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	<title>Josefina L. Martínez, autor en Zona de estrategia</title>
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	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
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	<title>Josefina L. Martínez, autor en Zona de estrategia</title>
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		<title>De la rebelión por la vivienda a la huelga general: debates sobre estrategia y autoorganización</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josefina L. Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2026 10:05:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La rebelión juvenil por la vivienda forma parte de un nuevo ciclo de lucha de clases en Europa, con Francia como expresión más avanzada. Frente al adelanto electoral del 29-N, la apuesta es construir desde abajo comités unitarios para lograr una huelga combativa.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/de-la-rebelion-por-la-vivienda-a-la-huelga-general-debates-sobre-estrategia-y-autoorganizacion/">De la rebelión por la vivienda a la huelga general: debates sobre estrategia y autoorganización</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>1. La chispa que encendió Maricarmen se transformó en una rebelión por la vivienda. Es parte de un <a href="https://www.izquierdadiario.es/Red-Internacional-De-Francia-al-Estado-espanol-la-juventud-en-rebelion-aires-del-68">nuevo ciclo de lucha de clases en Europa con la juventud al frente</a>, que tiene su expresión más avanzada en Francia. Allí, la revuelta estudiantil tiñe el aire de rojo con un imaginario que evoca el 68. Se trata de las mayores movilizaciones estudiantiles en décadas: más de 450.000 personas en las calles, más de 900 liceos con clases suspendidas y 40 universidades bloqueadas con grandes asambleas e iniciativas de coordinación.</p>
<p>El Gobierno francés ha desatado una represión brutal, con más de 7.000 estudiantes detenidos y jóvenes que han perdido una mano o un ojo. Empiezan a sumarse sectores de la clase trabajadora, como los ferroviarios o trabajadores de las refinerías que formaron cadenas humanas para proteger a los estudiantes de la policía en París, Toulouse, Le Havre o Estrasburgo, o las delegaciones de trabajadores de hospitales y del metro en los bloqueos. Son todavía iniciativas iniciales, pero apuntan a una unidad que la burocracia de las grandes centrales sindicales intenta evitar.</p>
<p>Después de dos semanas de ocupaciones de escuelas y universidades, <a href="https://www.izquierdadiario.es/Los-desafios-estrategicos-de-la-revuelta-estudiantil-en-Francia">el desarrollo de la autoorganización y la consolidación de una alianza con la clase trabajadora podrían abrir un nuevo campo</a> en la batalla contra Macron. El nuevo clima de protesta se ha contagiado rápidamente a Bélgica, donde hubo huelgas y choques con la policía. En Italia, volvieron a ocuparse algunas escuelas en Turín, Milán y Roma. En ese país se prepara una jornada de lucha y huelga convocada por el sindicalismo de base y colectivos de trabajadores portuarios para el 30 de octubre, con un eje contra el rearme y la guerra. En la última semana, vimos movilizaciones por la vivienda en Portugal, que se suma así al movimiento. La vieja Europa, tensionada por la guerra y con regímenes en crisis, con servicios públicos sacrificados en el altar de los recortes y los presupuestos militares, empieza a ser cuestionada desde abajo con la irrupción de la protesta juvenil.</p>
<blockquote><p>Está abierta una disputa política entre el tiempo de las elecciones y el tiempo de la huelga general</p></blockquote>
<p>En el Estado español, la aceleración de los tiempos fue tal que en tan solo dos semanas se encadenaron variadas formas de lucha: de la resistencia del Sindicato de Inquilinas ante los desahucios a la irrupción callejera de un extendido movimiento juvenil por la vivienda. De la gran acampada en la Puerta del Sol a las ocupaciones de plazas en varias ciudades. La tensión se elevó en ocasiones por las amenazas de grupos de ultraderecha. Y entonces la plaza se desbordó de miles de jóvenes para defender la acampada: «Aquí están los antifascistas». Postales de una rebelión juvenil que puso al Gobierno progresista contra las cuerdas. La movilización logró imponer la convocatoria a una huelga general el 11 de noviembre, la primera después de 14 años. La huelga indefinida educativa en Madrid ya está calentando el ambiente. El Gobierno progresista juega las cartas del adelanto electoral para el 29-N. Está abierta una disputa política entre el tiempo de las elecciones y el tiempo de la huelga general. Para que la movilización no se agote en las promesas vacías del progresismo.</p>
<blockquote><p>Varias experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión</p></blockquote>
<p>2. Si el largo ciclo progresista se apoyó en la desactivación de las calles (contraparte de la hipótesis Podemos de gestión del Estado capitalista), las cosas parecen estar cambiando. Había algunos indicios. Las recientes huelgas educativas en Valencia y Catalunya con importantes elementos de organización asamblearia que establecieron lazos entre docentes, trabajadoras precarias, estudiantes y familias. La huelga educativa indefinida en Madrid, que ha arrancado este 14 de octubre, marcada por las cargas policiales contra los estudiantes. La huelga de Airbus, en la gran industria. El movimiento por la vivienda que viene creciendo en la juventud con nuevos sindicatos de inquilinas y plataformas contra los desahucios. Masivas manifestaciones en las universidades contra provocadores de la derecha. Y más de dos años de un extendido y profundo movimiento de solidaridad con Palestina que, con las acampadas, las flotillas y el boicot a la Vuelta Ciclista, abonó el giro a izquierda y la radicalidad política de toda una generación. Todas esas experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión por la vivienda.</p>
<p>3. Fuertes tendencias reaccionarias vienen actuando en sentido contrario, al punto de que coparon la escena pública este verano, cuando se impuso un clima político extremadamente conservador alrededor de Ceuta. En esos días, gran parte del progresismo español se sumó a la tesis de los «invasores». Una campaña agitada por una derecha exaltada que llamaba a apalear a niños, niñas y jóvenes marroquíes que cruzaron la frontera escapando de la miseria de la vida. Condiciones insoportables de existencia determinadas por el expolio imperialista, también hay que decirlo. En pleno mes de agosto, muchas nos plantamos en el centro de Madrid con un lema: «Las que invaden son las multinacionales». Cuánta alegría al escuchar a miles de jóvenes cantando en la Puerta del Sol: «Los invasores, son los inversores».</p>
