<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Javier Correa Román, autor en Zona de estrategia</title>
	<atom:link href="https://zonaestrategia.net/author/javiercorrea/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://zonaestrategia.net/author/javiercorrea/</link>
	<description>Un medio para agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno</description>
	<lastBuildDate>Sun, 07 Sep 2025 16:32:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0.2</generator>

<image>
	<url>https://zonaestrategia.net/wp-content/uploads/2024/01/cropped-ZE_3-32x32.png</url>
	<title>Javier Correa Román, autor en Zona de estrategia</title>
	<link>https://zonaestrategia.net/author/javiercorrea/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>¿Qué es una «empresa política» y cómo construirla en un centro social?</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/que-es-una-empresa-politica-y-como-construirla-en-un-centro-social/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/que-es-una-empresa-politica-y-como-construirla-en-un-centro-social/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Javier Correa Román]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Sep 2025 15:12:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos]]></category>
		<category><![CDATA[Organizarse en el impasse]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://zonaestrategia.net/?p=3993</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una empresa política no se define por su forma jurídica sino por su práctica: por las decisiones que toma para fortalecer a la comunidad. Desde crear redes de apoyo hasta desarrollar herramientas compartidas, lo que las politiza es su capacidad de democratizar recursos y ampliar la base material de la organización colectiva.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/que-es-una-empresa-politica-y-como-construirla-en-un-centro-social/">¿Qué es una «empresa política» y cómo construirla en un centro social?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Si aprecias que podamos difundir aportaciones como estas considera <a href="https://zonaestrategia.net/suscribete/">suscribirte para hacer posible este medio.</a></p>
<hr />
<h3>De centro social a red de estructuras populares<strong><br />
</strong></h3>
<p>En el centro social La Villana de Vallekas vivimos un momento de transformación. Después de una década pagando alquiler en la calle Montseny 35, hace dos años dimos un paso decisivo: compramos un nuevo local de forma colectiva, entre todas las personas y colectivos que formamos parte del centro social. Evidentemente, esta compra no representa solo un cambio de ubicación, supone un salto cualitativo en nuestra manera de entender qué es y para qué sirve un centro social. Si antes nuestros debates giraban principalmente en torno a cómo dejar de ser «una caja de colectivos», ahora caminamos hacia algo que, siguiendo el ejemplo de <a href="https://estructurespopulars.org/aamas/">las compañeras de Manresa</a>, empezamos a llamar «red de estructuras populares».</p>
<blockquote><p>Nuestro foco se ha desplazado del espacio hacia la comunidad.</p></blockquote>
<p>Concebirnos como red de estructuras populares es nuestra respuesta a una pregunta fundamental: ¿cómo deben ser los centros sociales del futuro? Desde nuestro punto de vista, el centro social debe ir más allá de ser un mero contenedor que acoge colectivos políticos, incluso cuando esta relación toma la forma de una oficina de derechos sociales abierta al barrio. Nuestro foco se ha desplazado del espacio hacia la comunidad. La pregunta que ahora queremos responder es: ¿cómo ser capaces de sostener una comunidad en lucha? Hemos pasado de pensar en el espacio y el presente (¿dónde nos reunimos? ¿qué espacio liberamos?) a pensar en la comunidad, sus luchas y la infraestructura que las hace posibles (¿cómo mantenernos en el tiempo? ¿cómo construir una base material que nos permita dedicar más tiempo y recursos a las luchas?).</p>
<blockquote><p>En La Villana, lo que a veces llamamos sindicato de la vida se complementa con proyectos de autoempleo.</p></blockquote>
<p>Pensarnos como una red de estructuras populares implica pensar los colectivos como algo más que una amalgama y articularlos todos ellos para que actúen sobre las máximas dimensiones de nuestra vida: vivienda (pah-vallekas), feminismo (Ariskas), educación popular (Escuela de las periferias), ocio y tiempo libre (cine, yoga, pilates…), laboral (Red de apoyo laboral), alimentación (grupos de consumo, Despensa solidaria)… En nuestro imaginario, esta red de colectivos —que juntos podrían constituir lo que a veces llamamos «sindicato de la vida»— se complementa con proyectos de autoempleo que conforman una infraestructura económica. A este elemento productivo es al que en <a href="https://lavillana.org/">La Villana</a>, inspirándonos en experiencias como Traficantes de Sueños, llamamos «empresas políticas».</p>
