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	<title>Zona de Estrategia, autor en Zona de estrategia</title>
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	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
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	<title>Zona de Estrategia, autor en Zona de estrategia</title>
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		<title>Introducción nº 5</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Zona de Estrategia]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 14:41:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuadernos de estrategia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este volumen analiza Madrid como laboratorio político de la globalización neoliberal: una ciudad convertida en máquina de crecimiento financiero-inmobiliario, atravesada por nuevas contradicciones sociales, la consolidación del movimiento de vivienda y el ascenso de la guerra cultural articulada por Ayuso y la derecha madrileña.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En 2007, el Observatorio Metropolitano, colectivo de investigación militante en el que participaban varios miembros de la revista Zona de Estrategia, publicó <em>Madrid ¿La suma de todos? Globalización, Territorio y Desigualdad</em>.<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup> Una recopilación de investigaciones realizadas fuera del marco académico con un propósito común: entender la ciudad de Madrid como un objeto político.</p>
<p>Tradicionalmente, ha sido un lugar común decir que Madrid se confunde con España. El lugar común desarrollado y sintetizado vendría a decir que Madrid no tiene una cultura urbana propia, ni histórica ni adquirida. Las distintas etapas de la construcción y desarrollo del aparato de Estado agotarían el significado de Madrid como ciudad. Esta visión constituye una especie de consenso cultural amplio. El arco de este consenso, que va desde la «soberbia» del «centralismo madrileño» hasta las muy folclóricas representaciones del pueblo de Madrid de vacaciones por la península ibérica, es parte muy importante, por no decir constituyente, del costumbrismo autonómico. Y tanto los nacionalismos históricos como el nacionalismo español se han complacido en la imagen de un Madrid que, todo él, es España. Por un lado y por el otro, se ha tenido, y se sigue teniendo, interés en un relato lo más plano posible sobre la ciudad. En buena medida, <em>Madrid ¿La suma de todos?</em> se concibió contra esta negación interesada de la complejidad contradictoria de Madrid como ciudad.</p>
<blockquote><p>A mediados de la primera década de este siglo, Madrid estaba viviendo su mayor transformación desde la Transición</p></blockquote>
<p>En ese momento, a mediados de la primera década de este siglo, Madrid estaba viviendo su mayor transformación desde la Transición a la democracia, y aunque solo fuera por el nuevo ambiente de consumo desbocado propio del punto álgido de la mayor burbuja inmobiliaria de Europa, los cambios resultaban extremadamente visibles. Sin embargo, quitando a los pioneros de la crítica urbana de principios de los años ochenta y noventa como, entre otros, José Manuel Naredo, que aporta un artículo a este volumen, nadie consideraba que nada de lo que sucedía en la ciudad fuera digno de una reflexión política orientada a la acción. La política de movimiento de entonces, aún muy influida por el ciclo antiglobalización con sus grandes momentos de las contracumbres de Praga o Génova, se movía en unos parámetros relativamente ajenos al análisis de la ciudad como territorio específico de las luchas. Pero tampoco la política de la izquierda institucional producía un discurso propio que recogiese las transformaciones que Madrid estaba experimentando.</p>
<p>En ese sentido el subtítulo<em> ¿La suma de todos?</em>, era un <em>detournement</em> intencionado, dirigido a vaciar de significado el eslogan del Partido Popular de Esperanza Aguirre, entonces subido a la nueva condición global de Madrid y a un ciclo inmobiliario financiero absolutamente desbocado. El PP de Aguirre instaló una larga hegemonía del PP de Madrid sobre la ciudad y la región, gracias a varios militantes del PSOE involucrados en el «Tamayazo». Hoy Isabel Díaz Ayuso capitaliza esta hegemonía, si bien con una forma de nacionalismo-victimismo varias octavas por debajo de la intensidad política de Aguirre. Si Esperanza Aguirre aplastó a la izquierda mediante un ciclo inmobiliario y de inversión en infraestructuras en el pico de su potencia, el PP de Madrid de Ayuso molesta a la izquierda «progre» con su versión cañí de la guerra cultural.</p>
<blockquote><p>El PP de Aguirre instaló una larga hegemonía del PP de Madrid sobre la ciudad y la región</p></blockquote>
<p>El PP de Ayuso no deja de gestionar y capitalizar una hegemonía conquistada por otros, de la misma manera que la economía patrimonial gestiona y monetiza los activos inmobiliarios generados durante la burbuja. En cualquier caso, el PP de Madrid, aunque no sintiera la más mínima inclinación a escribir sobre ello, sí que había pensado sobre el uso político que quería dar al territorio madrileño: un mapa de recursos económicos que capitalizar en forma de una red clientelar sobre la que se ha basado su hegemonía mientras, a la vez, vende un discurso de liberalismo económico y desregulación propiamente madrileño, que antagoniza directamente con los intentos socialdemócratas del PSOE. Ayuso, a diferencia de Aguirre, como hija de un contratista de material sanitario, ya venía socializada en la red clientelar del Partido Popular local y, por tanto, lleva el mandato de reproducir y ampliar la tupida red de intereses creados en torno al PP regional. Siendo este un partido-Estado que no deja de ser algo parecido a nuestro PRI, o en ejemplos más cercanos, nuestra CiU en Cataluña, el PNV en País Vasco o el PSOE en Andalucía –partidos todos ellos que han utilizado sus largos mandatos para conformar redes clientelares tan grandes como la administración de la que estuvieran a cargo–.</p>
<blockquote><p>No hacía falta ir a Génova, a Seattle o a Praga para hacer política a partir de las grandes desigualdades de la globalización neoliberal</p></blockquote>
