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	<title>partidos archivos - Zona de estrategia</title>
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	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
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	<title>partidos archivos - Zona de estrategia</title>
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		<title>Una lección francesa sobre el auge de la extrema derecha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Miguel León y Émilie Goujon]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jul 2024 15:14:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[análisis electoral]]></category>
		<category><![CDATA[extrema derechas]]></category>
		<category><![CDATA[francia]]></category>
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		<category><![CDATA[partidos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Nuevo Frente Popular, una coalición creada contrarreloj para concurrir a unas elecciones anticipadas no es el tipo de organización política con capacidad para materializar una estrategia que atienda a las fracturas sociales y articule soluciones para superarlas.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/una-leccion-francesa-sobre-el-auge-de-la-extrema-derecha/">Una lección francesa sobre el auge de la extrema derecha</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A la vista de los resultados de las elecciones legislativas francesas, la doble pregunta recurrente es: ¿cómo interpretamos lo que ha ocurrido?, y ¿qué lecciones podemos extraer? Al fin y al cabo Francia, con su Frente Nacional y el clan familiar de los Le Pen, constituye una suerte de laboratorio político para tratar de comprender cómo asciende y se consolida una fuerza política de extrema derecha a partir de la crisis de, vamos a llamarlo así, la hegemonía socialdemócrata en Europa durante la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p>Es tentadora la lectura triunfalista: la unión de la izquierda en torno a un programa de mínimos para hacer frente a la extrema derecha funciona; no solo permite evitar la victoria electoral de la extrema derecha sino que además coloca a esa izquierda unificada en una posición ventajosa. Del otro lado, quienes venimos planteando que no se puede sustentar una estrategia política exclusivamente sobre la necesidad imperiosa de “frenar a la extrema derecha” en las convocatorias electorales, parece que nos quedamos sin argumentos. Hasta ahora, se diría, esa estrategia no ha funcionado muy bien, pero esta vez sí. Y por tanto hay que identificar por qué.</p>
<blockquote><p><strong>En estas elecciones la extrema derecha francesa conserva e incluso refuerza su capacidad de influencia</strong></p></blockquote>
<p>El problema, como trataremos de mostrar, es que es imposible explicar lo que ha ocurrido sin relativizar la victoria del <em>Nouveau Front Populaire</em> –Nuevo Frente Popular– y sin poner de manifiesto que, en realidad, la extrema derecha francesa conserva e incluso refuerza su capacidad de influencia.</p>
<p>Desde hace por lo menos veinte años la política francesa está condicionada por dos grandes fracturas. Ambas son explícitamente reconocidas, pues de hecho se han vuelto recurrentes los discursos institucionales que expresan una cínica preocupación por el riesgo de que se quiebre la “unidad” de la República Francesa como consecuencia de la exacerbación de las mismas.</p>
<p>Por un lado, la fractura provincias-grandes ciudades. No se puede establecer una analogía directa con el problema del “vaciamiento” español porque la población francesa está repartida de forma mucho más homogénea por todo el territorio. La Francia metropolitana tiene casi 65 millones de habitantes, y aproximadamente 20 millones viven en áreas metropolitanas de más de 1 millón de habitantes (París, Lyon, Marsella, Toulouse, Burdeos, Lille y Niza). La de París por sí sola alberga 11 millones de habitantes; la siguiente de mayor tamaño es la de Lyon, y tiene menos de dos millones de habitantes. El centralismo francés, y este relativo desequilibrio poblacional en favor de la región parisina, suponen que haya una enorme concentración de recursos en torno a París, y que, en relación a la capital, el resto de provincias resulten territorios secundarios. A otra escala, el esquema se repite en el resto del país en relación a los grandes núcleos urbanos de referencia. El campo francés no se está despoblando de forma comparable al vaciamiento del rural español, pero sí se han deteriorado las infraestructuras de transporte público (especialmente los trenes) y sí se percibe una desaparición de actividad económica local, que a su vez conduce al abandono. Esto hace imprescindible el uso del vehículo privado y el desplazamiento fuera del núcleo urbano, incluso en el caso de ciudades pequeñas –20.000 habitantes o menos–, para trabajar, acudir a una consulta médica, o realizar ciertas compras. Este es, descrito muy sucintamente, el contexto estructural en el que se fraguó la protesta de los <em>gilets jaunes</em>.</p>