<h3>Las empresas políticas y el sostenimiento de la lucha</h3>
<p>Las empresas políticas nacen para transformar la economía de La Villana y de nuestra comunidad. Hasta ahora, el sostenimiento de nuestro espacio dependía principalmente de las cuotas de vecinas y personas afines. En esta nueva etapa, a estos ingresos se suman los beneficios de las empresas políticas. Con este salto pretendemos no solo reforzar nuestra infraestructura económica, sino también generar espacios de autoempleo que permitan que personas de nuestra comunidad no necesiten compatibilizar la militancia con un trabajo asalariado en una empresa del mercado. Tenemos, además, un horizonte transformador y una esperanza de contagio: los proyectos de autoempleo y cooperativas generan nuevas posibilidades para crear otras iniciativas de autoempleo (por ejemplo, la librería ha encargado unas bolsas de tela a unas compañeras del mercado social). Mi esperanza es que un centro social con cooperativas fuertes no solo sostenga mejor la lucha en el plano material, sino que abra la posibilidad de crear toda una red de cooperativas que amplíen las redes económicas al margen del mercado.</p>
<p>¿Cómo revierten los beneficios en la comunidad? Según los convenios negociados con las dos cooperativas que actualmente habitamos el centro social —la taberna gestionada por Veguiterráneo y la librería <em>malaletra</em>—, ambas empresas políticas pagamos un alquiler por el uso exclusivo del espacio para cubrir la hipoteca colectiva que tenemos con COOP57. Esto hace más sostenible nuestro endeudamiento colectivo. Pero hay más: según estos convenios, las cooperativas debemos destinar el 100% de los beneficios de la actividad económica a la caja común del centro social (considerando beneficios el dinero que excede la previsión de tres meses de gastos).</p>
<p>Los debates que surgen de este marco que nos hemos dado son fundamentales: ¿es suficiente este acuerdo —pagar por el espacio y destinar los beneficios excedentes— para considerar que las empresas del centro social son verdaderamente políticas? ¿O el centro social nos debe pedir más a las cooperativas para no ser solo un conglomerado de empresas que pagan por el espacio que usan? ¿Qué hace que una cooperativa sea verdaderamente política y combativa? ¿Cómo deben pensarse los proyectos de autoempleo en espacios de radicalidad política? En definitiva: ¿cómo construir una red de estructuras populares que sean genuinamente populares?</p>
<p>Estas preguntas son especialmente urgentes porque estas cooperativas, en el contexto actual, difícilmente pueden generar ahorros que superen los tres meses de gastos previstos. Es decir, es muy improbable que estas empresas tengan beneficios reales. La materialidad de nuestros proyectos hace que la dificultad sea, sobre todo, mantenerse y ser sostenibles, quedando muy lejano el horizonte de generar un excedente que funcione como motor económico del centro.</p>
<p>Por tanto, nuestra realidad es que las empresas, a día de hoy, principalmente pagamos nuestro uso del espacio —es decir, un alquiler—. ¿No hace esto más urgentes las preguntas sobre cómo politizar las empresas? Si es difícil que las empresas sean el motor económico de nuestras luchas, ¿no deberíamos entonces pensar cómo servir a las luchas más allá de lo económico? ¿Cuáles son las prácticas que nos permiten nombrarnos como una librería política y no solo como una librería dentro de un espacio político?</p>
<h3>Salir del fetichismo de la cooperativa</h3>
<p>Aunque jurídicamente somos una asociación cultural sin ánimo de lucro, la práctica cotidiana de la librería es cooperativista: las dos personas que trabajamos decidimos de forma horizontal sobre el proyecto, sus problemas y sus soluciones. No hay distinción entre poseedores de los medios de producción y trabajadores asalariados que no deciden sobre su trabajo.</p>
<blockquote><p>Si ser cooperativa ya es política radical, toda acción política se reduce a hacer sostenible el proyecto.</p></blockquote>
<p>El primer error al definir qué es una empresa política es asumir que basta con ser una cooperativa. O, dicho de otra manera, creer que el hecho de ser cooperativa ya hace que las empresas de nuestro centro social sean políticas. A veces, en nuestros debates, se ha sostenido que «estar en un centro social», «ser un proyecto de autoempleo» o «mantener la cooperativa» ya constituye por sí mismo un acto político. La consecuencia de esta postura es peligrosa: si ser cooperativa ya es política radical, entonces toda acción política se reduce a hacer sostenible el proyecto.</p>
