cuerpos en los que la vida no vale para nadie.</p>
<p>Que te insulten por la calle, que utilicen equivocadamente tu pronombre o que te miren raro es un hecho desagradable, como los actos desagradables o agresiones que puede vivir cualquier persona por cualquier razón. No ha lugar de convertirlo en un evento traumático y mucho menos situarnos como si fuésemos las víctimas privilegiadas y mártires de los oprimidos sin atender a las violencias más graves que sufren muchas de las personas que nos rodean y que se encuentran en peor situación. Y mientras los que lideramos estas manifestaciones no seamos los que sufren las violencias más duras, aquí nadie va a tirar la primera piedra. No es que nadie afloje, como contaba Miss Major, es que la flojeza ya está aquí.</p>
<p>Los movimientos sociales, siendo este caso del que estamos hablando el del Orgullo Crítico, son lugares de comodidad, aglutinadores de agentes de la clase media. Personas jóvenes, con estudios universitarios, trabajos más o menos precarios con los que se consigue pagar el alquiler y futuros herederos de la herencia familiar. Lo que Emmanuel Rodríguez llamaría “<a href="https://traficantes.net/libros/el-efecto-clase-media">el efecto clase media</a>”. Una sociedad constituida por individuos con aspiraciones a un trabajo mejor, una vivienda mejor, una formación mejor. Aquellas casas comunitarias de Sylvia, Marsha y Miss Major, donde la familia se había abolido y los recursos eran compartidos no tienen lugar en el entorno en el que estamos hablando.</p>
<p>Parece imposible que asambleas como la del Orgullo Crítico se conviertan verdaderamente en esas comunidades de vida. Es impensable que espacios como estos sean radicalmente políticos y decidan cuestiones como socializar los recursos comunes, poner las economías y los cuerpos en el centro de la vida y pensar en cuáles son las estrategias verdaderas a seguir más allá de mirarse el ombligo. ¿Por qué una asamblea capaz de mover tal magnitud de personas no se plantea en un momento de guerra como este asaltar la embajada de Israel hasta que el gobierno del país rompa cualquier lazo diplomático y comercial? ¿20 mil personas no son suficientes? ¿Por qué no se aprovecha esa estampida humana para repartirse por los distintos desahucios que a diario suceden en esta capital e impedir que la gente pierda sus casas? ¿Por qué no asaltar supermercados para redistribuir la comida? ¿Por qué no acampar en la M-30 hasta que las personas de la Cañada Real vuelvan a tener luz, después de casi cuatro años viviendo en condiciones infrahumanas? La intención ni está ni se la espera.</p>
<blockquote><p>Cualquier forma de interseccionalidad que no se piense como emancipación colectiva no es más que una forma de política identitaria personal</p></blockquote>
<p><a href="https://www.bellaterra.coop/es/libros/como-nos-liberamos">Contaban las feministas del Combahee River Collective</a> que la emancipación sólo sería posible en caso de que se hiciera de forma colectiva. Cuando empezaron a trazar la idea de la interseccionalidad, auguraban que ellas, como mujeres, negras y lesbianas sólo serían libres políticamente en el momento en el que hubiera una emancipación global de todos los sujetos desposeídos, de todos aquellos oprimidos por el mismo orden del Capital. Esa <a href="https://zonaestrategia.net/clase-sexo-y-raza-mas-alla-de-un-enfoque-interseccional/">interseccionalidad</a> ha ido mutando y cambiando de significado hasta llegar a nuestros días como un artefacto en el que los sujetos parecen estar atravesados por infinidad de etiquetas que hacen aumentar o disminuir su ranking en el opresómetro social. Cualquier forma de interseccionalidad que no se piense como emancipación colectiva y que derive en prácticas individualistas, autorreferenciales y victimistas no es más que una forma de política identitaria personal.</p>
<p>Mantenerse en el discurso del sufrimiento y el lamento perpetuo solo consigue hacerle el juego a la pacificación socialdemócrata y neoliberal. Esa forma de activismo actual en la que los sujetos demandan derechos construidos a partir de una violencia no existente es la entrega absoluta del poder político a los pies de los estados democráticos. Por favor, sálvenme de la bestia, me lo merezco por esta lista de atributos que me acompaña.</p>
<blockquote><p>Los oprimidos han iniciado un ciclo político en el que se constituyen como una víctima sin agencia que busca ser protegida</p></blockquote>
<p>La emancipación colectiva solo se hará, precisamente, en común. Ninguna democracia va a salvar a nadie. Las demandas de derechos humanos por parte de los espacios del activismo queer son el triunfo del movimiento asimilador de las democracias occidentales actuales. Nunca les vino tan bien a los políticos de todo el arco parlamentario que a día de hoy las luchas consistan en reclamaciones. ¿Dónde quedó el <a href="https://traficantes.net/libros/tomar-y-hacer-en-vez-de-pedir-y-esperar">tomar y hacer en vez de pedir y esperar</a>? Los oprimidos han iniciado un ciclo político en el que se constituyen como una víctima sin agencia que busca ser protegida. Se pide que el sistema sea seguro y vigilante para poder alcanzar esa identidad idealizada. Así es como la identidad y su potencia, el medio que podía reconducir las luchas y su quién falta, se ha tornado un fin último. Si las urgencias no existen en los espacios asamblearios, lo único que queda es dedicarse a hablar de una misma. El ombligo propio es cada vez más gigante.</p>
<blockquote><p>Las asambleas no son un lugar para hacer terapia y lamerse las heridas</p></blockquote>
<p>Para salir de ello, como dijimos, no queda otra que poner el cuerpo, esta vez de verdad. Las asambleas no son un lugar para hacer terapia y lamerse las heridas. Utilicen ustedes las cañas de después para exponer sus lamentos y sus compañeras seguro que estarán encantadas de ayudarles, para eso también están. Pero el círculo político en el que nos convocamos tiene finalidades concretas: acabar con las cárceles, detener deportaciones, okupar viviendas y centros sociales, abolir el trabajo… No lo sé, sueñen, piensen juntas. Es extrema la situación de miles de desposeídos. Hay gente siendo decapitada ahí fuera. Dejen de repetir lemas manidos y de lanzar proclamas que nunca van a cumplir. “¡Fuego al sistema!”. Adelante, traigan antorchas, yo pongo la gasolina.</p>