<blockquote><p>Los procesos de gentrificación, agravados por la presión del turismo (Francia, y en concreto París reproducen en cada gran ciudad el desequilibrio que existe entre la región parisina y el resto de provincias.</p></blockquote>
<p>La segunda fractura se da, en el seno de las grandes ciudades, entre centro y periferia. Los procesos de gentrificación, agravados por la presión del turismo (Francia, y en concreto París, es el <a href="https://pre-webunwto.s3.eu-west-1.amazonaws.com/s3fs-public/2024-06/Barom_PPT_May_2024.pdf?VersionId=U7O62HatlG4eNAj.wcmuQG1PMCjK.Yss">primer destino turístico a nivel mundial</a> en número de visitantes), reproducen en cada gran ciudad el desequilibrio que existe entre la región parisina y el resto de provincias. El centro de las grandes ciudades francesas es un gran decorado para el consumo y las finanzas, y la vida real se desarrolla en <a href="https://www.vie-publique.fr/parole-dexpert/291112-crise-dans-les-banlieues-2023-les-injonctions-contradictoires">densas y vastas periferias</a> (<em>banlieues</em>). En muchos de estos barrios y municipios periféricos es donde se concentra la población migrante, además de la población francesa no blanca, con una palmaria relación directa entre el nivel de desatención y abandono y la proporción de población migrante o no blanca. Esta fractura es mucho más conocida, porque los medios cubren las revueltas de las <em>banlieues</em> y el cine las ha hecho icónicas, de <em>La Haine</em> a <em>Les Misérables</em>).</p>
<p>Estas dos fracturas están interrelacionadas, y la presión especulativa sobre el mercado inmobiliario es la correa de transmisión fundamental que las conecta. Los precios prohibitivos de viviendas minúsculas y/o mal situadas, <a href="https://www.francetvinfo.fr/economie/pouvoir-achat/logement/crise-du-logement-comment-les-villes-touristiques-tentent-de-reguler-l-essor-des-locations-saisonnieres_5875517.html">inflados aun más por el negocio del alquiler turístico</a>, incentivan la búsqueda de vivienda de mayores dimensiones cada vez más lejos, pero eso distorsiona el mercado inmobiliario que se amplía para lugares cada vez más distantes, lo que a su vez dificulta la continuidad y el relevo del tejido económico local.</p>
<p>Ambas fracturas, que tienen un recorrido histórico mucho más amplio, se han vuelto determinantes porque, desde hace algo más de dos décadas, el Estado francés mantiene una política deliberada de desmantelamiento de los recursos, las infraestructuras y los mecanismos “republicanos” que las atenuaban o compensaban estas brechas.</p>
<p>Identificamos dos grandes razones que explican esa política. Por un lado, la crisis de la hegemonía socialdemócrata y un cambio de paradigma en política económica: estos contrapesos republicanos se sostenían con recursos públicos, pero el gasto del Estado ya no es considerado una inversión sino una pérdida, así que con arreglo al nuevo criterio técnico-económico estos contrapesos dejan de ser defendibles. Por otro, la crisis ideológica del propio republicanismo francés, pues es una evidencia vital y un hecho sociológicamente contrastado que, en última instancia, la vocación republicana fracasa en su intento, y reproduce las estructuras de desigualdad asentadas sobre la clase y la raza.</p>
<blockquote><p><strong>Los partidos políticos que podemos llamar liberales se benefician claramente de esa posición de fuerza de la extrema derecha, utilizando la política de cordón sanitario como fuente de legitimidad adicional</strong></p></blockquote>