<p>Cierto, el modelo cooperativo es más político que una empresa tradicional. Que quienes trabajan sean también quienes poseen los medios de producción y se organicen horizontalmente es un modelo que merece ser defendido. Es el modelo que queremos para nuestras sociedades poscapitalistas. Pero esto no basta. En su artículo <a href="https://zonaestrategia.net/mas-alla-del-cooperativismo-mas-alla-de-la-economia-social/">«Más allá del cooperativismo, más allá de la economía social»</a>, Emmanuel Rodríguez y David Gámez advierten, de hecho, lo siguiente: «El cooperativismo ha tenido una tendencia, con larga historia, a considerarse como una realidad (cumplida) de transformación social».</p>
<p>Esta creencia de «realidad cumplida» es clave porque tiende a hacer que quienes la sostienen piensen que no hay más militancia que trabajar en su cooperativa. Lo dicen mejor estos autores: «La presunción de ‘es una alternativa’ tiende a encerrar al cooperativismo en una cápsula autosuficiente y limitante». Tener una librería cooperativa es un paso importante en la organización económica que queremos, pero ¿genera esto un impacto real en nuestras luchas? ¿La mera existencia potencia y radicaliza las luchas? Pensar que el solo hecho de que la librería funcione como cooperativa la convierte en proyecto político es lo que estos autores llaman un «déficit de politicidad».</p>
<p>Entonces volvemos al inicio: si la forma cooperativa no es lo que hace política a una empresa política, ¿qué es lo que sí lo hace?</p>
<h3>Sobre la separación entre política y economía</h3>
<p>A veces, en nuestras discusiones sobre las empresas políticas, tratamos la economía y la política como esferas separadas. Analizamos si una decisión favorece la economía de la cooperativa sin considerar su dimensión política, como si fueran campos distintos. Pero este es un marco peligroso: toda decisión económica es, en realidad, una decisión política, porque implica una arquitectura de redistribución, producción y propiedad.</p>
<p>Reducir toda la acción al sostenimiento de la cooperativa significa reducir toda la acción política a la economía, es decir, despolitizarla. Si toda economía es siempre política —en tanto que configura un reparto de lo sensible—, entonces es importante abandonar la idea de que las decisiones de una cooperativa son meramente económicas, o que deben centrarse solo en alcanzar ciertos niveles de solvencia.</p>
<p>Marx observó en <em>El capital</em> que el capitalismo no es otra cosa que un flujo determinado de dinero: un flujo según el cual el dinero se convierte en más dinero a través de la compraventa de mercancías. Pensar una economía política implica, entonces, retornar a fórmulas que inviertan este flujo. Desde esta perspectiva, para que una cooperativa sea política dentro de un centro social, debe guiarse por una lógica alternativa a la acumulación capitalista (la célebre fórmula marxiana D-M-D&#8217;). En el caso de la librería, esto significa que algunas decisiones que tomemos pueden no sernos económicamente rentables. Pero eso no las hace menos deseables: al contrario, puede ser precisamente su falta de rentabilidad la que exprese mejor su dimensión política.</p>
<p>Un ejemplo concreto: el colectivo Ariskas trasladó su biblioteca transfeminista al interior de la librería. Aunque esto puede reducir las ventas de los libros que ahora tenemos en préstamo, desde <em>malaletra</em> consideramos más importante que esos libros estén accesibles y dar espacio y continuidad al proyecto de Ariskas.</p>
<blockquote><p>Transformar la lógica capitalista exige decisiones que pueden limitar la rentabilidad, porque el objetivo no es maximizar beneficios</p></blockquote>
<p>Aunque esta unidad entre economía y política parezca obvia, muchas veces las discusiones del centro social parten de su separación. Se pospone el debate político (¿qué sentido tienen estas empresas?) hasta asegurar la estabilidad económica. Pero transformar la lógica capitalista exige decisiones que pueden limitar la rentabilidad, porque el objetivo no es maximizar beneficios, sino fortalecer la autoorganización colectiva.</p>
<p>Por otro lado, una de las preocupaciones principales al colocar una empresa como la librería dentro de un centro social son las dinámicas de consumo y las barreras de clase que puede generar. Los dos trabajadores de la librería participamos en el colectivo de autoformación política <a href="https://lavillana.org/escuela-de-las-periferias/">La Escuela de las Periferias</a>, donde organizamos charlas, debates, grupos de lectura y otras actividades de discusión política. Una de las líneas políticas de la Escuela ha sido siempre ofrecer todos los contenidos de forma abierta, aunque eso implicara piratear los libros de los grupos de lectura. Cuando organizamos eventos, incluimos la opción de bonos de apoyo para colaborar con la Escuela, pero entendemos que la financiación de un colectivo no debe estar necesariamente ligada a lo que la gente pague por participar. Desde la librería, y entendiendo que no todas las actuaciones deben basarse en la optimización económica sino en líneas políticas, hemos mantenido esta política, aunque suponga una disminución en la venta de los libros de los grupos de lectura.</p>