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		<title>Los años noventa queer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Irene Villa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Apr 2024 17:02:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Disidencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La teoría y el activismo queer se originaron en las luchas de las comunidades LGTB enfrentadas a la epidemia de sida y golpeadas por las políticas neoliberales y supusieron una ruptura con las luchas por derechos de los movimientos de las décadas anteriores</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><em>Publicado en italiano en <a href="https://www.machina-deriveapprodi.com/post/gli-anni-novanta-queer"><strong>Machina-DeriveApprodi</strong></a><br />
</em></p>
<p><em>Volviendo la vista hacia el debate sobre género y sexualidad de los años noventa, el siguiente texto sitúa oportunamente los orígenes de la teoría y el activismo queer en las luchas de aquellas comunidades LGTB enfrentadas a la epidemia de sida y golpeadas por las políticas neoliberales. De esta forma, enfoca en primer plano aquella «nueva semántica política» que rompió con las demandas de igualdad y las luchas por los derechos del movimiento gay y lésbico de las décadas anteriores, y que desplazó la atención de la identidad sexual a la percepción social de aquellas personas que no se encuentran conformes con el binarismo de género. En ámbito académico, Judith Butler, que representa el rostro conocido de la teoría queer, hablaba en aquellos años del género como de una «estilización cotidiana» de la norma heterosexual, insistiendo en los límites de la política identitaria propia del feminismo coetáneo. Se trata de cuestiones que mantienen intacta su relevancia política, y por este motivo el texto resulta útil para profundizar en las reflexiones genealógicas sobre los años noventa que </em>Machina<em> está llevando a cabo con el proyecto </em>Cartografia dei decenni smarriti [Cartografía de las décadas perdidas]<em>, y con vistas al festival </em>Quando il futuro è finito [Cuando el futuro se acaba]<em>, que tendrá lugar en Bolonia del 16 al 19 de mayo.</em></p>
<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 40px;"><em><strong>We’re Here. We’re Queer. Get Used to It.<br />
</strong></em></p>
<p style="padding-left: 40px;"><cite>Queer Nation </cite></p>
<p>Inspirados en las acciones del movimiento Black Power contra el racismo y las movilizaciones feministas contra el sexismo, los colectivos Queer Nation (Nación Queer) y Lesbian Avengers (Vengadoras Lesbianas) nacen en Estados Unidos a principios de los noventa con el objetivo declarado de actuar contra la homofobia. El momento histórico no es casual. En el mundo occidental, el final de los años ochenta y el principio de los noventa coinciden con la crisis de la epidemia de sida que, exacerbada por las políticas represivas y conservadoras de políticos de derechas como Margareth Thatcher y Ronald Reagan, golpea duramente a las comunidades LGTB de la época. Se hace pues fundamental para estas concentrar la atención sobre los daños psíquicos y materiales causados por la homofobia.</p>
<p>Así, en los años noventa, Queer Nation y Lesbian Avengers inauguran una nueva semántica política, parcialmente inédita o, en cualquier caso, distinta de la que habían adoptado los movimientos de liberación gay y lésbico de las dos décadas anteriores. Nacidos de un semivacío político, los movimientos de liberación gay y lésbico pretendían la revolución sexual como lucha por su visibilidad, y como liberación del deseo y las pulsiones reprimidas. A finales de los 70, en Europa, Mario Mieli invocaba la recuperación y la liberación de la «transexualidad originaria» (una suerte de deseo sexual polimórfico, perverso y primigenio) para dar forma a un comunismo de cuerpos y medios de producción, mientras del otro lado del Atlántico, con el eslógan «toda mujer es lesbiana en su corazón», Adrienne Rich teorizaba la posibilidad de construir un «continuum lésbico» contra el patriarcado.</p>
<p>En los años noventa, la lucha gay y lésbica pierde su configuración idealista y utópica, típica de los años anteriores, para traducirse sobre todo en luchas contra las estructuras e instituciones que producen la homofobia: la idea de la liberación sexual no queda excluida, sino que se redefine como liberación del estigma social que afecta a las minorías de género y sexuales, precisamente en tanto que minorías de género y sexuales. De ahí la importancia del término «queer», tradicionalmente usado como insulto asociado al sexo y a las relaciones lésbicas y gays, y transformado por Queer Nation en una palabra de orgullo. Como puede leerse en su <a href="https://web.archive.org/web/19970606011427/http://www.rfsl.se/texter/queersreadthis.html">manifiesto</a>:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><em>«Existen buenos motivos para decir “gay”, pero muchas lesbianas y muchos hombres gays nos despertamos cada mañana enfadados y disgustados, no «gays» [“alegres” en inglés]. Así que hemos decidido llamarnos queer [raros]. Usar “queer” es un modo de recordarnos cómo nos percibe el resto del mundo».</em></p>
<blockquote><p>Lesbian Avengers declaran su desinterés por obtener la igualdad jurídica para las personas lesbianas y gays si esta no viene acompañada de una redefinición más amplia de las relaciones de poder</p></blockquote>