<blockquote><p>Todas esas experiencias previas moldearon a una amplia vanguardia juvenil que está protagonizando esta rebelión por la vivienda</p></blockquote>
<p>4. Las tendencias hacia la polarización que atraviesan la nueva fase política van <em>in crescendo</em>. Todas las encuestas pronostican que el bloque de PP y Vox puede obtener mayoría para gobernar. En este contexto se sitúan los intentos del prestidigitador Sánchez. Con el adelanto electoral del 29-N intenta reflotar la fracturada coalición de gobierno, canalizando el descontento social hacia las urnas. El progresismo busca transformar el movimiento (que surgió contra su Gobierno) en una votación contra la derecha. La lógica del «mal menor» busca imponerse, no solo con el voto directo al PSOE, sino también mediante el Frente Amplio, Podemos y ERC. Estos actúan, si se nos permite una metáfora geográfica, como los afluentes de un río, que, aunque recogen aguas de otras fuentes, terminan alimentando el cauce principal (el proyecto de una nueva legislatura progresista). No son la representación de lo nuevo que surge en las plazas españolas o en las calles de París y Lieja. En la polarización asimétrica, los sectores que giran hacia la derecha encuentran su representación política en las alas trumpistas del PP o VOX. Sin embargo, la juventud que se rebela contra el estado de cosas existente no se encuentra representada por la moderada izquierda institucional “gobernista”. Son parte de lo viejo, una izquierda institucional que moderó su programa para gobernar con partidos del régimen imperialista como el PSOE, una izquierda que prometió «asaltar los cielos» y terminó ocupando ministerios en un gobierno de la OTAN.</p>
<blockquote><p>Nos proponemos activar la autoorganización para construir desde abajo una huelga general combativa</p></blockquote>
<p>5. Hay una disputa política en curso hacia la huelga general. Las burocracias sindicales mayoritarias actúan como agentes del régimen, junto a los partidos de gobierno y corrientes reformistas. Intentarán echarle agua a la pólvora, para que la huelga sea un paseo de domingo. El objetivo es «preparar el ambiente» para las elecciones del 29-N: llevar todos los cursos de agua hacia el molino del Gobierno progresista. «Nosotros o la derecha», «nosotros o el fascismo». Como si no fueran ellos los que gobiernan hace ocho años, los que defienden las ganancias de los especuladores y la banca, reprimen en la frontera y destinan millones a presupuestos militares. Ahora bien, la disputa está abierta: lo más novedoso es que hay iniciativas desde abajo para que la huelga general sea contundente. Mientras ellos quieren «activar el voto», muchos otros nos proponemos activar la autoorganización para construir desde abajo una huelga general combativa, que sea el inicio de un plan de lucha, gobierne quien gobierne.</p>
<blockquote><p>Organizar comités unitarios en todos los lugares de trabajo, estudio y barrios es el gran desafío de los próximos días</p></blockquote>
<p>6. La propuesta de organizar «comités unitarios» en todos los lugares de trabajo, estudio y barrios es el gran desafío de los próximos días. Estas nuevas formas de autoorganización desde abajo pueden concentrar la deliberación y decisión colectiva acerca de cómo garantizar una huelga que lo paralice todo –lugares de trabajo y de estudio– mediante asambleas, piquetes de huelga, cortes de carretera, etc. Si lo conseguimos, nos podremos proponer después que esas nuevas formas de organización perduren. Porque el escenario próximo es un nuevo gobierno progresista que no concederá nada sustantivo, mientras sigue aumentando los gastos militares; o un gobierno de la derecha que pegará aún más duro. Para ambos casos tenemos que prepararnos. La clave es construir un nuevo entramado de comités y asambleas, una nueva institucionalidad de clase y desde abajo que nos permita articular las fuerzas de una nueva clase trabajadora, feminizada y racializada, que es también joven y precaria, junto a movimientos feministas, por la vivienda, antirracistas o de los pensionistas.</p>
<p>El desafío es superar las fragmentaciones y dotar al movimiento de formas de organización democrática. Las convocatorias autorreferenciales a construir comités de huelga «propios» de cada organización no aportan a la construcción de una gran jornada de huelga general. Son lo opuesto a construir nuevas formas de autoorganización obrera y popular, que puedan prepararse para combatir contra los ataques que se vienen. Por otra parte, quienes sostienen que las coordinaciones tienen que ser solo entre «notables» por arriba obstaculizan también la construcción de asambleas de base o comités de lucha donde puedan participar todos y todas: trabajadoras y estudiantes, vecinas y desempleadas, para luchar en común. Estos comités unitarios en cada lugar de trabajo y estudio, en cada barrio o zona, pueden a su vez coordinarse localmente, para dotarse de estrategias de lucha más generales. Es importante que todas las tendencias políticas que defienden la huelga puedan expresarse libremente, promoviendo la participación de la mayor cantidad de trabajadores y jóvenes.</p>
<blockquote><p>Las convocatorias autorreferenciales a construir comités de huelga propios de cada organización no aportan a la huelga</p></blockquote>
<p>7. Aunque haya imaginarios que resuenan, la Puerta del Sol del 26-S es muy diferente de aquella del 15-M. Paolo Gerbaudo destaca en <em>Jacobin</em> un imaginario «con la clase en el centro» presente en la acampada. Esta se transformó en centro de reagrupamiento para activistas del Sindicato de Inquilinas, plataformas por la vivienda, centros sociales, organizaciones juveniles y miles de jóvenes que tenían menos de cinco años cuando sucedió el 15-M. Ciertamente, el canto más coreado en los últimos días ha sido «Huelga, huelga, huelga: huelga general». En la plaza han tenido una presencia constante los colores de una nueva clase trabajadora: las camisetas amarillas de las educadoras infantiles (0-3), las camisetas verdes de las docentes que preparan la huelga educativa indefinida desde el 14 de octubre, bomberos contra los desahucios, delegaciones de trabajadores de Airbus, de Amazon, de la EMT, la gran asamblea que organizaron las trabajadoras del sector social, y delegaciones del sindicalismo combativo.</p>