<p>El resultado de aquel voluntarioso esfuerzo investigador, que se plasmó en <em>¿La suma de todos?</em>, junto con un trabajo de síntesis política llamado <em>Manifiesto por Madrid</em><sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup> –que prefiguraba el estallido del 15M y el posterior ciclo municipalista– fue descubrir que Madrid había hecho su transición desde la folclórica villa y corte, con su ejército de funcionarios y cargos de la administración, hasta la ciudad global plenamente insertada en los flujos de capital y personas que definían entonces la globalización. No hacía falta ir a Génova, a Seattle o a Praga, quién quisiera hacer política a partir de las grandes contradicciones y desigualdades de la globalización neoliberal podía hacerlo sin salir de Madrid.</p>
<p>Pero la capital además de haberse convertido en el tipo de ciudad global que Saskia Sassen había definido en sus trabajos pioneros, también se ajustaba perfectamente a la definición de máquina de crecimiento. El concepto de máquina de crecimiento había sido desarrollado por la geografía crítica norteamericana a partir del estudio del crecimiento de las ciudades norteamericanas, especialmente las que nacieron en la expansión hacia el oeste de EEUU con la construcción del ferrocarril. Estas nuevas ciudades ya estaban subordinadas a la especulación en el mercado inmobiliario y utilizaban la construcción de infraestructuras como manera de propulsar el mercado inmobiliario. El crecimiento físico, económico y demográfico de la ciudad era el núcleo sobre el que se articulaban los intereses del nuevo estrato dominador de las urbes. El crecimiento entendido como una variable neutral [value-free] era el valor supremo en torno al que se construían grandes coaliciones de intereses, que de otra manera habrían antagonizado. El Madrid de principios de los años dos mil, con su burbuja inmobiliaria desbocada, su construcción maníaca de infraestructuras y su depredación constante del territorio era una máquina de crecimiento «de libro».</p>
<blockquote><p>No había oposición alguna entre ser ciudad global y ser máquina de crecimiento</p></blockquote>
<p>En realidad, no había oposición alguna entre ser ciudad global y ser máquina de crecimiento. Las ciudades globales no existen en el espacio etéreo de los flujos financieros y comerciales transnacionales, sino que se instalan y se forman en un territorio concreto en el que se desarrollan unos ecosistemas físicos, sociales y políticos propios. Los gestores de la ciudad neoliberal han tenido como misión histórica la maximización de los rendimientos financieros de la acumulación por desposesión, es decir, la depredación de esos mismos territorios y ecosistemas. En un entorno de capitalismo financiero posindustrial, el beneficio creciente siempre implica una tensión creciente de la reproducción social.</p>
<p>Que esa tensión creciente se transforme en conflicto y movimiento depende de muchos factores, en el caso del Madrid posterior al pinchazo de la burbuja, de esa tensión nació el 15M madrileño. Pero si bien las causas de la algarada fueron claramente de orden global, la forma de la respuesta se puede enmarcar en ciertas peculiaridades del localismo castizo. En concreto, la forma de insurgencia preferida históricamente por el pueblo de Madrid ha sido el motín, es decir, una explosión breve pero intensa de rechazo a toda autoridad que termina en una vuelta casi también total al orden. El 15M madrileño se puede ver perfectamente como un largo amotinamiento de casi dos años, seguido de unos cuantos años más de ciclo institucional durante los que se opera la vuelta al orden sin dejar rastro de la rebelión.</p>
<p>Hoy, en 2026, nos volvemos a acercar a Madrid, veinte años después, para ver que queda de aquel análisis después de toda una serie de acontecimientos políticos, que incluyen el «auge y caída» de la generación política del 15M, la consolidación del movimiento de vivienda o la irrupción de la guerra cultural de Vox, pero también del despliegue a nivel global de una crisis persistente de rentabilidad del capital, que se intentaba, y aun se intenta, superar por las vías de la acumulación financiera y el consumo voraz de territorio. En realidad, nos hemos visto obligados de alguna manera a volver sobre el objeto, en vista de que Madrid sigue sin ser un objeto susceptible de análisis político, ni para la academia, ni para los partidos, ni para los movimientos. Madrid vuelve a darse por sentado como un apéndice aproblemático de España.</p>
<blockquote><p>Madrid vuelve a darse por sentado como un apéndice aproblemático de España.</p></blockquote>
<p>Concepto este el de «España» que tampoco ha sido revisado y puesto al día en tanto provincia de la Unión Europea bajo tutela alemana. Quizá, como se pudo ver en el procés soberanista catalán, por conveniencia para todas las partes políticamente implicadas, tanto «españolistas» como «indepes» necesitaron del concepto de España y ambos estuvieron de acuerdo en torno a su plena vigencia. También, indirectamente, estuvieron de acuerdo en la conveniencia de subsumir a Madrid en España sin hacerse muchas más preguntas.</p>
<p>En 2026, sin embargo, en plena crisis del modelo de la globalización neoliberal, Europa, después de la brutal austeridad posterior a la crisis de 2008, es la perdedora visible del combate competitivo entre Estados Unidos y Asia aunque paradójicamente se cohesiona en su posición defensiva. Parecen quedar hoy dos opciones políticas. Una es volver a intentar repescar el Estado nación, a la manera de las nuevas extremas derechas europeas, como lugar del repliegue nativista de unas poblaciones europeas envejecidas y asustadas. La otra es asumir, de una vez, que cualquier posibilidad de emancipación del yugo del tardocapitalismo financiero e inmobiliario —aunque solo pueda ser parcial— tendrá que abrirse paso en las ciudades. Son espacios materiales, ecosistemas físicos atravesados por relaciones sociales concretas, y no construcciones ideológicas delimitadas por fronteras igualmente ideológicas, defendidas con toda la fuerza militar de los Estados nación frente al desplazamiento de aquellos pueblos a los que Europa y sus prolongaciones coloniales han condenado a la subalternidad a lo largo de tres siglos de expansión imperial.</p>