<p>Haciendo referencia a la percepción social más que a la identidad sexual, «queer» se convierte un término lo suficientemente amplio como para incluir distintas formas de sexualidad que resisten al empuje de las normas sociales: no solo gay y lesbiana, sino también bisexuales y pansexuales, por ejemplo. Tratándose de un insulto, reivindicarlo significa situarse en los márgenes sociales que ese término evoca. Por ejemplo, en su <em>Manifiesto Tortillero [Dyke Manifesto], </em>titulado <em>Out Against the Right</em>, las activistas de Lesbian Avengers declaran su desinterés por obtener la igualdad jurídica para las personas lesbianas y gays si esta no viene acompañada de una redefinición más amplia de las relaciones de poder, así como de aquello que la sociedad considera aceptable:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><em>«Lesbianas butch, femme y andróginas; maricas leather, drag kings y drag queens; personas transexuales y transgénero no serán arrojadas a los lobos para que las “personas gays” que se comportan de forma hetero puedan mendigar su aceptación a nuestras expensas. Las personas lesbianas y gays de color no nos veremos obligadas a identidades parciales que niegan la complejidad de nuestras vidas. A las personas lesbianas y gays jóvenes, a las personas afectadas por el sida y a las personas queer con rentas bajas no se les negará el acceso, el apoyo y la participación en nuestra lucha por la justicia. No queremos ganar una batalla si ello conlleva perder la guerra.»</em></p>
<blockquote><p>No queremos ganar una batalla si ello conlleva perder la guerra</p></blockquote>
<p>Así, en los noventa, «queer» se convierte en sinónimo de un activismo agresivo y obstinado, que no aspira a mendigar las migajas de una sociedad injusta, sino que pretende poner en cuestión sus mismos cimientos: ¿Cómo y por qué la sexualidad de todo el mundo está tan controlada? ¿Cómo y por qué se presenta la familia heterosexual y nuclear como la única forma de afectividad posible? ¿Cómo y por qué se da tan por supuesto que todo el mundo es hombre, masculino y heterosexual o mujer, femenina y heterosexual? Estas cuestiones son la base del ámbito de estudio de la sexualidad y el género que en aquellos años toma forma en el mundo angloparlante occidental. Así, a principios de los noventa, el término «queer» emigra del ámbito del activismo para dar nombre a un campo de investigación académico. En el plano teórico no faltan precursoras de esta empresa: la activista chicana y teórica feminista Gloria Anzaldúa, por ejemplo, ya emplea el término «queer» en su <em>Borderlands/La frontera</em>, publicado en 1987; y antes que ella, Gayle Rubin, Cherrie Moraga y Joan Nestle lo usan en contribuciones teóricas y experienciales escritas durante las denominadas «guerras feministas del sexo», con el objetivo de situar el foco sobre los efectos del estigma lesbófobo y la opresión derivada de la intersección entre los ejes del heterosexismo, la raza y la clase.</p>
<p>No obstante, no será hasta los noventa cuando el término empezará a identificarse con una «teoría», siguiendo la afortunada expresión acuñada por Teresa de Lauretis en 1991. Teoría que se relaciona, al menos en un primer momento, con los trabajos de Eve Kosofsky Sedgwick y Judith Butler. Especialmente Butler se convierte en el rostro conocido de la teoría queer, por sus libros dedicados al análisis de la norma heterosexual de género <em>Gender Trouble </em><em>[El Género en disputa]</em> y <em>Bodies that Matter [Cuerpos que importan]</em>, publicados respectivamente en 1990 y 1993, y traducidos al italiano en 2004 y 1996 [y al castellano en 2001 y 2002, respectivamente, N. del T.]. Inspirándose en los conceptos de heterosexualidad obligatoria de Adrienne Rich y pensamiento heterosexual de Monique Wittig, los dos textos de Butler identifican en la heterosexualidad la matriz de inteligibilidad cultural que produce cuerpos que importan y cuerpos que no importan.</p>
<p>Según Butler, la heterosexualidad funciona como una norma que dirige la construcción social del género siguiendo criterios de validez y veracidad, los cuales son definidos a su vez por el estigma homotransfóbico. La norma instituye una oposición binaria y asimétrica entre feminidad y masculinidad, imponiendo y regulando ambos como atributos expresivos, respectivamente, de las mujeres femeninas heterosexuales y de los hombres masculinos heterosexuales. En otras palabras, la tesis de Butler es que el género no es natural, pues no deriva del sexo, sino que es resultado de una <em>estilización</em> cotidiana, la cual genera la idea de que sus expresiones tienen un fundamento biológico. Para mantener dicha ilusión, deben ser castigados aquellos sujetos que no se alineen con el binarismo hombre-masculino-heterosexual / mujer-femenina-heterosexual.</p>
<blockquote><p>El género para Butler existe como práctica que tiene consecuencias reales y que produce efectos concretos sobre los sujetos.</p></blockquote>
<p>Como ocurre con todas las teorías que acaban haciéndose increíblemente populares, la teoría de la performatividad de género de Butler ha sido frecuentemente malinterpretada y reducida a una teoría de la <em>performance</em> de género. Resulta importante especificar que, si con «<em>performance</em>» entendemos una puesta en escena orquestada por el sujeto, Butler nunca ha pretendido reducir el género a una cuestión de elección o simulación. Según la teoría de la performatividad de género, este existe como práctica que tiene consecuencias reales y que produce efectos concretos sobre los sujetos. Dichas consecuencias y efectos pueden ser, en ocasiones, fuertemente violentos, como bien saben los sujetos trans y cualquiera que estudie la historia de los castigos inflingidos a los sujetos de sexualidad o género no conformes. No obstante, la tesis principal de <em>El Género en disputa</em> es que <em>es posible oponerse</em> a esos efectos: ya sea por parte del sujeto individual, cuando se resiste a las disposiciones preestablecidas, o de las comunidades minoritarias, cuando se movilizan políticamente para intervenir sobre las estructuras culturales y sociales que producen el heterocissexismo y la homotransfobia. El género, según Butler, puede ser deshecho y rehecho. Para entender qué implica esto en la práctica, podemos usar el ejemplo que aporta ella misma <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UD9IOllUR4k&amp;t=499s">en una reciente entrevista</a>. Actualmente, el diccionario de Cambridge define la palabra «mujer» como «persona adulta que vive y se identifica como mujer, aunque en su nacimiento pueda haber sido asignada a otro sexo». Una definición que, tal y como afirma Butler, habría sido completamente impensable hace treinta años.</p>