<p>El racismo francés, por tanto, es al mismo tiempo un producto transversal de estas facturas y una distorsión de las mismas. Es un producto porque, efectivamente, de estas dos fracturas, y del modo en el que han sido deliberadamente reproducidas, se deriva la transformación de ciertas <em>banlieues</em> en guetos, y una sensación explícita de agravio comparativo para muchos franceses no blancos que, a pesar de las promesas de libertad, igualdad y fraternidad, son ciudadanos de segunda. Es una distorsión, sin embargo, porque existe cierta tendencia a centrar el debate político sobre el racismo, y particularmente sobre la islamofobia, creando un marco discursivo en el que las dos fracturas fundamentales que acabo de presentar quedan desdibujadas, distorsionadas bajo la dicotomía nativo/extranjero, y en el que la extrema derecha se siente muy cómoda.</p>
<p>La extrema derecha, de hecho, se alimenta de estas dos fracturas, y de este modo se ha consolidado a nivel local desde hace ya mucho, especialmente en provincias. Por otra parte, los partidos políticos que podemos llamar liberales, ya sean la derecha de tradición <em>gaullista</em> en sus diversas siglas o el Partido Socialista francés, se benefician claramente de esa posición de fuerza de la extrema derecha, utilizando la política de cordón sanitario como fuente de legitimidad adicional.</p>
<p>La dinámica establecida y consolidada es que, frente al agravamiento de ambas fracturas, la extrema derecha (desde el poder local) y liberales de distinto pelaje (desde el poder estatal, legislativo o ejecutivo) se responsabilizan mutuamente de un deterioro que interesa a ambos porque les permite conservar su posición. Los partidos que articulan mayorías en la Asamblea Nacional y que participan en el Gobierno francés se escudan en que allá donde la extrema derecha es mayoritaria a nivel local no se puede hacer nada. La extrema derecha local, por su parte, deja que los problemas se enquisten, que las infraestructuras se degraden, que lo que está deteriorado acabe por pudrirse, y con eso alimenta el descontento que causan las políticas estatales.</p>
<p>Se están produciendo algunos fenómenos como la radicalización neocon (o peor) de la derecha <em>gaullista</em> de Sarkozy en adelante, el colapso del Partido Socialista, y la llegada a la presidencia de un tipo como Macron, que consigue también mayoría en la Asamblea Nacional y por tanto controlar el Ejecutivo, con un desempeño político demencial. A este marco habría que sumar los escándalos (<a href="https://www.liberation.fr/apps/2018/07/affaire-benalla-les-faits-jour-par-jour/">Benalla</a>, <a href="https://www.liberation.fr/societe/police-justice/accusations-de-viol-le-non-lieu-en-faveur-de-gerald-darmanin-valide-par-la-cour-de-cassation-20240214_YXSSWVUOBRGEBCGKH3BHM2RJBQ/">Darmanin</a>), los absurdos (<a href="https://www.banquedesterritoires.fr/service-national-universel-de-nombreux-obstacles-sur-la-voie-de-la-generalisation">el Servicio Nacional Universal</a>), la actitud frente a las reivindicaciones de los territorios de ultramar (<a href="https://www.francetvinfo.fr/sante/scandale-du-chlordecone-et-acces-a-l-eau-aux-antilles-des-ong-dont-la-fidh-saisissent-le-conseil-de-l-europe_6438493.html">Guadalupe y las Antillas francesas</a>, <a href="https://www.humanite.fr/en-debat/comores/quelles-solutions-a-la-crise-a-mayotte">Mayotte</a>, <a href="https://nuevarevolucion.es/el-independentismo-arrasa-en-kanaky-en-las-legislativas-francesas/">Kanaky</a>), la política desastrosa en relación con la <a href="https://www.lejdd.fr/Societe/la-crise-devient-aigue-pour-lecole-primaire-les-concours-denseignants-ne-font-pas-le-plein-4119858">selección y designación de docentes</a> en centros educativos… Todo ello produce la imagen de conjunto de una praxis gubernamental autoritaria tanto en el contenido (a menudo en línea con la agenda de la extrema derecha) como en la forma (<a href="https://www.publicsenat.fr/actualites/politique/mepris-du-parlement-manque-de-respect-la-volonte-d-emmanuel-macron-de-passer">a golpe de decreto</a>).</p>
<p>Esta es la situación en la que Macron disuelve una Asamblea Nacional por la que ya apenas pasaba porque no tenía capacidad para articular una mayoría parlamentaria. El resultado de las elecciones legislativas supone la polarización de las posiciones previamente existentes, frente a las cuales Macron se encontraba en relativa minoría.</p>
<p>A un lado, el <em>Nouveau Front Populaire</em>, una coalición constituida a toda prisa, con un objetivo puramente negativo, y que ha ganado en parte gracias a la retirada de candidatos del partido de Macron en segunda vuelta, no tiene realmente un programa de gobierno ni la estructura para defenderlo.</p>