<h3>La creación de comunes</h3>
<p>Otro de los intereses políticos que tenido la librería ha sido generar un común que nos exceda: usar nuestras fuerzas y recursos para facilitar la vida y la acción de personas que van más allá de nuestra comunidad inmediata. Por eso grabamos nuestras charlas y las subimos a un archivo web, para que nuestras acciones superen lo local y puedan ser aprovechadas por colectivos de otros territorios.</p>
<p>En esta línea, una de las acciones más importantes que estamos llevando a cabo es el desarrollo de un software de gestión libre para la librería. Aunque cualquier software privado habría sido más sencillo, más eficaz y nos habría supuesto menos tiempo y recursos, creemos que una línea fundamental de las empresas políticas debe ser la soberanía sobre sus medios de producción y la creación de comunes. Es decir, luchar por tener soberanía sobre las herramientas que hacen posible nuestra infraestructura, al tiempo que las hacemos accesibles a otros colectivos para que desarrollen su propia infraestructura económica.</p>
<p>¿Qué estamos haciendo? La editorial Descontrol —a través de su subgrupo informático Devcontrol— nos presentó DPL, un software libre de gestión que habían desarrollado para editoriales y distribuidoras. En línea con esta idea de soberanía y creación de comunes, reunimos a nuestro alrededor a un grupo de activistas informáticas —que se han llamado <em>malatecla</em>— para ayudarnos a desarrollar la parte específica de gestión de librerías dentro de DPL.</p>
<blockquote><p>Lo que politiza a una cooperativa son sus capacidades para hacer crecer los comunes colectivos.</p></blockquote>
<p>Este ejemplo ilustra lo que entendemos por acción política de una empresa: aprovechar su infraestructura y su fuerza de trabajo para desarrollar comunes, mientras se tejen redes con otros grupos (porque no hay comunes en solitario). En este sentido, estar en red es tanto una condición de posibilidad para crear comunes como su consecuencia. Por eso, <em>malaletra</em> ya se piensa y fantasea como un futuro hacklab en el centro social. Así, lo que politiza a una cooperativa son sus capacidades para hacer crecer los comunes colectivos mientras amplía su red con otros muchos colectivos.</p>
<h3>La participación colectiva en las decisiones cooperativistas</h3>
<p>Otra forma de politizar las empresas que habitamos La Villana —más allá de su forma cooperativa— es ampliar la participación en la toma de decisiones. Mi ideal como librero es que cuanto más colectivizadas estén las decisiones a nivel de centro social, más políticas serán las empresas. Esto amplía la noción de propiedad, haciendo que las empresas estén bajo soberanía popular, y no solo de quienes trabajan en ellas.</p>
<p>En nuestro caso particular como librería, no podemos fijar de forma asamblearia los precios de los libros porque están fijados por ley. Pero una vía interesante sería que el centro social, a partir de las necesidades de los colectivos, propusiera qué libros tener, qué grupos de lectura organizar o a quién invitar a presentar sus libros. Así, los colectivos podrían servirse de las empresas para aumentar sus posibilidades de acción política.</p>
<p>Como muchas veces los colectivos operan desde la urgencia política, la librería puede ayudar a organizar los debates que queden latentes en sus asambleas. Y como hay dos personas asalariadas cuyo trabajo es precisamente ese, podemos pensarnos como un recurso para multiplicar las capacidades del centro social. Mi tesis es esta: las empresas deben funcionar como medios para los colectivos. Eso es lo que haría que las empresas de un centro social sean políticas.</p>
<p>Para ello, se requieren espacios formales de diálogo entre colectivos y empresas, más allá de la asamblea mensual que tenemos ahora —donde el tiempo asignado a las empresas suele ser solo informativo—. Podríamos crear dos espacios: uno de diálogo colectivos-empresas para fomentar la participación de los colectivos en las decisiones de las empresas, y otro —quizá previo el mismo día— exclusivo de colectivos, para construir un sentido común desde el que relacionarse con las empresas.</p>
<p>Hoy las empresas participamos de todos los espacios de discusión colectiva, lo que dificulta ciertos debates porque estamos presentes e intervenimos. No hay un espacio autónomo de los colectivos desde el cual dialogar luego con las empresas.</p>
<h3>La relación con los colectivos</h3>