<p>Las tendencias hacia la confluencia también dieron lugar a una «Mesa sindical» integrada por el Sindicato de Inquilinas, el sindicalismo combativo (CGT, COBAS, CNT y Solidaridad Obrera) en coordinación con organizaciones juveniles y vecinales. Desde esa coordinación se resolvió exigir a todos los sindicatos (incluyendo a las burocracias de CCOO y UGT) la convocatoria a una huelga general por la vivienda. La presión de la calle y la constitución de este polo del sindicalismo alternativo lograron imponer a las burocracias mayoritarias la convocatoria a una huelga general. Desde la mesa sindical se resolvió impulsar la constitución de comités unitarios para preparar la huelga general, en todos los lugares de trabajo, de estudio y en los barrios. También se están organizando acciones de apoyo a la huelga educativa que arranca en Madrid el 14 de octubre, como parte de un plan para construir la huelga general desde abajo. En Barcelona, han empezado a formarse asambleas unitarias para preparar la huelga. En Málaga y otras regiones, las acampadas vienen actuando como centro de reagrupamiento.</p>
<p>8. Otro elemento distintivo, que destaca la prensa <em>mainstream</em> en los últimos días, es la presencia de nuevas organizaciones políticas juveniles de la extrema izquierda en el movimiento. El día que arrancó la acampada, <a href="https://www.izquierdadiario.es/Las-busquedas-de-El-Manifiesto-Comunista-en-Google-crecen-5000-en-plena-rebelion-por-la-vivienda">el interés de búsqueda de <em>El manifiesto comunista</em> en Google experimentó un aumento radical</a>. Ya decíamos que eso de que «toda la juventud se hizo de derecha» era un relato. Hay una nueva generación buscando respuestas radicales y mirando hacia la izquierda. Son quienes nacieron a la vida política rebelándose contra un genocidio y acumulan malestares por el deterioro de la educación y la sanidad, mientras crecen los presupuestos militares. Una generación que se rebela contra la precariedad laboral, la falta de vivienda y el cambio climático en un mundo capitalista cada vez más convulso. Esta tendencia internacional hoy tiene su epicentro en Europa.</p>
<blockquote><p>Una generación se rebela contra la precariedad laboral, la falta de vivienda y el cambio climático</p></blockquote>
<p>El capitalismo aparece cada vez más como un sistema que no tiene nada para ofrecer a la juventud estudiantil y trabajadora. Sus grandes promesas se rompieron. Los jóvenes no pueden pagar un alquiler en Berlín, mientras el Gobierno CDU-SPD destina fondos descomunales al rearme. En Francia, la educación se cae a pedazos en los barrios populares. En el Estado español, aun con el progresista Sánchez al volante, no se resuelven problemas tan vitales como la vivienda o la educación. Hay regímenes desprestigiados, en crisis total, ultraderechas que se endurecen.</p>
<p>Pero también está emergiendo una juventud radical por izquierda, que empieza a imaginar un horizonte socialista. Me llena de orgullo el hecho de que mis compañeras y compañeros de Révolution Permanente –Le Poing Levé– en Francia, Contracorriente en el Estado español y las agrupaciones Armas de la crítica –en Alemania y en Italia– hoy sean parte de estas nuevas rebeliones juveniles en Europa. Diferentes idiomas, pero una misma lucha que pone en el centro la pelea por la autoorganización y los esfuerzos para agrupar a miles de jóvenes por una salida revolucionaria y socialista.</p>
<p>Las imágenes de la juventud en Francia traen un aire al 68. Y recordemos que la radicalización obrera y juvenil en aquel momento fue mucho más allá de Francia. También vibró por causas anticoloniales, como la de Vietnam, con la de Argelia todavía reciente. Daniel Bensaïd escribió sobre el Mayo francés, señalando que la juventud que construía barricadas estaba rompiendo con los valores de la sociedad burguesa. En pleno siglo XXI, ver un genocidio en directo, amplificado en redes sociales, con la complicidad de todos los gobiernos, produjo una ruptura subjetiva con consecuencias que quizás recién ahora estemos comprendiendo. Todo el discurso del derecho internacional quedó destrozado. En un mundo con guerras eternas, trumpismos, genocidios y reformismos sin reformas, las costuras del capitalismo y del imperialismo quedan a la vista. Son momentos favorables para que surjan a montones nuevos revolucionarios: ese particular tipo humano tan extraordinario que se rebela contra el estado de cosas existentes y se propone cambiarlo todo de forma colectiva.</p>
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		<title>Feminismo, interseccionalidad y marxismo: debates sobre género, raza y clase</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/feminismo-interseccionalidad-y-marxismo-debates-sobre-genero-raza-y-clase/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Josefina L. Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Sep 2026 07:17:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Feminismos/Disidencias]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este artículo recorre la historia del concepto interseccionalidad que nació como crítica radical de las feministas negras y socialistas pero que con el neoliberalismo se convirtió en parte del lenguaje de la diversidad y el reconocimiento. Se discuten aquí sus límites desde el marxismo. Sin una política de clase, la suma de opresiones no basta para emanciparse.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La <em>interseccionalidad</em> es una palabra frecuente en ámbitos académicos, entre el activismo feminista y los movimientos sociales. «Clase, raza y género» es la «santísima trinidad de nuestra época», como señaló Terry Eagleton<sup><a id="ffn1" class="footnote" href="#fn1">1</a></sup>. Se habla de <em>interseccionalidad</em>, pero muchas veces no está claro qué define. ¿Es una teoría o una descripción empírica? ¿Opera en el ámbito de la subjetividad individual o analiza sistemas de dominación? Y finalmente: ¿qué dice sobre las causas de las opresiones que se cruzan y, sobre todo, sobre las vías para la emancipación?</p>