<p>Al otro, el <em>Rassemblement National</em> (antes <em>Front National</em>), en realidad tiene una posición de fuerza porque conserva su capacidad de presión, pues ha incrementado su presencia parlamentaria, puede hacer valer el hecho de que ha sido el partido más votado, y además, al no tener opción de formar gobierno, sigue disponiendo de la excusa perfecta para echar balones fuera y encubrir sus responsabilidades como fuerza política hegemónica a nivel local.</p>
<blockquote><p>E<strong>l resultado electoral reproduce nuevamente el reparto de roles entre derecha liberal y extrema derecha, colocando esta vez a una coalición política de izquierda en una posición complicada, pues puede ser considerada responsable de todo sin tener realmente poder para hacer nada</strong></p></blockquote>
<p>En principio esto coloca a Macron en una situación más difícil, porque pierde escaños y se abre la posibilidad de articulación de una nueva mayoría que de pie a una situación de cohabitación, en la que la Presidencia de la República y el Gobierno no están bajo control del mismo partido. Pero la combinatoria parlamentaria no es sencilla, y la coalición electoral macronista (<em>Ensemble</em>) podría ocupar un lugar estratégico como bisagra, presionando a uno y otro polo; a este respecto, parece que <a href="https://contre-attaque.net/2024/07/10/vers-un-coup-detat-legal-point-detape/">del lado del Partido Socialista el <em>Nouveau Front Populaire</em> ya comieza a hacer aguas</a>. Por lo tanto, el resultado electoral reproduce nuevamente el reparto de roles entre derecha liberal y extrema derecha, colocando esta vez a una coalición política de izquierda en una posición complicada, pues puede ser considerada responsable de todo sin tener realmente poder para hacer nada.</p>
<blockquote><p>En el caso concreto de Francia, lo cierto es que en los últimos años se han ido consolidando realidades gravísimas, en términos de represión política y social, de autoritarismo institucional, de brutalidad policial, de impunidad</p></blockquote>
<p>Da la sensación de que la aparición y consolidación de partidos de extrema derecha en otros países europeos puede llevarnos a entrar en dinámicas políticas parecidas, que habría que tratar de evitar. En este sentido, y más sabiendo cuál es el rol del emporio mediático de Vincent Bolloré en Francia, es fundamental tener en cuenta cómo los medios de comunicación dotan de visibilidad a estos partidos emergentes, dándoles la posibilidad de hacerse un hueco electoral. Igualmente importante es que los medios alternativos no asuman ese marco discursivo, porque lo retroalimentan y refuerzan su realidad. Un marco de este estilo tiene la tendencia inherente a la descripción minuciosa, acumulada, de incidentes y situaciones que, aunque graves, no dejan de ser representados como acontecimientos puntuales, como ejemplos aislados que se suceden, pero que no quedan articulados por un análisis integral de la situación. Así, cuando se alerta del riesgo de que la extrema derecha llegue al poder, lo que se representa como riesgo es una generalización, totalmente irreal, de ese conjunto de hechos.</p>
<p>En el caso concreto de Francia, lo cierto es que en los últimos años se han ido consolidando realidades gravísimas, en términos de <a href="https://www.liberation.fr/societe/police-justice/ultra-gauche-3-000-personnes-fichees-s-en-france-affirme-gerald-darmanin-20231005_O4264X5UUZENHJDQJZ7HZ23YOA/">represión política y social</a>, de <a href="https://www.amnesty.org/fr/latest/news/2023/10/ban-on-protests-supporting-palestinians-is-disproportionate-attack-on-the-right-to-protest-in-france/">autoritarismo institucional</a>, de <a href="https://www.radiofrance.fr/franceculture/podcasts/france-culture-va-plus-loin-l-invite-e-des-matins/les-violences-policieres-face-a-la-justice-6631271">brutalidad policial</a>, de <a href="https://www.humanite.fr/societe/affaire-theo/affaire-theo-les-policiers-juges-coupables-mais-peu-punis">impunidad</a>… realidades que son sin duda propias de regímenes de extrema derecha. Porque la extrema derecha francesa, sin ser mayoritaria, se aprovecha de un contexto que le proporciona un enorme poder.</p>