<p>Una integrante de Traficantes de Sueños decía en una entrevista: «Es la interdependencia con los movimientos, con una comunidad política viva, lo que ha permitido que el proyecto sea sostenible». Es exactamente esto. Las empresas políticas no son externas: son parte de la red y solo tienen sentido como infraestructuras económicas al servicio de esta. Su relación con los colectivos debe ser de potenciación mutua.</p>
<p>El objetivo de crear cooperativas no puede ser limitar nuestras capacidades políticas, sino ampliarlas: fortalecer la base material de nuestra lucha y generar nuevos proyectos por contagio. Queremos ser un contrapoder cada vez más expansivo.</p>
<blockquote><p>Las empresas políticas solo tienen sentido como infraestructuras económicas al servicio de la red.</p></blockquote>
<p>Aquí se propone un cooperativismo expandido, donde la propiedad y la toma de decisiones no recaigan solo en quienes trabajan en las cooperativas, sino en toda la comunidad del centro social. Las empresas no son solo cooperativas internas, sino dispositivos al servicio de todos los colectivos que habitan La Villana. Esta democratización radical va más allá del modelo cooperativo tradicional.</p>
<p>¿Qué significa esto en la práctica? Significa que las decisiones estratégicas de las empresas —qué productos ofrecer, qué eventos organizar, con quién colaborar— deberían tomarse en diálogo directo con las necesidades y estrategias de los colectivos. Las empresas se convierten así en herramientas colectivas, no en proyectos autónomos que simplemente comparten espacio y donan beneficios.</p>
<p>Esta perspectiva transforma radicalmente la pregunta inicial. No se trata solo de cómo hacer que las empresas sean sostenibles económicamente, sino de cómo hacer que sean útiles políticamente para el conjunto de la comunidad en lucha.</p>
<h3>Algunas dificultades actuales</h3>
<p>El proceso de construcción de empresas políticas en La Villana no está exento de dificultades. Entre las principales tensiones que hemos identificado se encuentran las diferencias de ritmo entre las personas, la escasa generación de beneficios económicos y la falta de un sentido común consolidado sobre el diálogo y construcción con las empresas políticas. De las dos últimas ya hemos hablado: la construcción de estos espacios de diálogo y toma de decisiones expandida requiere un trabajo sostenido de creación de marcos interpretativos comunes. Necesitamos desarrollar espacios no ejecutivos, pero sí constructivos para la elaboración de estos marcos de interpretación para las empresas políticas. La pregunta es si La Villana tiene ya ese marco o si puede producirlo a través de la práctica colectiva.</p>
<p>Sobre los diferentes ritmos, la coexistencia de cooperativas en un centro social implica un desnivel a nivel de tiempo dedicado al centro social: las personas que trabajamos en las cooperativas, precisamente porque es nuestro trabajo, echamos muchas más horas y tenemos mucha más capacidad de trabajo que el resto de personas militantes. El problema, entonces, es un problema de ritmos: cómo conjugar los ritmos lentos de los colectivos con los ritmos y toda la fuerza de trabajo de las empresas a la hora de tomar decisiones y acompasarse en proyectos y necesidades.</p>
<blockquote><p>La experiencia está siendo un laboratorio para explorar qué significa construir una economía política alternativa desde abajo</p></blockquote>
<p>La experiencia está siendo, en definitiva, un laboratorio para explorar qué significa construir una economía política alternativa desde abajo, donde las empresas no sean fines en sí mismas, sino medios para potenciar la autoorganización colectiva y expandir las capacidades de transformación social de nuestras comunidades en lucha. Un laboratorio para construir una verdadera red de estructuras populares.</p>
<p>(Este artículo forma parte de una serie de debates internos de la librería y del centro social y representan únicamente las opiniones del autor.)</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/que-es-una-empresa-politica-y-como-construirla-en-un-centro-social/">¿Qué es una «empresa política» y cómo construirla en un centro social?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/que-es-una-empresa-politica-y-como-construirla-en-un-centro-social/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Cabe la vida en el centro social?</title>
		<link>https://zonaestrategia.net/cabe-la-vida-en-el-centro-social/</link>
					<comments>https://zonaestrategia.net/cabe-la-vida-en-el-centro-social/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Javier Correa Román]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 May 2024 10:59:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Centros sociales]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://tallertraficantes.net/zona/?p=2196</guid>