<p>Volvemos, pues, en estas páginas sobre los temas y diagnósticos de aquel <em>Madrid ¿La suma de todos?</em> con parecidas intenciones. En concreto, para tener un mapa actualizado de cercanía de lo que sucede en nuestro entorno inmediato, replicable en otras ciudades, en un momento de fuerte desorientación política y de crisis irreversible del capitalismo occidental, ya convertida en crisis ecológica. Y, desde ahí, lanzar algunas hipótesis que puedan orientar las luchas urbanas del decenio que viene. La «fortuna» de Madrid en la esfera global no ha hecho más que consolidarse, delimitando una posición específica a caballo entre la seguridad económica de la Unión Europea y el dinamismo de América Latina. Lejos quedan los niveles de crecimiento estratosférico de los primeros dos mil. No obstante, acompasadas con la nueva fase de estancamiento global, estas tendencias, redimensionadas por la nueva coyuntura, se siguen volcando en ese «Leviatán» que es el mercado inmobiliario madrileño, lugar donde se reproducen los ejes de dominación y explotación que siguen definiendo a la metrópolis global.</p>
<blockquote><p>Ayuso representa una reinvención exitosa de la tradición política de los neoliberales madrileños</p></blockquote>
<p>Con el ánimo de actualizar el diagnóstico, este volumen incluye cinco contribuciones. Las dos primeras de Emmanuel Rodríguez tratan sobre la historia reciente de la región metropolitana como una ciudad global emergente, paradójicamente en situación de relativa independencia económica respecto del resto de España. También analiza la estructura social y las contradicciones de clase que se siguen de esta concentración en la ciudad de inversiones y de centros de decisión empresarial de carácter global. Almudena Sánchez Moya, en «La crisis como oportunidad», explica Madrid como una auténtica máquina de crecimiento urbano, que ha permitido convertir la región en una conurbación gigantesca además de un terreno óptimo para la inversión inmobiliaria. Por su parte, Pablo Carmona disecciona la nueva figura de Isabel Díaz Ayuso. Tanto en términos de estilo de gobierno como de sus políticas públicas, Ayuso representa una reinvención exitosa de la tradición política de los neoliberales madrileños. El volumen se cierra con un artículo de José Manuel Naredo que considera el papel de la inversión de extranjeros en vivienda como uno de los factores fundamentales en el relanzamiento inmobiliario reciente.</p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">Observatorio Metropolitano de Madrid, <em>Madrid ¿La suma de todos? Globalización, territorio, desigualdad, </em>Madrid, Traficantes de Sueños, 2007. <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">Observatorio Metropolitano de Madrid,<em> Manifiesto por Madrid,</em> Madrid, Traficantes de Sueños, 2009.  <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
</ol>
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		<title>Introducción al cuaderno #2</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Zona de Estrategia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Nov 2024 11:18:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuadernos de estrategia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nueva entrega de Cuadernos de Estrategia se reúnen cuatro colaboraciones, todas ellas resultado de las discusiones en el consejo de redacción.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El crash bursátil e inmobiliario de 2008 nos devolvió violentamente a la vieja teoría de la crisis. Desde la década de 1970, no se había vivido una destrucción tan rápida del capital acumulado en valores financieros, inmuebles y empresas, al menos en los países del Norte global. Tampoco se recordaba un pánico económico y social tan contagioso, al menos entre los sectores sociales que pasaron de puntillas —por no decir a caballo— sobre las prácticas más depredadoras del neoliberalismo triunfante de las décadas de 1990 y 2000.</p>
<p>El grado incertidumbre de la economía mundial y de fragilización de las sociedades ricas ha crecido irremediablemente desde entonces. La persistencia de la crisis en Europa —al menos hasta 2013-2014—, la llegada de la pandemia en 2019 y el posterior ciclo inflacionista que dura hasta hoy, se han visto acompañados por la presencia cada vez más tenebrosa de las consecuencias del calentamiento global, así como de la creciente sensación de que Europa es el gran perdedor de esta nueva fase del capitalismo en crisis. Si a ello se añade el creciente belicismo que ha estallado en el cinturón exterior europeo (Ucrania, Palestina, Líbano, Yemen, Sahel) tenemos casi completo el puzzle de una situación que si bien no es la del rápido colapso de la «civilización capitalista» con centro en Europa, al menos se le puede parecer bastante.</p>
<p>Sin lugar a la paradoja, en una situación de recuperación solo aparente, esta crisis se experimenta bajo el signo de la apatía y el desinterés generalizados, al igual que del agotamiento y el descreimiento respecto de la política institucional, que en ocasiones da vuelos a las opciones radicalizadas de las nuevas derechas o de las derechas posfascistas. En este marco, las élites europeas basculan entre la tentación de una vuelta a la austeridad, que en 2011 se demostró políticamente peligrosa, y la expansión relativa del gasto público capaz, por el momento, de pacificar la situación.</p>
<p>La cuestión que se dirime por tanto es ¿hasta cuándo se podrá mantener este impás? ¿Hasta cuándo los factores de crisis —crecimiento débil, retraso en la carrera con EEUU y China, endeudamiento público— podrán sostener un relativo equilibro, sin producir enormes trastornos y sufrimientos? La teoría de las crisis que volvimos a aprender en 2008 nos ha enseñado que, cuando la normalidad capitalista entra en barrena, es el tiempo de los los momentos explosivos y rápidos de politización, tal y como ocurrió en el sur de Europa en 2011. Pensar y analizar las líneas de la crisis actual es, por eso, un ejercicio de anticipación. Si somos capaces de al menos intuir donde estas sociedades comenzarán a desenhebrarse, estaremos en disposición de intervenir sobre ellas.</p>