<p>El trasfondo sociológico que ha hecho posible que eso ocurra, que ha generado un vacío político en el que la extrema derecha parece no encontrar ningún límite, se materializa en realidades prácticas, cotidianas, que tienen que ver con las dos grandes fracturas que he descrito, y que están totalmente normalizadas, incluso ante los ojos de quienes han votado por el <em>Nouveau Front Populaire</em>. Por desgracia, una coalición creada contrarreloj para concurrir a unas elecciones anticipadas no es el tipo de organización política con capacidad para definir y materializar una estrategia que atienda a estas fracturas y articule soluciones para superarlas.</p>
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		<title>Y Yolanda salió rana: la izquierda tras la elecciones europeas</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/y-yolanda-salio-rana-la-izquierda-tras-la-elecciones-europeas/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/y-yolanda-salio-rana-la-izquierda-tras-la-elecciones-europeas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Carmona]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jun 2024 16:25:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos]]></category>
		<category><![CDATA[partidos]]></category>
		<category><![CDATA[podemos]]></category>
		<category><![CDATA[sumar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A mayor debilidad electoral y de los aparatos, mayor necesidad tendrán de capturar fuerzas externas a sí mismos, reclamándose como agentes mediadores y representantes de las luchas y movimientos</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/y-yolanda-salio-rana-la-izquierda-tras-la-elecciones-europeas/">Y Yolanda salió rana: la izquierda tras la elecciones europeas</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Pablo Iglesias designó como sucesora a Yolanda Díaz, quedó reflejado, una vez más, el grado de delegación y presidencialismo en el que había desembocado la nueva política. Corría el mes de marzo de 2021, cuando Yolanda fue aupada a la condición de promesa como futura presidenta del gobierno. Sobra decir, que como su predecesor, se lo creyó y actuó en consecuencia. De nuevo se pasó por alto que todo proceso político debe tener una base más allá de la propia estructura de partido. Apenas tres años después Yolanda ha dimitido. Otro juguetito roto de ascenso y descenso meteóricos.</p>
<p>El análisis de las últimas elecciones europeas está todavía por hacer. Reducido al estrecho marco de la reconstrucción de los aparatos partidistas y sus lógicas de representación, se daba por hecho que la clave de la crisis de la izquierda estaba en cierto liderazgo fallido y una recombinación desacertada de siglas y aparatos. Las reacciones delatan un estado de cosas en el que todo va regular: Yolanda con su «yo dimito, pero no»; Izquierda Unida partiendo peras y pidiendo fraternalmente a Jaume Asens que deje paso a Manu Pineda; Podemos aprovechando el sorpaso catalán y sus dos diputadas para reaparecer con una vida extra en la contienda. Como era de esperar, una vez más, todos han salido tarifando: Podemos, Sumar, Izquierda Unida y sus distintos aliados territoriales como Más Madrid, Compromis y (los más tocados) los Comuns.</p>
<blockquote><p>El gobierno de los campeones de los derechos sociales y la igualdad, de las defensa de los más pobres y del acceso a la vivienda mienten por igual en la defensa de sus conquistas</p></blockquote>
<p>Muy lejos de los 2,25 millones de votos conseguidos en las europeas de 2019 por Unidas Podemos, por no hablar de los topes máximos en elecciones generales alrededor de los 5,5 millones, los 1,38 millones reunidos entre Sumar y Podemos en 2024 saben a derrota largamente mascada. Ahora las tareas se acumulan: mantener las posiciones conquistadas aquí y allá mientras se recompone la situación, o dar imagen de paz en medio de una auténtica lluvia de fuegos cruzados. Todo ello mientras se da la batalla por capitalizar, ya de forma muy marginal, las presuntas mejoras sociales de los gobiernos “más progresistas de la historia”. Efectivamente, tanto Podemos como Sumar tienen un punto de consenso: su defensa cerrada tanto de las medidas del escudo social, como de la Ley de vivienda, quizás la ley más publicitada y también la más inútil de todas. Además, tras su publicación, los desahucios aumentaron en el conjunto del Estado un 12 % en el primer trimestre de 2024, al tiempo que se conocía que la pobreza en España había subido en el 2023. En pocas palabras, el gobierno de los campeones de los derechos sociales y la igualdad, de las defensa de los más pobres y del acceso a la vivienda mienten por igual en la defensa de sus conquistas.</p>