					<description><![CDATA[<p>El capitalismo es un sistema biopolítico que crea los cuerpos que luego reprime, por lo que la militancia política debe abarcar toda la vida y buscar nuevas prácticas de libertad.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/cabe-la-vida-en-el-centro-social/">¿Cabe la vida en el centro social?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace años, después de mi primera asamblea, algunas nos quedamos a tomar una cerveza. Entre tema y tema, acabamos hablando de lo que nos había llevado hasta ahí, hasta aquella asamblea. Se criticaba mucho la militancia-hobby que algunas personas empiezan (y terminan) durante sus años universitarios. Se habló de compañeras que se habían involucrado con mucha energía durante algún tiempo hasta entrar en el máster de turno. Entonces, repasando los motivos que nos habían llevado hasta ahí, una chica dijo: «yo milito porque me va la vida en ello».</p>
<p>Milito porque me va la vida en ello. Ella no lo sabe, pero he pensado muchísimo en esa frase durante todos estos años. Por supuesto, ella lo decía en un sentido muy particular, pero yo lo entendí en otro completamente distinto. El ambiente era muy marxista y la palabra “vida” se decía como sinónimo de «vida material». «Lucho contra el capitalismo porque no me llega ni para comer, —siguió.»</p>
<p>Pero la vida es mucho más que nuestro sostén material, aunque este sea su condición necesaria. En este artículo, me gustaría recoger la intuición de aquella chica y articular algunas hipótesis. La primera: lo que nos jugamos en el capitalismo es nuestra propia vida, es decir, militamos en distintos espacios porque no podemos asumir que la vida<em> sea simplemente esta miseria</em>. La segunda: el capitalismo es un sistema de gestión de la vida y es esta categoría (la vida) la que debería ocupar un análisis central.</p>
<blockquote><p>El capitalismo es un sistema de gestión de la vida y es esta categoría (la vida) la que debería ocupar un análisis central</p></blockquote>
<p>Antes de empezar, me gustaría prevenir un posible malentendido. Por supuesto que el capitalismo tiene una base material muy concreta (la privatización de los medios de producción es la principal). No quiero defender ningún tipo de idealismo que defienda que, cambiando el espíritu, o la vida, o lo que sea, se pueden cambiar ciertas condiciones materiales. Claro que no. Lo que quiero defender aquí es que la vida no es únicamente su sostén material, y que lo que se nos va entre las distintas crisis del capital es algo más que nuestras posibilidades materiales (lo que lo hace más devastador aún).</p>
<h3>Primera premisa: el capitalismo crea el cuerpo que luego reprime</h3>
<p>El capitalismo no es <em>únicamente</em> un sistema económico. El desarrollo productivo de mediados del siglo pasado obligó al capitalismo a buscar nuevos espacios de mercantilización y a poner en el mercado objetos que no eran, a priori, necesarios para los ciudadanos. Entramos de lleno en la sociedad de consumo. En su anhelo de crecimiento infinito, si el capital quería seguir acumulando riqueza, necesitaba generar nuevos ámbitos de consumo. Es por eso que Guy Debord escribió en <em>La sociedad del espectáculo</em> que «el espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen» (§34). O, más adelante:</p>
<p>«El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida […]  El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna» (§6).</p>
<p>En su versión espectacular (sociedad de consumo), el capitalismo necesita crear las pseudonecesidades para las que vende una solución. El capitalismo, por tanto, crea no solo el producto que quiere vender, sino también el cuerpo que va a consumirlo. Decimos por eso que no es un sistema únicamente económico, sino que también es un sistema de gestión de la vida. Pero no de la biológica, como si fuera un pastor preocupado por sus ovejas. Hablamos de <em>modos de vida</em>, de la vida más allá de la vida (biológica).</p>
<p>Por eso hoy estamos tan cansadas. Nuestro cuerpo anda tensionado por los deseos socialmente impuestos y nuestra necesidad material de vender nuestra fuerza de trabajo para ganar un salario. Un cuerpo que sufre porque sus deseos y potencias están siendo redirigidas al consumo y a la precariedad de un trabajo sin fin (o a ambas). Esta restauración y secuestro del cuerpo en la sociedad de consumo no puede no vivirse como un profundo malestar psicológico y corporal.</p>
<blockquote><p>El secuestro del cuerpo en la sociedad de consumo no puede no vivirse como un profundo malestar psicológico y corporal</p></blockquote>