<p>En esta nueva entrega de Cuadernos de Estrategia se reúnen cuatro colaboraciones, todas ellas resultado de las discusiones en el consejo de redacción. La primera de Isidro López, «La crisis de la financiarización: la crisis de la solución a la crisis», nos presenta el marco general bajo la perspectiva de un capitalismo gripado desde la crisis industrial de los años setenta, y para el cual no hay perspectiva de solución. En este artículo, se dibuja así un horizonte de reestructuración capitalista improbable, dado que ni el capitalismo verde ni una nueva solución espacial —al modo en que lo fue China en los años dos mil y dos mil diez— parece hoy disponible. La segunda de Emmanuel Rodríguez, «La lenta caída de las sociedades del Norte global», nos introduce en los principales parámetros de la descomposición paulatina de la estabilidad política y cultural de las sociedades ricas: la pérdida de competitividad del viejo hegemón euroestadounidense frente al nuevo taller del mundo ubicado en la costa asiática del Pacífico, lo cual se traduce para la región euroestadounidense en una situación de crecimiento tendente al estancamiento, en Estados cada vez menos capaces de generar marcos de estabilización social suficientes y en mercados de trabajo progresivamente dominados por las mismas lógicas de precariedad, proletarización e infrarremuneración del resto del planeta. De forma concomitante, actúan un conjunto de factores que tienen que ver con la crisis demográfica de estas sociedades, la creciente desigualdad interna y las lógicas de racialización y extranjerización de una parte sustancial de sus poblaciones. Juntos, estos dos artículos componen una suerte ampliación o actualización a escala regional de su trabajo Fin de ciclo. Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la onda larga del capitalismo hispano (Traficantes de Sueños, 2010).</p>
<p>El tercer artículo de este número, firmado por Nuria Alabao y Pablo Carmona, es un análisis específico de la crisis de la Unión Europea en sus aspectos más propiamente políticos, a través de la exploración de la historia reciente del autoritarismo europeo. Su aportación se cifra fundamentalmente en reconocer que no hay un proyecto político claro para este espacio regional por parte de las élites europeas más allá del reforzamiento de la línea autoritaria, la cual se va a poner en marcha sobre los parámetros heredados y plenamente funcionales de las democracias liberales, que se fundaron en la inmediata posguerra de 1945. También avisan de que esta confusión o incapacidad para ofrecer una alternativa se reconoce de forma explícita en la nueva derecha radical. Por último, se incluye el artículo de Pedro Ramiro, «Crisis y luchas a escala europea: internacionalismo y ecologismo social frente al capitalismo verde militar». En esta contribución se observa la combinación paradójica entre reindustrialización militar y capitalismo verde que se pretende ensayar en la Unión Europea. Igualmente se consideran las luchas y prácticas de resistencia que atraviesan al continente, lo que permite considerar la posibilidad, de nuevo, de un movimiento social y ecologista a escala europea.</p>
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		<title>Introducción al cuaderno #1: La restauración de la normalidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Zona de Estrategia]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jan 2024 18:27:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuadernos de estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[cuadernos de estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno progresista]]></category>
		<category><![CDATA[institucionalidad]]></category>
		<category><![CDATA[monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[régimen del 78]]></category>
		<category><![CDATA[restauración]]></category>
		<category><![CDATA[revolución democrática]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Presentación del número dedicado a analizar la coyuntura del ciclo que arrancó con el 15M y termina con la vuelta a una política normalizada según los canales establecidos por el monopolio de los partidos, la reducción de los derechos políticos a la adhesión a una u otra fracción del régimen y la emisión del voto en las convocatorias establecidas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El término «restauración», asociado a la idea de «normalidad», puede llevar a demasiados equívocos. La ambigüedad buscada y la polisemia consentida pueden ser en este caso evocadoras de torsiones históricas que no son las pretendidas. Con «restauración de la normalidad» se alude aquí a una vuelta o un retorno a lo que podríamos llamar una situación estacionaria y sin aristas, una situación aceptada por la mayoría y asumida con un «es lo que hay».</p>
<p>La normalidad contrasta con el acontecimiento excepcional, con la apertura de lo posible, que tal tipo de eventos propone. En nuestro caso, ese acontecimiento fue el 15M. Seguramente este no fue una «revolución». Se quedó a medio camino, como esas insurrecciones del pan o contra el gobierno ilegítimo que salpican toda la historia moderna, pero que todavía no —o quizás ya no— se plantean la conquista del poder. No obstante, el 15M fue ambicioso y, si se quiere, profundo. Tanto en sus discusiones como en sus formas asamblearias, planteó una impugnación radical de la democracia representativa, de la concentración de las decisiones en los profesionales de la representación, al tiempo que proponía abrir la política a todos (a los cualquiera), de un modo que la palabra ciudadano adquiriera esa condición universal y activa, bastante alejada de aquella otra reducida a la recepción de mensajes políticamente prefabricados y la emisión de un voto cada tantos años. Por eso el 15M es el parteaguas de la historia reciente del país, el gran acontecimiento político de las generaciones nacidas a partir de 1970.</p>
<blockquote><p>Si «normalidad» en oposición a «acontecimiento» es demasiado evocadora, el concepto «restauración» es todavía más equívoco.</p></blockquote>