<p>Las soflamas expresadas en los mítines y en las redes no se sostienen cuando se analizan las políticas concretas impulsadas por los gobiernos progresistas. En cierto modo, estas resultan proporcionales a la separación de los sectores más precarios y de menor renta de la sociedad respecto de la propuesta política de Sumar. Las encuestas poselectorales del CIS permiten entender esta contradicción. El barómetro tras las elecciones generales de julio de 2023 indicaba, por ejemplo, que Sumar era el partido con mayor concentración de voto entre «profesionales, científicos e intelectuales. De hecho, el 66 % de sus votos procedían de los estratos laborales más cualificados y solo un 4,1% de sus votantes de empleados no cualificados.</p>
<p>Sin embargo, y aquí está el dato más curioso, si consideramos las respuestas subjetivas —que vienen definidas por el propio entrevistado—, vemos que más de la mitad de sus votantes se consideraban de clase media baja, clases bajas, pobres o proletarios. Esto contrasta con el hecho de que el 56,5 % de quienes depositaron su voto por Sumar tenían estudios universitarios, siendo el partido estatal con mayor número de votantes de este nivel educativo a 6,4 puntos del siguiente, el Partido Popular.</p>
<p>En definitiva, algo falla en las nuevas izquierdas. La mayoría de votantes de Sumar considera que pertenece a las clases más desfavorecidas. Pero la inmensa mayoría tienen estudios superiores y ocupan los puestos más elevados de la escala laboral. Quizás por este motivo, un problema tan central como es el de la vivienda, aparece entre los tres principales problemas de España tan solo en un 4,5 % de los votantes de Sumar, aunque el paro y la precariedad laboral sí se encuentra entre sus principales preocupaciones. En conjunto, el perfil de Sumar parece el de un votante ya no tan joven, de clase media, con estudios universitarios, de izquierdas, en muchas ocasiones propietario y que se reivindica como perteneciente a una clase que probablemente no sea la suya. En casi todo coincide con el perfil del protagonista del 15M.</p>
<blockquote><p>A la luz de estos datos, podría parecer que el votante medio de la nueva política tiene algo de fantasía proletarista</p></blockquote>
<p>A la luz de estos datos, podría parecer que el votante medio de la nueva política tiene algo de fantasía proletarista, aun cuando materialmente no responda a ese perfil. Clases medias profesionales, ideológicamente a la izquierda y bien integradas económicamente en el reparto del sistema. Sin lugar a la sorpresa, estructuras de representación como Sumar, que hablan en nombre de los más pobres, no hacen sino apuntalar su propio estatus dentro de las políticas de progreso.</p>
<h3>Dos notas sobre el futuro de la izquierda</h3>
<p>Pero se nos plantea una pregunta: ¿era el perfil de votante de Podemos similar al del partido de Yolanda Díaz? Si volvemos sobre los datos del CIS, tras las elecciones de 2015, durante los años dorados Podemos, encontramos que también en Unidas Podemos la percepción mayoritaria de sus votantes era la de pertenecer a las clases medias bajas, bajas, proletarias y trabajadoras. Si bien solo el 10,2 % eran trabajadores no cualificados, mientras que más del 54 % podrían ser encuadrados entre las clases medias-altas y los trabajadores altamente cualificados, y otro 40% se ubicaba entre las clases medias o medias-bajas más convencionales (técnicos y empleados). De forma muy parecida a Sumar, casi el 50% de sus votantes tenían estudios superiores.</p>
<p>Otro dato relevante es que en el lapso de tiempo que va de 2014 a 2024, es entre los parados y los sectores de menor renta, donde se ha producido el mayor desgaste electoral de estas candidaturas. Aun cuando, la condición invariable del perfil de voto desde Podemos a Sumar es el de un votante de clase media o media-alta, universitario, con cierta posición social que se sitúa bastante a la izquierda ideológicamente y que tiene cierta autopercepción de pertenecer a las clases trabajadoras e incluso de carácter obrerista.</p>
<blockquote><p>Podemos-Sumar quedó rápidamente reducido a una arena de luchas de facciones y mircroaparatos</p></blockquote>