<p>Volviendo a la época de los noventa en que se escribió, <em>El Género en disputa</em> fue pensado por Butler, entre otras cosas, como una intervención dentro de la teoría feminista y lésbica, con el fin de reflexionar sobre su relación con las formas de variación de género practicadas dentro de las comunidades LGTB, especialmente las feminidades gays y queens, y las estilizaciones lésbicas <em>butch</em>–<em>femme</em>. De hecho, los límites de la política identitaria que denuncia el libro son, por encima de todo, los propios de una política feminista incapaz de hacerse cargo de los mecanismos de la regulación heterosexual del deseo, y por tanto de las formas de subversión de género practicadas por los sujetos queer, especialmente aquellos trans. <em>El Género en disputa </em>y <em>Cuerpos que importan</em> convierten en posibles y deseables las formas de masculinidad y feminidad queer y trans, defendiéndolas ante la acusación de ser una copia de los originales heterocisexuales y situándolas en el corazón de la lucha feminista contra la norma de género. Además, desvelando el mecanismo regulador de la matriz heterosexual, ambos libros permiten cuestionar el modo a través del cual toda persona asume una identidad singular, abriendo así, como en la mejor tradición feminista y gay de movimiento, espacios inéditos de conciencia y de experimentación crítica.</p>
<blockquote><p>Donde hay opresión, hay resistencia, pero también la posibilidad de vivir una vida de placer.</p></blockquote>
<p>En el momento histórico actual, caracterizado por teorías conspiranoicas que intentan alarmarnos ante los supuestos peligros de la ideología y la identidad de género —también desde dentro del asociacionismo feminista—, los textos de Butler y el activismo queer de los años noventa nos recuerdan que solo observando las prácticas de género y sexualidad dominantes desde el punto de vista de quienes son excluidos de ellas podremos entender algo acerca de su funcionamiento social (y, por tanto, también sobre quiénes somos y quiénes queremos ser). Nos recuerdan, además, que el heterocisexismo, la homofobia y la transfobia son fuerzas sociales complejas y arraigadas y, finalmente, que donde hay opresión, hay resistencia, pero también la posibilidad de vivir una vida de placer.</p>
<p><em>Traducción de <a href="https://aesteladodelmediterraneo.wordpress.com/2024/03/29/los-anos-noventa-queer/">A este lado del Mediterráneo</a></em></div>
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		<title>¿Por qué el movimiento LGTBIQ+ debería disolverse? Contra el efecto pacificador de la izquierda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charlie Moya Gómez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Feb 2024 09:00:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Disidencias]]></category>
		<category><![CDATA[institucionalización]]></category>
		<category><![CDATA[LGTBIQ+]]></category>
		<category><![CDATA[movimientos sociales]]></category>
		<category><![CDATA[queer]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=1576</guid>

					<description><![CDATA[<p>Este texto llama a repensar el movimiento a partir de la solidaridad y la acción directa para superar el identitarismo desafiando el statu quo y recuperando el potencial de cambio social radical</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/por-que-el-movimiento-lgtbiq-deberia-disolverse-contra-el-efecto-pacificador-de-la-izquierda/">¿Por qué el movimiento LGTBIQ+ debería disolverse? Contra el efecto pacificador de la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En julio de 2021, moría asesinado el joven gallego Samuel Luiz tras recibir una brutal paliza. El consenso social, no el mediático, tuvo claro que lo habían matado por ser homosexual. Así se gritó en todas las movilizaciones que surgieron durante ese verano y en los meses posteriores. «A Samuel lo han matado por ser maricón» fue uno de los cánticos más unificadores bajo protestas en múltiples ciudades de todo el Estado. Pasadas las fechas de <em>prides</em> y orgullos críticos, el movimiento LGTBIQ+ se concentraba unilateralmente para denunciar el supuesto<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup> alto grado de violencia que se estaba alcanzando. El enemigo también estaba claro: el discurso de la derecha y la ultraderecha desde las instituciones, el Parlamento o los medios de comunicación. «A Samuel lo han matado por ser maricón y los culpables están ahí, son ellos, les ponemos nombre y cara».</p>
<p>Las proclamas de rabia y cansancio también fueron habituales. Parecía que aquel «la que quiera romper que rompa, y la que quiera quemar que queme» de Yesenia Zamudio<sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup> tomaba cuerpo en los sujetos LGTBIQ+ de este país. Quizás por eso, un grupo de personas decidió confrontar a la policía en una de las manifestaciones espontáneas en Madrid por el asesinato de Samuel. ¿Después del asesinato de un maricón, qué? ¿Qué más había que esperar para que esto parara? El discurso general apuntaba a que la violencia debía de dejar de llegar del Estado y tenía que contraatacar desde las clases populares, desde las oprimidas, desde las disidencias, en un movimiento en el que el “hasta aquí” se hiciera efectivo. Más adelante analizaremos si este movimiento cumple ciertamente con estas etiquetas que se asigna a sí mismo. «Así se infiltró la ultraizquierda en la protesta por Samuel», titularía el diario ABC la crónica de aquella tarde. Quizás, por un momento, el movimiento había despertado.</p>