<p>Si «normalidad» en oposición a «acontecimiento» es demasiado evocadora, el concepto «restauración» es todavía más equívoco. Se trata de un término historiográfico, empleado por lo general para significar aquellos periodos de la historia de España en los que el país ha sido devuelto a la línea dinástica de la monarquía borbónica. Restauraciones en la historia de España hay, por eso, muchas. La primera fue la de Fernando VII, tras la guerra de la independencia, que curiosamente para sus contemporáneos fue conocida como el sobrenombre de «revolución», y no de guerra nacional como ocurre hoy en día. Con la vuelta del rey, y la abolición de las Cortes y de la primera Constitución de 1812, se inició un breve y agitado periodo restaurador del «absolutismo». Restauración fue también un término empleado para designar la llamada década ominosa (1823-1834), que siguió al segundo periodo liberal de 1820-1823. Luego estaría la gran Restauración borbónica, que sucede a la experiencia de la Revolución Gloriosa de 1868 y la Primera República. La vuelta de la monarquía con Alfonso XII, vino en este ocasión de la mano de una Constitución oligárquica (la de 1876), que establecía un sistema de turnos en el gobierno entre liberales y conservadores. Su artífice, Cánovas del Castillo ha sido elevado a modelo de toda forma de restauración posterior. Y finalmente, tendríamos la última restauración monárquica, impuesta por Franco, con la designación de Juan Carlos como rey de España en 1969, según la Ley de Sucesión de 1947. La democracia española consagrada en la Constitución de 1978 confirmó, sin lugar a paradoja, una nueva restauración de la monarquía borbónica, en el marco de un régimen electoral que también pretendía ser de «turnos», en este caso, entre un partido conservador (posfranquista) y un partido socialista (representante definitivo de la izquierda).</p>
<p>De seguir este hilo histórico, la propuesta de este cuaderno es que estaríamos ante la V Restauración española. Y lo que se restauraría es el Régimen del 78, diseñado por acuerdo entre los reformadores franquistas y la oposición institucional, una democracia imperfecta y de tipo oligárquico, sellada en la conservación de la monarquía. Caso de ser este nuestro propósito, estaríamos así ante una interpretación que sigue el viejo hilo histórico de la revolución democrática y republicana. Pero no es exactamente este nuestro objetivo. No pretendemos aquí invocar las fuerzas y el espíritu de la Tercera República, por mucha simpatía que esta nos pueda generar.</p>
<blockquote><p>Ni grandes movilizaciones irrecuperables por la clase política, ni grandes impugnaciones a su monopolio, marcan hoy el territorio de lo que llamamos política.</p></blockquote>
<p>Nuestro empleo del concepto de «restauración» es mucho menos historicista y seguramente más ajustado a algunas de las promesas del 15M. De una parte, lo que se ha restaurado es efectivamente el Régimen del 78. Si se considera nuestra situación a la altura de finales de 2023 o comienzos de 2024, 12 o 13 años después del 15M, caben pocos matices respecto de que hemos vuelto a una política normalizada, según los canales establecidos por el monopolio de los partidos, la reducción de los derechos políticos a la adhesión a una u otra fracción del régimen y la emisión de voto en las convocatorias establecidas. Ni grandes movilizaciones irrecuperables por la clase política, ni grandes impugnaciones a su monopolio, marcan hoy el territorio de lo que llamamos política.</p>
<p>De otra parte, si analizamos la gramática política actual, esta tiene notables semejanzas con la que fijó los repartos de visibilidad y poder entre 1982 y 2011:</p>
<ul>
<li>Una fuerte polaridad entre izquierda y derecha que sirve para fijar los marcos de representación, integrar los descontentos y distribuir dentro de un campo bien delimitado lo que es o no concebible en política. En este sentido, los nuevos partidos no han introducido una novedad radical. Y de hecho, la progresiva asimilación tanto de Vox como de Podemos-Sumar a la lógica del enfrentamiento electoral y la guerra cultural ha consagrado el eje izquierda / derecha como el asunto principal de la política española, al tiempo que su rápido agotamiento los ha ido devolviendo poco a poco de vuelta al bipartidismo PSOE-PP.</li>
<li>Una lógica de enfrentamiento entre el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos, que tras la crisis de 2011 amagó con desbarrar en la independencia catalana. Analizada, sin embargo, de una forma menos inmediata, el enfrentamiento entre nacionalismos aparece también como un medio de integración política de la opinión pública y sus posibles derivas en forma de indignación. La rápida asimilación del Procés, que a finales de 2023 parece concluir en una ley de amnistía por parte del socialista Pedro Sánchez, apunta en este sentido. Por mucha que sea la teatralización de la indignación de la derecha ante esta política de perdón, hoy el campo del enfrentamiento nacional ha vuelto a ocupar el papel de un conflicto interno al régimen, que comprende a todos los actores políticos, sin que ninguno pueda ofrecer más alternativa que lo que ya existe.</li>
<li>Y, por último, el perimetraje constitucional que dirime lo que es la democracia y lo que podría ser el caos político y social. Hoy ya no existe ETA y tampoco una amenaza terrorista creíble y persistente, pero la política es de nuevo la que se hace únicamente a través de la delegación electoral y la subordinación a esta forma política propiamente oligárquica. Todo lo que queda fuera, es hoy sistemáticamente tachado de ilegal e inconstitucional.</li>
</ul>
<blockquote><p>Volvemos a la normalidad, a los partidos, a la opinión pública dirigida, al tedio y al aburrimiento, o en su defecto a formas políticas marcadas por el desafección y el resentimiento</p></blockquote>
<p>El sistema de representación y esta gramática articuladora de los discursos (y por ende de las expresiones de malestar) es lo que conforma el núcleo del régimen del 78. La gran cuestión aquí es que estos son elementos comunes a toda forma de democracia representativa, en tanto modalidad política del capitalismo tardío. Que la jefatura del Estado fuera monárquica o republicana no modificaría gran cosa. La vuelta a la normalidad, la vuelta a los partidos, a la opinión pública dirigida, al tedio y al aburrimiento, o en su defecto a formas políticas marcadas por el desafección y el resentimiento, es lo que marcan el tiempo presente de la democracia española y sus gobiernos progresistas.</p>