<p>Aunque ya existían reflexiones sobre la relación entre género, raza y clase en los debates del marxismo y la izquierda desde mucho antes, el concepto de <em>interseccionalidad</em> apareció definido por primera vez como tal en un artículo publicado en 1989 por la abogada y feminista negra Kimberlé Crenshaw<sup><a id="ffn2" class="footnote" href="#fn2">2</a></sup>, que buscaba dar una respuesta en el ámbito de la legislación antidiscriminatoria en Estados Unidos. Un origen que, sin dudas, marcó los contornos del concepto, como veremos más adelante. Sin embargo, su antecedente más importante se encuentra en las elaboraciones de las feministas negras de los años 70, como el colectivo Combahee River Collective, quienes plantearon una crítica «interseccional» a los movimientos de liberación, en el marco de la segunda ola feminista y la radicalización política del período.</p>
<p>En este artículo proponemos un breve recorrido por los antecedentes históricos, las primeras formulaciones del concepto, <a href="https://www.laizquierdadiario.com/Feminismo-cool-victorias-que-son-de-otras">su deriva con el auge del posmodernismo</a> y el debate que se plantea hoy desde los movimientos sociales. Al mismo tiempo, establecemos un contrapunto crítico desde el marxismo con las teorías de la interseccionalidad.</p>
<h3>1. El Combahee River Collective y las feministas negras</h3>
<p>En 1977 se publicó el Manifiesto del Combahee River Collective (Colectivo del Río Combahee). Su nombre era un homenaje a la valiente acción militar que había liderado la exesclava y abolicionista Harriet Tubman en 1863, logrando liberar a 750 esclavos entre los cañonazos enemigos. Fue la única mujer que encabezó una operación del ejército durante la Guerra Civil norteamericana.</p>
<p>Las feministas negras de los años 70 se reconocían como parte de una tradición histórica de lucha de las mujeres negras desde el siglo XIX. En su libro <em>Mujeres, raza y clase</em><sup><a id="ffn3" class="footnote" href="#fn3">3</a></sup>, Angela Davis recupera su papel en el movimiento abolicionista en Estados Unidos. <a href="https://www.laizquierdadiario.com/Sojourner-Truth-acaso-no-soy-una-mujer">Sojourner Truth</a> pasó a la historia por su discurso en la conferencia sufragista de Ohio en 1851. Un hombre había argumentado que las mujeres no podían votar porque eran el «sexo débil», ante lo que Sojourner Truth respondió de forma potente:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“¡Yo he arado, he sembrado y he cosechado en los graneros sin que ningún hombre pudiera ganarme! ¿Y acaso no soy una mujer? Podía trabajar como un hombre, y comer tanto como él cuando tenía la comida ¡y también soportar el látigo! ¿Y acaso no soy una mujer? He dado a luz a trece niños y he visto vender a la mayoría de ellos a la esclavitud… ¿Y acaso no soy una mujer?”</p>
<blockquote><p>Su respuesta era una impugnación al relato patriarcal que construía la «femineidad» considerando a las mujeres como seres débiles</p></blockquote>
<p>Su respuesta era una impugnación al relato patriarcal que construía la «femineidad» considerando a las mujeres como seres débiles, «naturalmente» inferiores e incapaces de ejercer la ciudadanía política. Pero era también un cuestionamiento a las sufragistas blancas, ya que muchas de ellas dejaban de lado las reivindicaciones de las mujeres negras y de las trabajadoras.</p>
<p>A mediados de los años 70 del siglo XX, varias mujeres negras decidieron recuperar aquella tradición y constituirse en grupos militantes, después de haber tenido una mala experiencia en el movimiento feminista blanco y en organizaciones por la liberación del pueblo negro. Con la publicación del Manifiesto del Combahee River Collective, las feministas negras cuestionaron simultáneamente al feminismo blanco, al movimiento negro y al feminismo negro burgués de la NBFO (National Black Feminist Organization).</p>
<p>Establecían como punto de partida la experiencia compartida de una simultaneidad de opresiones, la <em>trilogía de clase, raza y género</em>, a la que se agregaba también la opresión sexual. Desde esa posición apuntaban una crítica contra el movimiento feminista hegemonizado por el feminismo radical. Esta corriente interpretaba las contradicciones sociales mediante la oposición entre «clases sexuales»<sup><a id="ffn4" class="footnote" href="#fn4">4</a></sup> y otorgaba absoluta prioridad a un sistema de dominación –el patriarcado– sobre todos los demás<sup><a id="ffn5" class="footnote" href="#fn5">5</a></sup>. Al cuestionar la preeminencia de la opresión sexual o de género por sobre las de raza y clase, las feministas negras polemizaban también con las tendencias abiertamente separatistas o de «guerra de sexos» que se fortalecieron en el feminismo de fines de los 70, al que definían como un movimiento orientado por los intereses de mujeres blancas de clase media. También sostenían que todo tipo de determinación biologicista de la identidad podía llevar a posiciones reaccionarias.</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Aunque somos feministas y lesbianas, sentimos solidaridad con los hombres Negros progresistas y no defendemos el proceso de fraccionamiento que exigen las mujeres blancas separatistas.”</p>
<p>En su libro <a href="https://traficantes.net/libros/el-feminismo-es-para-todo-el-mundo"><em>El feminismo es para todo el mundo</em></a> (Traficantes de Sueños), la feminista negra bell hooks plantea que, en aquellos años, «las visiones utópicas de la sororidad» y la definición ahistórica del patriarcado se vieron cuestionadas por los debates de raza y clase. Haciendo un balance, asegura que «las mujeres blancas que trataron de organizar el movimiento en torno a la idea de la opresión compartida y que proponían que las mujeres formábamos una clase o casta sexual fueron las más reacias a admitir las diferencias entre mujeres». También destaca la polémica con las corrientes separatistas dentro del movimiento:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Retrataban a todos los hombres como el enemigo para representar a todas las mujeres como víctimas. Poner el foco en los hombres desviaba la atención sobre los privilegios de clase de algunas activistas feministas, así como de su deseo de aumentar su poder de clase.”</p>