<p>El verano pasó, llegó septiembre, las agresiones se sucedían y una nueva noticia acaparó titulares: un joven vecino de Malasaña denunciaba una agresión homófoba en la que unos encapuchados le habían rajado la palabra maricón en el glúteo. Nuevamente: movilización social, clamor público, acción política. La denuncia resultó ser falsa (o el chaval decidió cambiar la versión por miedo, por desvinculación, por hartazgo) y no había habido tal agresión, aquello había sido consensuado. Aún así, las concentraciones se mantuvieron porque no se hablaba de otra cosa que de violencia y la idea general era la de que había que seguir saliendo a la calle. Era necesario seguir rompiendo, seguir quemando. Las proclamas pedían fuego. ¿Por qué no llegó a saltar la chispa?</p>
<blockquote><p>Eso que llamamos movimiento LGTBIQ+ no existe como tal</p></blockquote>
<p>Resulta extraño. Bien es cierto que eso que llamamos movimiento LGTBIQ+ no existe como tal; deberíamos nombrarlo movimientos en plural, o colectivos, o sujetos. Hay muchos matices. Nunca ha habido tal unificación. Es todo pura apariencia o incluso un falso consenso que, en una aglutinación de siglas, ha considerado a este movimiento como algo coordinado y estable en el tiempo. Nada tienen que ver las ONG y asociaciones institucionales como la <em>Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más </em>(FELGTB) o el <em>Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales de Madrid</em> (COGAM), colectivos vinculados a partidos políticos y sindicatos subvencionados estatalmente, con las múltiples asambleas transmaribibolleras que pueblan decenas de municipios en todo el país. Lo de conglomerados como AEGAL (<em>Asociación de Empresas y Profesionales para Gays y Lesbianas, Bisexuales y Trans de Madrid y su Comunidad</em>), su financiación, su implicación en la destrucción del tejido social, su apoyo a la gentrificación o sus inversiones en Israel, lo dejamos para otro momento.</p>
<p>No nos alarguemos. Podríamos entender que, por lo menos, hay dos formas de comprender el movimiento LGTBIQ+: una en vinculación con las instituciones y partidos y otra en la autonomía, los colectivos de base o la política de calle. Bien, esto es algo que podíamos entender hasta ahora. Pero las demandas y los mensajes que al final tienen que ver con el discurso político, cada vez son más semejantes en ambos supuestos bandos. Por poner un ejemplo: en el manifiesto unitario del Orgullo Crítico de Madrid de 2023 se hacían alusiones a los «limitados avances en la adquisición de derechos», a los «derechos humanos» como tal, a las «pocas protecciones» que se otorgan desde instituciones como la Comunidad de Madrid, a «formar familias cishetero disidentes», a la «identidad política», a las «minorías entre minorías»<sup><a id="ffn3" class="footnote" href="#fn3">3</a></sup>. ¿No suena todo a proclama democrática? ¿No tiene un aire excesivamente demandante, asimilacionista y buscador de derechos a la manera de las asociaciones institucionales?</p>
<p>Si he puesto estos ejemplos desde el inicio es porque quiero llegar a un lugar muy concreto: los movimientos sociales se han equivocado en el fin de este último ciclo político y es de urgencia que planteen de nuevo su devenir, su acción y su discurso. En estos casos, quizás fueron un error las concentraciones por la muerte de Samuel (o el formato que adquirieron), quizás también la concentración por el ataque al chaval de Malasaña, o las proclamas del Orgullo Crítico. Teniendo en cuenta la capacidad de convocatoria y la potencia revolucionaria de enardecer de esa forma a la masa social, ¿por qué limitarla a un acontecimiento como un asesinato? ¿Por qué convocar un velatorio enfurecido y no poner las fuerzas en urgencias aún más extremas? ¿Por qué sacar a la calle a miles de personas solo en un caso tan específico? ¿Por qué no, antes o después, el movimiento LGTBIQ+ utilizó su capacidad de movilización para fines más comunes y menos sectorializados?</p>
<blockquote><p>Esta reflexión es una llamada a pensar en común</p></blockquote>
<p>Si me estoy centrando específicamente en el movimiento LGTBIQ+ es porque he formado parte de él y porque entono el <em>mea culpa</em> en su deriva. Podría hacerlo extensivo a cualquier movimiento social en el que participemos (feminismo, antirracismo, migra, disca, gorde…); todos tienen el nexo común de la identidad. Esta reflexión que pretendo abrir no es una acusación, sino una llamada a pensar en común cuál es el siguiente paso y cómo podemos volver a estar alertas ante el colapso y la crisis que vienen. Además, importante, qué papel jugamos colectivamente en esto y en qué lugar nos deberíamos situar.</p>
<p>Resulta curioso que en un mundo en permanente guerra, en el que Ucrania ya quedó prácticamente relegada a una esquina, Palestina empieza a aburrir a las audiencias y las noticias sobre Yemen, El Salvador o Somalia son nulas, occidente se haya obcecado por la pacificación. Más concretamente: la izquierda ha sido capaz de regalar un discurso pacificador que a día de hoy ha contaminado a los movimientos sociales. La izquierda, la socialdemocracia, el progresismo, los demócratas, llamemos de mil formas distintas a lo mismo, ha tenido la oportunidad perfecta para encajar un relato en el que la paz social debe ser un fin a construir entre todos. Será por medio de la aprobación de leyes y con la representación y la visibilidad exigida por las pretendidas minorías que la izquierda logrará otorgarse el emblema de “aliada” de los condenados de la tierra.</p>
<p>En ese mundo en guerra en el que habitamos es capaz de convivir la urgencia de la ley del “Solo sí es sí” con la explotación y violación diaria de las jornaleras de la fresa; es el mismo espacio-tiempo en el que se reclama la necesidad de una Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans y para la Garantía de los derechos de las Personas Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales e Intersexuales (LGTBI) y en el que el ministro del Interior es alguien como Fernando Grande-Marlaska, que también marcha en el Pride; el mismo ministro encargado del control de las fronteras y costas de un país en un mundo en guerra donde también se exige la #RegularizaciónYa de 500.000 personas sin papeles<sup><a id="ffn4" class="footnote" href="#fn4">4</a></sup>.</p>