<p>El capitalismo aborda este malestar con ambivalencia. Por un lado, es necesario que los cuerpos no estallen para la propia reproducción social del capital, pero, a la vez, las respuestas que se dan (<em>apps</em> de meditación, por ejemplo) están orientadas al consumo y no a la raíz de los problemas. En esa ambivalencia se mueven nuestros cuerpos hoy y sus ansiedades. Por este motivo, algunas autoras hablan de nuestra sociedad como «la sociedad terapéutica». En palabras del colectivo Espai en Blanc: «Cuando la política es gestión de la vida, el poder se convierte en poder terapéutico que trata de reconducir el malestar».</p>
<h3>Segunda premisa: el cuerpo arrastra algo más que las pseudo-necesidades del capital</h3>
<p>Pero a nuestra piel se nos pega algo más que las necesidades de consumo, es decir, arrastramos algo más que las ganas de un nuevo móvil o de ver la nueva serie del momento. Arrastramos, además, las propias lógicas del sistema.</p>
<p>Esto no es completamente novedoso, claro. La tradición marxista ha usado varios conceptos, como «ideología» (para referirse a las creencias <em>engañosas</em> que nos vendaban los ojos a la opresión) o «hegemonía» (para referirse al proceso por el cual una clase <em>naturaliza</em> sus intereses, haciéndolos pasar por intereses de toda la población). Sin embargo, estos conceptos son demasiado cognitivos y pueden hacernos pensar que basta con —algo así como— una <em>ciencia verdadera</em> para que se nos caiga la venda de los ojos. Pero la realidad es más compleja, no se trata de un tema únicamente de creencias.</p>
<blockquote><p>Nuestras subjetividades se conforman en el sistema para replicar sus propias lógicas para naturalizar su propio funcionamiento</p></blockquote>
<p>Félix Guattari, retomando la distinción macro/micro que aprendió en sus años en la facultad de Farmacia, habló de la micropolítica para referirse a esto. Para Guattari, nuestras subjetividades se conforman en el sistema para replicar sus propias lógicas. ¿Para qué? Por supuesto, para naturalizar su propio funcionamiento. Por ejemplo, si nosotras nos comportamos en la pareja bajo las mismas reglas que nos impone el capital (propiedad del cuerpo ajeno, competencia entre iguales, consumo acelerado de cuerpos…), entonces es más probable que naturalicemos esas mismas lógicas (y, además, que nos sea más difícil pensar en otras alternativas).</p>
<p>Otro ejemplo me ocurrió el otro día yendo a nadar a la piscina municipal. Para entrar, hay que sacar una entrada por hora de nado libre, pero el otro día apenas había gente, y de las cinco calles, solo había dos ocupadas. Cuando yo entré, había una persona del turno anterior que no se había ido todavía, y una persona (del nuevo turno) le estaba increpando para que dejase de nadar, porque «no se puede nadar si no has pagado otro turno». Estando la mitad de las calles vacías, ¿en qué le molestaba a aquel señor si una persona se saltaba o no la burocracia?</p>
<p>Por eso, atender a la micropolítica significa entender que no basta con acabar con el Estado, sino con lo que del Estado hay en nosotros (nuestro devenir-Estado). Que no basta con acabar con la policía, sino con el pequeño policía que ese señor (y todas nosotras) tenemos dentro. Significa, entonces, atender a los flujos de deseo que nos conforman para observar en qué medida podemos arrastrar los mismos gérmenes que decimos combatir.</p>
<h3>Hipótesis: la vida como categoría fundamental del análisis político</h3>
<p>De lo que se trata, entonces, es de pensar que el cuerpo arrastra tanto necesidades creadas por el propio capital como las mismas lógicas patriarcales, capitalistas, capacitistas o estatales que queremos combatir. Resulta entonces problemático pensar que bastará con cambiar los escenarios en los que nos movemos (tomar los medios de producción, acabar con la policía) para que nuestros cuerpos se transformen alegremente en cuerpos preparados para habitar la utopía. Como si los cuerpos fueran meras esponjas vacías. O peor, como si no existieran.</p>
<p>Con razón escribió Foucault que era necesario prestar atención a las <em>prácticas de libertad</em> y no solo a las <em>prácticas de liberación</em>. Prestar atención a las segundas (cómo nos liberamos de las cadenas, cómo destruimos al enemigo) presupone que basta con acabar con la represión para que aflore la utopía. Pero esto tiene varios problemas teóricos. El más importante de ellos es mantener de forma implícita una naturaleza humana, la misma que afloraría una vez que se retiraran todos los candados represivos. Pero el sujeto no preexiste a sus condiciones históricas, sino que se crea en ellas mismas. No hay ningún origen al que volver. El cuerpo siempre es socialmente constituido.</p>
<blockquote><p>La práctica política debe centrarse no solo en la liberación, sino en inventar esos modos de vida que van a ocupar nuestras vidas cuando seamos libres</p></blockquote>