<p>En el Manifiesto del Combahee River Collective, la lucha por la emancipación de las mujeres negras y del pueblo negro era inseparable de la lucha contra el sistema capitalista. Por eso se adherían explícitamente a la lucha por el socialismo:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Reconocemos que la liberación de toda la gente oprimida requiere la destrucción de los sistemas políticos y económicos del capitalismo y del imperialismo tanto como el del patriarcado. Somos socialistas porque creemos que el trabajo se tiene que organizar para el beneficio colectivo de los que hacen el trabajo y crean los productos (…) No estamos convencidas, sin embargo, de que una revolución socialista que no sea también una revolución feminista y antirracista nos garantizará nuestra liberación.”</p>
<p>En relación con el marxismo, aseguraban que acordaban en lo fundamental con la teoría de Marx en cuanto «a las relaciones económicas específicas», pero consideraban que el análisis tenía que «extenderse más para que nosotras comprendamos nuestra específica situación económica como Negras». Cabe señalar que, aunque hacían una definición sobre la necesidad de una revolución socialista, las tareas prácticas que proponían como grupo se limitaban sobre todo a talleres de autoconciencia y la lucha por derechos concretos de las mujeres negras en los barrios.</p>
<p>En el Manifiesto aparece la noción de <em>políticas de la identidad</em> como respuesta a la forma específica en que experimentan la opresión las mujeres negras. El autorreconocimiento de la propia identidad se plantea como un momento necesario para establecer <em>a posteriori</em> una confluencia con otros movimientos de liberación. Hay una tensión presente entre la constitución de una identidad diferenciada y la confluencia con el resto de los oprimidos para la lucha contra un sistema que combina formas de dominación económica, sexual y racial.</p>
<p>Unos años después, sin embargo, al cambiar drásticamente el contexto social, político e ideológico con el auge del neoliberalismo y el posmodernismo, el concepto de <em>interseccionalidad</em> tomará un nuevo sentido. Mientras la transformación radical de la sociedad ya no estará en su horizonte, se tenderá a licuar el momento de la acción colectiva, cobrará más peso la multiplicación de «identidades» diferenciadas y la exigencia de políticas de reconocimiento en el seno de la sociedad capitalista.</p>
<h3>2. La interseccionalidad como categoría de la discriminación</h3>
<p>Kimberlé Crenshaw definió por primera vez el concepto de <em>interseccionalidad</em> en 1989. Allí señalaba que el tratamiento por separado de las discriminaciones de raza y género, como «categorías mutuamente excluyentes de la experiencia y el análisis», tenía consecuencias problemáticas para la jurisprudencia, para la teoría feminista y para las políticas antirracistas. Por ese motivo proponía «contrastar la multidimensionalidad de la experiencia de las mujeres negras, frente al análisis de un solo eje que distorsiona estas experiencias».</p>
<p>Señala que toda conceptualización basada en un solo eje de la discriminación (sea la raza, el género, la sexualidad o la clase) borra a las mujeres negras de la identificación y la posibilidad de resolución de la discriminación, limitando el análisis a las experiencias de miembros privilegiados de cada grupo. En los casos de discriminación racial, esta tiende a ser vista desde el punto de vista de los negros con privilegios de género o clase; mientras que, en los casos de discriminación de género, el foco se pone en las mujeres blancas y con recursos económicos. Como «la experiencia interseccional es más que la suma de racismo y sexismo, cualquier análisis que no tome en cuenta la interseccionalidad, no puede abordar suficientemente la manera particular en que las mujeres negras son subordinadas».</p>
<blockquote><p>A fines de los años 80, por lo tanto, el concepto de interseccionalidad aparece como una categoría para complejizar las experiencias de la «discriminación»</p></blockquote>
<p>En su análisis, Crenshaw examina cómo han sido rechazadas desde el poder judicial varias querellas iniciadas por mujeres negras. Uno de los casos que analiza es DeGraffenreid vs. General Motors. Cinco mujeres demandaron a la multinacional alegando discriminación laboral, ya que como mujeres negras no conseguían ser promovidas a mejores categorías laborales. El juzgado denegó la demanda, alegando que no se podía establecer la existencia de una discriminación por ser «mujeres negras», que no constituían un grupo objeto de una discriminación especial. Aceptaba, en cambio, investigar si se había producido segregación racial o de género, pero «no una combinación de ambas». Finalmente, el juzgado determinó que como GM había contratado a mujeres –mujeres blancas– no había discriminación de género. Y como había contratado a personas negras –hombres negros– no existía discriminación de raza. La demanda de las mujeres negras no prosperó. La corte sostenía que aceptarla abriría una «caja de Pandora».</p>
<p>Crenshaw señala que el objetivo de la interseccionalidad es reconocer que las mujeres negras pueden experimentar una discriminación que tiene formas complejas y que el marco conceptual unidireccional no permite abordarlas. A fines de los años 80, por lo tanto, el concepto de interseccionalidad aparece como una categoría para complejizar las experiencias de la «discriminación», con el objetivo de establecer nueva jurisprudencia que permitiera regular «políticas de la diversidad» desde el Estado.</p>
<p>Posteriormente, la socióloga norteamericana y estudiosa del feminismo negro Patricia Hill Collins definió la interseccionalidad como un «conjunto distintivo de prácticas sociales que acompañan nuestra historia particular dentro de una matriz única de dominación caracterizada por opresiones interseccionales»<sup><a id="ffn6" class="footnote" href="#fn6">6</a></sup>. En su caso, la interseccionalidad define un proyecto de «justicia social», que busca confluencia o coaliciones con otros «proyectos de justicia social».</p>
<p>El concepto de interseccionalidad fue desarrollado a partir de entonces por muchas otras intelectuales feministas negras, latinas y asiáticas, en el marco de la expansión de los «Women&#8217;s Studies» en la academia. La interseccionalidad se transformó en una palabra de moda en congresos y simposios, se crearon departamentos de investigación y ONG para desarrollar estudios interseccionales en el ámbito de la economía, el derecho, la sociología, la cultura y las políticas públicas. A la trilogía de género, raza y clase se agregaron otros vectores de opresión como la sexualidad, la nacionalidad, la edad o la diversidad funcional. Y si bien permitió una gran visibilidad para la situación específica de opresión de múltiples grupos y comunidades, paradójicamente se desarrolló en el marco de un clima de resignación ante las estructuras sociales capitalistas, que ahora eran percibidas como algo imposible de cuestionar.</p>