<p>La pregunta, por tanto, es ¿cómo abrir de nuevo la situación? ¿Cómo recuperar la apertura de lo posible, que con todos sus límites, prometió el 15M? La respuesta a esta cuestión no reside únicamente en un acto de voluntad, y menos de una minoría, por militante y generosa que esta sea. No obstante, todo cierre político es imperfecto, y la actual restauración no escapa a esta ley. La onda larga de la crisis capitalista que estalló en 2008 y que desencadenó la quiebra de 2011 sigue actuando en una dirección imprevisible. Los parches actuales —como el aparente giro neokeynesiano y el relajamiento de los controles al gasto público— tienen seguramente fecha de caducidad, atenazados por la creciente burbuja de la deuda y el deterioro de la situación internacional. La consolidación del campo político entre izquierda y derecha, y sus apéndices Podemos-Sumar y Vox, dejan demasiada parte del cuerpo social al margen, como para sospechar que su capacidad de integración política no vaya a estallar en nuevas crisis de representación y en movilizaciones que no podrán ni aprovechar ni recuperar. En última instancia, la crisis —determinada también a las escalas gigantescas de la civilización capitalista y de la ecología humana— es el signo de nuestra época.</p>
<p>En este primer cuaderno de Zona de estrategia se incluyen cuatro perspectivas alrededor de esta restauración de la normalidad. Emmanuel Rodríguez escribe sobre la izquierda, como el polo determinante en el que se construye esta política normal, y al que han sido conducidas la mayor parte de las fuerzas que emergieron en el 15M. Brais Fernández ofrece una lectura de la evolución política reciente, a partir del concepto de revolución pasiva, con el resultado sorprendente, que ni siquiera se puede decir que lo sucedido con los gobiernos progresistas logre encajarse dentro de esta categoría del «reformismo desde arriba»: restauración, por tanto. El colectivo Cantoneras analiza la evolución del gran movimiento social del periodo, el feminismo, y en cierto modo cómo este se ha integrado progresivamente en la lógica de las políticas de Estado, acorde con las líneas generales de esta «restauración de la normalidad». Pablo Carmona ofrece, por último, un análisis de la economía política de la provincia España, dentro de la Unión Europea, y también de la posibilidades de articulación de nuevas formas de sindicalismo en el marco de una crisis larvada y que parece que más pronto que tarde acabará por estallar.</p>
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		<title>De nuevo la “tribu de los topos“</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Zona de Estrategia]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jan 2024 18:00:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[medios]]></category>
		<category><![CDATA[revistas]]></category>
		<category><![CDATA[teoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué una revista? Creemos necesario investigar sobre el terreno, reconocer las formas de lucha y sabotaje social cuando estas ni siquiera son públicas, encontrarnos de bruces con los malestares que produce la crisis, la formas de proletarización, pauperización y devaluación social. Y a partir de ahí establecer alianzas sociales nuevas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3><strong>Una breve excavación arqueológica</strong></h3>
<p>En febrero de 1964 el historiador Perry Anderson publicó, en el número 23 de la <em>New Left Review (NLR),</em> el artículo titulado «Los orígenes de la crisis actual». Este texto de apenas cuarenta páginas inauguró uno de los debates más intensos y enconados que haya conocido la historiografía marxista. En este participaron también algunos de los intelectuales más destacados del momento. Además del propio Anderson, Tom Nairn y un enfurecido E. P. Thomson contribuyeron a una discusión a la que este último aportó uno de sus textos más conocidos: «Peculiaridades de lo inglés».</p>
<p>No es nuestro propósito entrar a fondo en esta discusión en la que se dilucidaron cuestiones clave sobre la formación del capitalismo inglés o, incluso, del capitalismo a secas. En los años sesenta, la <em>NLR</em> trató de investigar acerca de la formación de la burguesía y el Estado británicos, la reminiscencia ritual de la vieja aristocracia, la emergencia de la nueva burguesía industrial en los primeros tiempos del imperialismo inglés, las particularidades de la clase obrera británica y también del capitalismo insular. Posteriormente y durante décadas, la <em>New Left Review</em> albergó debates cruzados en torno a estas cuestiones. Las respuestas (como la del propio Thompson), a veces se difundían desde otras publicaciones como el <em>Socialist Register.</em> De hecho, parte de esta discusión ha sido reeditada recientemente por esta misma revista que tiene ya medio siglo de historia.</p>
<blockquote><p>Queremos desentrañar la función política e intelectual que puede jugar una revista política, esto es, una revista militante y <em>de parte</em></p></blockquote>
<p>Con esta breve mención a la historia de la <em>NLR</em> no pretendemos hacer un ejercicio de erudición. Antes bien, queremos desentrañar la función política e intelectual que puede jugar una revista política, esto es, una revista militante y <em>de parte.</em> De hecho, el esfuerzo y el debate de los historiadores marxistas británicos fue lo menos parecido a una discusión académica. Su interés explícito estaba en tratar de entender y, a la vez, intervenir en la crisis inglesa de aquellos años. De un modo que encuentra más de un paralelismo con la situación española de hoy en día, los militantes intelectuales de la <em>NLR</em> reconocieron en la política laborista y en el movimiento sindical inglés un excesivo presentismo, una continua atención por el regate corto dentro del marco de la política institucional del momento, así como una absoluta incapacidad de intuir los perfiles de la crisis social que estaba transformando la sociedad británica y que, más adelante, encontraría formas de expresión política nuevas (a la vez modernas y reaccionarias) en el largo gobierno de Margareth Thatcher.</p>