<p>En esta contradicción entre clase objetiva y matriz ideológica reclamada hay dos elementos explicativos centrales. La desarticulación desde primera hora de lo que en su momento se llamó el movimiento popular, es decir, las bases de Podemos y la movilización social en términos más amplios. Abandonado por la mayor parte de «los de abajo», en los cainitas procesos de primarias internas, en el gobierno vertical del partido, en la destrucción de los círculos, Podemos-Sumar quedó rápidamente reducido a una arena de luchas de facciones y mircroaparatos. Progresivamente sus cuitas dejaron así de tener valor político, y fueron vistas como lo que son: la disputa interna por posiciones de representación menguantes entre distintos bandos de una clase política de izquierdas. Este proceso de degeneración se ha vuelto irreversible. Con lo existente no hay posibilidad de reconstruir una opción de izquierda mínimamente creíble para que pueda operar con cierto éxito electoral. Como ocurrió con IU, el futuro pasa por hacer borrón y cuenta nueva con la llamada nueva política y darle al botón de reiniciar.</p>
<p>De hecho, las opciones que le quedan a esta izquierda son pocas, apenas dos. La primera, la elegida por Unidas Podemos en sus pactos de gobierno de la legislatura pasada –y que no ha podido reeditar en esta– y refinada con matices más genuinamente socialdemócratas por Comuns, Más Madrid y Sumar, les obliga a quedar subordinados al PSOE. Ser muleta y el consorte más o menos díscolo de un bloque progresista que acompaña los procesos de estabilización política del nuevo bipartidismo, configurado en torno a dos bloques (neoprogresista y derechista), que serán invariablemente liderados por PSOE y PP. Todo ello con una fuerza electoral cada vez más mermada.</p>
<p>La segunda opción es la que han abierto las elecciones europeas. Con el proceso de Sumar herido muerte y con la apuesta de Podemos por una nueva recomposición de su espacio electoral, volveremos a vivir un nuevos arreglo entre las «élites» y los microaparatos de los notables de izquierdas dirigido básicamente a poder sobrevivir en la jungla electoral. Previsiblemente este no contará con más fuerzas que un puñado de cuadros, sus plataformas de comunicación y la visibilidad de sus caras más conocidas.</p>
<blockquote><p><strong>Ahora el problema central para una política de movimientos, que se pretenda viva y que busque la constitución de nuevas formas políticas, es saber ubicar los nuevos problemas que necesariamente se van a plantear en el nuevo escenario</strong></p></blockquote>
<p>Así pues, en este eterno «más de los mismo» no parece que se puede esperar mucho de la guerra entre unos y otros. Ahora el problema central para una política de movimientos, que se pretenda viva y que busque la constitución de nuevas formas políticas, es saber ubicar los nuevos problemas que necesariamente se van a plantear en el nuevo escenario. Sin más materia viva que la que se mueve en las luchas y sin las legitimidades que ahí se producen, ninguna de las opciones lograrán resucitar una mínima apariencia de autenticidad o de sinceridad en su propuesta política. Solo así se entiende la guerra abierta entre los partidos “a la izquierda” del PSOE por ser cada vez más cercanos a tales o cuales propuestas, reunirse con unos y otros portavoces de determinados movimientos o alimentarse de figuras que puedan servir de mediación, que representen algo distinto al elenco de actores y actrices ya residentes desde hace mucho en cada una de estas estructuras de partido.</p>
<blockquote><p><strong> Sencillamente es tiempo de mandar a los infiernos a todos los que pensaron que algún día podrían representarnos y gobernarnos</strong></p></blockquote>
<p>La ecuación es, por tanto, sencilla. A mayor debilidad electoral y de los aparatos, mayor necesidad tendrán de capturar fuerzas externas a sí mismos, reclamándose como agentes mediadores y representantes de las luchas luchas y movimientos. También tratarán de capturar y recuperar programas, ideas y propuestas que aquí o allá expresen las luchas y protestas. En este marco, no parece el momento de aceptar estos cantos de «o nosotros o la catástrofe», o de dedicar demasiado tiempo a estas luchas de notables y aparatos. Tampoco parece el momento de buscar soluciones a sus problemas, como la de proponer la unidad de la izquierda o la de articularse en torno a no se sabe qué plataforma alrededor de Sumar o Podemos. Se trata simplemente de confiar en las propias fuerzas y capacidades de construcción política que permitirá la crisis, en las formas institucionales autónomas que se podrán generar en ellas. Sencillamente es tiempo de mandar a los infiernos a todos los que pensaron que algún día podrían representarnos y gobernarnos.</p>
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