<h3>3. Interseccionalidad, políticas de la identidad y múltiples diferencias</h3>
<p>El auge de los estudios de la <em>interseccionalidad</em> en la academia coincide con la apertura de una nueva etapa histórica que transformó completamente el clima intelectual y político bajo el neoliberalismo. El período de la «Restauración burguesa»<sup><a id="ffn7" class="footnote" href="#fn7">7</a></sup> o auge neoliberal implicó un ataque generalizado a conquistas de la clase trabajadora a nivel mundial, políticas de privatización y desregulación, que avanzaron de forma arrolladora ante la defección de las direcciones sindicales y políticas de la clase trabajadora. Esto provocó un aumento de la fragmentación interna de la clase trabajadora y una enorme pérdida de subjetividad de clase.</p>
<p>En este nuevo contexto, pasamos de la radicalidad de las feministas negras y socialistas del Combahee River a formular la interseccionalidad bajo la creciente fragmentación de los sujetos, desde el prisma de la posmodernidad. La idea de interseccionalidad se hace más afín a la de «diversidad» y a las «políticas de la identidad».</p>
<p>En esta formulación hay un desplazamiento de lo colectivo a lo individual, de lo material a lo subjetivo, en un proceso de «culturalización» de las relaciones de dominación. Por esta vía se instala la idea de que la lucha de los grupos oprimidos pasa en lo fundamental por constituir una autoconciencia de la propia identidad –un «saber situado»–, para lograr que los grupos privilegiados (hombres, mujeres blancas, mujeres heterosexuales, etc.) «deconstruyan» sus privilegios y reconozcan la diversidad. En el marco del «giro cultural» posmoderno, las identidades se presentan construidas exclusivamente desde el discurso, por lo que las posibilidades de resistir se restringen al ejercicio de un contrarrelato.</p>
<blockquote><p>Esta perspectiva, sin embargo, no se puede aplicar a la explotación de clase</p></blockquote>
<p>Esta perspectiva, sin embargo, no se puede aplicar a la explotación de clase: ¿o acaso se puede esperar que los dueños de los medios de producción, los banqueros y capitalistas «deconstruyan» su poder mediante un ejercicio de autorreflexión? En realidad, el planteo tampoco es viable como estrategia para terminar con el racismo, el heterosexismo y el machismo, a menos que se considere que esos «ejes de dominación» son entidades separadas, que operan exclusivamente en el ámbito cultural o ideológico, en vez de estar entrelazadas a las relaciones materiales y estructurales del capitalismo.</p>
<p>Por otro lado, la multiplicación de una serie cada vez más extensa de identidades oprimidas, sin considerar la posibilidad de transformar radicalmente las relaciones sociales capitalistas sobre las cuales esas opresiones se establecen, dio lugar a prácticas de «guetificación» y separación dentro del activismo. Pratibha Parmar alertó del problema:</p>
<p style="padding-left: 40px;">“Ha tenido lugar un énfasis en la acumulación de una colección de identidades oprimidas que, por otro lado, han dado lugar a toda una jerarquía de la opresión. Dicha jerarquía no sólo ha sido destructiva, sino también divisoria e inmovilizadora. (…) muchas mujeres se han replegado hacia una &#8216;política del estilo de vida&#8217;, propia del gueto, y se ven a sí mismas incapaces de moverse más allá de la experiencia individual y personal<sup><a id="ffn8" class="footnote" href="#fn8">8</a></sup>.”</p>
<p>Como contracara de esa impotencia, el sistema capitalista se apropió del estallido de la «diversidad» como mercado de identidades: podía asimilarlas siempre y cuando estas no apuntaran a la impugnación del sistema social de conjunto. Terry Eagleton señaló sobre el posmodernismo que tal vez</p>
<p style="padding-left: 40px;">“… su único y más duradero logro –el hecho de que ha ayudado a colocar las cuestiones de la sexualidad, del género y de lo étnico tan firmemente en la agenda política que resulta imposible imaginar que puedan ser eliminadas sin un esfuerzo poderoso– no fue más que un sustituto de formas clásicas de radicalismo político, que tratan de clases, Estado, ideología, revolución, modos materiales de producción.”<sup><a id="ffn9" class="footnote" href="#fn9">9</a></sup></p>
<p>En una nota al pie aclaraba, sin embargo, que no habían sido los intelectuales posmodernos quienes habían colocado aquellas cuestiones en la agenda política, sino la acción previa de los movimientos sociales mediante la lucha en los años 60 y 70. Lo cierto es que, una vez derrotada aquella oleada de radicalización política, la visibilidad que consiguieron las cuestiones de la raza, el género y la sexualidad creció al mismo tiempo que se invisibilizaba cada vez más la condición de clase (al punto que algunos llegaron a hablar de la desaparición de la clase obrera como tal).</p>
<h3>4. La retirada de la política de clase</h3>
<p>En la trilogía de clase/raza/género, la clase tendió a quedar diluida, o convertida en una identidad más, como si se tratara de una categoría de la estratificación social (por ingresos), o un tipo de ocupación laboral. Martha E. Gimenez señala que uno de los elementos característicos de las teorías de la interseccionalidad es el supuesto de que «para teorizar estas conexiones es necesario defender la hipótesis de la equivalencia entre opresiones», pero esto lleva a borrar lo específico de las relaciones de clase. <sup><a id="ffn10" class="footnote" href="#fn10">10</a></sup></p>
<p>Contra esa visión, hace falta señalar que raza, género y clase no son categorías directamente comparables. Esto no implica hacer una jerarquía de agravios, ni determinar cuál es más importante que otra para la experiencia subjetiva de las personas; se trata de buscar una comprensión mayor de la relación entre opresiones y explotación en la sociedad capitalista.</p>
<p>Por ejemplo, clase, raza y género operan de modo muy diferente en relación con la «igualdad» y la «diferencia». Históricamente, la burguesía ha intentado camuflar lo más posible la «diferencia social» de clase detrás de una ideología «igualitaria» del «libre contrato». Pero utiliza el racismo y el machismo para fijar «diferencias», que se atribuyen a condicionantes biológicos o «naturales» para justificar la desigualdad en la distribución de recursos, en el acceso a derechos, para defender la persistencia de una determinada división del trabajo, o lisa y llanamente, la esclavización de millones de personas –deshumanizándolas–.</p>