<p>La práctica política debe centrarse no solo en la liberación, sino en la pregunta por las prácticas de libertad, es decir, en inventar esos modos de vida que van a ocupar nuestras vidas cuando seamos libres. En pensar cómo relacionarnos sin oprimirnos, cómo no replicar los fantasmas, cómo no volver al fango del que tanto nos está costando salir. Cómo ser el policía que le dice a alguien que se vaya cuando la piscina está vacía; o cómo no tratar a las personas como los objetos que consumimos en el centro comercial.</p>
<p>Visto todo esto, pensar la vida —los modos de vida— como categoría fundamental en política supone lo siguiente:</p>
<ol>
<li>Comprender que el capitalismo, además de robarnos la fuerza de trabajo, nos impone un modo de vida particular. Que nuestra vida (matrimonio, anhelo de seguridad, consumo de lugares, hiperestimulación…) no es una mezcla azarosa de circunstancias, sino el resultado de un proceso muy concreto. Decimos que nos va la vida en la lucha contra el capital porque lo que nos impone el capitalismo es, precisamente, un modo de vida asfixiante.</li>
<li>Cuestionar la idea de que basta con tomar cierta posición estratégica a nivel macro (conquista del Estado, de los medios de producción, destrucción de la policía) para pensar que la victoria es irreversible. Entender que el cuerpo arrastra los gérmenes de las mismas instituciones que queremos destruir porque (y esto es el núcleo) nuestro cuerpo ha sido (con)formado en estas mismas instituciones.</li>
</ol>
<h3>Pregunta: ¿cabe, entonces, la vida en el centro social?</h3>
<p>El objetivo debe ser, pues, crear espacios autónomos. Crear nuestras propias instituciones, nuestros propios espacios de reproducción de la vida. Nuestros propios lugares donde puedan ocurrir <em>otros modos de vida</em>, otras formas de habitar nuestros cuerpos. Otras formas de relacionarnos con otras economías, con otra modalidad de afectos, con otras formas de justicia, con otras formas de amistad, con nuestra propia historia.</p>
<p>Se tratará de atender la micropolítica que nos constituye. Los cuerpos que arrastramos. Que luchemos contra el Estado, pero también ser capaces de crear los espacios en los que podemos luchar contra el devenir-Estado de nuestro propio cuerpo y de nuestras propias comunidades. Esto no es nada nuevo. Durante toda la historia han existido comunidades al margen de la sociedad que han buscado deshacerse de la piel impuesta y crear otras formas de vida (brujas, piratas, comunidades de esclavos huidos…).</p>
<blockquote><p>La pregunta es si podemos participar en esos espacios <em>siempre a medias</em>, con un pie en nuestra vida real y otro en nuestra vida militante</p></blockquote>
<p>La pregunta es si debemos recuperar en nuestros espacios autónomos esta aspiración radical a la vida en su totalidad. Si basta con tener en nuestro centro social un sindicato de vivienda, un grupo de autoformación política y demás colectivos, o si, en cambio, estamos desatendiendo el núcleo central de la autonomía: la capacidad para dotarnos de nuevas reglas, nuevos cuerpos, nuevos modos, nuevas formas de vida. La pregunta es si podemos participar en esos espacios <em>siempre a medias</em>, con un pie en nuestra vida real y otro en nuestra vida militante, o si debemos apostar por la construcción de espacios que aspiren a que quepa la vida (toda) en su interior. Un espacio que no se centre únicamente en las prácticas de liberación, sino que nos permita crear nuevas prácticas de libertad. Un espacio en el que podamos crear otro cuerpo, deshacernos de las lógicas que arrastramos. Donde podamos pensar otras amistades, amar de otra forma, tener otro ocio, otro arte.</p>
<p>Y esto supone que quizá debamos ser más ambiciosos de lo que ya somos. No podemos contestar a esta pregunta defendiendo que estas prácticas de libertad (estas otras formas de vida) ya se crean en nuestras asambleas o espacios similares. Eso no vale porque los modos de vidas, nuestros cuerpos, no se reducen a lo que ocurre en una asamblea.</p>
<p>La pregunta es si debemos recuperar la vieja de idea de construir <em>verdaderas comunidades</em>, comunidades donde quepa la propia vida que ella configura y que ella sueña, y no solo la parte militante. Se trata espacios donde no solo nos organicemos, sino donde también <em>vivamos. </em>Por supuesto que la respuesta no es fácil (¿cómo hacerlo sin abandonar la lucha, sin ser autorreferenciales? ¿Cómo hacerlo sin condenarnos a una eterna minoría?), pero quizá debamos prestarle más atención. Al fin y al cabo, nos va la vida en ello.</p>
<p>La entrada <a href="https://zonaestrategia.net/cabe-la-vida-en-el-centro-social/">¿Cabe la vida en el centro social?</a> se publicó primero en <a href="https://zonaestrategia.net">Zona de estrategia</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://zonaestrategia.net/cabe-la-vida-en-el-centro-social/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