<p>¿No tendrá que ver este giro de guion hacia el identitarismo en los movimientos sociales con una falta asustadora de discurso de clase? Quiero decir, parece que las reclamaciones de los últimos años tienen mucho que ver con el reconocimiento, los derechos y la exposición mediática. Por volver al movimiento LGTBIQ+ que nos ocupaba, el discurso latente está en la necesidad de visibilidad. Cito de nuevo el ya mencionado manifiesto del Orgullo Crítico de Madrid de 2023:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«No daremos un paso atrás respecto a la visibilidad de nuestras identidades en espacios de calle, educativos, sanitarios, en la legislación, donde sea».</p>
<p>Siempre está presente la necesidad de ser visto, de mostrarse públicamente, de ser reconocido. Pero, ¿es una necesidad real? ¿Hay realmente una invisibilización de determinados sujetos? ¿En un mundo en guerra en el que se combinan los <em>stories</em> de Instagram del enésimo bombardeo en Gaza con el anuncio de la nueva serie de moda de Amazon en la que el hijo de la presidenta de Estados Unidos y un príncipe inglés se enamoran? ¿De verdad se pretende la visibilidad y el reconocimiento? ¿Por qué no asumir, de una vez, que lo LGTBIQ+ se convirtió en lo mainstream? ¿No hay un sólo atisbo de lo conflictivo y lo peligroso que esto puede ser?</p>
<blockquote><p>Esta ha sido una de las grandes bazas de la izquierda, aprovecharse del miedo para sacar un rédito propio</p></blockquote>
<p>No menciono esto en clave de miedo, ni mucho menos. No me gustaría entrar en el mismo juego de la izquierda, en el que ha tomado por costumbre la llegada de una sociedad del terror en la que la pulsión de muerte está a la orden del día y cualquiera puede acabar con nuestra vida, en la que algo aún peor está por venir desde cualquier otro arco político que no es el suyo. De hecho, esta ha sido una de las grandes bazas de la izquierda, aprovecharse del miedo de determinadas minorías para sacar un rédito propio. Así pudo verse en las últimas elecciones generales de 2023, en las que el movimiento LGTBIQ+ estaba arropado por la gran madre de la patria en la que se ha convertido Yolanda Díaz, esa mujer protectora y caritativa que ha escuchado a sus hijes, ha sabido entender su sufrimiento y les ha ofrecido la paz a cambio del voto. La campaña que el movimiento LGTBIQ+ hizo en favor de la posible presidenta fue algo nunca visto en este país. Ni siquiera con Zapatero aprobando la Ley de Matrimonio Igualitario en 2005 se confió tanto en la democracia por parte de un sector poblacional que, por lo menos hasta la institucionalización post Transición, se había mantenido en los márgenes y en la confrontación de la norma.</p>
<p>Este es uno de los lugares donde quería llegar ¿qué ha pasado para que unos sujetos otros y disidentes que se movían en un entorno completamente <em>outsider </em>hayan optado por colocarse en el centro del tablero? ¿Por qué aquellos que aún no se nombraban movimiento LGTBIQ+ ejercían su acción política en el espacio que ofrecía la invisibilidad, la sombra y la cloaca? Leía hace poco al suicidado Christopher Chitty contar esto del higienismo del siglo XIX y de la aparición de los baños públicos en Europa:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Mientras que orinar en la calle aparentemente causaba un «ultraje contra la moral», la colocación de urinarios podría causar una «molestia pública», que abarcaba desde los panfletos, el hedor y los grafitis sexuales detallados por Wright, hasta el merodeo, el ligue callejero, la masturbación y el sexo entre hombres, algo que preocupaba a la policía de las principales ciudades de Europa en ese momento. […] Como indica el ejemplo de Manchester, las mujeres pidieron la construcción de urinarios para prevenir la «indecencia pública» y luego los expulsaron de los vecindarios cuando se convirtieron en centros de actividad homosexual. […] El cambio arquitectónico, hacia tabiques y urinarios individualizados, asignó a cada hombre su propio sexo, así como la disposición ansiosa por el sexo del hombre que no podía ver. Sus fluidos corporales ya no se mezclaban con los de otros hombres y ahora desaparecían por un desagüe.»<sup><a id="ffn5" class="footnote" href="#fn5">5</a></sup></p>
<blockquote><p>Lo revolucionario estaba en las sombras, en la noche, en los callejones, en los urinarios públicos</p></blockquote>
<p>Lo que hace Chitty a lo largo de su <em>Hegemonía Sexual</em> es desgranar los archivos europeos y encontrar la multiplicidad de experiencias que los homosexuales han tenido a lo largo de la historia y las relaciones que los diferentes gobiernos han guardado con esta situación en cada momento (a veces ejerciendo la persecución, a veces permitiendo determinados actos por necesidad política o por pura hipocresía). Lo que intento traer a la luz con este fragmento es la potencialidad con la que ha vivido la sexualidad, la expresión de género e incluso la propia identidad, eso que ahora llamamos movimiento LGTBIQ+. Lo revolucionario estaba en las sombras, en la noche, en los callejones, en los urinarios públicos. La capacidad de resistencia frente a la cisheteronorma venía de unos lugares infectos, apestosos, de la pura cloaca en la que se encontraban a oscuras aquellos que desarticulaban el sistema con sus propios cuerpos. Había todo un mundo otro en los bajos fondos de la sociedad. De ahí el surgimiento de prácticas como el <em>cruising</em>, las aplicaciones de sexo instantáneo, el uso de drogas, la experimentación con el propio cuerpo o la nula moral sobre cualquier tipo de práctica sexual (<em>fisting, scat, pissing, BDSM, </em>orgías…). Con esto no quiero decir que la sociedad heteronormada no tenga prácticas sexuales disidentes de cierta moralidad judeocristiana ni que las personas LGTBIQ+ tengan todas una sexualidad o una expresión de género absolutamente fuera de la norma. Pero sí que hay algo en todo esto que tiene que ver con lo invisible que hace, ahora sí, de las personas cuir, sujetos desarticuladores del mundo heterocentrado a través de encuentros, prácticas y disidencias en la absoluta marginalidad.</p>