<blockquote><p>Desde una perspectiva emancipatoria se busca que ninguna diferencia pueda ser la base de una opresión</p></blockquote>
<p>Desde una perspectiva emancipatoria se busca que ninguna diferencia en el color de la piel, en el lugar de nacimiento, el sexo biológico o la elección sexual pueda ser la base de una opresión, un agravio o una desigualdad, al mismo tiempo que se reconoce la diversidad y se promueve el desarrollo del potencial creativo de todos los individuos, en el marco de la cooperación social. Pero en el caso de la diferencia de clase, se trata de eliminarla como tal, que no exista más. La clase trabajadora, mediante la lucha contra las relaciones sociales capitalistas, busca la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, lo que implica la eliminación de la burguesía como clase y la posibilidad de terminar con toda sociedad de clases.</p>
<p>La diferencia social entre los dueños de los medios de producción y aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario estructura la sociedad capitalista, más allá de todos los intentos por invisibilizar esta contradicción. Las relaciones patriarcales –que surgieron miles de años antes del capitalismo– y el racismo no son entidades ahistóricas, sino que han adquirido nuevas formas y un contenido social específico en el marco de las relaciones sociales capitalistas.</p>
<p>El capitalismo utiliza prejuicios patriarcales para establecer una diferenciación como nunca entre lo «público» y lo «privado», entre el ámbito de la producción y el ámbito del hogar, donde las mujeres sostienen –como trabajo invisibilizado– una gran parte de las tareas de reproducción social de la fuerza laboral, necesaria para la reproducción del capital. Instituciones como la familia, el matrimonio o la normatividad heterosexual, reformuladas bajo nuevas relaciones sociales, socializan y naturalizan ese papel para las mujeres. Las múltiples manifestaciones de la opresión de género y los dolorosos agravios que implican para millones de mujeres mediante la violencia o los femicidios no se «reducen» a las relaciones de clase, pero no pueden explicarse sin articular las categorías de opresión y explotación.</p>
<p>Mediante el racismo se pretendió justificar ideológicamente la esclavización de millones de seres humanos, en el mismo momento en que la Ilustración elevaba las ideas de la «libertad», la «igualdad» y la «fraternidad» como base de los «derechos del hombre». El racismo acompañó y reforzó la gran empresa colonialista de los Estados imperialistas, así como el genocidio interno –en el caso de EE. UU., contra las poblaciones indígenas–. En ese país, después de la Guerra Civil y la abolición de la esclavitud, el racismo siguió siendo –hasta el día de hoy– la argamasa sobre la que se asienta la exclusión de gran parte de la población, tratados como «ciudadanos de segunda» y «trabajadores de segunda», promoviendo la división en el seno de la clase obrera norteamericana. A su vez, como denunciaron las feministas negras, la opresión racial y la opresión de género se combinan magistralmente para maximizar las ganancias capitalistas: es un hecho la existencia de una brecha salarial mayor para las trabajadoras negras y latinas en Estados Unidos, tanto como la violencia institucional y policial hacia los jóvenes negros. También resurge para apoyar políticas de racismo y xenofobia contra las personas migrantes en Europa, donde son tratadas como mano de obra de segunda y carecen de derechos sociales y democráticos elementales.</p>
<h3>5. Marxismo e interseccionalidad</h3>
<p>En <em>El Capital</em>, Marx escribió que «la fuerza de trabajo en una piel blanca no puede emanciparse a sí misma mientras la fuerza de trabajo en una piel negra sea marcada con hierro candente». En una obra temprana, había señalado junto con Engels que «los progresos sociales, los cambios de períodos se operan en razón directa del progreso de las mujeres hacia la libertad; y las decadencias de orden social se operan en razón del decrecimiento de la libertad de las mujeres&#8230;», parafraseando al socialista utópico Fourier. Por otra parte, en <em>La situación de la clase obrera en Inglaterra</em> Engels había analizado de forma concreta la realidad de las mujeres trabajadoras que ingresaban masivamente a la producción capitalista y experimentaban los dobles agravios de la opresión y la explotación. En <em>El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado</em>, Engels retomaba los estudios etnológicos incompletos de su amigo para desarrollar un análisis de la institución familiar en la historia y la opresión de las mujeres.</p>
<p>El marxismo revolucionario ha analizado la relación entre explotación y opresiones también en otros sentidos. Por ejemplo, cuando Marx y Engels señalaban que el proletariado inglés no podría ser libre si sus derechos se asentaban en la opresión de los trabajadores irlandeses. O, más tarde, cuando Lenin sostenía que un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre, y defendía el derecho a la autodeterminación nacional, así como la lucha contra la opresión colonial de los pueblos.</p>
<p>En un artículo crítico con las teorías de la interseccionalidad, Lise Vogel sostiene correctamente que las feministas socialistas de los años 60 y 70 ya habían planteado –antes de que el término interseccionalidad se pusiera de moda– el cruce entre patriarcado, racismo y capitalismo. Hay que agregar que mucho antes ya se había desarrollado una nutrida tradición del pensamiento feminista socialista: desde Flora Tristán, pasando por Engels y Clara Zetkin, las revolucionarias rusas y muchas otras; esta corriente se materializó en importantes conferencias internacionales de mujeres socialistas, en programas y organizaciones de mujeres trabajadoras y campesinas. El Programa de Transición escrito por León Trotsky y adoptado por la Cuarta Internacional en 1938 inscribe entre sus banderas la necesidad de dar «¡Paso a la juventud! ¡Paso a las mujeres trabajadoras!» para buscar «apoyo en los sectores más oprimidos de la clase trabajadora».</p>