<p>La izquierda británica de entonces, como la española de ahora, estaba subsumida en la lucha ideológica y electoral. Andaba a ciegas en lo que se refiere a los profundos cambios en la estructura de clase británica, las nuevas formas de subjetivación, la emergencia de luchas obreras de matriz netamente antisindical, la formación de un proletariado y un subproletariado migrante que procedía de la antiguas colonias británicas, la propia decadencia del capitalismo inglés o el creciente impacto de los movimientos antinucleares, de las nuevas subculturas urbanas, de la organización de los jóvenes anglocaribeños, etc. Este vacío es en el que intentaron operar y a la vez superar, con un éxito relativo, revistas como la <em>New Left Review, Socialist Register</em> o los <em>Stenciled Papers</em> del Centro de Estudios Culturales de Birmingham durante las décadas de 1960 y 1970.</p>
<p>Más allá del ámbito anglosajón y con una vocación más militante incluso que la de la <em>NLR,</em> este fue también el objetivo de toda una serie de publicaciones nacidas alrededor de la década de 1960. Es el caso de <em>Socialisme ou Barbarie</em> o <em>Informations</em> et <em>Correspondances Ouvrières (ICO)</em> en Francia, <em>Quaderni Rossi</em> o <em>Classe Operaia</em> en Italia. Incluso en la España de los años setenta, hubo también varios intentos de realizar esta función a través de los <em>Cuadernos de Ruedo Ibérico</em> o de revistas más modestas como <em>Teoría y Praxis.</em></p>
<blockquote><p>Estas revistas se plantearon la necesidad de entender y analizar las transformaciones en curso: los cambios sociales, las formas de lucha</p></blockquote>
<p>En todas estas publicaciones se descubre un doble objetivo. En primer lugar, la certificación de que la izquierda ha entrado en barrena, que es políticamente incapaz, que se ha corrompido, que carece de la mínima inteligencia para intervenir sobre una situación cambiante. Si situamos el diagnóstico en los años sesenta, este «movimiento de revistas» aparece asociado a la crítica a la izquierda socialista y comunista, ya sea por su colaboracionismo con las formas políticas y económicas de la época (el keynesianismo fordista), ya por la esclerotización dogmática del marxismo de partido, ya por ambos. En segundo lugar, estas revistas se plantearon la necesidad, incluso la urgencia, de entender y analizar las transformaciones en curso: los cambios sociales, las nuevas formas de lucha y protesta, la crisis en ciernes de las formas capitalistas del periodo, las transformaciones internas al Estado, etc.</p>
<blockquote><p>Querían ser instrumentos de organización política de las nuevas expresiones de la protesta</p></blockquote>
<p>A estas funciones, este movimiento intelectual —por hablar en términos genéricos y quizás demasiado imprecisos— añadían otro importante propósito: querían ser instrumentos de organización política de las nuevas formas de expresión de la protesta. Así para el caso de la <em>NLR,</em> esta aspiró a ser, de forma seguramente demasiado explícita, la revista de la Nueva Izquierda. Y en sus primeros tiempos se desplazó por toda la geografía británica con varias furgonetas, organizando clubes de lectura allí donde pudieron, tratando de reunir la nueva sensibilidad política en una forma de protoorganización, en un estilo que recuerda mucho a lo que en fechas más recientes ha intentado <em>Jacobin</em> con los DSA, los socialistas democráticos de Estados Unidos.</p>
<p>Con una pretensión militante aún más ambiciosa, los círculos operaístas italianos nacieron desde el principio ligados a las nuevas formas de expresión obrera: a las huelgas salvajes, a la generalización del absentismo, al sabotaje de masas. Su método de trabajo en las fábricas era a un tiempo de agitación y de investigación. Para ello inventaron un término, <em>coricerca</em> (coinvestigación), en el que las diferencias entre el intelectual militante y el obrero militante se disolvían en un proceso de comprensión conjunta del sistema de explotación de la fábrica, pero también de interrupción del mismo. A este trabajo de coinvestigación se deben los magistrales análisis de los principales polos industriales italianos (el de la Fiat de Turín o la Pirelli, el petroquímico de Porto Marghera). También la batería clásica de los conceptos operaístas (composición de clase, obrero masa, autovalorización). Así como, la concentración conceptual de este conocimiento inserto en las prácticas de resistencia obrera, especialmente el «rechazo del trabajo» que tanto escandalizaba a la vieja izquierda obrera del PCI. Estos círculos, además, formaron parte y acompañaron los procesos de formación de contracultura de aquellos años que dieron lugar a nuevas formas de vida.</p>
<h3><strong>Resumen de propósito</strong></h3>
<p>Obviamente, sería en extremo pretencioso pensar que esta revista que ahora presentamos vaya a cubrir siquiera parcialmente los vacíos de reflexión y crítica que hoy son tan claramente detectables en el marco de la crisis política de la izquierda local. Tampoco pretendemos emular, siquiera parcialmente, la trayectoria de estas revistas clásicas, que a su modo lograron renovar el pensamiento crítico hasta el punto de conducirlo hasta nuestros días. En cualquier caso, <em>Zona de Estrategia</em> pretende al menos destacar la necesidad, por no decir la urgencia, de reincorporar estas tres funciones que se pueden reconocer en aquellas revistas: el análisis de la coyuntura presente, esto es, la crisis seguramente terminal en el medio plazo de la hegemonía de un cierto tipo de capitalismo histórico, con riesgo cada vez más probable de conducir a un colapso civilizatorio; la crítica también de las formas de la izquierda actual, que en el caso español parece entrampada en los límites a largo plazo del 15M, hoy reconducido en la forma de los gobiernos progresistas; y, por último, la vocación de tratar de aportar a la organización de las nuevas sensibilidades, malestares y formas de militancia que cabalgan tanto sobre los procesos de crisis, como sobre las incapacidades de la izquierda.</p>