<p>La pacificación de la izquierda se ha encargado de arrancar de las cloacas a los sujetos cuir y de tratar de asimilarlos bajo un sistema uniformado porque la estructura familiar, el trabajo funcionarial, la deuda y la hipoteca son herramientas de control social. Que las personas LGTBIQ+ pasen a ser sujetos de bien o ciudadanos de primera dentro de la sociedad europea contemporánea no es más que un intento victorioso a través del cual la izquierda ha logrado, bajo un discurso pacificador y aliado, mayor mano de obra para seguir manteniendo vivo el engranaje del capitalismo. Era necesario incorporar al mercado laboral y al modelo de familia a todos aquellos que habían conseguido vivir una vida fuera del sistema capitalista. El matrimonio igualitario, la posibilidad de la adopción o la gestación subrogada, el acceso a trabajos funcionariales, profesiones liberales o la loanza de determinadas expresiones artísticas (podemos pensar desde la moda, el travestismo o la música, encontraremos cientos de ejemplos de personas LGTBIQ+ asimiladas) han sido las piezas clave para que todo un sector social se pusiera manos a la obra para seguir manteniendo al Estado. El asalto veloz hacia la clase media. Por supuesto, desde un lugar visible en el que cualquier práctica subversiva fuera sancionada o estigmatizada. Con la complicidad, además, de las asociaciones ya mencionadas del estilo FELGTB o COGAM, que en el momento más terrible de la crisis del VIH decidieron, por ejemplo, que el modelo familiar era lo más conveniente para no perder la herencia de sus muertos. Si podían casarse, el dinero no se escapaba a terceros<sup><a id="ffn6" class="footnote" href="#fn6">6</a></sup>.</p>
<blockquote><p>ACT UP, la Radical Gai o las LSD se encargaron de llevar la práctica revolucionaria a su acción política</p></blockquote>
<p>Si bien decíamos que el movimiento LGTBIQ+ no es algo unitario, es precisamente en este último momento epocal que nombramos ahora, el del SIDA como tabú y terror social, en el que colectivos como ACT UP, la Radical Gai o las LSD se encargaron de llevar la práctica revolucionaria a su acción política. Con la rabia que provoca un goteo incesante de compañeros muertos, las personas cuir de los años 90 se dedicaron incansablemente a señalar a la administración, las instituciones y el gobierno como culpables de la situación que estaban viviendo. Y les llamo aquí cuir cuando ni siquiera estos mismos sujetos se lo llamaban aún o nunca llegaron a llamárselo. Pero lo hago, porque estaban intrínsecamente vinculados a la marginalidad que otorga tal palabra. Porque a pesar de que eran conscientes de lo que suponía el VIH y fueron los únicos capaces de tener un conocimiento exacto del funcionamiento del virus y las enfermedades derivadas, siguieron, desde la cloaca social, construyendo vínculos que rompían con el sistema familiar, practicando y viviendo la sexualidad de la forma más extrema, a sabiendas de que el mundo se les podía acabar, renunciando a la participación democrática y a la entrada en un sistema de valores con el que estaban en permanente guerra. Y a pesar de todo ello, el peso del identitarismo y el ansia por la referencialidad constante del propio sujeto no era algo que estuviera en el discurso. Desde ese lugar escribía Paco Vidarte:</p>
<p style="padding-left: 40px;">«Convertirnos, encarnar, ser todo lo que detestan, parecerles vomitivos, odiamos su buen rollo y sus sonrisitas, sus declaraciones compasivas que nos dan miedo, terror. Desenmascarar al enemigo hasta que cante. Provocación, esperpento: esto lleva mucho tiempo inventado. Llevarlos al límite. No somos sistema, ni ciudadanos de primera, ni demócratas, ni hemos pactado nada que nos obligue a ser como ellos, no molestarlos, o dejarlos de joder.»<sup><a id="ffn7" class="footnote" href="#fn7">7</a></sup></p>
<p>Y esto lo escribía desde la cama del hospital a punto de morirse. Con la misma rabia y el mismo desenfreno que había mantenido desde que estuviera en la Radical Gai. Sabiendo que hacía falta sacudir al movimiento LGTBIQ+, hacerle despertar de la amnesia en la que se encontraba ya en ese momento en el que no había asomo de revolución alguna. Lo hacía habiendo militado y habiéndose colocado en un lugar en el que lo marika fue radicalmente central, pero sin supremacía identitaria; por la lucha desde Lavapiés con las putas, los yonkis, los manteros, los pobres y todo aquel que se le cruzara en el camino. No era una cuestión de derechos, sino estar del lado de tu propio vecino con el que compartes la clase, la única forma en la que puedes estar codo a codo con alguien sin que tu identidad sea una problematización teórica. Solo cuando la propia vida está en riesgo es cuando todos los sujetos marginales pueden coordinarse y generar solidaridad y apoyo mutuo. Es la manera en la que ahora podemos ver cómo militan espacios como la PAH, los Sindicatos de Inquilinas, el Sindicato de Manteros, Territorio Doméstico o el Sindicato Otras; cuando lo que está en juego es la reproducción de la vida. Los movimientos sociales han permitido que la autorreferencialidad, el cuidado individualista y la primacía por los sentires propios descarte toda posibilidad de lucha común porque, posiblemente, no haya nada en juego. Tantos años escuchando la palabra privilegio, cuando poder llamar militancia a acudir a un espacio terapéutico y no a parar un desahucio era el verdadero privilegio.</p>
<blockquote><p>Los movimientos sociales deben sacudirse de encima los títulos universitarios, los privilegios de clase, las problemáticas irreales</p></blockquote>