<p>Desde las teorías de la interseccionalidad se suele criticar al marxismo por «reduccionismo de clase». Pero defender la centralidad de un «análisis de clase» no significa limitar el mismo a la actividad de los sindicatos en luchas salariales. Esa es una visión corporativa y economicista de clase, o estrechamente sindicalista. Es cierto que la práctica de gran parte de los partidos comunistas estalinizados, así como de las burocracias sindicales en el siglo XX ha sido un despliegue de esa estrecha política corporativa, profundizando la escisión entre la «política de clase» y la lucha de los movimientos contra las opresiones. Pero solo bajo el falso presupuesto de equiparar estalinismo con marxismo se puede afirmar que este no ha considerado la «intersección» de la explotación de clase con la opresión de género, con el racismo, la opresión colonial o la sexualidad.</p>
<p>El análisis de clase apunta a develar las relaciones que estructuran la sociedad capitalista, basada en la extracción generalizada de plusvalor para la acumulación de capital, pero también a la apropiación del trabajo reproductivo de las mujeres en el hogar, así como a la concentración de capitales en grandes monopolios, la expansión del capital financiero y la competencia entre Estados imperialistas, llevando a guerras y expoliaciones globales. También implica analizar cómo el capital utiliza y fija las «diferencias», alimentando ideologías racistas, misóginas y xenófobas, para maximizar la explotación y provocar divisiones al interior de las filas de la clase trabajadora. Este análisis de clase, lejos de ser «reduccionista económico», incluye la interacción de elementos políticos y sociales y permite comprender más profundamente la articulación de las relaciones de clase con el racismo, el patriarcado o el heterosexismo.</p>
<p>Al mismo tiempo, es el reconocimiento de que la clase trabajadora, que en el siglo XXI es más diversa, racializada y feminizada que nunca en la historia, si logra superar las divisiones y fragmentaciones internas, tiene la capacidad única de destruir al capital y poner bajo su control el conjunto de la economía, la industria, el transporte y las comunicaciones, como la base para organizar una nueva sociedad de productores libres. La retirada de la «política de clase» significa en realidad el abandono de la lucha contra el sistema capitalista, sin la cual no se podrá terminar con los terribles agravios que provocan la explotación y las opresiones de raza, género o sexualidad.</p>
<p>Después de la crisis capitalista de 2008, con la emergencia de nuevos movimientos de resistencia a las políticas neoliberales, sectores del activismo feminista, movimientos antirracistas o de la juventud defienden en un nuevo sentido la idea de la «interseccionalidad» para formar coaliciones entre diversos grupos oprimidos. El movimiento de mujeres que organiza la huelga del 8M en el Estado español, por ejemplo, se ha definido como un movimiento «anticapitalista, antirracista, anticolonial y antifascista». Este es sin dudas un paso adelante muy importante hacia la confluencia de las luchas y una contratendencia a la lógica de la fragmentación. Sin embargo, la suma o «intersección» de movimientos de resistencia no es suficiente si no se articulan con una estrategia común para derrotar al capitalismo, sin lo cual no será posible terminar con el racismo ni con la opresión patriarcal.</p>
<p>No se trata de contraponer «movimientos» o «identidades» a una clase obrera abstracta y sin género. Nunca en la historia la clase trabajadora ha estado tan atravesada por la diversidad de género y raza como ahora. Las mujeres son hoy ya casi la mitad de la clase obrera, que tiene rostro de mujer negra, latina y asiática. La clave de una estrategia hegemónica, entonces, pasa por volver a poner en el centro una política de clase que incorpore de forma decidida la lucha contra todas las opresiones de género, de raza o sexualidad. Esto implica buscar unir lo que el capitalismo divide, fortaleciendo la unidad interna de la clase trabajadora, así como una política de alianzas con los movimientos que luchan contra las opresiones específicas. Esta perspectiva, junto al combate por expropiar a los expropiadores, es la única que puede permitir avanzar hacia una sociedad realmente libre.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://www.laizquierdadiario.com/Feminismo-interseccionalidad-y-marxismo-debates-sobre-genero-raza-y-clase#nb2-6">La Izquierda Diario</a>.</p>
<ol id="footnotes">
<li id="fn1">Eagleton, Terry, <em>Against the Grain: Essays 1975–1985</em>, Londres, Verso, 1986. <a href="#ffn1">↩︎</a></li>
<li id="fn2">Crenshaw, Kimberlé, «Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics», <em>University of Chicago Legal Forum</em>, vol. 1989, n.º 1, 1989, pp. 139–167. <a href="#ffn2">↩︎</a></li>
<li id="fn3">Davis, Angela, <em>Mujeres, raza y clase</em>, Madrid, Akal, 2004 (<em>Women, Race and Class</em>, 1981). <a href="#ffn3">↩︎</a></li>
<li id="fn4">Tanto en términos del feminismo radical de Shulamith Firestone (<em>La dialéctica del sexo</em>, 1970) como del feminismo materialista de Christine Delphy («El enemigo principal», 1970). <a href="#ffn4">↩︎</a></li>
<li id="fn5">Tal como lo formuló Kate Millett en <em>Política sexual</em>, 1970. <a href="#ffn5">↩︎</a></li>
<li id="fn6">Hill Collins, Patricia, «Rasgos distintivos del pensamiento feminista negro», en Jabardo, Mercedes (ed.), <em>Feminismos negros: una antología</em>, Madrid, Traficantes de Sueños, 2012 (<em>Black Feminist Thought</em>, Nueva York, Routledge, 2000). <a href="#ffn6">↩︎</a></li>
<li id="fn7">Albamonte, Emilio, Matías Maiello, «En los límites de la restauración burguesa», <em>Estrategia Internacional</em>, n.º 27, febrero de 2011. <a href="#ffn7">↩︎</a></li>
<li id="fn8">Parmar, Pratibha, «Feminismo negro: la política como articulación», en Jabardo, Mercedes (ed.), <em>Feminismos negros: una antología</em>, Madrid, Traficantes de Sueños, 2012. <a href="#ffn8">↩︎</a></li>
<li id="fn9">Eagleton, Terry, <em>Las ilusiones del posmodernismo</em>, Buenos Aires, Paidós, 1997. <a href="#ffn9">↩︎</a></li>
<li id="fn10">Gimenez, Martha E., <em>Marx, Women, and Capitalist Social Reproduction: Marxist Feminist Essays</em>, Leiden, Brill, 2019 (Historical Materialism Book Series, vol. 169). <a href="#ffn10">↩︎</a></li>
</ol>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/feminismo-interseccionalidad-y-marxismo-debates-sobre-genero-raza-y-clase/">Feminismo, interseccionalidad y marxismo: debates sobre género, raza y clase</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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