<blockquote><p>Uno de los trabajos fundamentales de esta revista consistirá en diseccionar la economía política de esa «formación social», que llamamos España</p></blockquote>
<p>En este sentido, esperamos que una parte no menor del trabajo de Zona de Estrategia, se centre en el análisis de la crisis. Esta se inscribe en un marco complejo, en el que operan fuerzas que van mucho más allá de lo que cualquier política de carácter local pueda llegar siquiera a plantearse. Para el caso español, es preciso reconocer que su realidad provincial está conectada con el largo ciclo neoliberal financiero que comienza a articularse en los años setenta y que parece entrar en su fase final en 2008. Por eso, uno de los trabajos fundamentales de esta revista consistirá en diseccionar la economía política de esa «formación social», que llamamos España, su especialización en los sectores turístico, financiero e inmobiliario; la composición de su estructura de clases marcada por la preeminencia de unas clases medias que basculan entre su propensión a la vulnerabilidad y la demanda de la protección del Estado; las dinámicas de proletarización de una parte de esa misma sociedad, en ocasiones conectada con los grandes movimientos migratorios globales; la forma social de sus principales metrópolis; los impactos de la crisis capitalista global, también en su dimensión ecológica, social, etc.</p>
<p>De otra parte, apostaremos, al modo en el que se hizo en los años sesenta y setenta, por una crítica de la izquierda existente. Una izquierda que, en nuestro caso, resulta paradójicamente nueva. Esta surge del acontecimiento 15M y se ha presentado como una gran promesa para la articulación de una «nueva política». Y sin embargo, esta izquierda, que en los últimos años ha recibido distintos nombres, al tiempo que se organizaba con diferentes formas e intensidades (Podemos, Sumar, municipalismos), ha dejado igualmente un rastro de decepción, desencanto e impotencia. Sin la medicina de una apuesta política fuerte, pocos ejercicios pueden ser moralmente más devastadores que el de comparar la impugnación general al régimen político en los años 2011-2013 con los procesos de purga y guerra interna dentro de esta nueva izquierda y su domesticación posterior como partidos al uso subordinados al PSOE. Al análisis y crítica de este proceso de absorción y subordinación de la nueva izquierda, hemos querido dedicar el primero de lo que esperamos sea una larga serie de monográficos, que reciben el nombre no muy original (y casi irónico) de <em>Cuadernos de Estrategia.</em> Esta primera entrega se titula de forma descriptiva: <a href="https://zonaestrategia.net/cuadernos/"><em>La restauración de la normalidad. Del 15M a los gobiernos progresistas.</em></a></p>
<blockquote><p>Estos movimientos han sido subordinados, cuando no subsumidos a las lógicas impuestas por los distintos gobiernos progresistas</p></blockquote>
<p>Efectivamente, la conducción del gran acontecimiento político de las últimas décadas (el 15M) a esta restauración progresista, junto con la gran ola de las nuevas derechas que recorre el planeta, han dejado el campo de la crítica y la construcción de movimientos de lucha atrapados en dinámicas de impotencia. Creemos que a esta suerte no han escapado tampoco los movimientos sociales. Arrinconados y con escasa iniciativa, estos movimientos han sido subordinados, cuando no subsumidos a las lógicas impuestas por los distintos gobiernos progresistas, que han extendido el asfixiante manto de la paz social.</p>
<p>Una de las principales apuestas de esta revista es, de hecho, reflexionar sobre la «forma» movimiento social, como paradigma de un cierto tipo de política extrainstitucional que nace en la década de 1980 y llega hasta hoy en día. La forma movimiento social que aquí será objeto de crítica viene caracterizada por su fragmentación, su en ocasiones narcisismo diferencialista, su propensión a reproducir las políticas de la identidad, su tendencia a veces al corporativismo y las formas de institucionalización que corresponden a una sociedad altamente fragmentada e individualizada. En conjunto, trataremos aquí de considerar la apuesta por formas políticas que superen este impás, y que no solo hablen de federación, composición y alianza, sino de construcción de sujetos plurales pero armados con una suerte de nuevo «universalismo negativo», capaz de reunir explotación y rechazo en una política común.</p>
<blockquote><p>Esperamos que <em>Zona de Estrategia</em> pueda contribuir en algo a la necesidad de articulación política que necesariamente surge de la crisis</p></blockquote>
<p>Por eso esperamos que <em>Zona de Estrategia</em> pueda contribuir en algo a la necesidad de articulación política que necesariamente surge de la crisis. En este sentido, nos tomamos muy en serio la necesidad de «estrategia», pero de una forma que se opone radicalmente a los presupuestos de la izquierda revolucionaria convencional, para la que la estrategia y el sentido de la acción política venía determinado a priori por ciertas plantillas heredadas, que si bien se querían fundadas en la «teoría», nunca escapaban a cierta ideología de partido, cuando no de capilla intelectual. A nuestro modo de ver, la estrategia no viene determinada ni por la organización, ni por ninguna agencia intelectual, ni tampoco naturalmente por esta revista. La estrategia está únicamente determinada por los desplazamientos y los impulsos de emancipación y transformación que se producen a veces abiertamente, a veces soterradamente, dentro de la misma sociedad que habitamos. En otras palabras, <em>la estrategia se descubre,</em> no se implanta.</p>
<p>En este sentido, creemos necesario investigar sobre el terreno, reconocer las formas de lucha y sabotaje social cuando estas ni siquiera son públicas, encontrarnos de bruces con los malestares que produce la crisis, la formas de proletarización, pauperización y devaluación social. Y a partir de ahí establecer alianzas sociales nuevas. Se trata, como se ve, de un trabajo de exploración subterránea. Una vez más, queremos encontrarnos y formar parte de la «tribu de los topos».</p>
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