<p>Esa es la urgencia a recuperar. Un lugar de espacio asambleario en el que el tejido que tanto se nombra se haga efectivo, en el que la confrontación con la norma sea real, en el que los derechos no sean un fin. Los movimientos sociales deben sacudirse de encima los títulos universitarios, los privilegios de clase, las problemáticas irreales, el punitivismo y la autocompasión. Los movimientos sociales, así pues, deben entender que, en general, están formados por la clase media, por incómodo que resulte. Cosa que quedó clarísima, por ejemplo, cuando el evidente apoyo a la Ley Trans ignoró por completo a las trabajadoras sexuales, que se estaban intentando criminalizar casi al mismo tiempo, primando por encima de las propias identidades a la solidaridad de clase. Hay otros lugares donde llorar. Lo que se pone en el centro es la necesidad de hacer vivible una vida. Y el movimiento LGTBIQ+, que debería ser transmaribibollero, que debería pasar a lo cuir y acabar incluso con ello y ni siquiera nombrarse, tiene que saber que lo que va en el centro no es en absoluto la identidad ni mucho menos la necesidad de ser visible. Si en algún lugar debe ser asimilado el movimiento LGTBIQ+ y los movimientos sociales identitarios en general es en las militancias donde la reproducción de la vida está puesta en juego. Sería necesaria una disolución por integración. Acabar de una vez,con la sectorialización en las diferentes luchas y construir un movimiento más unitario, evitando la obsesión por cumplimentar con todas las categorías oprimidas una lista que cada vez se hace más eterna y que al final resulta más apariencia que praxis efectiva. El ansia del quién falta no puede seguir condicionando el hacer y decir político, debemos hacer y decir con las que ya estamos aquí.</p>
<p>Gritaba Pedro Lemebel en su <em>Manifiesto (Hablo por mi diferencia)</em>: «Yo no pongo la otra mejilla / Pongo el culo compañero». Poner el culo, y aquí hablo con Preciado, es desidentificarse:</p>
<p>«El ano no tiene sexo, ni género, como la mano, escapa a la retórica de la diferencia sexual. Situado en la parte trasera e inferior del cuerpo, el ano borra también las diferencias personalizadoras y privatizantes del rostro. El ano desafía la lógica de la identificación de lo masculino y lo femenino. No hay partición del mundo en dos. El ano es un órgano post-identitario.»<sup><a id="ffn8" class="footnote" href="#fn8">8</a></sup></p>
<blockquote><p>Nos hace falta más culo y menos cara</p></blockquote>
<p>Nos hace falta más culo y menos cara. Ponernos de espaldas y que lo único que se vea sea un agujero negro, peludo, apestoso, que ningún sistema de control tenga la capacidad de saber a quién pertenece y al que ni siquiera se atreva a acercarse. Solo si viniera un estamento institucional le lanzaremos un sonoro pedo para asustarlo y, si fuera necesario, nos cagaremos en él. Mientras, en ese círculo de culos marginales en pompa, nos estaremos viendo las caras en lo oscuro, dándonos lametones, comiendo juntas o hablando y llorando. No hará falta nombre ni pronombre, se habrá agotado toda posibilidad de identificación y lo que quedará en claro es que un grupo humano es únicamente capaz de mantenerse a través del apoyo mutuo. Codo a codo y culo en pompa, sin reconocimiento, sin visibilidad, sin jerarquización por opresiones. Las vidas comunes puestas en el mismo círculo y preparadas para la guerra contra la pacificación social.</p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">“Supuesto” porque en este tipo de mediciones aleatorias se tiende a obviar tanto el pasado, como la comparativa con otros territorios. En España, la violencia elegetebifóbica está (y estaba en el momento del asesinato de Samuel) en su mínimo absoluto, siendo uno de los países más seguros, en términos de agresiones, del planeta. <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">Mujer vinculada al Frente Nacional Ni Una Menos México que, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, clamaba así por el asesinato feminicida de su hija Marichuy. <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
<li id="fn3">El manifiesto completo es consultable en las redes sociales del Orgullo Crítico de Madrid. He podido localizar una web en la que se puede leer. Es la siguiente: https://www.feministas.org/orgullo-critico-2023-madrid.html <a href="#ffn3">↩︎</a></li>
<li id="fn4">En España, el gobierno de Felipe González regularizó de forma extraordinaria la situación de migrantes sin papeles entre 1985-1986 y en 1991 y 1992; el gobierno de José María Aznar en 1996, 2000, 2001; el gobierno de Jose Luís Rodríguez Zapatero en 2004. Los datos apuntan a que las diferentes regularizaciones se han llevado a cabo en épocas de necesidad de mano de obra barata, por lo que el apoyo a una regularización desde determinados partidos, a derecha e izquierda del marco político, no tiene que ver con la emancipación racial sino con las condiciones económicas del país. <a href="#ffn4">↩︎</a></li>
<li id="fn5">Chitty, Christopher; <em>Hegemonía sexual. Política, sodomía y capital en el surgimiento del sistema mundial</em>. Traficantes de Sueños, 2023, pp. 190 – 191. <a href="#ffn5">↩︎</a></li>
<li id="fn6">A mediados de los años 90, varias asociaciones a lo largo de occidente se dedican a reclamar el matrimonio igualitario en plena pandemia del VIH como forma de mantener la economía de aquellos que fallecían. Si dos hombres podían casarse y uno de ellos moría, la herencia no pasaría a la familia del difunto sino que iría a manos del viudo, exactamente igual que en las parejas heterosexuales. En ningún momento se cuestionaba el modelo familiar ni la necesidad de colocar las herencias en un común que no vivía una situación precisamente buena en lo económico. Ni mucho menos se entendía la herencia como una posibilidad fuera del matrimonio, cosa que es legal a través de un testamento. El matrimonio no es una opción única. <a href="#ffn6">↩︎</a></li>
<li id="fn7">Vidarte, Paco; <em>Ética Marica</em>. Egales, 2007, p. 142. <a href="#ffn7">↩︎</a></li>
<li id="fn8">Preciado, Paul B.; <em>Terror Anal</em>. En: <em>El deseo homosexual</em>. Hocquenghem, Guy. Melusina, 2009, <a href="#ffn8">↩︎</a></li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/por-que-el-movimiento-lgtbiq-deberia-disolverse-contra-el-efecto-pacificador-de-la-izquierda/">¿Por qué el movimiento LGTBIQ+ debería disolverse? Contra el efecto pacificador de la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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